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VA EN SERIO
Rafael Sanmartín
Absolutamente en serio. No hace mucho decían “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. O “en abril, aguas mil”. Las lluvias de abril no son preocupantes en sí mismas. Quizá tampoco lo sea el calor de enero ¿o sí? Es posible que cada fenómeno no sea peligroso en sí mismo. Solamente es -¡nada más y nada menos es!- una muestra viva y preocupante, muy preocupante, del cambio climático del que es responsable nuestra forma de vida. Desde que se descubrió el agujero de ozono en La Antártida, hace ya más de cincuenta años, se ha hecho muy poco por evitar, o al menos disminuir, las graves consecuencias de la agresión humana a la naturaleza. Muchos pensarán que un papel ensucia, pero no degrada. La responsabilidad es la misma; no es un acto el que degrada, sino la suma de todos los actos. Por supuesto, los ataques más graves vienen de las grandes empresas y de los gobiernos, incapaces de enfrentarse a ellas. ¿Qué puede hacer el ciudadano normal frente a tan poderosos poderes? Pues tres cosas: Conciencia. Consciencia. Participar. Sobre todo, participar. Cuando más falta hacen, parece haber pasado el tiempo de las manifestaciones, el tiempo de reclamar a los administradores… Eso se queda para México, más atrasado. Nosotros somos un país moderno. ¿Sí? Mayo también tiene riqueza de referencias en el refranero popular. No hay que usarlas para que quede clara nuestra responsabilidad, la de cada persona en todo cuanto ocurre en su entorno. Alguien dijo “-Cada pueblo tiene lo que se merece”. Es duro, sí. Suena impopular. También. Pero no es un cuento que, en democracia, la mayoría tiene en sus manos el poder; que lo da y lo quita a su voluntad. No es menos cierto que el poder constituido tiene resortes para dirigir el voto a su conveniencia. Vuélvase al ejemplo de México: más de setenta años en manos de un partido disfrazado de revolucionario. Aunque no es preciso ir tan lejos: aquí llevamos ya treinta. El poder político y el económico -no es casualidad la imposibilidad de desligarlos- saben como manipular y tienen medios para hacerlo. Pero la mayoría “silenciosa” también los tiene: sólo debe usarlos. El medio de la mayoría es la información, y luego la participación. El silencio, el acatamiento, es el acto servil más preciado por el poder; el que más les beneficia. Y el más negativo para el pueblo. Un pueblo se da a valer cuando fiscaliza a sus dirigentes. Cuando les exige consciente y racionalmente. Cuando impide situaciones arbitrarias o de beneficio personal para los políticos gobernantes. Eso se llama conciencia. Eso es ser conscientes. Todavía tenemos mucho que aprender. Siempre nos queda qué aprender, aunque hay ocasiones de urgencia. Que el 27 de Mayo está a la vuelta de la esquina.
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