Indemnizar al estafador



Me dice el médico que no me tense, que eso va fatal para mi proceso. Pero me cuesta. En esta tierra si no hablan los muertos es porque los vivos son mudos, así que si fallezco que me echen un móvil en el ataúd; me gustaría seguir opinando.

El abanico de personas que conozco es muy amplio. Los hay de todos los estratos sociales. A mis amigos económicamente pudientes la crisis les ha afectado en la medida en que ahora ganan menos, pero no se van a llegar a ver en la tesitura del protagonista de “El señor conde se coloca”, la novela de Joaquín Vázquez Parladé. Entre los menos pudientes, es decir, los pobres de toda la vida, es posible que alguno pierda su vivienda. Y es que ya lo decía Carlos Cano: “... se juntan cuatro granujas y a tós nos estrujan al multiplicar”.

Y entre granujas, en el mal sentido de la palabra, se encuentra el timo. El que nos intenta colocar el presidente del BBVA llamando a un plan de emergencia nacional, excusa razonable para congelar los salarios de los trabajadores y pillar pasta del Estado, mientras él reparte “bonus” y no deja de realizar operaciones financieras desde los paraísos fiscales al igual que casi todos los bancos y empresas multinacionales españolas. Ya hay que tenerla dura... La cara, quiero decir. Y para cara dura la del presidente de la Generalitat, el conocido andaluz José Montilla, que viene y nos dice que hay que trabajar más, pero no para ganar más. El Sr. Montilla hace bueno el refrán que dice “ni sirvas al que sirvió ni pidas al que pidió”. Buenos siervos tienen los amos, ¿para qué quieren a Rajoy?

Pocas veces en la Historia la injusticia ha sido tan descarada y cruel. Los estafados vuelven a indemnizar al estafador mientras sus hijos besan el umbral de la pobreza.

                                                                                                                           
      Marcos González Sedano