Esperando septiembre (III de IV)
El Gran Río de los
hombres de luz intentaba engullir al Océano, que en un beso
salobre lo devoraba.
Las
barquitas, en su decadencia, como si cada salida fuese la
última, llevaban un velo de red donde traerse prendido el
pez nuestro de cada día. El ocaso les daba la bienvenida.
Más acá,
en la orilla, el hombre, en una humillación a sí mismo,
ocultaba el rostro de la Tierra bajo un torrente de asfalto,
bajo techos de verano, bajo montones de usura, desdibujando
milenios de historia en una década de desprecios.
A los
siete, en una mirada común, nos atravesó una espada de hielo
la garganta.
Sólo la brisa de la
Mar, traída en las alas de la tarde, rompía el silencio en
lo alto de la Cuesta de Belén, desde donde se divisa
Sanlúcar en toda su plenitud.
Dejando
atrás las atrocidades urbanísticas de los nuevos ricos
llegamos a la taberna de Gerión. Allí recalábamos alguna que
otra noche todos los años para echar un rato de cante.
Nuestro anfitrión nos advirtió que los chicos de Tedi Eskae
estaban en el local y que si cantábamos querrían cobrar su
mordida. Convino con nosotros en colocar un trapo rojo sobre
los cuernos de la cabeza de toro que hay detrás de la barra
y que cuando se fueran lo quitaría.
Craso
error el del camarero que dijo: “¡¿Qué coño hace aquí este
trapo?!”. Momento en el que Azucena (el halado) al cante,
Pepín a la guitarra, Rafael de Asís (el banderillero y jefe
de protocolo de la casa de Medina de Sedano y Villa de
Burgos) y el Torero al compás empezaron unos tanguillos de
Juan Martínez Vílchez, “Pericón de Cádiz”, que entre otros
versos dicen así: “que nadie se apure / ni se ponga triste /
si no hay para carne / comeremos alpiste” a los que Azucena
añadió de su propia cosecha: “y si quieren cobrarnos canon /
que le cojan al guitarrista la tercera mano”..
En estas
que se le acercó una pareja identificándose como
trabajadores al servicio de Tedi Eskae y pidiéndole el
nombre y los apellidos, a lo que Azucena, con las venas de
la garganta más hinchá que las gomas de la manga
riega les respondió: “Te voy a dá un mojón como el
peñón de los monos de grande”. Y los demás a carcajada
limpia....
Lo que
hacen unas copas de manzanilla de más frente a unos tipos
que tiran rápido de juzgado.
;
; Marcos
González Sedano