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Nación cultural y política Enrique Iniesta Coullaut-Valera Artículo publicado en Granada hoy el 4-12-05
Nación es el pueblo establecido persistentemente en un territorio creando una cultura diferenciada. Se trata de una cultura viva y, por ello, abierta, receptora voluntaria de influencias exteriores. Infante explica la receptividad y la continuidad de la cultura identitaria andaluza por medio de alegoría. Tal cultura se asemeja en su evolución a la marea que llega en su flujo y reflujo a una playa en la que yacen diversos objetos culturales; el reflujo de esa marea recoge y se lleva en arrastre esos objetos incorporados a su onda. En su continuidad, el proceso es igual a sí mismo y siempre nuevo. Infante lo llama "ondulante" (C,6). Este dato lo ha descubierto en la historia de los usos andaluces y lo aclara con el desarrollo del flamenquismo. El cante jondo es un misterio musical que tiene raíces en lo sinagogal y gregoriano, fluye bereber, árabe, morisco ('fellahmengu', Nuba), andalusí (payo), gitano, americano (cantes de ida y vuelta), minero... Cada trance histórico aporta su vida: hoy el 'rock' y el 'rap' están intentando entrar en la elaboración andaluza. BIas Infante subraya el carácter abierto, universalista de la cultura propia de las verdaderas naciones, de las naciones culturales. Algo tan singular como el genio, estilo, "trapío" de la lidia taurina luce igual en el torero más andaluz y en el Mazzantini, italiano, y despliega la totalidad de su 'duende' en el cantaor más grande y creador de los primeros, como fue Silverio Franconetti, italiano. Infante abunda en esto (AEE, 1-2) Y americanos y japonesas siguen aflamencándose y John Fulton levantó la Maestranza con sus faenas. "Para la cultura no hay extranjeros", escribió el andalucista (AXX,2a serie, 1). Y acudo al folklore como ejemplo más gráfico y cima de la universalidad de lo que en otras culturas es lo más particular y excluyente. En este punto, Infante avanza con escalpelo muy fino: se ve apretado a diseccionar la diferencia entre los nacionalismos que llama "al uso" -exclusivistas, plagados de aplausos a sí mismos (AEE, 1), chovinistas y otro nacionalismo que se autoafirma sin enrocarse, universalista hasta con riesgo propio. "Esto entraña valores culturales que en nada coinciden con exclusivismos nacionalistas" (C, 68). "Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano" (AEE, 1-2). Alguna lejana vez, alguien hubo con mayor valor o mayor maña, sobresalió sobre sus paisanos, con tretas guerreras, económicas o qué sé. Le llamaron Rey y hasta consagraron y ungieron: "No tendrías ningún poder sobre mí de no haberlo recibido de "arriba" (Juan 19, 11). O sea, que, forzando la referencia, aquí llegó el 'Derecho Divino' de los reyes que tanto juego daría. Los soberanos -tate con esto de la soberanía, ya se verán las consecuencias- al comienzo de la sucesión fueron por otro golpe de fuerza o por elección. Luego, por herencia. Establecido este derecho sucesorio, ya son dos derechos. La dinastía. Con más tiempo, brotó el Estado, una gigantesca gestora de los bienes comunes e individuales. Se tragó la soberanía. Y, al poco, el Rey logró un tercer derecho, el representativo, el de representación de la nación. Y dijo: "El Estado soy yo". Corrieron tiempos de lucha entre la 'nación aragonesa' (primigenio sentido del término 'nación', antes de su uso político-artificial, los nacidos en Aragón) y el Rey, entre la 'nación castellana' y el Rey, la 'nación catalana' y el Rey, entre una nación de nacidos en su tierra y otra que prefería otro soberano. O sucedió la Revolución llamada "francesa". La Revolución definió a la nación como el hecho de una oposición concordada y unánime de la sociedad francesa contra el Estado inconmovible de derecho divino representado por los reyes (....). "El Estado va trabajando y fragua un fantasma, la nación" (AAY, 26). Pronto manifiesta su ambición, su agresividad, nace el llamado imperialismo. Amparó las empresas de Napoleón. Bonaparte construyó un Imperio. Se coronó emperador y rey de Italia; a su hermano José, rey de