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Andalucía tras el
Referéndum del Estatuto
BALANCE Y
PERSPECTIVAS
Andalucía Libre
A la hora de
redactar este balance del Referéndum estatutario del 18 de Febrero no
hemos querido participar en una carrera contra el tiempo. Hemos dejado
expresamente pasar unos días para que pudiera comprobarse cuan pronto un
acontecimiento de esta entidad comenzaba mediática y políticamente a
disolverse en el olvido.
En este punto,
hemos de advertir que de entre las múltiples reflexiones(1)
o lecturas que pueden sustentar los resultados del 18-f, hemos
seleccionado y destacado conscientemente aquellas que nos parecen
políticamente más sustantivas desde una perspectiva de izquierda
independentista andaluza; aún a costa quizá de desequilibrar un tanto el
trazo del cuadro resultante a ojos ajenos o extranjeros. Esta opción es
consecuencia de nuestro compromiso militante. Siendo hoy
'Andalucía Libre' sólo un mero boletín, también hemos
querido exprimir las potencialidades de esta condición, expresándonos
con plena libertad, como siempre, bajo nuestra exclusiva
responsabilidad.
El Estatuto y
la abstención
El referéndum
del 18 de Febrero ha supuesto la aprobación definitiva de la Reforma del
Estatuto de Autonomía para Andalucía; un Estatuto que hemos denominado
de la Dependencia y cuyo significado y contenido político hemos
combatido. Será el Estatuto legalmente vigente en próximos días. Este
resultado supone una derrota política, nacional y de clase; para
Andalucía y para la izquierda andaluza.
Es una
derrota, primero, porque bajo un Estatuto que valorábamos negativo se
regulará el destino de nuestro país durante años. Segundo y también, por
la forma en que se ha producido su aprobación.
Veamos los
datos.
El Estatuto
andaluz, apoyado por PSOE, PP y PCE-IU, se ha refrendado con un
63,72% de abstención. Sólo ha votado el 36,28% del censo;
menos aun que los que lo hicieron en 2005 en el plebiscito sobre la
Constitución europea (40,30%). El porcentaje de participación ha sido
inferior al del Estatut catalán de 2006 (49,4%) y sólo superior al del
refrendo del Estatuto de Galicia de 1980, en el que sólo votó el 28,2%.
Con un censo
que sumaba cerca de millón y medio de electores más que su precedente de
1981 –cuyo referéndum tuvo un 53,49% de participación- el nuevo Estatuto
ha recibido incluso en cifras absolutas, 272.711 votos afirmativos menos
que el que viene a sustituir. Los 1.899.860 síes -el
87,45% de los votantes- sólo representan el 31,42% del censo;
341.620 votos menos que los obtenidos sólo por el PSOE –una de las tres
fuerzas parlamentarias impulsoras- en las ultimas elecciones autonómicas
de 2004.
Los resultados
del 18-f ofrecen pues un déficit de legitimidad potencial. Pueden
constituirse en un futuro en sostén argumental en Andalucía de un
cuestionamiento político del Régimen de dependencia; pero sólo si
existe una fuerza política y social que lo estructura y organiza.
Al momento presente, ante la inexistencia de esa fuerza, el nuevo
Estatuto no sufre de deslegitimación social o popular significativa.
Para ver los
términos en que hoy se formula políticamente la cuestión, basta
recuperar la interpretación de los datos realizada por la dirección
estatal del PSOE, que el diario EL PAÍS recoge en su edición del martes
20 de Febrero. Allí, bajo el titular “Zapatero cree que la abstención
andaluza es una muestra de desgana pero no de malestar”, se dice
“Tanto Zapatero como otros miembros de la Ejecutiva desarrollaron la
tesis de que los ciudadanos usan con frecuencia los referendos para
castigar a los gobernantes. De la misma dedujeron que los andaluces han
mostrado ‘desgana’ o ‘indiferencia’ ante este referéndum pero no han
trasladado ‘malestar’ o ‘crispación’. Si en el seno de la sociedad
andaluza existieran esos sentimientos, la participación habría sido alta
y destinada a votar no. Un no contra el Gobierno”. Muy
posiblemente el ‘malestar’ exista, aunque desarticulado y
recluido en las catacumbas sociales –y en eso se equivoca la dirección
del PSOE- pero desde luego acierta en que no se ha socializado ni ha
sido capaz siquiera de elevarse a expresión genérica de rechazo.
