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¿Bipartidismo o
andalucismo?
El andalucismo del siglo XXI es un proceso que acaba
de comenzar como única alternativa política al bipartidismo en Andalucía
El 9 de marzo se compone de dos certezas y dos incertidumbres para
Andalucía. Las certezas son las de siempre: la victoria de los
socialistas y la consolidación del bipartidismo imperfecto. Lo que nadie
asegura es por cuánto ganarán y, en su caso, la franquicia política del
tercero incluyente.
No hay encuesta, ni visionario, ni borracho que se atreva a pronosticar
una victoria de los populares en Andalucía. Ganarán en las capitales de
provincia. Incluso es probable que arrasen. Pero perderán seguro en el
cómputo del voto rural. La otra certeza ha estado a punto de no serlo.
Veinte años consecutivos de solapamiento electoral de las andaluzas con
las generales, o el reparto de televisión y dinero conforme a los
derechos adquiridos en procesos anteriores, constituyen algunos de los
venenos que han herido de muerte al pluralismo político en Andalucía. Si
nadie pone remedio, pronto acompañaremos a Extremadura y Murcia como
cuarto reino de Castilla. Lo que no consiguieron en 500 años lo
conseguirán en apenas 30. Tierra de dos. Rojos y azules.
Mucho más interesantes son las incertidumbres. Especialmente la de quién
ocupará la posición de tercero incluyente. Bobbio llama “tercero
incluyente” a un intento de tercera vía que no está en medio de la
derecha y de la izquierda, sino que pretende ir más allá de la una y de
la otra como superación contemporánea del bipartidismo. A priori sólo
dos formaciones podrían ocupar ese lugar: Izquierda Unida y los
andalucistas. Pero un análisis frío y objetivo de la situación descarta
la primera de ellas.
Si ambas marcas políticas cotizaran en bolsa, a fecha de hoy las
acciones de IU irían a la baja y las de los andalucistas al alza. Y la
clave no está precisamente en los números sino en las palabras. Hace
tiempo que IU dejó de ser aquel proyecto alternativo y de oposición que
diseñara Julio Anguita, para convertirse en la alianza natural de los
socialistas contra los malos malísimos de la derecha con tal de seguir
comiendo de la política. Ideológicamente, son un fósil político con el
discurso arcaico de hace un siglo para garantizarse el suelo electoral.
Internamente están rotos. En Sevilla, ni oficialistas ni críticos
apoyarán a la CUT de Sánchez Gordillo, infinitamente más cerca del
“nacionalismo” andaluz que del PCE. Concha Caballero, su mejor portavoz
parlamentaria desde Julio Anguita, ha preferido ser perro vivo que león
muerto. En Córdoba, Rosa Aguilar es un partido en sí misma. Votó junto
al PSOE en contra de la separación de las elecciones autonómicas y
generales, dejando por tierra la palabra dada por Valderas y Caballero a
la plataforma ciudadana “Andaluces por unas elecciones propias”. La
última hostia se la dio a los “suyos” cuando dijo que Valderas se
equivocó al no presentarse por Córdoba, vaticinando de paso su más que
probable derrota en Huelva. Tampoco acudió Rosa Aguilar a su
presentación pública como candidato a la Junta. Y Llamazares no ha
venido a Córdoba durante la campaña, paradójicamente la única ciudad que
gobierna en España. Para colmo, el que fuera coordinador andaluz de IU-CA,
Luis Carlos Rejón, presentó públicamente la candidatura de Julián
Álvarez en Sevilla y solicitó el voto para la Coalición Andalucista como
ejemplo de alternativa integradora, progresista, ecologista,
federalista, interculturalista, radical demócrata y de futuro. La
reciente unidad y redefinición ideológica del andalucismo descartan un
pacto de gobierno con los socialistas ni con nadie. Si lo hace IU,
estará cavando su tumba.
El andalucismo del siglo XXI es un proceso que acaba de comenzar. A mi
juicio, la única alternativa política al bipartidismo en Andalucía.
Ideológicamente porque significa una garantía frente a la deforestación
ecológica, política y cultural que está provocando la globalización. La
más cercana sensorialmente y a la vez la más universal. Las elecciones
del 9 de marzo son un mero accidente en una dinámica irreversible al que
ya se han incorporado intelectuales y activistas en el ecologismo o la
interculturalidad. Sólo una voz andalucista en el Congreso podría llevar
adelante la propuesta de reconciliación histórica a los descendientes de
andalusíes expulsados. Especialmente el año que viene que se cumplen 400
años del último decreto de expulsión. De hecho, fueron andalucistas
quienes promovieron la candidatura del flamenco para su declaración por
la UNESCO como patrimonio intangible de la Humanidad. Y creo que en esta
tarea ingente para derribar los mitos fundacionales del Estado español,
el andalucismo también tendría que solicitar la inclusión del árabe para
su estudio en los colegios e institutos como segunda lengua clásica. La
reserva cultural de Al Andalus se halla en la manos del neoandalucismo.
Y en la tuya.
Antonio Manuel es Profesor de Derecho Civil de la Universidad de
Córdoba y editor, junto a Manuel Pimentel, de “Andalucía. Teoría y
Fundamento Político” de Blas Infante
Fuente: WebIslam.com
http://www.webislam.com/?idt=9372
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