España; a Murat, rey de Nápoles; a su hermano Luis le dio la corana de Holanda; a Jerónimo Bonaparte le regaló Westfalia… Los reinos, las naciones eran repentinas ocurrencias imperiales, caprichos, improvisaciones tan irreales como imaginaciones administrativas. Todas ellas eran 'fugaces' (AAX, 7). Los mapas envejecen velozmente con un fenómeno artificioso: el 'nacioneo' por el que hemos visto aparecer y borrarse al menos 13 naciones (?) en Europa en los últimos años. Y otras tantas quizás en Rusia. Y lo que resta.. Las fronteras no son sino arbitrarias, artificiosas, líneas en mapas sin permanencia, gustos. herencias reales, fruto de tratados y de guerras: "España fue una hacienda unificada por el derecho divino de los Reyes" (AAX, 34). Desde entonces. la nación nace de una disposición testamentaria, de la volubilidad violenta de un guerrero, luego también de una operación económica. Infante señala por los años treinta en el manuscrito AA]{ (7-8) los efectos del Tratado de Versalles en increíbles violencias de territorios y población. "Los andaluces (y doy gracias a Dios por ello) no sirven para construir naciones de tipo occidental". sentenciaba en ACF, 2. "Odiábamos los nacionalismos de tipo europeo" (ABO, 7). "Los nacionalismos estúpidos, patrioteros, chauvinistas, excluyentes" (AAX, 19). "La fórmula del catalanismo de Prat es un lema sacado de la Crónica del Conde de Urgell en que se afirma la oposición entre los pueblos catalán y castellano y la negación de nuestro pueblo; es Cataluña para los catalanes". Y es la negación de la fórmula sintética de nuestras reivindicaciones: Andalucía por sí. Para España y la Humanidad”(ACD, 5). Dejemos de lado si Monroe halló su lema" en Urgell (''América para los americanos"), pero es por desgracia cierto que en este "para España" se asientan los nacionalistas españoles estilo Wilson, patrioteros, etcétera, para rebajarnos sumisos regionalistas por tan receptivos hasta creer que nos tienen calados y tontamente vencidos y no les inquietan todos nuestros agravios comparativos. No los creen amenazas. Saben que no somos separatistas. Esta es la razón de sus abusos. A un andaluz, mientras le emocionan nombrándole a España, le roban la cartera. Más vale ser así. Infante, que a los separadores del 'Madrís administrativo', los tiene en sosiego, estando en las Cortes vio varias veces cómo nos trataba España y sufrió hasta escribir cosas inesperadas. Me permito citar como cuento el pasaje en mi libro España o las Españas, debate con Blas Infante, págs. 23-37. Todos conocemos aquello de Marx de que la historia se repite, la segunda vez como farsa. En este otoño-invierno de 2005, "los pueblos del Norte, sobre todo Cataluña y Vasconia, aspiraban a recobrar su personalidad (...) expresada conforme al Principio de las Nacionalidades (...). El regionalismo esta en el ambiente" (AAX, 12), "sólo vestidos a la moda, entonces en plena vigencia, podíamos llegar a ser autárquicos" (ABO}. "O Andalucía era nación al uso o no era nación. No podía ser otra cosa" (AAX, 11). (Estas palabras de los años 30 siguen actuales). "Siempre sentí una repugnancia invencible por estos nombres de Nación y nacionalismo" (AAX, 11). "Antes de que otros vengan a enarbolar la bandera regionalista, hagámoslo nosotros; sólo así impediremos que se apoderen de ella y defiendan ese nacionalismo o esos intereses y servir podremos a la liberación del pueblo andaluz" (AAX, 12). "y surgidos nosotros con el nombre de regionalistas o nacionalistas, evitamos que los intereses aludidos levantasen esta bandera" (AAX, 13). "Era preciso" (AAX, 13). ¿Quiénes eran esos "otros", esos "intereses" amenazantes? Los conocía desde los intentos de Cambó en el año 1917, seguidos hasta en 1933 por Gallego Burín en Granada (Gallego se negó a firmar las Actas de la Asamblea Estatutista en el 33, en Córdoba), en Sevilla, Gastalver y Federico Castejón (no Rafael, gran andalucista cordobés) y hasta Manuel Pérez y Pérez, en Huelva, etcétera. Amagaba una primera 'operación Roca' con Francesc Cambó. "Era preciso, los otros...". Blas Infante. Una vez más.
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