Ciertamente,
la alta abstención –mayor de la prevista- ha molestado a los impulsores
del SI y singularmente a las direcciones de PSOE-IU. De ahí que se haya
recurrido a variadas excusas para explicarla: falta de información sobre
lo que se votaba; ausencia de tensión sobre el resultado por la
previsible victoria del ‘sí’ combinada con desmovilización de los
electorados del PSOE e IU ante su coincidencia con el PP, que privaba de
sentido al ‘voto a la contra’; indiferencia por ausencia de
demanda social o por considerar que el Estatuto no afecta a la vida
cotidiana.
La izquierda
andaluza –es decir, la izquierda independentista- cometería un error si
se limitara a seguirles el hilo a estas justificaciones, restringiéndose
a descalificarlas en su mismo
plano de argumentación sin a la vez añadirles las necesarias
reflexiones autocríticas.
Es verdad que
ha faltado información sobre el Estatuto (y los embustes con que iba
acompañado) pero también es verdad que esa carencia no se ha cubierto
tampoco socialmente desde las fuerzas del NO y en especial desde la
izquierda. Es verdad también que el Estatuto propuesto significaba, en
tanto estafa política, primordialmente continuidad y por tanto no
mejoraba la cotidianidad social pero también lo es que su elaboración
ofrecía una oportunidad para plantear y plasmar
alternativas y reivindicaciones y que la no
percepción de esta ‘ventana de abertura’ evidencia no sólo el
conformismo social sino también el escaso eco, implantación y
credibilidad social de quienes rechazábamos con el Estatuto el
modelo nacional y social vigente y explicábamos que la satisfacción de
las demandas nacionales y sociales esenciales requerían la construcción
de un marco político nacional distinto.
La tan
reiterada acusación sobre la “falta de demanda social” referida
al nuevo Estatuto -especialmente desde la derecha extrema españolista
del PP- sólo ha sido y es otra forma demagógica de expresar la defensa
de la continuidad del orden presente. En ultima instancia, no ha habido
“demanda social” por las mismas razones que tampoco ha existido
“demanda social” para oponerse a otras agresiones como, por
ejemplo, la ampliación del periodo de cotización exigible para tener
derecho a jubilación, que España aprobaba simbólicamente el viernes
víspera del referéndum andaluz.
Lo que hemos
de retener de los resultados del 18-f es el cuadro general que
nos ofrecen del país, la sociedad y la clase obrera que tenemos. Un
país, una sociedad y una clase obrera, atomizadas, desestructuradas,
impotentes; sin vanguardias sólidas, sin programa nacional y proyecto
global alternativo.
Quienes desde
autoadscripciones de izquierda hacen lectura positiva de la
abstención del 18-f, bien sufren de alucinaciones, bien hacen de la
necesidad virtud y elevan a teoría su aislamiento y marginalidad. Aún
con toda la diversidad propia de los plebiscitos y la pluralidad
inherente a cada una de las opciones propuestas –si o no- no se pueden
sumar entre si una expresión de rechazo como el NO y una aceptación
pasiva como ha sido socialmente la abstención. No estaremos mejor
creyéndonos falsamente más de lo que somos.
La abstención
del 18-f no tiene nada en común siquiera con la histórica abstención
libertaria, con todas las limitaciones políticas que esta conllevaba. En
esos tiempos ya lejanos, cuando la CNT-FAI decidía propugnar
efectivamente la abstención –porque en otras ocasiones, conviene también
recordarlo, dejaba de hecho bajomano vía libre a votar por los
republicanos liberales- no se encubría simplemente bajo el manto de la
pasividad sino que se dedicaba a difundir la necesidad de la
insurrección y aún la preparaba. Nada que ver con lo ocurrido ahora.
La abstención
andaluza del 18-f tiene mucha más relación con el fatalismo, la
ignorancia o la despolitización que con la rebeldía. Su referente no es
el boicot activo sino el sometimiento pasivo. De existir un modelo
social que la explique es el de los Estados Unidos, donde históricamente
el sistema se asienta sobre el abstencionismo y la división popular.
