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loza esa "herencia maldita" que le hablaba de grandes
gestas heroicas, de reyes magnánimos y de empresas encomiables como la
"cristianización" del Nuevo Mundo. Con el paso de los años y un estudio
riguroso de las fuentes históricas, Gala llegó a una conclusión rotunda:
"La historia de España es una gran mentira".
Para purgar todos estos aprendizajes de infancia, Gala escribió la
novela El pedestal de las estatuas (Planeta), en la que habla de la
historia de este país como algo "turbio", "incestuoso", "laberíntico",
"corrupto" y "vil", en la que no sólo desnuda los devaneos amorosos de
la corte real, sino que además desmitifica a personajes como Isabel La
Católica -"esa hermosa envenenadora" y "megalómana espantosa"- y Felipe
II -"un traidor y un sinvergüenza"-.
En entrevista con La Jornada, Gala advirtió que un pueblo que no conoce
su historia está condenado a repetirla, como está ocurriendo en estos
momentos con una derecha "de ultras, que sólo se mueven por el poder, el
dinero y la mentira".
-¿Por qué decide purgar los grandes mitos de la historia de España?
-Es un libro didáctico. Yo lo que aspiro con él es, primero, que el
lector se entere, en segundo lugar que se divierta, porque algunas cosas
que cuento son muy sorprendentes y después que reflexione sobre la
historia de su país. Creo que un pueblo que no conoce su verdadera
historia primero está condenado a repetirla, sobre todo los errores, y
en segundo lugar porque un pueblo que no conoce su historia no es un
verdadero pueblo. Porque la historia nos configura, es nuestro origen y
nuestro proyecto, es la memoria y también es nuestra profecía. Somos
porque la historia nos conforma, nos reforma, nos transforma y eso es lo
que hace a un pueblo.
-¿Cómo es que dudó desde pequeño de la historia que le enseñaban?
-Así es. Tanto que cuando era muy niño le decía a mi amá que lo que me
ensañaban era como el cuento de Barba Azul, que hay un cuarto al que no
puedes entrar, pero que tiene en la puerta el rótulo de leyenda negra.
La única diferencia entre la historia de España y la de Inglaterra, por
ejemplo, es que los ingleses han tenido un Shakespeare que en todas sus
tragedias nos contó las barbaridades de la historia de ese país.
Mientras que nosotros tuvimos un Siglo de Oro cuyos autores de teatro se
dedicaban a exaltar las supuestas proezas de los reyes y de la Iglesia.
Decían que éramos maravillosos, designados por Dios y la Providencia en
la tierra como las llamados a catolizar el mundo, los descubridores del
Nuevo Mundo. Y que los demás nos han calumniado, nos han envidiado, nos
han insultado y nos han apedreado. Por eso creo que hemos sido muy
imbéciles creyendo todas esas milongas, como la veneración a Isabel la
Católica, un personaje que yo detesto y que si hay un infierno lo
llenaría ella sola, porque era vengativa, mala, envenenadora y sin
ningún derecho al trono.
-Para contar todo esto, usted utiliza a un personaje ficticio y un
manuscrito también inventado, pero ¿qué tanto de lo que cuenta se puede
considerar verdad histórica?
-A mí me va muy bien inventar manuscritos porque adoro contar en primera
persona. El narrador omnisciente, que lo sabe todo, lo que va a pasar y
lo que ha pasado, no lo puedo ver. Me parece un pelmazo horroroso. Por
eso me invento a Antonio Pérez y al manuscrito, pero lo que sí es cierto
es el contenido. Por ejemplo, el primer contenido más grave es el de la
reina mal llamada "católica", que se casa con Fernando de Aragón para
formar una unión de dos reinos. Pero no una unidad, que es algo
voluntario, terso, generoso, fraternal, mientras que la unión es una
imposición que se crea sobre algo tan sutil como la religión. Isabel la
Católica llevó al extremo la idea de que a los otros los ahorquen, que
los decapiten, que los persigan y que los quemen.
-¿Qué novedades históricas tiene El pedestal de las estatuas?
-Yo soy muy aficionado a la historia, incluso tengo el doctorado en
historia, pero en el libro no desvelo más que cuatro cosas, las demás ya
son probadas. Por ejemplo, yo afirma con casi total seguridad que Isabel
la Católica no era hija de Juan II, quien tenía como amante desde los
cinco años a don Alvaro de Luna y que finalmente lo asesinó. Este hecho
incluso lo registró en sus versos Jorge Manrique.
-También analiza la figura de Cristóbal Colón y su familia...
-Sí, todos ellos unos asquerosos y unos pendencieros. Está probado que
mataron más los virreyes que los reyes, y que los primeros en llegar
también llevaron enfermedades y muerte. No creo, a pesar de todo, que la
intención fuera mala, pues iban arriesgando sus vidas, además de que en
España hasta la fecha hay una especie de fraternidad con las llamadas
colonias en cierto grado mayor que la que hay entre los pueblos de
España. Por ejemplo, un andaluz se entendería mejor con un mexicano o un
venezolano que con un catalán.
-¿Por qué elige el siglo XVI, cree acaso que ha sido una época clave en
la historia de España?
-Sí, porque ahí sucede algo grave que se repite hasta la historia de
nuestros días. Lo mismo que ocurre en la época de Isabel la Católica
pasó durante la dictadura de Franco. Yo me di cuenta de que este libro
tenía una proyección hacia el futuro corrigiendo galeradas, pues Franco
hablaba de la España una, grande y libre, igual que la envenenadora de
Isabel. Y eso es mentira. Cuando la derecha de ahora dice que España se
desangra se basa en una impostura, en una mentira histórica enorme, pues
España nunca ha estado unida de forma voluntaria.
-¿No le preocupa cómo está la situación política en estos momentos, con
la postura de la derecha cada vez más intransigente?
Bueno, es parte de la historia también. La Iglesia aliada de los ultras
es algo habitual. Porque los ultras no son idealistas, simplemente se
mueven por el poder, el dinero y el odio al adversario, que consideran
enemigo. Son los eternos traidores de este país, los que envenenan la
convivencia. |