VOTAR Y OLVIDAR

 

Rafael Sanmartín

 

            Con la organización del mundo antiguo nació el grupo; y de él las ciudades y la toma de decisión colectiva. Uno de los mayores avances de la humanidad, tras el fuego y la rueda, fue el “gobierno del pueblo”. La demos kracia.

            Como puede verse, la democracia no está limitada al acto de votar cada ciclo de tiempo. Eso llevó al poder y lo mantuvo durante setenta largos años al PRI en México. Adolfo Hitler lo ganó en una elección democrática. La contracción “demo-cracia” significa mucho más que el simple acto de depositar una papeleta. De esa forma queda, como mínimo, incompleta. Como mínimo.

Admitida la imposibilidad de practicar asambleismo para gobernar hoy las ciudades y los estados, el término se puede actualizar, jamás vaciarlo. Lo vacía quien se siente legitimado para hacer cualquier cosa por el simple hecho de haber sido elegido.

La tentación totalitaria es el fin de la democracia.

            Nadie debería depositar tanta confianza en otra persona, hasta permitirle decidir su propio destino. Cuando se juegan la subsistencia, la educación, la calidad de vida, el ciudadano debe ser más que elector. Exigir, fiscalizar, controlar al gobernante, sólo puede tenerse por una concesión gratuita en los regímenes totalitarios. Y totalitario es -aunque haya sido elegido democráticamente- el gobernante capaz de sentirse respaldado por el voto, para imponer su voluntad por encima del interés de los gobernados.

Admitamos la dificultad del elector para gozar de suficiente información a la hora de votar. Por eso debe hacer oír su voz durante los cuatro años de mandato y, con más razón, meditar su opción la vez siguiente.

Ese es el compromiso que tiene Andalucía por delante en estas elecciones municipales, muy por delante de simpatizar con una opción determinada. Recuérdese: hay políticos conscientes, honrados, comprometidos. Pero muchos ignoran la ideología presente en las siglas que representan, para arrogarse su propia voluntad. En ocasiones, simplemente su megalomanía.

Un pecado que los ciudadanos no deben perdonar.

Analizar sin pasión la labor del gobernante es deber del elector. En una ciudad se vota limpieza viaria, comodidad, buenos servicios. Y algo más. Y futuro. Futuro son infraestructuras, enseñanza de calidad. Vida. Vida no es manipulación de los medios de comunicación con dinero de todo el pueblo. Vida no es cambiar pavimentos como arma propagandística. Vida no es construir más viviendas de las que pueden ser ocupadas, para llenar las arcas de dinero con que financiar la propaganda propia. Así habrá barrios vacíos y un barrio vacío es un barrio fantasma, un peligro para la seguridad. Vida no es la imposición desde el poder.

Ese no es el futuro que queremos para nuestros pueblos.