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El insurrecto Antonio Manuel Wu wei La victoria de Rodolfo Chikilicuatre en la candidatura a Eurovisión y la del bipartidismo en las pasadas elecciones responden al mismo fundamento. Las dos son democráticas en la forma. Y taoístas en el fondo. El pueblo los ha elegido. El manantial de la democracia moderna. La masa que ignora las reglas del juego porque vive feliz ignorándolas. Los buenos taoístas de la antigüedad no ilustraban al vulgo, lo dejaban en su ignorancia. El pueblo se gobernará difícilmente si posee muchos conocimientos. La instrucción arruina un Estado y la ignorancia lo enriquece. Eso decía Lao Tse. A mi no me sorprende. Todo lo contrario. Me confirma que el paradigma de la contemporaneidad política pasa por el principio arcano de “suprimid los estudios y ahorraréis pesares”. Al gobernante le da igual que el súbdito sea analfabeto o catedrático. Lo importante es que los dos ingresen en la masa disciplinada y acrítica que lo mantiene en el poder. A casi nadie interesa hoy la lucha de clases aunque las diferencias económicas sean más flagrantes y dolientes que nunca. La gente nos las ve. O las tolera. Para la masa es mucho más antisistema que un actor haya boicoteado el Festival de Eurovisión utilizando los propios resortes del sistema. Lo que demuestra que todo tiene un límite. Por fin se alzan voces cuestionando la ley D´Hondt o el solapamiento electoral que han enviado a comunistas y andalucistas a la marginalidad política. Pero nada cambiará y una audiencia millonaria disfrutará con la podredumbre eurovisiva que ella misma produce. Los sabios orientales decían que sin salir de la puerta se conoce el mundo: cuanto más lejos vayas aprenderás menos. La gente sabe quién es Obama o las consecuencias trágicas de un terremoto en Pizco. Lo han visto por televisión. Pero desconocen el funcionamiento maquiavélico de sus leyes electorales. Porque no lo han visto por televisión. Ni lo verán. Puro taoísmo. La medida del Tao consiste en no hacer nada (wu wei). La única tarea del gobernante consiste en eliminar todo aquello que se mueva y rompa el equilibrio pasivo que sostiene el poder. Empezando por el activismo intelectual. Decía Chiang Tzu que el gobernante tiene que conseguir que los más inteligentes no se atrevan a actuar. La quietud se conserva mutilando el conocimiento. Fíjense en el enorme parecido con los postulados revolucionarios del Che Guevara, para quien los intelectuales debían suicidarse como clase. Hoy ninguno se suicidaría porque todos viven bien o aspiran a vivir bien. La misma quietud a fin de cuentas. He sido jurado del II Premio Internacional de Periodismo “Julio Anguita Parrado” por la defensa de los derechos humanos en lugares de conflicto. En un momento de la deliberación, las alternativas eran premiar al que se jugaba la vida por irse o al que se la jugaba por quedarse. Ganó la segunda opción. El premiado es Eduardo Márquez, un periodista colombiano que ha creado un centro de solidaridad para proteger a los suyos de las balas y el desempleo. Hay esperanza. Porque al menos allí los intelectuales se mueven. Que cunda el ejemplo.
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