Valoraciones sobre la propuesta de la Comisión de Desarrollo Estatutario

 

·        Una primera evaluación nuestra sobre del procedimiento y de las pautas alrededor de la reforma estatutaria, nos invita a seguir defendiendo el hecho de que no nos encontramos ante el mejor de los métodos posibles. Hemos reclamado un debate abierto, riguroso y plural y, por el contrario, el secretismo de los pactos de cara al Estatut parece estar condicionando la marcha de un proceso andaluz que debiera ser por definición transparente y los más consensuado posible. Lo que pacten dos partidos hasta ahora lo tenemos que votar todos y, hoy por hoy, los andaluces se encuentran más preocupados por conocer qué se ha pactado para el modelo catalán y qué repercusiones tiene para los andaluces. Es necesario que los debates cuenten con actas desde las que la misma sociedad, y no sólo historiadores y politólogos, analicen lo que va sucediendo.

 

·        Entendemos que la reforma de los Estatutos de Autonomía no es oportuno que sea la primera de las posibilidades, en orden jurídico y en relación a la construcción política del Estado, para cambiar la Constitución. Creemos que es imprescindible modificar la Carta Magna y los Estatutos de Autonomía, y lo decimos porque estamos convencidos de es necesario para asentar la democracia y aligerar el lastre de lo que se llaman son sus males. Nosotros no tenemos miedo a la descentralización, pero el camino emprendido por Zapatero está creando enormes lagunas legales. Quizás por ello, sea un hecho que tras las correspondientes reformas, la reorganización de toda la vertebración será un hecho y entonces, Andalucía podrá volver a un estatus anterior al que conquisto durante su particular proceso de conquista autonómica. En buena medida, Andalucía sigue estando ante la disyuntiva de ser una autonomía 151 o del 143 aunque ahora no hablemos –precisamente-, de un escenario de acceso al autogobierno sino de conservar status políticos ya adquiridos.

 

·        El planteamiento de Estado del PSOE parece dibujar un escenario de asimetría apoyado sobre territorios donde gobierna en coalición, o bien ha suscrito unos presumibles pactos puntuales como es el caso de Euskadi. En cualquier caso, para los nacionalistas andaluces la victoria política del 28F y el rango entonces obtenido como autonomía de primer orden competencial debe ser irrenunciable. El silencio del Presidente Chaves le hace testigo mudo y cómplice del diseño de un nuevo Estado donde Andalucía no dice nada. Nos hace falta un Rafael Escuredo, pero en esta ocasión, tenemos por razones partidistas al frente de la Junta al más sumiso de los ejecutivos con el partido instalado en la Moncloa. Andalucía tiene de nuevo la responsabilidad de romper la asimetría a la que se la quiera condenar.

 

·        Si Andalucía no avanza en su propia definición y después 25 años de autogobierno seguimos siendo una Comunidad Autónoma enunciada bajo el epígrafe “nacionalidad”, no habremos profundizado en unas de las claves que en su día justificaron la puesta en marcha de un autogobierno de primer orden competencial (artículo 151 de la Constitución). Para nosotros el concepto de nación es algo más que un mero sustantivo, representa la existencia de una identidad diferenciada dentro de una comunidad que desea dotarse a si misma de mayores cotas de poder político. La Andalucía plena y la autonomía completa que queremos, significó entonces y significa ahora la nacionalidad. Es más, si la presencia del término nación en el preámbulo, como dice Chaves, no tiene efectos normativos en referencia al caso catalán, ¿porqué se niega a que pudiese figurar de esa forma en el caso andaluz? Por cierto, ¿porqué nuestro anteproyecto de Estatuto ni siquiera posee preámbulo?

 

·        Para los nacionalistas andaluces lo que está pasando en Cataluña representa un estímulo. Ello no quiere decir que estemos al cien por cien de acuerdo en todo, pero está claro que Cataluña desea profundizar sus cotas de autogobierno sobre la base de la que creemos es una de sus principales señas de identidad: el voto permanente a los partidos catalanistas. Nuestro nacionalismo, por otra parte, no debe basarse en el agravio. Este sentimiento está más cerca de las posiciones reaccionarias en estos momentos.

