LA   HERENCIA   DE    AL-ÁNDALUS

 

 

Con ánimo de aportar desde  la página  de  Webislam, para que quedemos bien honrados en esta ingente tarea de recuperar el esplendoro pasado de ocho siglos de musulmanía en este confín de Europa, me atrevo a pergeñar estas simples  líneas  y estas  sencillas reflexiones, que se me han venido a la mente al leer la noticia: “Debate en Córdoba sobre la herencia de al-Ándalus” cuya iniciativa debemos al Diario de ámbito nacional, EL PAÍS, información que nos ha proporcionado Webislam  el 21. 02. 2008

 

La impronta, la huella, las señas de identidad ante el mundo, aún ante el mundo islámico, tan variopinto él, que ha quedado en nuestra cultura peninsular, incluyendo a Portugal,  a todos los niveles, tanto científico, como filosófico, como literario, como de medicina, agricultura, astronomía, etc. es tan claro  y  es tan profundo que para cada uno de estos estamentos necesitamos personas especializadas en esos campos, que algún día vendrán a hablarnos de toda esa riqueza.

 

Se está trabajando y mucho, en ese silencio que necesitan los sabios. Ya tenemos un primer ensayo divulgativo en la obra de Juan Vernet: “Lo que Europa debe al Islam de España” y la obra publicada en catalán de la catedrática  de estudios medievales, Dolors Bramon Planes, “Cataluña también fue al-Ándalus”. Así; dicho sin complejos.

Enumero alguna obra más por si alguien tiene interés de echarles un vistazo. Por ejemplo: “La Vida Religiosa de los Moriscos”de Pedro Longás Bartibás de la Universidad de Granada. “Los Documentos para el estudio del Marquesado del Cenete (1.462-1542)” de Manuel Espinar Moreno. “Los Baños Árabes del Marquesado del Cenete” de José Rivas Rivas. “Tratado de la Alhambra Hermética de Antonio Enrique. “Los Moriscos” de Mercedes García Arenal. “Bibliografía de Matemáticos Árabes, que florecieron en España” de José Antonio Sánchez Pérez. “La Ciencia Islámica en la España del Medioevo”, “Actas del VII Congreso Internacional en Granada-1991”. “La minoría islámica de los reinos cristianos medievales” de Ana Echevarría Arsuaga, Departamento de Historia Medieval de la UNED.

Como no mencionar el gran clásico del siglo pasado, “España en su Historia” de Américo Castro, que suscita aún tanta controversia entre los de la otra orilla... Que ni nombrarlos quiero para evitar el seguir haciéndoles propaganda, a estas alturas, y por  no restar el espacio ni la  seriedad que merecen los autores que voy recordando

 

Voy a ilustrar esta charla informal aportando algunas experiencias personales.

Como referencia a la influencia del Islam en España, en el campo de nuestra lengua, de nuestro habla dada mi dedicación a la docencia, como especializada en la rama de Filología. Enseñando es como yo he aprendido y  descubierto muchas cosas. 

 

Esto que cuento es una pura anécdota de mis años de docencia. Un día se me ocurrió pensar, que la lengua española, que hablamos contiene más términos árabes de los que nos han enseñado, como tales. No  sé por qué, sospeché que de  las palabras que empiezan por  “z” muchas deberían ser de origen árabe.

No tuve que ponerme a investigar a nivel de tesis doctoral, ni nada de eso tan complicado. Simplemente, una noche tranquilamente en casa, cogí el diccionario etimológico que manejaba  mi alumnado: “Diccionario Anaya de la Lengua “de 1981, un tocho de 790 páginas en tamaño A4.

Resultado de mi investigación casera: de  148 entradas por “z” que tiene este diccionario escolar, 50  entradas son de origen árabe, más sus derivados. Unos ejemplos para aclarar el panorama:

. ZAFRA

I. (ár.sufar=latón) Vasija metálica para aceite

II. (ár.  = safra) Tala y acarreo de la caña de azúcar. Tiempo que dura la recolección.

. ZACATÍN

(ár. saqqatin = ropavejeros) Lugar de la ciudad en que se venden ropas. Resulta que en Granada capital tenemos un barrio que se llama el Zacatín. 

Busquen en un  diccionario etimológico: zafarrancho, zafar, zafio, zaga, zagal, zaguán, zaguero, zahareño, zahína, zahón, zahorí, zahúrda,  zaida, zaino, zalamería, zalema, zambra, zanahoria, zaque, zaragatona, zaragüelles, zarco, zéjel, zoquete, zorzal, zulaque, zulla, zumaque, zumaya, zurriago, y verán lo que encuentran.

 

Tampoco es que me fié mucho de lo que me cuenta este diccionario. Tiene montones de vocablos “de origen desconocido”, que a mi me suenan a árabe. Sin saber árabe ( la gran laguna de nuestro sistema educativo, tanto  a nivel escolar como universitario),  no puedo yo arriesgar a meter la pata sentando una cátedra, que más quisiera yo poseer.

Tiene el diccionario de Anaya otros vocablos de origen latino, de lo que también dudo.

