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El insurrecto
Antonio Manuel
“Estratejia”
Era tan infame y denigrante la explotación de los jornaleros
andaluces a principios del siglo XX, que Leon Tolstoi llegó a afirmar
que el triunfo de la revolución marxista se produciría en la Rusia de
los soviets o en la Andalucía de los latifundios. Kasparov, también ruso
pero de ideología radicalmente opuesta, acaba de publicar un libro en el
que compara la vida con el ajedrez. En uno de sus pasajes distingue
entre táctica y estrategia: táctica es aquello que se hace cuando queda
algo que hacer; estrategia, lo que se hace cuando ya no hay nada que
hacer. Se han acabado las tácticas para el sindicalismo jornalero
andaluz. Es tiempo de estrategia.
Últimamente, el campo andaluz sobrevive a fuerza de salvar jaques mates:
la definitiva ausencia de una ley de reforma agraria; la implantación
clientelista del subsidio agrícola; las contrarreformas europeas; los
sucesivos recortes en los presupuestos autonómico y estatal; el decreto
Aznar; el insulto de la duquesa de alba… Es cierto que el paisaje íntimo
del jornalero había cambiado menos en medio milenio que en los últimos
25 años. Cuando Cañamero y los suyos ocupaban las fincas de El Coronil,
al comienzo de los ochenta, aún seguía vigente esta ecuación inhumana:
si la sequía mata la cosecha, el propietario pierde un año, el jornalero
la vida. No cabe duda que las cosas han cambiado. El jornalero andaluz
sobrevive con creces sin depender del cielo. Pero sigue dependiendo de
los mismos yugos invisibles. Uno de los líderes históricos del
sindicalismo campesino andaluz, el fallecido cura Diamantino, lo
explicaba de esta manera tan contundente: “Cuando en las asambleas
jornaleras los sindicalistas animan a los trabajadores a que defiendan
sus derechos frente al patrón, los propios interesados confiesan con
sinceridad y con impotencia: No podemos luchar contra el patrón, porque
es él quien después nos tiene que firmar las peonadas para cobrar el
paro. Parecida respuesta ofrecen los obreros del campo cuando se les
propone una lucha para reivindicar al Gobierno mayor justicia para la
agricultura. Tenemos que estar agradecidos al PSOE que nos paga sin
trabajar”. Reconozcamos la desaparición de las relaciones
explotador-explotado: la lucha de clases se ha transformado en una
rendición de clientelismo.
Pero algo está ocurriendo en el subsuelo político andaluz. Como un
volcán sin cráter (todavía), intelectuales y sociedad civil se implican
en reivindicaciones elementales para Andalucía. Y ahora le ha tocado al
sindicalismo. La próxima semana se constituye en Sevilla el Sindicato
Andaluz de Trabajadores. A la primera asamblea asistirán medio millar de
representantes sindicales (SOC, Autonomía Obrera, FAS, SITAS, Coalición
de Trabajadores…) que se definen como luchadores de clase, autónomos e
independientes, democráticos y asamblearios, solidarios e
internacionalistas, antipatriarcales y no sexistas, plurales,
antiglobalizadores, ecologistas, alternativos, y con una voluntad clara,
expresa e inequívoca de intervención sobre la realidad sociopolítica de
Andalucía. Son conscientes de que los tiempos y los discursos han
cambiado. Ahora sólo queda que las familias políticas andaluzas también
se den cuenta y adopten la misma “estratejia”.
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