 

·        Hay que denunciar que Andalucía, el contra de los que sucedió durante los años de la Transición, no está jugando ahora un papel de Estado. Ni a Chaves se le oye como Presidente del PSOE, ni como Presidente de la Junta. Más bien en uno u otro caso, ha optado por guardar un generoso silencio a la espera de que el conflicto catalán se solucione. Aguardan ahora, tanto en interés de su propio partido, como para percibir cuales son los límites que marca el articulado catalán antes las reformas que comienzan aquí. Es más cabría apuntar ahora que esperan también a que caiga Maragall con la política de acoso y derribo de la que es víctima el President.

 

·        A tenor de los datos que existen sobre el anteproyecto andaluz se ha triplicado el número de artículos que conforman nuestro Estatuto (de 75 a 216). Pero la cantidad, en este caso y en otros, no implica calidad. Más bien, entendemos que, en ausencia de un articulado comprometido con mayores cotas de autogobierno, se pone más énfasis en introducir en el texto muchos aspectos que ya viene siendo desarrollado por leyes ya puesta en marcha en muchos casos. Hay un excesivo interés por engordar el texto y venderlo al peso, más como una declaración de principios (algo que por otra parte ya está en la Constitución), que como la expresión de una administración que reclama y se siente capaz de nuevas competencias. En este sentido, el nuevo anteproyecto autonómico es difuso, genérico y políticamente correcto para el Gobierno Central. No le va a dar dolores de cabeza en los ajustes constitucionales. Peligrosamente se confunde con los numerosos Planes estratégicos, integrales o segundo modernizadores. Aspectos ya incluidos pues en la legislación ordinaria o en los principios inspiradores de la Carta Magna, y que presumiblemente quedarán reiterados cuando se reforma la Constitución o entre en vigor la Constitución Europea. Pura operación cosmética. Sombra aquí, sombra allí como dice Mecano.

 

·        En otros casos, como ocurre a la hora de hablar de las comarcas, el texto viene cuasi a repetir la misma ambigüedad y casi el mismo texto que ya figuraba desde 1982. Un ejemplo más de cómo se hace un texto que no obliga ni compromete en el tiempo a los futuros gobernante de Andalucía. Más bien, deja a la libre voluntad de aquellos, aspectos decisivos para su organización o, en otros casos, como ocurre ante los temas de educación o cultura donde –cabe recordar-, tenemos competencias plenas, demasiada veces se ha renunciado a aplicarlas. Baste un ejemplo: se expone en el nuevo articulado la gratuidad de los textos (promesa electoral incumplida del PSOE), pero no se especifica qué seguimiento tiene la Junta sobre los contenidos de los mismos.

 

·        Reclamamos al Presidente de la Junta y al Presidente del Parlamento que tenga a bien presentar, como ya se hiciera durante la transición, el texto de la futura Proposición de Ley a partidos, coaliciones extraparlamentarias y a la sociedad civil. El proceso sigue abierto y todas las aportaciones siguen siendo necesarias para extender el consenso y hacer del proceso un procedimiento no excluyente. Defendemos, cosa que al parecer ocurre tanto a Chaves como al PSOE, que el futuro referéndum de la reforma estatutaria represente una fiesta de la participación entre los ciudadanos andaluces.

 

·        Los ayuntamientos son la cenicienta del nuevo Anteproyecto de Estatuto. Lo siguen siendo. Se presentan como compañeros pasivos de viaje para una autonomía que parece que no tiene que ver con ellos. No se profundiza en la democracia desde los Ayuntamientos, y el futuro papel dibujado por Diputaciones o comarcas queda expresado de forma muy ambigua. Más bien en los entes provinciales no sólo no se cuestiona nada sobre ellos, sino que consolidan en el tiempo.

 

·        El PSOE está haciendo con Maragall lo que ya hizo en su día tanto con Escuredo como Borbolla. Ahí están los comentarios de Blanco invitando a ERC a deshacer el tripartito o las declaraciones de Bono. El President ha salido demasiado autonomistas para las pretensiones de un partido centralista que es acosado por el nacionalismo español rancio del PP. Se enroca en el Palau invitando, dicen, a Carod a subirse al Govern. Cabe recordar que en Andalucía sabemos mucho de ello: dos presidentes que no concursaron a las autonómicas como candidatos, sí lo fueron finalmente. Es más, antes de ser presidente, Borbolla era simple diputado autonómico y Chaves ministro que no quería dejar su cartera.

