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No es solo la economía, es la democracia
Muchos critican algunas medidas que reclama Mariano Rajoy para
reducir el gasto público, como reducir la subvención a los
sindicatos, los gastos electorales o ministerios, porque son "el
chocolate del loro".
Pero son mucho más que eso. No las propone porque crea que de
esa manera se va a reducir sustancialmente el déficit. Lo hace como
parte de una estrategia bien calculada de debilitar la acción
pública y todo aquello que refuerza la capacidad de respuesta y
defensa de los trabajadores y de la ciudadanía en general.
Por eso centran también la reforma laboral en el debilitamiento
de la negociación colectiva.
Ni siquiera buscan más beneficios, que podrían obtenerlos con
más actividad y con mayor empleo, sino más poder.
Por eso lo que verdaderamente está en juego con la respuesta que
los especuladores están logrando imponer a la crisis que ellos
mismos han provocado es la democracia y la posibilidad de que los
poderes representativos se enfrenten con garantías a los del
mercado.
Los grandes financieros y los poderes económicos han conseguido
vencer a los gobiernos y están logrando que éstos no solo no adopten
ni una sola de las medidas reformadoras que habían previsto sino
que, además, lleven a cabo programas de ajuste que, si no se frenan,
van a suponer una nueva derrota histórica de las clases
trabajadoras.
El procedimiento ha sido sibilino, casi diabólico. Los gobiernos
tuvieron que dedicar billones de euros a salvar a los bancos para
evitar que su quiebra hiciera saltar por los aires el sistema
financiero internacional y a programas de apoyo a la actividad para
que las economías no colapsaran. El resultado inevitable fue, o un
incremento ingente de la creación de dinero en Estados Unidos y
Reino Unido, o de la deuda pública.
Pero años atrás los bancos privados lograron establecer el
criterio de que los bancos centrales no pueden financiar a los
gobiernos. Era la manera de garantizarse para ellos el gran negocio
de la deuda pública cuando se produjera y al mismo lograr que ésta
fuera sustituida paulatinamente por la privada, mucho menos
controlada y más rentable para la banca.
Así, cuando los gobiernos han incurrido en déficit para hacer
frente a la crisis que los bancos provocaron resultaba que eran esos
mismos bancos quienes podían financiarlos para que dispusieran de
recursos suficientes.
Se ha generado un negocio redondo en lo financiero y en lo
político.
Por un lado, los bancos privados han estado recibiendo dinero
barato, al 1% más o menos, de los bancos centrales con el objetivo
de que pudieran volver a financiar enseguida a las empresas y
familias. Pero en lugar de ello, los bancos dedican ese dinero a
suscribir la deuda de los gobiernos que se emite al 4 o 5% o a
seeguir especulando.
Y no solo eso. Buscando siempre ganar mucho más, los bancos y
los grandes fondos especulativos enseguida comenzaron a manifestar
que algunos gobiernos (contra los que se disponían a tomar
posiciones especulativas) no iban a poder pagar la deuda, o incluso
a lanzar rumores sin fundamento simplemente para hacer creer que su
situación era mucho peor que la real. Y así obligaban a que subiera
el interés al que los gobiernos debían emitir la deuda, alcanzado a
veces, como en el caso griego, incluso el 10%.
De esa forma los bancos están obteniendo beneficios
multimillonarios, pero no solo eso.
Puesto que ahora disponen de una situación de privilegio frente
a los gobiernos, porque éstos deben recurrir necesariamente a ellos
para obtener recursos, les pueden imponer condiciones políticas
draconianas.
Ese es el origen de los planes de ajuste que los gobiernos que
han cedido a estos chantajes están aplicando y que van buscando,
sobre todo, disminuir la capacidad de respuesta de los trabajadores.
Si de verdad se quisiera dinamizar la actividad económica y el
empleo no se frenaría la demanda, ni se permitiría que el dinero de
los bancos vaya a otro sitio que no sean las empresas y familias. Si
verdaderamente se quisiera crear condiciones para cobrar la deuda en
el futuro no se debilitaría la capacidad potencial de crecimiento de
las economías.
De hecho, si no fuera porque en realidad es dramático se podría
calificar de cómico el modo de actuar de las agencias de rating que
se usan para llevar a cabo esta extorsión a los gobiernos. Primero
dicen que van a bajar la calificación si éstos no aplican el ajuste
porque entonces "los mercados" no confiarán en su deuda pública y
deberán emitirla más cara. Pero cuando aplican el ajuste, las mismas
agencias, como ha pasado en España con Fitch, rebajan la
calificación porque dicen que se reduje la expectativa de
crecimiento....¡como consecuencia de la aplicación del ajuste!
Lo que hay detrás de todo ello está bastante claro por mucho que
quieran disimularlo. Los bancos y los grandes especuladores no
quieren que se cambie ni una coma de las condiciones de plena
libertad en las que actúan en los mercados internacionales. Lo de
imponer algún impuesto en algún lugar concreto es lo de menos.
Lo importante es la libertad de movimientos y eso es lo que
quieren mantener.
Pero saben perfectamente que en esas condiciones las crisis se
van a hacer cada vez más reiteradas y fuertes y por eso tratan de
evitar que haya vías de respuesta social. Lo que les podría
incomodar en el futuro es que haya poderes representativos a través
de los que la ciudadanía pudiera hacer frente y responder a lo que
está por venir y que no es otra cosa que un continuo desorden
financiero y una pérdida de estabilidad y de bienestar.
No nos engañemos. No hay razones de fondo, ni científicas ni
siquiera para aumentar los beneficios empresariales que justifiquen
la reducción del gasto público (que en su gran mayoría y directa o
indirectamente termina yendo a las cuentas de las empresas), la
reforma laboral que se prepara, la privatización de servicios o de
las pensiones. Solo se busca privilegiar la capacidad de acción de
las grandes empresas y de los financieros. Buscan ganar más, como
siempre, pero ahora necesitan hacerlo sin trabas políticas porque
para incrementar sus beneficios van a tener que hacer cada vez más
barbaridades y destrozar de modo más evidente la economía, el medio
ambiente y la justicia social.
Lo que está en juego, pues, no es solo una cuestión salarial, ni
un tijeretazo más o menos grande a los gastos de Estado. Lo que
peligra es la democracia y la libertad.
Juan Torres López
Profesor de Teoría
Económica y Economía Política
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