Una pizca de salRafael Sanmartín
EL BOOM
El Banco de España ha alertado recientemente a los consumidores sobre el riesgo que comportan las hipotecas de larga duración (a más de treinta años) y ha pedido a los bancos que informen adecuadamente a sus clientes. Así, en líneas generales, una hipoteca a cincuenta años es un gran negocio... para quien presta el dinero. El receptor se hipoteca –literalmente hablando- para toda su vida. Una persona que tome una deuda de este tipo con treinta años, estará dependiendo de la entidad financiera hasta mucho después de su jubilación. Puede que hasta se la deje a sus hijos. A partir de ahora, en vez de una vivienda la herencia será una deuda. Con todo, eso no es lo peor. Véanse las condiciones: la cuota no es mucho menor que la de una hipoteca a veinticinco años. Tanto crecen los intereses. Cuando el Banco de España, dentro de la política económica europea, bajó el precio del dinero, bajaron los intereses. Pero entonces, las promotoras e inmobiliarias subieron los precios. Se “compensaron” la diferencia, para ganar más. El consumidor continuó pagando lo mismo, sólo que ahora, en vez de pagarlo al banco en intereses, se lo paga directamente a la constructora, inmobiliaria o promotora. El gobierno no hizo nada. Ahora, que ha subido el precio del dinero, lo lógico sería que los vendedores de viviendas nuevas bajaran proporcional y recíprocamente el importe, para volver a compensar. Pues ahora el gobierno tampoco hace nada. Parece que (presuntamente, claro) ganar es una cosa y ser justos y honrados es otra muy distinta. Y, como el hombre es capaz de tropezar tantas cuantas veces sea preciso, prefiere no enterarse. O no reconocer una realidad, que está haciendo bajar precios, pese tan continuos como interesados desmentidos. A partir de aquí ¿qué va a pasar? ¿Cuánto aguantarán los “inversores” que buscaban un beneficio a su cómoda y rentable “inversión”? ¿Y los otros? Los grandes pueden comprar eléctricas o trasladar sus proyectos a países emergentes. Cuantos se han beneficiado y aún se beneficien de la forzada y anormal subida de precios, bancos incluidos, podrán aguantar o no. El problema es para la mayoría que vive de la construcción. Todavía estamos a tiempo; todavía es posible paliar los efectos que tendrá la caída de precios, ya comenzada. Bastaría elaborar planes que permitan cambiar la norma temporal del dinero fácil por una cultura empresarial, políticas de ventas e investigación incluidas. ¿Es mucho pedir? No debería serlo, para un gobierno tan preparado y de progreso como el que tenemos.
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