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Votar o no votar en las elecciones
del 9 de marzo. ¿Para qué?
Miguel Ángel Llana
Rebelión
Dentro de un mes tendrá una papeleta en su mano pero como usted
no es de fiar ni siquiera usted mismo podrá introducirla en la
urna. Así empieza y termina su actividad y participación
democrática hasta dentro de cuatro años.
Si usted es militante del PSOE, PP, IU o de algún otro partido
de ámbito nacional o autonómico -en la mayoría de los casos- ni
siquiera podrá participar en la elaboración de los candidatos
que presenta su partido, de modo que por esta razón -y otras
muchas- cuando la democracia ni siquiera funciona dentro de los
partidos qué pueden esperar el resto de los ciudadanos. Las
listas son cerradas, sin fisuras, para que todo quede atado y
bien atado.
Una vez elegidos, el presidente del gobierno o cualquiera de los
presidentes autonómicos, diputados o senadores, consejeros
autonómicos, alcaldes y concejales jamás consultarán a sus
militantes sobre las decisiones que han de tomar y mucho menos a
los ciudadanos que los han votado. Sólo una pequeña y elite
decidirá a espaldas de los ciudadanos e incluso de sus
militantes, por no hablar de la ley D'Hont, de las
circunscripciones electorales y de otras muchas disposiciones
que sesgan y tergiversan los intereses de los ciudadanos.
Con su voto, por ejemplo, España entró y se mantiene en la OTAN,
interviene activamente e incluido militarmente, en numerosos
países violando su soberanía, mantiene relaciones cordiales y
apoya a regímenes criminales y dictatoriales de una larga lista
de países, todo ello, tanto con gobiernos del PSOE como del PP.
En cuanto a la política interior el gobierno central y los
autonómicos y sus partidos actúan contra y enfrente de los
ciudadanos con una praxis política que criminaliza a los
movimientos laborales y ciudadanos. En lo económico, aumentan
las desigualdades sociales y la precariedad laboral. No corre
mejor suerte la política relativa a la educación, sanidad,
privatizaciones, el medioambiente y en definitiva todo lo
relacionado con una planificación social sostenible a medio y
largo plazo. La relaciones con la cúpula más conservadora y
golpista de la iglesia se afirman cada vez más, el PP las apoya
y el PSOE las financia.
Su voto es importante, dicen, para que con su complicidad
legalicen los atropellos de la política internacional y el
crecimiento de la brecha social y la pérdida de los derechos y
libertades de los ciudadanos. Por esta razón y por otras muchas,
vote, vote y legalice la situación.
La ley de financiación de los partidos sirve para que sólo los
que puedan financiarlos tengan el partido que los represente,
pero sólo a sus intereses. De este modo se salva y se conserva
la unidad: el poder económico, la financiación y los resultados
van de la mano garantizando que siempre queden bien
representados en el partido que financian. Para eso pagan.
Si usted tiene ahora menos de 48 años no tenía derecho a votar,
era menor de edad, cuando se restauró la monarquía pero, no
importa, es monárquico por definición y si tiene más de 48 lo
mismo. Consideran que usted no está capacitado para tener
opinión sobre estos temas, ni tampoco para entender las leyes de
la genética y menos las de la predestinación que son las que
ponen o no reyes y reinos. Y, sobre todo, cuando la monarquía y
el monarca es impuesto por un dictador y aplaudido por la
oligarquía que apoyó a ambos.
Pero, si esto es un Estado de Derecho, cierto, sólo que para
unos lo es más que para otros y para otros muchos nada. Sus
leyes nos amparan a todos, pero como las leyes están hechas a
medida, sólo a la medida de algunos, a unos los protegen de todo
y a otros los encarcelan por nada. Incluso, unos tienen
inmunidad que es lo mismo que decir que son impunes. Pero
hablando de leyes, de inmunes e impunes, en un más difícil
todavía, el rey está por encima de cualquier ley sin importar lo
que haga o pueda hacer. El rey está al margen de la ley,
literalmente está fuera de la ley: es el rey.
El círculo de todo el entramado se cierra con el control de lo
que han venido a denominar los tres poderes: ejecutivo
(gobierno), legislativo (parlamento) y el judicial (tribunales)
como si hubiera alguna independencia cuando los tres poderes
funcionan como en un sistema de vasos comunicantes y cuando,
además, los tres poderes están en manos del partido de turno que
gobierna y este de quién lo financia. Algunos llaman a este
modelo de democracia partitocracia, como si los partidos
pintaran algo y no fueran meros instrumentos del poder económico
que es el que realmente gobierna. Pero que el juego de los
partidos no pase de ser una ficción no quita para que sus
dirigentes y muchos de sus militantes se hagan de oro y acaben
incrustados en el poder económico como se está viendo cada día.
Pero aún hace falta más. El círculo se sella con la libertad de
expresión. Si usted tiene unos cuantos millones de euros, usted
tendrá libertad de expresión, pero, entonces no para decir lo
que quiera --¿qué falta le hace con tantos millones?-- sino para
decir lo que le convenga o lo que convenga a sus intereses, que
viene a ser lo mismo. Si no tiene esos millones también podrá,
rara vez, de vez en cuando, decir algo pero poco y breve y, ojo,
sin pasarse. Así se salva la pluralidad informativa para que
nadie pueda decir que no hay libertad de expresión.
En resumen: vote y vote a cualquiera, qué más da, vote hasta en
blanco, pero vote. Lo que cuenta es la participación y la suma
de complicidades, colabore pues, cuantos más cómplices mejor,
todo será más democrático y la conciencia de los políticos -si
es que la tienen- quedará a salvo con su voto.
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