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  Elogio del absurdo

TRISTE FAMA


Los mentecatos, los pueriles, los sinrazón, los cobardes, hablan mal de quien no pueden combatir. Se esfuerzan en un trabajoso trasvase de palabras, para que firmeza pase a ser “soberbia” o “afán de superioridad”. Cambian claridad por “agresividad”; para ellos seguridad es “insolencia”; o confianza es “creerse dueño de la verdad”. Conocimiento de lo que se dice es “delirio de grandeza”; cualquier simple singularidad es tratada de “presunción”; plantear dudas razonables, en vez de actuar críticamente y promover el pensamiento, es “atacar”. Pero eso no es lo grave. Lo peor es que haya una considerable mayoría dispuesta a mantener encendido el pábulo de los mentecatos-pueriles-cobardes-sinrazón.
Al mentecato, al pueril, al sinrazón, al cobarde, le sobra hipocresía para disfrazar hechos y sentimientos. Y para pregonarlos. Al analista, al preparado -aunque sea crítico- le falta hipocresía para contrarrestar lo anterior; y capacidad para vender. Será por causa del mal nombre que todavía tiene la actividad mercantil; serán las connotaciones que aún se acompañan a una actividad que todo el mundo necesita y todos vienen desarrollando desde la aparición del primer ser humano.
Por eso los mejores vendedores de sí mismos, los trepas, los destructores de personas, los que rebajan la sana y necesaria crítica a vocinglerío corralero, son quienes mejor combaten la idea, la palabra “venta” al tiempo que la practican mejor que nadie. No vaya a ser que los otros lo igualen en eso y entonces le rebasarían por su mayor inteligencia.
Por eso el mundo está en manos de hipócritas, mentecatos, muchos de los cuales no tienen un puesto político porque no hay sitio para todos.
Ellos se preocupan, sabiamente, de descalificar a cuantos puedan pensar rectamente; y, si no pueden desautorizar la certeza, intentarán asirse a la forma, aunque se corten en los intrincados filos que crean en su rebusco. De esa manera inventan los adjetivos del primer párrafo.
El mentecato supera al inteligente en capacidad para medrar, porque ataca y al mismo tiempo se queja de ser atacado. Insulta y dice que ha sido insultado. Y obtiene la identificación de muchos, porque los mentecatos del mundo son propensos a la unión, y por ese mecanismo de “solidaridad con el débil” que manejan tan bien como su misma capacidad para medrar y reptar.
Habrá quienes crean que USA se defendió de los iraquíes. O que arrasar media Gaza, es una “justa respuesta” a la muerte de dos soldados israelíes. Pues, cuidado, no se profundice en el error. No sólo hay mentecatos, pueriles, cobardes, sinrazón, en esa parte.
Ni el insano “deporte estatal” de la puerilidad cainita se limita a los actos de guerra, que más responsabilidad tienen quienes siguen la corriente que quienes la impulsan. Muchos han creído que los gobernantes son inocentes víctimas de la crisis económica que sufrimos. “Inocentes criaturitas” predispuestas, -como todas las “criaturitas” predispuestas a aceptar antes el critiqueo que la crítica- aceptan que la economía pueda ser responsabilidad de terceros sin capacidad de decisión. Hay mucha gente encantada de creer cuantas imbecilidades, consignas o slógan salgan de manos del poder o del poder del morbo. Esta puerilidad cainita es la peor; porque no es un acto de guerra: es una guerra que sangra sin sangre.