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El insurrecto
Antonio Manuel
Tierra y libertad
Hoy no es 4 de diciembre. Y cuando lo sea, tampoco será aquel 4 de
diciembre que no conocí. Ese que dicen que movilizó a millón y medio de
andaluces. Cuentan que salieron a la calle con banderas inéditas. Que
pedían tierra y libertad. La tierra, con los pies en el suelo. La
libertad, con los puños en alto, apretando el aire en señal de
pertenencia. No fue un sentimiento impostado. Había verdad. Pero el
tiempo aniquila con la misma desidia las emociones y las células de la
cara. Aquello pasó y no volverá a pasar jamás. Aceptémoslo. Porque morir
es ley de vida. Y el ahora muere con la misma fragilidad que las
mariposas.
Hoy no es aquel 4 de diciembre porque no lo será nunca. Y por esa razón
creo inútil sentir nostalgia. De las palabras griegas “nostos” (regreso)
y “algos” (dolor), quien siente nostalgia sufre por la imposibilidad
física de volver a un lugar o a otro tiempo ya vivido. Yo no puedo
sentir nostalgia por aquel 4 de diciembre. Tenía 8 años. Pero tampoco la
sienten el resto de andaluces porque ni les afecta ni les apetece en
absoluto revivir el mejor minuto de sus últimos 30 años. Para qué. Nadie
quiere renunciar a las veleidades del Estado del Bienestar. Nadie quiere
que le cuestionen su modelo de felicidad sostenible.
A lo sumo yo sufriría otro tipo de nostalgia. Más común y,
paradójicamente, más clandestina, debido a ese pudor humano de no
reconocer en público los errores propios. A mí me duele, como a muchos
andaluces, la imposibilidad de regresar al punto de inflexión de nuestra
historia para hacer esta vez lo que no nos atrevimos hacer en su
momento. Por las razones que sean. Las reivindicaciones de Andalucía son
los mismas de hace 30 años. Tierra y libertad. Pero no se pueden exigir
como hace 30 años. Porque la tierra no la pisan jornaleros ni la
libertad está secuestrada por un dictador militar. Todo es más sutil y
complejo. La lucha de clases ha sido sustituida por los sindicalistas
liberados y la responsabilidad social corporativa. La tierra por
promotoras inmobiliarias. La libertad por las cuotas políticas y las
campañas electorales. La autonomía por una dependencia umbilical con el
Estado y elecciones conjuntas. La democracia por bipartidismo y
abstención. Una mierda que apesta y de la que los ciudadanos huyen en
defensa propia.
Hoy no es 4 diciembre porque no lo será nunca, ni debemos sentir
nostalgia por ello. Hoy es otro 4 de diciembre. Esperanzador si los
paradigmas andaluces de convivencia, comunidad y vínculo con la tierra,
sirven de modelo al planeta frente a la deforestación cultural, política
y ecológica que está provocando el liberalismo globalizador. Y para
conseguirlo tenemos que volver a reclamar tierra y libertad. Pero con
discursos diferentes, nuevos, alejados de los postulados filosóficos del
siglo XIX. Es sencillo. Exijamos para Andalucía lo mismo que pediríamos
para cualquier otro pueblo del planeta. Para volver a ser lo que fuimos,
seamos lo que siempre hemos sido: ecologistas, universalistas,
solidarios, mestizos, utópicos, sencillos, cultos. Andaluces. (Texto
leido hoy en el acto homenaje por la muerte de García Caparrós) |