Intentar
justificarla como presunta opción antagonista encubriéndose tras la
adjudicación en exclusiva de la defensa del NO al
Partido Andalucista
es un recurso torpe y cobarde. No sólo porque empíricamente el
'NO de izquierdas e independentista' haya precedido al
'NO andalucista' en tiempos y argumentos sino porque incluso de
no haber sido así, la batalla política por protagonizar el NO estaba
abierta desde el mismo inicio del proceso estatutario. Refugiarse en la
abstención es pues sólo un recurso estético para quienes han renunciado
a desarrollar esa pelea antes del 18-f y después del 18-f quieren eludir
la evidencia de que comparten la derrota del NO, que es también
objetivamente su derrota -como la de todos aquellos que en Andalucía
apuestan por otro modelo político y social- diluyéndose y camuflándose
bajo el aparentemente más potente manto abstencionista.
El alcance
político de la abstención del 18-f podrá comprobarse muy pronto.
Llegaran las elecciones municipales en Mayo (y luego sucesivos comicios)
y el 63,72% disminuirá dramáticamente. ¿En que quedaran entonces todas
sus excusas?.
Limites y
carencias del NO
El no obtuvo
en el referéndum del 18-f, 206.001 votos, el 9,48%
de los votantes. Esto significa el 3,40% sobre el censo
global, cifra esta ultima que nunca debemos olvidar y que describe bien
sus limites. Propugnaron el NO, el Partido Andalucista (5 diputados,
6,20% en las elecciones de 2004), más soberanistas e independentistas
andaluces y una parte de la extrema izquierda española (no toda; por
ejemplo, los microsindicatos ideológicos anarquistas, CNT y CGT, o
pidieron la abstención o hicieron mutis; que a efectos prácticos es lo
mismo).
En la clausura
de la campaña andalucista previa al 18-f, su secretario general Julián
Álvarez -en un ejercicio de inteligencia política- subrayaba que el NO
trascendía los estrechos márgenes de su electorado estricto y agradecía
expresamente la contribución de otras fuerzas, colectivos y personas
para el NO. Tenía razones para ello.
El ‘Voto
NO’ no fue sólo un voto PA. Ni cuantitativa ni cualitativamente.
De hecho, fueron los otros componentes del NO quienes le dieron
fundamentalmente credibilidad y argumentación al rechazo al Estatuto y
consiguieron –al menos significativamente- convertirlo en algo más que
una mera traslación del voto andalucista.
El
triunfalismo del PA en la noche electoral ante los resultados del
referéndum puede entenderse como muestra de alivio del momento y como
reacción al acoso político y mediático sufrido a manos del bloque del
sí, especialmente del PSOE/IU. Sin embargo, haría bien la dirección
andalucista constatando tanto la escasa magnitud general del rechazo
activo al Estatuto como el hecho específico de que no es políticamente
‘propietaria’ de ese voto NO. Citar –como ha hecho para responder
a los ataques- los datos de localidades “como
San
Fernando, con un 16,16% de votos ‘no’; Cabra, con un 15,32;
Niebla, con un 15,51 o Vera, Ubrique, Zahara, Écija. Coín o Ronda”
no puede esconder ni el problema general que manifiesta la ausencia de
correlación nacional entre voto NO y electorado andalucista ni otras
sonoras fugas locales en particular; tanto si comparan resultados del no
con votaciones del PA en elecciones autonómicas y mucho más si se hace
con municipales.(2)
El Partido
Andalucista –conviene recordarlo- obtuvo en las elecciones autonómicas
de 2004 275.940 votos. Esto significa que como mínimo –incluso
adjudicándole el 100% del NO, lo que es a todas luces insostenible- al
menos un 25% del electorado andalucista no siguió sus
consignas partidarias en una consulta relacionada con el núcleo
vital de su existencia y personalidad políticas. También resulta
significativo apuntar que el NO obtuvo más votos en datos absolutos en
las circunscripciones de Almería y Granada que sufragios recibió el PA
en anteriores elecciones.
