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Una pizca de
sal Rafael
Sanmartín POBRECITOS
“No hay ná peó que un pobre
harto pan”. Decían. Pero ya no hay pobres. Ahora van en mercedes,
venden chalet en Marbella (y en más sitios), o presiden diputaciones. Ahora
el dicho debe quedar así: “No hay
nada peor que un político haciendo méritos”. Y algunos, más; hay
que añadir.
La cosa empezó hace tiempo. Cuando a un alcalde sin ideas le caducó
el crédito concedido por el electorado, consiguió alargar unos años su
agonía intentando, con dardos envenenados, hacer responsable a otra ciudad
de toda la incapacidad que había mantenido inactivada la suya durante
catorce años.
Salió. Salió fuera; lo echaron. Pero ¡hay dolor! germinó la
semilla. Ahora el “grado de interés
y de defensa” se mide en proporción directa a los ataques lanzados
contra Sevilla. Sabia dinámica de un partido cuya fuerza se asienta en
entretener con nimiedades y en dividir al pueblo, para combatir esa (para
ellos) “lacra ya obsoleta del
pensamiento libre”. A lo mejor lo de Salvador Pendón, Magdalena Álvarez,
Celia Villalobos, Antonio de la Torre, Pedro Aparicio y algunos otros son
“comportamientos aislados”. A lo mejor. Lo único seguro, indiscutible,
es el permanente ataque a cuanto pueda unir a los andaluces, el desacerbado
interés por dividir, siempre movido por los mismos y permitido, cuando no
azuzado, por sus superiores jerárquicos.
Salvador Pendón (¿qué se podía esperar del hombre y del nombre?)
todavía presidente de la Diputación provincial de Málaga, quiere superar
a su maestro Aparicio, y tiene muy clara la función del organismo que
preside: las diputaciones son el escudo con que proteger el centralismo de
las capitales. Después de intentar apropiarse el nombre Bienal de Flamenco,
registrado y con muchos años de solera, quiere extirpar el flamenco no
procedente de los poco más de nueve mil km2 de “su”
provincia. Al contrario que Sevilla, de cuya bienal salió la malagueña Rocío
Molina –por ejemplo-, premiará a los festivales –vía subvención,
claro- en función del número de paisanos contratados.
Pobres José de la Matrona, Manolo Brenes, Curro de Utrera, Bernarda
y Fernanda… si vivieran lo iban a tener crudo con este Pendón. Como lo
tendrán Calixto, Cabrero, Chocolate, Morente y todos los que no hayan
tenido el privilegio de nacer en alguno de los cien municipios bajo su férula,
que son la inmensa mayoría. ¡Vaya por Dios! ¿Les exigirá este Pendón el
empadronamiento?
El ridículo… ¡ni lo sienten! Al contrario. Saben lo fácil que es
destruir y que quien destruye vence dividiendo. Y con tal de dividir no les
importa empobrecer sus propios festivales. Pues
los hay peores: mayor es el ridículo de los autotitulados “flamencólogos”,
que han protestado por poner un “sevillano” al frente del festival “Málaga
en Flamenco”. Los “pobrecitos” ni saben que han contratado a un
experto, gracias a quien el festival empieza a funcionar, ni han tenido
tiempo de informarse que Ortiz Nuevo nació en Archidona. Lo que ocurre es
que en Sevilla sólo la Junta electoral le pidió el DNI.
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