El mar de Alborán.
Estaba con un amigo malagueño viendo las noticias de la televisión y en los titulares del informativo daban la noticia de que se había producido un terremoto de no mucha intensidad con epicentro en el mar de Alborán. Mi amigo malagueño no comentó nada en ese momento. Al desarrollar la noticia la periodista especificó un poco mas y dijo que el epicentro estaba en el mar de Alborán, pero enfrente de la costa malagueña, entonces mi amigo se sorprendió a enterarse de que el terremoto se había producido en la zona de Málaga, y es que él, en un primer momento no había asociado el mar de Alborán con Málaga. Es más, ni siquiera había asociado el mar de Alborán con Andalucía.
Puede ser disculpable el desconocimiento que tenía mi amigo, porque él vive desde pequeño en Cataluña y en la escuela nadie le había hablado de la existencia de un mar de Alborán en la costa malagueña y andaluza. Pero resulta que ese desconocimiento podemos extenderlo a la generalidad de los escolares en Andalucía, a los de ahora y a los de antes, porque nunca no han enseñado en geografía la existencia de ese Mar. Eso sí, nos hemos empapado en clase de cómo se llamaban los mares y océanos que circundan la península ibérica: el mar cantábrico al norte, el océano Atlántico, al oeste, y el mar mediterráneo al sur y al este. Incluso nos obligaron a aprendernos de memoria los diferentes mares del mediterráneo: el Adriático, Tirreno, Egeo... pero el de Alborán no aparecía ni aparece por ninguna parte.
El hombre del tiempo muchas veces menciona el mar de Alborán. “Hay marejadilla en el mar de Alborán”, “fuertes rachas de viento en el mar de Alborán”, etc. nos dicen a menudo los meteorólogos. Incluso ahora los sismólogos nos dicen que también hay a veces epicentros de terremotos en el mar de Alborán. Pero en los libros de geografía de los escolares sigue sin aparecer el dichoso mar. Parece que ese mar está lejos, muy lejos de nuestras costas y no nos incumbe para nada.
Puede parecer una anécdota que a nadie le importe el nombre del mar en que veranea o se baña, pero es sintomática de ese “despegue” de gran parte de la sociedad andaluza por lo nuestro.