Políticamente,
puede concluirse que optar en la campaña andalucista por “la
versión blanda” en propaganda y discurso –el énfasis en los
‘60.000 millones’, las referencias a Cataluña en clave de agravio
comparativo o sobre todo la omisión de la reivindicación de nación- fue
un error (que quizá sólo puede explicarse por razones de
equilibrios internos). No evitó la indisciplina de voto del sector más
regionalista y moderado de su base electoral –y su reflejo cuantitativo-
y a la vez debilitó el impacto político de su discurso y de su
resultado. Resulta evidente que si el PA hubiera remachado y destacado
en campaña, por ejemplo, la no definición de Andalucía como Nación como
elemento central de su rechazo al Estatuto –tal y como hicimos los
independentistas, junto a otras razones- las prefabricadas disputas
postelectorales sobre procedencias de voto desde el bloque del SI no se
hubieran siquiera planteado, porque no hubiera sido creíble ni siquiera
aducir, ni a modo de cortina de humo, trasvases puntuales de voto
ultraespañolista a un NO identificado en su totalidad, al menos, con la
afirmación de Andalucía como nación.
Sociológicamente,
es verdad que ese ultimo pase posiblemente se ha producido, pero en
cuantía global muy reducida y muy restringido geográficamente a algunos
barrios centrales o residenciales de algunas grandes ciudades. De igual
modo que seguramente ha habido algunos despistados que se han podido
creer, por ejemplo, el presunto discurso andalucista proSÍ del PSA.
Estos episodios son propios de las consultas plebiscitarias y no afectan
al sentido político general de los resultados. El NO plural -política,
social y electoralmente- es políticamente de quienes lo han trabajado y
reivindicado y sobre todo de quienes pueden desarrollarlo –en un sentido
u otro- en el futuro; lo que en el caso del 18-f lo adjudica en sentido
amplio –aún en proporciones desiguales- al andalucismo genérico y al
soberanismo e independentismo.
El binomio
político-sindical
CUT-BAI y
SOC era otra fuerza que defendía el NO. CUT-BAI ha aportado el único
triunfo local del NO a
escala nacional en Marinaleda (censo 2.067; participación
64,01%; NO, 59,63%) y un digno resultado del NO en El Coronil
(censo 3.983; participación, 45,49%; NO, 28,56%).
Dicho esto, el
referéndum del 18-f ha puesto de manifiesto la existencia en CUT-BAI de
un serio problema político interno ya que en el resto de
localidades donde tiene presencia significativa -incluso
institucional a nivel municipal- su existencia y trabajo se ha
constatado irrelevante a la hora de los resultados del NO, con
porcentajes en la media o incluso por debajo.
El fenómeno
sólo cabe entenderse atendiendo a dos líneas de explicación, ambas muy
preocupantes y que deberían motivar una seria reflexión, toda vez que en
la Asamblea Nacional de CUT-BAI la petición del voto NO obtuvo un 95% de
apoyo
frente a sólo un 5% de abstenciones. 1ª. 'Se ha hecho
campaña por el NO, pero sus militantes, simpatizantes o votantes no han
seguido sus recomendaciones'; 2ª. 'En los pueblos
aludidos (que son prácticamente todos, menos Marinaleda y El
Coronil) se ha desconocido localmente su decisión y orientación
nacional y no se ha propugnado el NO'.
Resulta
razonable presumir que la ambivalente actuación de CUT-BAI en el proceso
interno de IU durante toda la tramitación estatutaria, más el nefasto
'pacto de caballeros' con la dirección de IU de reparto de
zonas y no agresión –ya reconocido públicamente por Sánchez Gordillo:
"El PCA se dedicaba a sus pueblos y nosotros a los nuestros"- han
contribuido a generar desorientación política y pasividad militante,
exacerbando los efectos desmoralizadores de la ya prolongada permanencia
de CUT-BAI en el seno de IU.
Llegados a un
momento político crucial, situados en medio de una contradicción
evidente entre su posición política como organización y la postura de la
coalición que les da acceso a representación institucional, los hechos
parecen acreditar que -sea por no entender la entidad política de la
cuestión o aún entendiéndola, por minusvalorarla o por compartir en
realidad la posición del PCE-IU; sea por evitarse conflictos locales con
las elecciones municipales en lontananza- la inmensa mayoría de las
organizaciones locales de CUT-BAI (con las dos excepciones citadas) han
optado de hecho por asimilarse en la practica al resto de IU.
