La Autosuficiencia energética de Andalucía

 

            El pasado 8 de febrero de 2006, el consejero de Innovación, Ciencia y Empresa, Francisco Vallejo aseguró que Andalucía consiguió el pasado año 2005 la autosuficiencia en generación eléctrica y dio una serie de datos que no me acaban de cuadrar y que vienen a confirmarme el permanente engaño al que nos tiene acostumbrado el régimen neoliberal del PSOE instalado en Andalucía. El consejero aseguró que para conseguir la tasa del más del 98% de autogeneración eléctrica ha sido fundamental la aportación de las energías renovables, que suponen ya el 10 por ciento de la demanda eléctrica andaluza, y de las nuevas centrales de ciclo combinado, que cubren ya el 53% de la producción bruta en 2005. Además, el consejero señaló que las previsiones para el 2010 son estar alrededor de 10 puntos por encima de las necesidades de Andalucía en generación sobre el consumo (produciremos más electricidad de la que consumimos)  y que el 70 por ciento de la misma corresponda a ciclos combinados.  Pero lo que no recalcó el Consejero es que para la producción de ese 53% de electricidad proveniente de las centrales de ciclo combinado (el 70% en 2010)  se usa una energía –el gas natural- que hay que importar en su totalidad. Por lo que el doble mensaje que nos ha querido transmitir el representante de la Junta tiene trampa. La tal autosuficiencia energética (sólo eléctrica) es una pura mentira. Y la “apuesta por las energías renovables” va a seguir en un porcentaje testimonial cara a la galería para revestirse de “verdes” con la complicidad de su aliado oportunista. Pero junto a la propaganda engañosa del Consejero hay otra intervención que me pareció más preocupante, la del Presidente de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE) Javier Targhetta, que puntó que España que con un 80 por ciento de dependencia exterior es el país con mayor dependencia de la UE, y «no puede huir del debate nuclear tanto por esa dependencia, que nos hace más vulnerables, como porque contamos con gran experiencia en todo lo nuclear». Resulta, pues, que ahora a la gran industria le vuelve a interesar la construcción de centrales nucleares porque con los altos precios de los combustibles fósiles y los bajos tipos de interés parece que el kilowatio nuclear puede ser interesante. Aunque eso sí, siempre que se les garantice una estabilidad política y de precios “rentables” gracias a la intervención estatal que hace que ha hecho que hayamos estado subvencionando mediante los recibos de la luz el ruinoso negocio nuclear de las eléctricas.  Subvención que el PSOE supo vender a sus “cándidos” votantes como una gran conquista del socialismo al conseguir una “moratoria nuclear”.  Yo me pregunto: ¿Qué mentes más retorcidas pueden seguir apostando por la energía nuclear después de lo de Chernóbil?. ¿Acaso no les importa que la central de Vandellós estuviera a punto de haber sufrido un accidente parecido al ucraniano?. Sin haber resuelto los riesgos de contaminación de un accidente como el de Chernóbil –todavía el 40% de la superficie europea sigue contaminada por las radiaciones- y sin haber resuelto la gestión de los residuos nucleares, (que mala leche me entra al pensar en el cementerio del Cabril) hoy es una aventura de locos –por no clasificarlos de otra manera- el seguir apostando por esta energía y más cuando como veremos se puede ser de verdad autosuficiente con energías limpias.

            A pesar de ese “titular de prensa” engañoso de que Andalucía ha alcanzado la “autosuficiencia energética”, matizadon en letra más pequeña de que se refiere solamente a la energía eléctrica (ya sabemos que la gran mayoría sólo lee los grandes titulares), la realidad del consumo energético andaluz es que alrededor del 75% del consumo andaluz de energía es de derivados de los combustibles fósiles (sobre todo petróleo y en menor medida gas y carbón) y poco más del 20% es de electricidad. De esta, apenas el 10% procede de las nuevas tecnologías limpias como la eólica y la solar, y la gran mayoría procede de las nuevas plantas de ciclo combinado de gas.

            El conseguir una auténtica autosuficiencia energética en Andalucía depende actualmente de una clara voluntad política de las administraciones que implique el rechazo a las presiones y “sugerencias” de la grandes compañías energéticas (petroleras, gasísticas e hidroeléctricas-nucleares, fundamentalmente) y poner toda la legislación y recursos económicos necesarios al servicio de ese objetivo. Hoy existe la tecnología suficiente para que las energías renovables suplanten a las contaminantes. Hasta ahora no se había hecho nada porque no se había conseguido crear grandes plantas que se pudieran conectar a la red y poder cobrar a través del contador. Hoy no tienen excusa las empresas productoras para instalar las suficientes plantas como para abastecer a toda la población en su consumo eléctrico. Unos costos mucho más baratos al generalizarse su producción y una adecuada política de subvenciones les han quitado cualquier argumento en contra. Es verdad que la energía eólica ha tomado un gran impulso y tiene visos de crecer todavía mucho, pero es necesario que sea la solar, tanto fotovoltaica como térmica la que se impulse adecuadamente en un país como el nuestro con tantas horas de sol. También tenemos una fuente importantísima de energía como es la biomasa (la generación de energía mediante el aprovechamiento de productos naturales o de residuos) donde contamos con una gran cantidad de residuos forestales y agrícolas (sobre todo los derivados del olivo).

            Es verdad que Andalucía puede ser autosuficiente en generación eléctrica en muy poco tiempo cuando se pongan en marcha todos los proyectos que hay en diferentes fases actualmente y todo ello sin necesidad de las plantas de ciclo combinado de gas que no tienen ninguna explicación en Andalucía si no es porque se pretende su explotación con el objetivo de la exportación (especialmente a Marruecos a través de los cables submarinos de Tarifa).

            Otro capítulo aparte sería la autosuficiencia en carburantes de automoción donde sería necesario un impulso político mucho más decisivo y valiente. Aquí tenemos dos aspectos en los que habría que incidir, el primero es la obligación que se debe imponer a los fabricantes de vehículos para que se incorporen motores de muy bajo consumo (sé que existe tecnología para fabricar motores que apenas gastan más de un litro a  los 100 km.) que se pueden combinar con motores eléctricos (son los llamados vehículos híbridos). Y por otro lado hay que impulsar decididamente la fabricación de los llamados biocarburantes como el Biodiesel que se obtiene a partir de aceites vegetales como  soja , colza y girasol, y el Bioetanol (o bioalcohol), Alcohol producido por fermentación de productos azucarados (remolacha y la caña de azúcar). También puede obtenerse de los granos de cereales (trigo, la cebada y el maíz). Los biocarburantes pueden usarse en motores adaptados exclusivamente para ellos o mezclados en una baja proporción con los carburantes derivados del petróleo (Esta es la opción que se ha desarrollado en países como Brasil o EE.UU. y la que se quiere impulsar aquí). Pero la simple mezcla del biocarburante con la gasolina o el gasoil tradicional en bajas proporciones (5-10%) es solo un parche en un gran problema como es la contaminación.

El uso masivo de biocarburantes en Andalucía tendría varios efectos beneficiosos; uno es la reducción radical de la contaminación, otra es la consecución de la autosuficiencia energética también en carburantes, y otra es la generación de una actividad económica importantísima para la economía agraria andaluza como es el cultivo de las plantas necesarias para el biocarburante.

            ¿Qué intereses oscuros se pueden oponer a una apuesta como ésta?

Francisco García Duarte