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Pongamos que hablo de Madrid
Madrid
tiene una producción agrícola y ganadera que no cubre ni el 5 % del
total de su consumo. Madrid no extrae de su territorio prácticamente
nada de los materiales y minerales que necesita, que son muchos (la tasa
mayor de España). Madrid tiene la huella ecológica más grande de todo el
Estado y es la ciudad que más gases de efecto invernadero emite a la
atmosfera. Madrid, junto con Navarra y el País Vasco, es la comunidad
que recibe una mayor tasa de inversión pública por habitante. Las
universidades madrileñas distan de ser las de mayor productividad
científica e investigadora a pesar que es la ciudad española que
acumula más centros e institutos del CSIC. La red pública de
infraestructura de transporte ( AVE, autopistas, aeropuertos) ha sido
diseñada de forma radial pensando en Madrid.
Si hay algún ejemplo de parasitismo económico y de improductividad en
España ese es Madrid. Si hay algún caso modelo de dependencia económica
y
social absoluta de las decisiones políticas, ese es el caso de Madrid.
La ciudad fue creada por una decisión política y la simple retirada de
la capitalidad tendría unas consecuencias demoledoras sobre la sociedad
madrileña.
Y que desde Madrid se insulte a los andaluces acusándonos de vivir del
cuento y de los dineros públicos, es una agresión en primer lugar a la
verdad y en segundo lugar a la dignidad de Andalucía. La marquesa
consorte, neoliberal y neocateta (pongamos que hablamos de Esperanza
Aguirre) ha realizado esas falsarias e infamantes declaraciones contra
los andaluces y las andaluzas. Ella, que estaría mucho mejor callada.
Madrid, junto con el País Vasco y Navarra, son los grandes beneficiarios
económicos del Estado de las Autonomías. Y debería estar callada por que
la capitalidad no es algo inmutable y soplan vientos de mudanza. En un
futuro Estado español federal y republicano, tendrían que replantearse
dos cuestiones básicas: una, la unidad con Portugal (viejo sueño de los
iberistas, entre ellos Blas Infante), y dos, la capitalidad. Como diría
Sabina, pongamos que hablo de Madrid.
Andrés Sanlucar
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