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Razones para un NO a este Estatuto.
Hay multitud de razones que se podrían argumentar para decir NO a la reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía que podría resumir en tres apartados: Identidad, dinero y mentiras. El tema de la Identidad, que para mí sería ya suficiente para el NO, entiendo que a muchos de los andaluces que votan a los partidos que proponen el SI les resbale, ya que es un asunto que les importa muy poco aceptando la consagración de Andalucía como una mera descentralización administrativa, y aceptando el papel de colonia interior que se nos ha adjudicado desde hace mucho tiempo. Resumiendo este apartado es necesario resaltar que la reforma del Estatuto supone una clara traición al espíritu de las manifestaciones del primer 4 de Diciembre, al pacto de Antequera y al referéndum del 28 de Febrero de 1980. Porque yo me pregunto ¿Qué falta hacía reformar un Estatuto que apenas se ha cumplido, sobre todo en los temas identitarios? ¿Para qué tanta polémica con la denominación de Andalucía? Después de más de 25 años de autogobierno, nunca ningún miembro del gobierno ha denominado a Andalucía como nacionalidad (a pesar de que este término viene recogido en el anterior estatuto); siempre como región, y por lógica esa ha sido la tónica de los medios de comunicación. ¿Porqué nos hemos de creer ahora algo que nunca se han creído ellos durante este tiempo? Ya que este tema importa muy poco a los votantes de esos partidos voy a tocar otros temas que a la mayoría de los andaluces sí que les debe remover sus conciencias si se enteran bien de la verdad que hay detrás de esta reforma de Estatuto. Y es que la verdad que hay detrás de todo esto es el dinero. Detrás de lo que unos llaman “derechos históricos” y otros “federalismo asimétrico” no hay más que la clara intención de preservar unos privilegios conseguidos a costa del sacrificio de los demás. Y eso no tiene nada que ver con el legítimo derecho de los distintos territorios a preservar su propia identidad cultural. El País Vasco-Navarra, ya consiguió “legalmente” que se le reconocieran sus privilegios económicos en la Constitución de 1978 a través de lo que llaman “el cupo vasco” que según el socialista Pascual Maragall es el sistema mas insolidario que existe. Pero la crítica de Maragall a este tema no era tanto por la insolidaridad sino por la ambición de Cataluña de tener algo parecido, y es aquí donde entra todo el montaje de la reforma del Estatuto catalán. Existen fundadas razones para creer que la iniciativa de reforma del Estatuto de Andalucía que ha promovido el gobierno de la Junta de Andalucía no obedece a las “necesidades” de nuestra Comunidad sino a la estrategia política del gobierno central –ayudado en este caso por sus subordinados andaluces- para arropar la “necesaria actualización del Estatuto de Cataluña al sentimiento nacional de su población”. Emprender solamente la reforma del Estatuto catalán hubiera sido menos inteligible por la población del Estado Español que si se hace arropado por la reforma generalizada de la mayoría de los Estatutos. Pero al gobierno del “candidato a la fuerza” (recordemos que el Sr. Chaves acogió con disgusto su nominación de candidato a la Junta en la primera ocasión) se le plantea un gran problema a la hora de enfocar la reforma de su Estatuto y es el de cómo “vender” a su electorado un nuevo Estatuto que no “traicionara” el espíritu reivindicativo del 28 de Febrero y del 4 de Diciembre por el que “teóricamente” Andalucía conseguía el máximo techo autonómico constitucional. Es aquí donde entra en juego la controvertida definición de “realidad nacional” que de una manera muy superficial vendría a equiparar “teóricamente” el Estatuto andaluz al que se considera como máximo exponente del techo autonómico, que es el de Cataluña (olvidándose una vez más de los Estatutos de régimen foral). Con las nuevas propuestas de financiación autonómica que se desprenden de las reformas estatutarias se va a consagrar legalmente otra “insolidaridad” parecida a la del cupo vasco. Si se consagra que sea el Producto Interior Bruto (PIB) de las Comunidades el baremo para el reparto de las inversiones estatales en las distintas autonomías, y se termina por aceptar la recaudación autonómica de parte de impuestos como el I.V.A. sin que existan barreras fiscales interiores, estamos consagrando legalmente el colonialismo interior. En otras palabras más claras: que gran parte del producto interior andaluz y una parte del I.V.A figurará como generado por otras Comunidades donde las grandes empresas tienen sus sedes centrales (Madrid, Cataluña, País Vasco…). El que tenga oídos que entienda. ¿Qué hace el gobierno andaluz mientras tanto? Pues contarnos unas cuantas mentiras para hacernos a la idea de que ya somos ricos y prósperos, y que ese dinero que tan alegremente nos ha llegado gracias a la “solidaridad” de las autonomías ricas y de Europa, dejará de llegarnos porque ya no lo necesitamos. Para no alargarme más, sólo pondré un ejemplo claro de esas mentiras. En los últimos años se insiste continuamente que Andalucía crece económicamente más que la media española. Esta verdad relativa (Andalucía crece al 3,4% mientras España crece al 3%) se convierte en lo contrario cuando analizamos un poco más profundamente el tema y vemos de dónde parte cada uno. Si la media de la que parte España es 100, entonces España ha crecido un 3%. Pero Andalucía parte de una realidad económica muy por debajo de la media. Para ser generosos vamos a partir del 80% de la media española. Y el 3,4% de 80 es 2,2. Es decir, que la realidad es que Andalucía está creciendo por debajo de la media y el diferencial entre Comunidades se está agrandando como vienen a reconocer los estudios económicos no partidistas. También podríamos hablar de otras mentiras como la de que los fondos de cohesión que están pensados por la Unión Europea para cohesionar las regiones más atrasadas con las más ricas están dedicándose a eso y no a financiar obras como la ampliación del aeropuerto de Madrid y el AVE Madrid-Barcelona (más de la mitad de los fondos europeos de 2001-2007 se han gastado en esas obras). Y por no hablar de la cantidad de fondos asignados y pregonados a bombo y platillo y luego no gastados. En fin, que a los andaluces les siga sin importar estas cosas, que ya verán las consecuencias en los próximos años. Paco Albadulí
Miembro de la plataforma por el No a la reforma del Estatuto: Andaluces por Andalucía.
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