La implicación
personal de Juan Manuel Sánchez Gordillo –alcalde de Marinaleda y
coordinador general de CUT-BAI- en la campaña del NO a nivel nacional no
le resta –sino al contrario- importancia política al dato.
Aun con una
relevancia política obviamente menor, también ha de constatarse entre
los resultados que en Brenes (censo 8.977), única localidad
andaluza con alcaldía del
PCPE –una pequeña organización de origen brezneviano que también
pedía el NO- el voto NO –con una abstención del 57,16%- se ha limitado a
un 3,13%, o lo que es lo mismo: un 6,07% menos
de apoyo al NO que la media provincial de Sevilla o un 6,35%
menos que la media nacional.
Visto
en general el NO ha tenido una gestación y expresión molecular; deudora
de la muy débil implantación militante a
escala nacional de las fuerzas que lo han impulsado.
Nuestro
balance particular
Por lo que a
Andalucía Libre respecta estamos satisfechos del trabajo
realizado en nuestro ámbito específico de actuación activista como
boletín digital, es decir, como instrumento de formación, agitación y
propaganda independentista.
Desde un
principio afrontamos la batalla del Estatuto como algo que iba más allá
de la campaña de un referéndum; como un escenario en donde contraponer
visiones y proyectos posibles para Andalucía. Siempre hemos trabajado
con la perspectiva de sembrar para el futuro,
dando argumentos para el rechazo y también testimonio de oposición
(3).
Con nuestra
labor creemos haber contribuido en algo a configurar el giro hacia el NO
del PA (lo que no era por cierto, conviene recordarlo, nada previsible
al comienzo del proceso, dadas sus posiciones o su carencia de ellas);
haber ayudado al posicionamiento por el NO de CUT-BAI y en general haber
suministrado informaciones, análisis y datos útiles para acercar y
afianzar en el NO a personas y organizaciones de muy diversa
adscripción. A lo
largo de los meses de debate estatutario nos preocupamos
especialmente de fundamentar el NO como única expresión política de
rechazo coherente, incluso si la derecha ultra españolista del PP
hubiera optado de forma oportunista por esa vía. También hemos pugnado
–con desigual suerte y escaso éxito en general- por implicar en el
debate y atraer hacia el NO activo a diversos colectivos de la llamada 'izquierda
social'.
Hemos
de reconocer que no hemos conseguido ni inclinar hacia el NO a la
sucursal andaluza de IU ni aún convertir a la hora de la verdad en
pronunciamientos públicos por el NO las comunicaciones criticas
recibidas de su seno.
Durante este
periodo, hemos remachado sobre la centralidad política del proceso y
hemos intentado plantear alternativas de transición, concretas y
sectoriales, con el máximo rigor y fundamento que nos ha sido posible,
para demostrar la viabilidad y necesidad del NO, más allá de la mera
enumeración de principios.
De igual modo,
hemos intentado servir de plataforma de difusión plural para las
diversas expresiones del NO, publicando sus elaboraciones. Llegada la
hora de la campaña del referéndum hemos intentado contribuir a facilitar
todas las actividades del NO, al margen de quien las impulsaba, que nos
han llegado.
Con el
esfuerzo realizado, hemos querido situar especialmente al PCE-IU (y al
PSA de Pacheco)
frente a su realidad, permitiendo fijar la experiencia al máximo
a efectos pedagógicos cara a las nuevas generaciones militantes, que no
habían vivido traiciones precedentes. Por contraste, lo que hemos hecho
desde este modestísimo instrumento de izquierda andaluza que es
'Andalucía Libre' también creemos que ha servido para
colocar en su sitio a la extrema izquierda española actuante en
Andalucía.
Es el momento
también de reconocer especial y singularmente la entrega y el esfuerzo
de los militantes de
Jaleo, de Nación Andaluza, de otras
organizaciones o simplemente de andaluces de conciencia que han
compartido esta causa y que nos han facilitado la labor remitiéndonos
originales o indicándonos fuentes o colaborando en la extensión de
nuestro mensaje.
