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El insurrecto Antonio Manuel
La estrategia del colibrí
Desconozco el origen de esta fábula. Me da igual si es religiosa o pagana. Si es popular o se la inventó el Coelho de turno. A mi me la contó una amiga la semana pasada. Creo en ella. Y la practico.
El bosque ardía. Los animales huyeron hacia el lago. Y allí lamentaron la pérdida del decorado de sus vidas. Todos menos el colibrí. Tomó una gota de agua en su pico y se fue dirección a las llamas. Volvió una, dos, tres, cuatro veces ante la mirada atónita de los demás. Al quinto viaje, un animal cualquiera le preguntó: “¿No ves que tu esfuerzo es inútil? Ni aún con un millón de gotas, ni aún dedicando tu vida entera, conseguirías apagar el fuego”. Tienes razón, contestó el colibrí, pero al menos yo estoy poniendo mi parte.
La realidad es terca y conviene aceptarla. Como el resto de los animales, el colibrí también acepta la insolencia de la verdad. Pero no la acata. Sabe que el bosque se convertirá en cenizas irremisiblemente. Pero con su conducta diferenciada de la masa, el colibrí está quemando las conciencias del resto de los animales que contemplan las llamas con los brazos cruzados. Si se hubiera quedado quieto como ellos, ninguno se hubiera cuestionado su comportamiento. Al asumir su responsabilidad colectiva, los está dejando en evidencia. Porque si todos imitaran al colibrí, tal vez la realidad sería otra. Quizá se apagara el fuego. Al menos, el fuego de sus conciencias. En eso consisten las utopías. En aceptar la realidad para desobedecerla. En dividir.
En uno de los pasajes más revolucionarios y sorprendentes del evangelio gnóstico de Tomás, se proclama esta verdad incuestionable: “Quizá piensan los hombres que he venido a traer paz al mundo, y no saben que he venido a traer disensiones sobre la tierra: fuego, espada, guerra. Pues cinco habrá en casa: tres estarán contra dos y dos contra tres, el padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Y todos ellos se encontrarán en soledad”. La conciencia divide a la masa con la misma precisión que la guillotina. Si Barrabás no llega a coincidir con Jesús en el juicio popular, seguro que el ladrón habría sido crucificado. No hay elección cuando solo hay mal. Pero cuando hay donde elegir, la masa siempre opta por el mal. Por salvar a los suyos. Corporativamente. Como un partido político.
Desde esta ventana libre e independiente os invito a ser colibríes. A dividir. A poner en evidencia la rendición de las masas. A equivocarnos. Decía Alain Minc que “quien hace cosas se equivoca a veces; quien no hace nada se equivoca siempre”. Estoy cansado de escuchar a quienes están cansados de quejarse. Y cansado de las estructuras de poder que asesinan con la indeferencia a los pocos colibríes que todavía nos quedan. Ayer supe que ciudadanos de Posadas marchan a pie hacia Madrid en protesta por el secuestro privado del camino público de Torilejos. Miles de personas anónimas luchan a diario por los demás en causas sociales, políticas, culturales, grandes y pequeñas, pero clandestinas para la masa que las niega porque no las ve. Va por ellas. |