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 Elogio del absurdo

MIL DOSCIENTOS KILÓMETROS DE VALLAS

 

     Vaya, valla. Cuatro países han salido de la crisis: vuelven a crecer. Otros han llegado al final del túnel y empiezan a salir de él. Los europeos del norte siguen por delante. La tasa de desempleo en Dinamarca sube poco del 5%, en Holanda no llega al 4%. En el Reino de España es del 18'5%, superior, incluso, a la de los países del este, últimos incorporados.

     Los demás van superando la crisis. En el Reino de España "la cosa va para largo" según las autoridades comunitarias.

     El gobierno español, ensimismado en el artificial apogeo de la construcción, nunca ha querido darse cuenta de que la economía requiere productividad, elementos que creen valor añadido. El turismo es un sector estacionario, del que resulta peligroso depender, pero al menos produce plusvalías. La construcción, además de mucho más temporal, no produce más valor añadido que el depositado en el bolsillo de los especuladores. No se puede vivir de la construcción, sencillamente porque la construcción no es una actividad que se pueda mantener eternamente. Mientras los garbanzos se consumen todas las semanas y unos zapatos o una camisa pueden durar unos años -a veces meses, depende-, la vivienda dura años. Muchos años. Por lo general toda una vida y más.

     Sin embargo lo que eufemística -o quizá cínicamente- se ha llamado "medidas anticrisis", se han limitado a enriquecer a los bancos, responsables en gran medida de la mala situación económica y crear trabajo temporal para algunos de los trabajadores de la construcción afectados. Y para sus empresas, eso sí.

      Los carteles del "Plan E" -de tan acertado diseño como toda la imagen a que nos tiene acostumbrados el partido- puestos en fila, llegarían desde Cádiz hasta Barcelona, por carretera, claro. Más de mil doscientos kilómetros de cartel, Para disminuir levemente el paro durante algunos meses, levantando y volviendo a poner baldosas; o sea: sobre todo para darse un burdo e ilimitado autobombo.

      Así se explica que lo de menos sea el resultado. Ya se estila el nuevo refrán "más chapucero que la calle San Fernando". Se refiere a la las baldosas de cemento con que el inefable Monteseirín quiso cubrir los restos de la muralla romana y de los hornos y el cementerio almohade, movido por sus prisas electoreras. "Pavimento de la mejor calidad" dijeron. Ahora los remiendos jalonan avenidas céntricas, paseos turísticos convertidos en centros para la insolación. Menos mal que vino el "Plan E" para salvar... no pueden salvar nada. Si acaso impedir el accidente de un tacón atascado en alguna ranura. Lo de menos era el resultado, realmente. Unos meses (pocos) de trabajo, para pocos "afortunados". Y más de mil doscientos kilómetros de vallas, para que el mundo entero crea que el gobierno de Zapatero tiene iniciativas para acabar con la crisis.

     ¿Habrá quien lo crea?