Obviamente,
la derrota del NO es también nuestra derrota. Sus
magros resultados los sentimos también como nuestros. La imagen que nos
proyectan de nuestra Patria nos duele.
El Estatuto de
la Dependencia refrendado el 18-f, conviene decirlo al menos hoy, es tan
reformable legalmente en lo sustancial como la Constitución española. Es
decir, nada. Si algún día decae este Estatuto lo hará a la manera
extraestatutaria en que lo hicieron las constituciones de la III o
IV Republica francesas. Ninguna novedad. Siempre hemos sabido que la
Liberación Nacional de Andalucía exigirá para plasmarse llegada la hora,
de la vía revolucionaria. No obstante, acercar esa circunstancia
implica, entre otros muchos requisitos, no perderse en laberintos
españoles, incidir incansablemente en su ilegitimidad y envolver el
proyecto de una Andalucía Libre bajo el paraguas de la
exigencia de un nuevo Estatuto.
Perspectivas
desde el NO
'¿Quien
administra el NO?'. Es una pregunta que ya emergió al final de
campaña, que la sobrevoló y que ahora impregna reflexiones y balances.
Es
verdad que la campaña del Referéndum ha conllevado algunas aclaraciones
conexas. Por ejemplo, ha liquidado la disputa interna dentro del espacio
andalucista en demérito del PSA de Pedro Pacheco, cuyo SÍ lo ha dejado
irreversiblemente descalificado; retratado como un mero artificio
decorativo para embellecer una simple ambición personal.
Por
lo demás, el NO no tiene dueño; al menos a corto
plazo.
Quien
mejor lo tiene a priori para intentar su articulación y apropiación por
su condición de fuerza parlamentaria, el Partido Andalucista, sufre aún
de demasiadas limitaciones políticas como para planteárselo con éxito;
por mucho que su líder Julián Álvarez lo declarara expresamente como
aspiración en su cierre de campaña(4) llamando
a agrupar las fuerzas del NO en su torno para construir "la
alternativa a Chaves". Un llamamiento que
fundamentaba comprometiéndose a convertir el NO estatutario en eje
central de su actuación política; erigiéndolo en condición previa no
sólo a cualquier pacto de Gobierno sino incluso a un apoyo
presupuestario o legislativo significativo.
El
PA de Álvarez manifiesta signos de evolución en relación con su pasado,
ciertamente. La apuesta por el NO al Estatuto, abriéndose así espacio
político, es la mejor prueba. Su abandono paulatino por una parte de los
elementos más claramente oportunistas y desideologizados de la fase
anterior (los González, Benavides, etc) también lo manifiesta; aunque la
pasividad -cuando no directo boicoteo- de una parte de sus cargos
municipales durante la campaña estatutaria también muestra cuan grande
todavía es el fardo que arrastra.
Sin
embargo, lo más significativo de la situación es que los limites
políticos de esta evolución andalucista son demasiado notorios. El PA
sigue políticamente sin superar el nivel de un regionalismo más o menos
fuerte, sin acceder a una clara definición nacionalista y sin rechazar
la 'españolidad' de Andalucía. La deslealtad constitucional está fuera
de su horizonte. Sus carencias en cuadros y discurso políticos son
evidentes, incluso para quienes no conocen el trasfondo y los
intríngulis de sus sucesivos posicionamientos estatutarios. La
referencia extemporánea y por la derecha de Álvarez al caso del vasco De
Juana Chaos en su clausura de campaña -que no le aportaba nada y
resultaba gratuita- denota hasta que punto funcionan aún tics del
pasado. Por otra parte, su estructura partidaria, tradición política y
formas de funcionamiento no favorecen siquiera la generación de
ilusiones de tomárselo a la manera de un posibilista 'frente
nacional' provisional. Todo esto deja la oferta de Álvarez muy
reducida en la practica a un canto de sirena destinado al fichaje de
alguna 'personalidad' aislada.
Además, la
cercanía de las elecciones municipales de Mayo es el peor escenario
posible para que el PA consolide estas aspiraciones. Más aún, el PA
puede dilapidar de un plumazo todo el patrimonio ganado con el NO al
Estatuto.
