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Vaya lo que hay que tragar (quiero decir, leer)
estos días respecto al derecho a pactar. Los acuerdos aplicados durante los
treinta años que llevamos de ¿democracia? darían para un tratado sobre la
incoherencia política, si a la política actual se le pudiera pedir
coherencia. Ha habido pactos de todos con todos, y de todos contra todos.
No sólo los partidos han pactado entre sí, de las más variopintas
maneras, también se han arrebatado alcaldías por combinaciones de partidos
enfrentados al cruzar el límite municipal.
Lo cierto es que la ley electoral así lo permite, porque a los
alcaldes no los elige el votante, sino los partidos votados. Así es la ley,
así se aprobó y se mantiene en interés de los grandes. Durante estos
treinta años, ha habido quienes comprendimos esta naturaleza de los pactos.
Y quienes se mostraban contrarios a ellos… cuando perjudicaban sus
intereses o los de su “equipo preferido”. Un
forzado ejercicio de hipocresía, nunca denunciado. Ahora,
cuando, a mayor gloria y mantenimiento del régimen imperante, se prevén
necesarios pactos que desplacen a quienes alcanzaron mayor número de votos,
aparecen nuevos defensores de un derecho que antes se ha negado a algunos. ¿O
era ese el problema? Porque recuérdese la casi unánime condena a los
acuerdos que dieron la alcaldía de Madrid al PP y el silencio con que se
pasó sobre una operación mucho más forzada y sinuosa, para arrebatársela
al PA en Écija. Claro, en Madrid la perdía el PSOE y en Écija la ganaba.
Además, Écija está en Andalucía. ¿Fue ese el motivo? Excepcional
ejercicio este, que defiende los acuerdos según cuando y según quien. A
ver si alguno de estos nuevos elogiadores del pacto, sería capaz de
justificar el acoso al PA, cuando hace lo mismo que todos. Por qué los demás
eligen “el escalón más dinámico, decoroso y moral de la práctica política”,
y sin embargo el andalucismo, cuando pacta únicamente está “derivando como una veleta”. Por qué lo que en uno es “abrir
el diálogo” en los otros es “vacío
ideológico”. ¿No será, más bien, el interés de alguno por dejar
Andalucía vacía de ideología andalucista? Saludos
cordiales, Rafael
Sanmartín Ledesma
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