Y por fin, aparecen vocablos de origen “vasco”. Estando cada vez más claro el origen ibero  de la lengua vasca... Pero no voy a meterme en ese berenjenal. El ibero, nuestra primitiva lengua peninsular está aún más abandonada que el árabe. Hay estudios, pero muy poco avanzados y menos aún divulgados.

 

Lo que sí está claro, según nos enseñaron que las palabras que empiezan por “al” son árabes. Pero es quedarse tan corta esta información, que al final es ocultar la gran verdad con una pequeñísima verdad. También los toponímicos que empiezan por “ben” son de origen árabe y otros muchos, que sólo podemos saber conociendo la lengua árabe.

 

Ocurrió el siguiente fenómeno lingüístico, a la menos en la Andalucía oriental: como se les prohibió su  habla secular, empleaban el siguiente truco para no ser pillados por la Inquisición hablando su lengua materna: eliminaron el “al”. Así nos aparecen  lugares como por ejemplo en Almuñécar, que se llaman,  “La Punta de la Mona”. Era la “almunia” o “almona”. Lo que hoy llamamos fincas de cultivo. Y en el pueblo granadino, donde vivo, hay un barrio que le llaman “las Monas”, que me lo comenta todo perplejo uno de los profesores oriundo de aquí. ´”¿Qué tiene que ver ese nombre con nuestro entorno”. Pueblo se la sierra granadina. Eran las antiguas fincas de cultivo.  

Un día en clase me encontré con la siguiente curiosidad lingüística: Había en el grupo un alumno catalán, pero catalán... Sus padres, no obstante tenían muy claro que su hijo tenía que hablar además un correcto español. Le tocó escribir en la pizarra algo. No sé por qué, y escribió la palabra “alcatifa”. Los otros alumnos le preguntaron que era aquello y nos dijo que en español significaba “alfombra”. Entonces un alumno andalú, andalú intervino: “pues en mi pueblo a la alfombra se la llama “catifa”. En su pueblo, por miedo a la Inquisición se  elidió el árticulo “al”.

 

Si hay una lengua en España que conserve más vocablos en puro árabe es la catalana. Que nos lo cuenten ellos. Se lo agradeceríamos a los nuevos islámicos catalanes, que ya manejan, con más o menos soltura, el árabe. Nos llevaríamos muchas  sorpresas. Tienen sus típicas “masías”, lugar donde hay agua y su “mas”, que en árabe es agua.  Estuve mucho tiempo intrigada con el “pan amb tomaque” catalán. Ese “amb” me tenía desconcertada. En español es “con, en francés, “avec”, en alemán “mit”. ¿De dónde procedía ese amb, que no aparece en las lenguas europeas del entorno? Pués; resulta que “amb” en el “ con” árabe. 

La impronta de la lengua árabe en nuestra habla es inmensa. He hablado sólo de los vocablos. Giros, expresiones, leguaje metafórico, formas poéticas y  estilos literarios es otro de los campos riquísimos. Por esto, la literatura del sur peninsular, difiere en mucho de la literatura  castellana.

 

Animo a algún experto, a que nos brinde alguna hermosa página que ilustre esta charla, con  aportaciones más solventes. Y echemos por esos caminos: los de ir reconociendo nuestro patrimonio cultural  gracias a la honda y dilatada impronta de la gran cultura que nos aportó el modo y el estilo de al-ándalus, a todos los niveles.

 

Tenemos más quehacer, que estar recordando y machacando las teorías de  Fanjul, de César Vidal, de Sánchez Albornoz, etc.  Están ya más que superados. Como empiezan a estar fuera de contexto las universidades que no introducen en sus estudios e investigaciones  la teoría de Ignacio Olagüe.

Vamos avanzando. Lo que interesa es abrir páginas y dar espacios a estos modernos estudios, ya tan avanzados, de los que se  mantiene desinformado al gran público, no sabemos por qué torpe motivo. Yo le llamo “amarillismos”.  Gozamos en mantenernos  en perpetua queja y revisión histórico de lo que no tiene enmienda, pero que ya ni  siquiera incide en el gran público. A estas alturas de siglo XXI,  “se les ve el plumero”.

 

Felicitemos a EL PAÍS, por su acertadísima iniciativa, tan positiva, tan hermosa. Tomemos nota.  Necesitamos hoy, con toda urgencia no recordar más a Fanjul y compañía. Nosotros tenemos que contar con nuestras propias armas. Es de una lamentable pobreza emplear los mismos argumentos que emplea el contrario. Sin datos auténticos no podemos hacer más que fortalecerlos.

 

Y por fin; como dato anecdótico: Fanjul viene del árabe “al-janchar” = alfanje, al que se le ha elidido al artículo “al”. Albornoz viene del árabe “al-burnus” = bata con capuchón . Y Aznar parece ser que viene también del árabe “ansar”. Ese vocablo no lo trae mi diccionario, pero así lo llama su amigo Buch.

Y la reflexión, que se nos impone es que esos  importantes señores con semejantes apellidos y semejantes formas de detestar una de las más importantes raíces de nuestra cultura, ¿no será que están acomplejados, por llamarse así? En fin; que aún no han asumido su realidad, cosa que sería tan sana y tan productiva.

 

Carmen Peres Callejón

Presidenta de la Fundación Garnata  Medioevo Escrito Andalusí