Bastara
para ello que los resultados permitan que se confirmen los ofrecimientos
-avalados por el mismo Álvarez- de alianza andalucista al
ultraespañolista PP para desplazar al PSOE de la alcaldía de Sevilla.
Aún
antes de que esta coyuntura se concrete -dependiendo de los resultados-
tras el discurso y actuación ultraespañolista del PP durante la
tramitación estatutaria resulta incoherente -incluso en el plano
municipal- una comparecencia electoral andalucista que no aclare
desde un principio, con nitidez y de antemano su rechazo
nacional general a cualquier alianza con el PP, en beneficio ajeno o
propio. Porque si se ha comprobado que PSOE, PP y PCE-IU comparten el
mismo modelo político de 'Andalucía española', también resulta
evidente que la forma de desgastarlo en su conjunto comienza por aislar
al eslabón más débil de la cadena, el PP, situando a sus socios
estatutarios ante el ejemplo. No hay credibilidad nacional sin
coherencia local. Nadie puede creerse un compromiso para 'liberar
Andalucía' -incluso en su lectura más edulcorada posible- yendo de
la mano del PP. He aquí que muy pronto los intereses personales
inmediatos de algunos escalones del PA entraran en contradicción con
cualquier perspectiva seria de consolidarlo como proyecto nacional y
está por ver que Álvarez tenga la fuerza y la voluntad suficientes para
salir airoso de la prueba.
El NO ha sido
plural, incluso si contamos sólo su aportación extramuros del
PA. Converger en el NO -es decir, en el rechazo a un texto- no implica
otras coincidencias políticas, incluso sólo dentro del campo
nacionalista. Es verdad que la debilidad compartida empuja al
agrupamiento pero también lo es que, más allá de la unidad de acción
para actividades concretas o la colaboración en terrenos como la
recuperación cultural, las diferencias de análisis, objetivos y
estrategias políticas -cuando existen y son sólidas- terminan
convirtiendo en frágil, formal o aparente cualquier atisbo unitario que
pueda plantearse sobre bases voluntaristas, provocando un efecto de
parálisis en lugar de un estimulo para la acción. Este problema político
no se arregla simplemente, considerando menores o infundadas las
posiciones ajenas y llamando a agruparse en torno a las propias.
Dentro
de esa pluralidad en el especifico espacio independentista, sobrevuela
desde hace tiempo el debate sobre el presente o el futuro del
BAI (o Bloque Andaluz de Izquierdas).
El
BAI es un frente compuesto formalmente por cinco componentes, a saber:
la CUT-BAI (integrada en IU), la organización juvenil independentista
Jaleo, personas sin adscripción y las sucursales andaluzas del PCPE y Espacio
Alternativo;
operativo esencialmente y en forma desigual en las ciudades de Sevilla y
Málaga.
Para
cada una de estas fuerzas, el BAI ha significado y significa
algo particular y distinto. Para la CUT-BAI, una vía de relación
potencial fuera de IU, congelada hasta mejores días; para Jaleo un marco
de actuación (y esperamos y deseamos un espacio de reclutamiento y
fortalecimiento militante); para los sin-partido una plataforma de
izquierda y nacionalista y para el PCPE y EA -en diferente proporción,
según cada caso- una marca y forma de salir del aislamiento, de
relacionarse con CUT-BAI y de adquirir pedigrí verdiblanco.
Para
un sector de CUT-BAI, por su parte, el BAI cumple funciones de
hipotético corredor no traumático para la siempre aplazada salida de IU.
Se trataría, según esta tesis, de que el fortalecimiento del BAI (o la
extensión del SAT) convencerían a los sectores de CUT-BAI menos
proclives a salirse de que la separación de IU podría realizarse sin
costes significativos. De ahí que el BAI debería fortalecerse
previamente a la salida de IU. Ocurre, como es lógico, que mientras
tanto, al mantenerse CUT-BAI en IU, el BAI queda en el aire, marcado por
la espera al socio que no acaba de llegar, tocado del ala por las
contradicciones políticas que amontona en su seno e imposibilitado de
crecimiento y consolidación sensible. Además, incluso de producirse esa
hipotética salida de CUT-BAI de IU, no por ello, el BAI -o lo que
pudiera sustituirle- solventaría mágicamente sus problemas o se evitaría
afrontar la natural y dura tarea de construcción pendiente.
