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 Elogio del absurdo

MINISTRO SIN CARTERA


Pedro Gual Villalbí fue Ministro sin Cartera. En tiempos de Franco había un Ministro sin Cartera, asunto hoy impensable, en tanto los donuts no sirven para guardar billetes. Por eso, y porque no quedaban más roscos que comer, el Ministerio desapareció con la democracia.
Pero Pedro Gual Villalbí no ha sido Ministro en la democracia, sino antes, cuando no había esa cosa y nadie necesitaba demostrarnos que sí, que la había. Era algo así como un Ministro “de quita y pon”; un Ministro de emergencia. Se ocupaba de lo que surgiera y entonces cambiaba de nombre: pasaba a ser “Ministro especial para...”. Previsor, que era el generalito.
Y D. Pedro tuvo que acudir a una emergencia. Una muy grave emergencia: el desbordamiento del arroyo Tamarguillo que sumió la Sevilla de 1961 en una tragedia colosal, porque la fuerza destructiva del agua, además de derribar casas y hasta arrastrar trenes, descubrió las condiciones en que se vivía, cuando miles de viviendas se componían de una sola habitación, y una misma cocina y un sólo retrete debía servir a media docena de familias, a veces más.
Gual Villalbí ejerció, para dotar a Sevilla de varios miles de viviendas. Para que la mayoría de aquellos que habían vivido hasta entonces en forma parecida a lo que mucho después se ha querido disfrazar como “soluciones habitacionales”, pudieran disfrutar, al menos, una situación mínimamente digna. Podrá decirse que el franquismo también era culpable de la escasez de vivienda anterior a la riada.
Sólo también, en todo caso también, porque la escasez venía de atrás. Pero al menos tuvo el valor de construir viviendas que podían ser pagadas. No se hicieron con la doble y amoral intención de recuperarlas para revenderlas. El costo de una vivienda entonces no superaba el sueldo de cuatro años, pero se pagaba en cincuenta sin interés. Hoy las más económicas superan con creces el sueldo de diez años a precio de contado. El interés ha devuelto a muchos a casa de sus padres, como antes de la riada.
Quizá por eso se quiere borrar el recuerdo, para ocultar que “antes” se hacían viviendas, viviendas que la gente podía comprar. No hay otra lectura posible para el cambio de nombre a la Avenida Gual Villalbí. La “desmemoria histórica” necesita el desconocimiento general de aquello; porque se podría llegar a la conclusión de que, para este viaje, no hacía falta cambiar de alforjas.