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El nuevo centralismo Madrileño
Aunque pueda parecer lo contrario, con la nueva configuración autonómica del Estado desarrollada a partir de la Constitución de 1978 el centralismo no ha desaparecido, en absoluto, sino que se ha transformado. Ahora lo que se está fomentando desde el poder central es el centralismo económico que contempla a Madrid –la gran macrociudad que representa el área metropolitana madrileña- como el centro económico de la vida española, observado de reojo y envidiado por el otro gran polo de concentración económica que se quiere mantener entorno a la otra gran aglomeración urbana del área barcelonesa. Es curioso observar cómo dentro de las Comunidades Autónomas, en concreto en Andalucía, se está generando un estado de opinión en contra del “centralismo” de la capital de la Comunidad, pasando desapercibido –si no visto con complacencia- el centralismo madrileño que sigue cabalgando a lomos de las grandes inversiones públicas. Así vemos cómo la nueva red de trenes de alta velocidad sigue el esquema radial que puede contemplar el mejor de los Estados centralistas. Se habla del AVE a Sevilla, a Valencia, a Barcelona, a Valladolid, etc… pero se olvida que todos esos AVE van a Madrid. Se habla de “vertebrar” el territorio a través de las grandes infraestructuras, pero la mitad de todos los fondos de cohesión europeos concedidos a España en el período 2000-2006 se han dedicado a una sola infraestructura: la ampliación del aeropuerto de Madrid, con la centralizadora intención de convertir el aeropuerto madrileña en paso obligado de la mayoría de las grandes rutas internacionales. La red de “circunvalaciones” y “radiales” madrileñas no para de crecer: M-30, M-40, M-50. El Ayuntamiento de Madrid se acaba de gastar más de 3.000 millones de euros en el soterramiento de la M-30 aumentando la deuda municipal a los 6.000 millones de euros (un billón de las antiguas pesetas), deuda que ya veremos si al final no es “enjugada” por los presupuestos estatales como ya ha ocurrido en otras ocasiones. También podríamos hablar de la inversión de más de 4.000 millones de euros en la ampliación de la red de metro, sufragados por las distintas administraciones. También le podríamos añadir los 150 millones que ha costado la ampliación del museo del Prado y algunas que otras “minucias” como la nueva sede de TVE, que nos cuesta la “capitalidad del Estado”. Y no solo se trata de centralismo económico público, sino también se potencia en el ámbito de la empresa privada. Ahí tenemos la cada vez más extendida costumbre de que las grandes empresas españolas concentren en Madrid –en pequeñas ciudades que construyen al efecto- a sus miles de empleados. Es el caso de Telefónica, Repsol o Banco de Santander, que gracias a las nuevas tecnologías que les permiten concentrar en un solo sitio gran parte del trabajo, construyen grandes complejos en el que trabajan sus miles de empleados directos y otros muchos mas que “sirven” (cafeterías, guarderías, parkings, jardinería. etc. ) a esos empleados. Todo ello pagado con los beneficios que genera la actividad de esas empresas en todo el territorio español, o incluso mundial. También la “lógica económica” lleva a las empresas multinacionales que se instalan en España a fijar sus sedes centrales cerca del poder político español, que tiene su sede en Madrid. Todo ello ha llevado a Madrid a elevar su nivel de renta per cápita al mismo nivel de la media alemana, muy por encima de la media española y, por supuesto, mucho más por encima de la media andaluza. Y lo peor, es que esta situación no sólo no tiene visos de “corregirse”, sino de aumentarse si nos atenemos al nuevo sistema de financiación autonómica que se vislumbra con la reforma de los estatutos de Autonomía, en el que las Comunidades autónomas van a gestionar la mitad de la recaudación por IVA y por IRPF que se recaude en su territorio. Con este nuevo sistema las Comunidades “más ricas” como Madrid tendrán una disponibilidad de ingresos muy superior a las que tienen un índice de renta y de actividad por debajo de la media, como Andalucía. Con lo cual la distancia entre Comunidades, no sólo no se acortará, sino que aumentará.
Paco Albadulí |