Mientras
el futuro del BAI se mantiene en el interminable debate sobre si la CUT
se irá o no de IU y cuando, queda en segundo plano una cuestión mucho
más importante: las condiciones políticas mínimas de convergencia.
La
verdad es que, previamente a todas las cuestiones posibles planteables,
resalta una precondición obvia: no tiene ahora ni puede
tener en el futuro credibilidad alguna una fuerza política
pretendidamente nacional que integra en su seno organizaciones o
colectivos que, de entrada, funcionan desde la dependencia política,
organizativa o ideológica y que comparten un proyecto de ámbito español.
No se puede combatir la dependencia de la Nación desde la propia
dependencia orgánica. Este problema -que afecta a PCPE y a EA-
persistiría inhabilitando políticamente al BAI, incluso si la CUT
abandonará IU y sólo tiene solución si PCPE y EA de Andalucía, optando
por un proyecto estrategico nacional, rompieran con sus matrices
españolas.
No
estamos planteando que la viabilidad de cualquier hipotético marco
unitario futuro de la izquierda andaluza tuviera a priori necesariamente
una definición expresamente independentista.
Ahora
bien, sí nos parece que el ámbito y compromiso político y orgánico
nacional sin dependencias españolas (lo que implica el rechazo a toda
simbología española); la defensa de la Soberanía Nacional y el derecho a
la Autodeterminación de Andalucía (sin ninguna adherencia unionista en
ninguna formula); la deslealtad política al Régimen español; la asunción
de una posición de izquierda y el respeto a la pluralidad ideológica y a
los derechos democráticos en su seno, serían requisitos mínimos
necesarios para facilitar su utilidad como instrumento y su capacidad
para generar discurso y construir un programa político adecuado.
Por
lo que nos toca, ocurra lo que ocurra, seguiremos trabajando por
fortalecer en lo posible en todos los ámbitos a la izquierda andaluza,
es decir, a la izquierda independentista.
Notas:
1. Para ver otros balances ya publicados en la Red,
Referéndum 18-F: Fracaso absoluto del régimen, CUT-BAI;
Apáticos de pura satisfacción: Gana el
nacionalismo español;
Antón Corpas, en InSurGente;
No es nuestro Estatuto,
Antonio J. Torres,
"Antón", en Er Llano
2.
Ver
Resultados Completos del Referéndum
andaluz del 18 de febrero;
Resultados Elecciones Autonómicas
andaluzas de 2004 y
Resultados Elecciones Municipales 2003
3.
Ejemplos del seguimiento y analisis del proceso estatutario andaluz
que hemos realizado pueden verse en El
Jano Español: PP e IU ante el Estatuto, Andalucia Libre nº
316, 17 de Febrero de 2007;
El Estatuto de la Dependencia: Ofensa y Humillación de Andalucía,
Andalucía Libre nº 315, 12 de Febrero de 2007;
Andalucía, La Segunda Estafa. Un Estatuto para la Dependencia,
Andalucía Libre nº 293, 7 de mayo de 2006;
Andalucía, a la hora de la reforma estatutaria, Andalucía
Libre nº 266, 24 de julio de 2005;
Andalucía: Un Estatuto para la Dependencia (1), Andalucía
Libre nº 284, 1 de marzo de 2006;
Izquierda andaluza y Estatuto de Autonomía para Andalucía,
Debate: las características del Estatuto y el posicionamiento de la
izquierda y
Andalucía, La Propuesta Nacionalista, Andalucía Libre nº
94. 11 de Julio de 2001. Tambien en los trabajos dedicados a
Cataluña y Euskadi, singularmente, que hemos venido publicando al
tiempo.
4.
Ver
Andalucía Libre nº 316,
17/2/2007
Andalucia Libre nº 317 - Andalucía,
Balance y perspectivas
sábado, 24 de febrero de 2007 2:26
ANDALUCÍA LIBRE
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