 

·        Celebramos que Cataluña haya conseguido una Deuda histórica si eso significa que la nuestra se va a cumplimentar. ¿Porqué le han dado a Cataluña lo que el PSOE lleva negando 26 años a Andalucía?. Exactamente, el Parlamento de Andalucía, a propuesta del PSOE y con los votos de PSOE, PA e IU reclamó en diciembre de 2003 el pago de una Deuda Histórica por una cuantía de 16.301 millones de euros que el portavoz parlamentario del PSOE en la Cámara andaluza ha rebajado a 1.148 millones calificándola -incluso-, como un puno de partida “no descabellado”. Aún así hablamos de deuda del periodo Aznar, pero, ¿y la deuda prehistórica de la época de Felipe González?.

 

*  Es inconcebible que el texto haya explicitado referencias históricas alrededor de los símbolos andaluces y no lo haya hecho con el propio Blas Infante que los impulsó; o que, como dice la Proposición no de Ley que debe acompañar el vigente articulado estatutario, además fue el ilustre impulsor del autogobierno. ¿Es que va a esperar el gobierno de Chaves a la aprobación del Estatuto para luego repetir la operación que ya hizo en 1983? Es decir, suscribir luego en el Parlamento una Proposición no de Ley que –con carácter cuasi preámbular- reconozca al nominado dicho año como Padre de la Patria Andaluza. En paralelo, ¿porqué no se ha reconocido la fecha de noviembre de 1918 como primera petición formal de autonomía para Andalucía ante los poderes del Estado, “en pie de igualdad a otros pueblos del Estado”, como se decía ya entonces?

 

*  Nos preocupa que la aparición de un nuevo y renovado marco legal en Andalucía no conlleve un mayor compromiso con la paz, las relaciones pacificas entre pueblos o con la resolución diplomática de los conflictos internacionales. La referencia articular recogiendo que Andalucía sería informada de los Tratados Internacionales que le afectasen ha desaparecido del anteproyecto. Nosotros pensamos que nuestro país andaluz tiene cosas que decir cuando se renueven los Tratados sobre las bases USA, o bien en las conversaciones que puedan abrirse con respeto a las relaciones con Gibraltar.

 

*  ¿Quieren un artículo revolucionario para nuestro Estatuto? “Andalucía recibirá el 50% del IVA, el 50% del IRPF y el 58% de los impuestos especiales que los ciudadanos abonen en su territorio”. Es decir, justo la misma financiación que se le va a dar a Cataluña o al menos utilicemos los mismos indicadores económicos. Chaves en cambio nos sigue vendiendo que si Cataluña quiere inversiones por el 17 % del PIB, nosotros podemos lograr el 19 % pero por población. Juega con el número y se olvida incluso de importantes indicadores como la superficie.

 

*  Otra pregunta que creemos clave y debemos hacernos, es porqué si dicen Andalucía va bien e incluso, cuando nos visita Zapatero se permite decir jocosamente que hay que comenzar ya la tercera modernización...¿Porqué el PSOE andaluz y el Gobierno de la Junta permanecen callados ante el nuevo sistema de financiación que se avecina. Porqué ni dicen ni padecen ante la posibilidad catalana.

 

*  Resulta incomprensible que, cuando IU reclama reflejar en el texto el “ansia de autonomía”, el anteproyecto de la Comisión Redactora omita citar los dos grandes hitos ciudadanos y políticos como el 4D de 1977 o el 28F de 1980.

 

*  El 3% de andaluces que representan a quienes apuestan por el nacionalismo andaluz, dicen las encuestas promovidas por los círculos afines del PSOE, significa para nosotros un punto de partida y no un límite que justifique definición como nación de nuestra Comunidad. Ser calificados como nación –no nos engañemos-, significa estar entre las autonomía de primera. Para Andalucía, el concepto de autonomía plena está representado por la idea de nacionalidad. Lo contrario es volver a presupuestos preconstitucionales donde Andalucía quedaba por una Constitución –recordemos, pactada entre PSOE y UCD- condenada a ser una autonomía subordinada a los intereses centralistas y de otros territorios periféricos.

 

*  No hemos visto respuestas a las declaraciones de la Ministra Narbona cuando ha negado la transferencia de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Muy al contrario Manuel Gracia ha reclamado de los andaluces “convicción” para demandar la Confederación así como las competencias de puertos y aeropuertos.