LA TRIBUNA
lPublicado por Diario de Cádiz, el 9 de octubre de 2009
Desmitifiquemos el nacionalismo andaluz
Tomás G. Forero Y Manuel Ruiz Romero
HAN transcurrido
más de treinta
años desde el
día en que una
generación de
andaluces se
manifestaba
ilusionada en
solicitud de
autonomía. De
entonces acá,
aquel sentir ha
ido decayendo en
todos los
sentidos:
social,
político,
económico y
cultural, hasta
llegar a la
debacle sufrida
por el
andalucismo
político en las
últimas
elecciones, sólo
comparable a la
de aquel partido
español de la
Transición que
se enfrentó a
nuestros anhelos
como para
desaparecer de
la escena
política.
Hemos podido ver
cómo las Cortes
Españolas
aprobaban un
Estatuto para
Andalucía sobre
el que dieron su
opinión
políticos
nacionalistas
catalanes,
gallegos,
canarios,
aragoneses,
vascos, etc.,
pero ninguno
andaluz. Ahora,
comprobamos cómo
las leyes del
Parlamento
andaluz se
aprueban con el
único concurso
de
organizaciones
políticas cuya
inspiración,
dirección e
intereses se
encuentran fuera
de nuestra
tierra. Es más,
sufrimos una
desactivación
sistemática e
intencionada,
dirigida desde
el poder, contra
todo lo que
signifique
sentimiento
andaluz.
Situación de la
que -unos por
acción, otros
por omisión-
todos los que
nos consideramos
andaluces
debemos
sentirnos
responsables.
Ello nos lleva a
que Andalucía
continúe en el
mismo lugar
desde hace
décadas, con los
peores índices
económicos,
sociales y
educativos de
Europa. Muchos
andaluces nos
preguntamos qué
podemos hacer y
únicamente
encontramos dos
caminos:
mantenernos en
nuestras casas
-y cosas- con
estoica sumisión
o levantar
nuestras frentes
con dignidad.
Sin embargo,
para nada nos
interesa
resignarnos: es
necesaria
nuestra
pervivencia como
pueblo en un
mundo
globalizado. Lo
cual nos exige
conocer nuestro
pasado, sentir
nuestro presente
y ser dueños de
nuestro futuro.
Sin embargo,
vivimos una
realidad muy
diferente.
Podemos
comprobar cómo
nos niegan
nuestra
identidad, somos
meros
espectadores del
presente y el
futuro, cada vez
más difícil de
nuestros hijos,
está diseñado
por intereses
extraños y
ajenos.
Tenemos que
reaccionar. Y,
para ello, es
preciso revivir
una aspiración
colectiva, nueva
y distinta,
aprendiendo de
errores
pretéritos. No
podemos fundar
una institución
que mimetice y
copie los vicios
y distancias de
las
organizaciones y
entidades
tradicionales.
Si, para
resurgir,
Andalucía
necesita un
esfuerzo
especial, ha de
ser un proyecto
que beba del
sentir, la
idiosincrasia,
la cultura y el
ser de
Andalucía. Y
nunca, nunca,
puede tratarse
de una acción
exclusivamente
política.
Por todo ello,
entendemos como
imprescindible
renunciar al
pasado y unir
los esfuerzos de
cada uno de
nosotros en una
voluntad común,
trabajando por
la identidad, el
progreso y el
desarrollo de
Andalucía. Un
movimiento
alternativo
donde podamos
debatir
proyectos,
aportar ideas y
buscar
soluciones que
puedan
transmitirse
luego a la
sociedad
andaluza. Un
esfuerzo
compartido que
actúe, dinamice
y promueva la
puesta en marcha
de un sentir en
el pueblo
andaluz, que
cambie la atonía
actual por la
ilusión en la
lucha por un
futuro
diferente.
Un proyecto que
signifique, al
fin, esa
organización,
digna,
coherente,
generosa, seria
y honrada que el
pueblo andaluz
se merece y
lleva demandando
desde hace
muchos años por
encima de
siglas.
Como ya nos advirtiera Blas Infante, "sabemos que el camino es largo, lleno de incomprensión y dificultades", pero también sabemos que "a cada hombre que le hagamos llegar a conocer la historia de Andalucía, la personalidad de sus gentes, la manera de ser y de entender la vida y la forma, sobre todo, de expresarla y desarrollarla, será una piedra firme de ese edificio que entre todos los andaluces, sin política falsa, sino con actuación legítima del querer hacia el pueblo, tenemos que levantar limpiamente".
Una generación
ha pasado sin
que el
andalucismo
político
tradicional haya
sabido mostrarse
ante el pueblo
andaluz como el
garante de sus
anhelos e
intereses. Ha
llegado la hora
del relevo, pero
sin que nadie dé
un paso atrás.
Este pueblo
necesita ahora
más que nunca
una fuerza
propia que le
represente y
defienda.
Si queremos ser
un pueblo, si
aspiramos a
tener futuro, no
podemos
quedarnos sin
voz. Porque si
el nacionalismo
andaluz no
avanza, el
autogobierno del
pueblo andaluz
retrocede. Ha
muerto el
andalucismo
profesional, es
la hora del
andalucismo de
conciencia.
Porque el ideal
andaluz, o se
fundamenta en el
humanismo
ancestral de los
andaluces o
nunca será nada.
Mienten quienes dicen que este pueblo no confía en sí mismo y es incapaz de autogobernarse. Sólo cuando de verdad se le muestre un proyecto político nacionalista serio para Andalucía, sólo entonces, podremos saber si el pueblo andaluz sabrá responder.
Para ver el original: http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/534439/desmitifiquemos/nacionalismo/andaluz.html