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  JOSÉ JOAQUÍN SALADO

LA CRISIS ECONÓMICA Y EL INDIVIDUALISMO

 Antes existía la familia extensa que creaba una empresa en la que todos trabajaban desde los abuelos pasando por los hijos hasta los nietos. Había un interés común y social por salir adelante, sin apenas ambiciones particulares. El capitalismo ha organizado y guiado nuestras vidas hacia el individualismo feroz que se ha potenciado por las multinacionales de todos los sectores económicos y por los medios de comunicación de masas; a esto hay que sumarle las políticas enfocadas sólo a mantener a una clase privilegiada y que ostenta el poder en todos los frentes, ya sea el político, económico, militar o religioso lo que nos ha llevado a una situación en la que los ciudadanos son meros consumidores y espectadores sin capacidad de reaccionar ante los recortes y padecimientos que nos imponen. Vivimos en la involución de valores, ética y moral. Todo esto influye de tal manera en el comportamiento de muchas personas en la sociedad, que desemboca en un egoísmo e insolidaridad abismal, aparte de falta de respeto, educación, saber estar, intolerancia y una mentalidad teledirigida hacia lo banal, chabacano y materialista.

Nuestra sociedad debe empezar una transformación, porque sólo mirarnos la nariz nos llevará irremediablemente al caos y a parecernos más a los extraterrestres de aquella película titulada ‘La invasión de los ultracuerpos’, donde unas vainas alienígenas sustituían a los seres humanos haciéndolos insensibles y sin capacidad de desenvolverse de forma autónoma.

No es posible que permitamos las enormes injusticias sociales en la sociedad: debemos mirar más allá de nosotros, es decir, preocuparnos y actuar para que todos los ciudadanos dispongan de unos recursos que les permitan vivir dignamente. Y si no nos concienciamos de esto, por mal camino iremos próximamente.

No es lógico que un obrero de la construcción o un camarero, por ejemplo, trabajen 10 o 12 horas y cobren a final de mes un sueldo mileurista y, en cambio, un trabajador de oficina permanezca 8 horas y cobre casi el doble que aquellos; no es justo y no es lo mismo, porque el obrero tiene un gran desgaste físico y, además, corre el riesgo de sufrir un accidente, y el de la hostelería, un desgaste físico y mental por el estrés y, por el contrario, el oficinista no puede quejarse porque está en el 95% del tiempo sentado en su sitio sin ningún tipo de peligro a su integridad, aunque depende de si permanece o no un tercio del horario laboral en la cafetería, pasillo o bien haciendo gestiones en la calle.

 Mientras todos no veamos estas situaciones y las solucionemos; no desaparecerán las envidias, odios y, sobre todo, conflictos de distinta clase. Y, además, no saldremos del estado animal, puesto que al homo sapiens debería, por su capacidad cognoscitiva y su comunicación, es decir, por ser un ‘ser social’ y, por ende, solidario y comunitarista; por consiguiente esto significa que trabajamos y luchamos por sobrevivir en común como aquellas familias extensas de antes y, desde luego, el individualismo de hoy día es ‘contranatura’, auspiciado por un ‘lobby’ que le interesa acaparar cada vez más, cueste lo que cueste, e importándole un bledo la vida de los seres humanos, de sus conciudadanos.

En Andalucía, con datos de 2007 aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), existía un 29% de la población que vivía en el umbral de la pobreza, es decir, sólo disponían de poco más de 600€ al mes; por tanto, extraemos como conclusión que, si han transcurrido 2 años y le añadimos el impacto de la crisis económica en nuestro país andaluz, concluimos que como mínimo un 40% de los habitantes en Andalucía a día de hoy padecen dicho indicador. Una barbaridad. Una inmoralidad. Pero la Junta sigue gastando dinero público en campañas absurdas como la de ‘Andalucía es tu casa’, no si te parece va a ser la del escocés.   

Y con esta crisis actual nada debería volver a ser como antes, porque se debe dar un giro de 360º al sistema capitalista, o mejor sustituirlo por un sistema autogestionario y verdaderamente comunitarista en donde todo el mundo disponga de las primeras necesidades, es decir: trabajo, comida y casa. Esto para empezar a rodar en el camino y, muy importante, poner límites legales a la avaricia de yuppies, empresarios, ejecutivos, oficinistas de bolsas y bancos, constructores, políticos y toda la ralea chupadora.

Realmente, existe una alternativa al sistema capitalista, la cuestión es ¿queremos sacrificarnos por el bien común? Ahí está el quid del asunto. Porque, ahora mismo, ¿qué es el éxito para el capitalismo?, pues sólo: tener a unos ciudadanos desinformados con un superávit de noticias sesgadas y manipuladas, poseer una sociedad podrida con el deseo en las mentes de consumir de todo— absurdas sobre todo—, contaminar los ríos y aguas, destruir y eliminar los bosques, maleducar y pervertir los valores éticos y morales de los adolescentes, manipular los cerebros para convertirlos en meros consumistas y no en ciudadanos libres, mantener a una élite y clase privilegiada extrapolando el modelo feudal al siglo XXI, aumentando la dependencia en drogas como el alcohol y el tabaco, asesinar a pueblos indígenas, permitir la esclavitud, expoliar a naciones, esquilmar bancos de peces en costas de países africanos, etc.

Esta gran crisis económica no es solamente de las finanzas, sino también  de la democracia, de la globalización – mejor robanización— y, finalmente de ética.

En las circunstancias de las décadas pasadas, vivimos una explosión inmobiliaria y constructora, aumento de ingresos por turismo, bonanza económica e innovación tecnológica que fomentó y facilitó el dinero fácil y formas de crédito y, éste, siendo barato propició la codicia, y a la falta de control y permisividad de políticos ineptos, que guió a muchas empresas a la ruina. ¿Cuántas instituciones públicas tienen contraídas deudas con empresas por valor de millones de euros? Un mogollón, como diría un chaval.

La robanización consiste, sobre todo, en que los gobiernos de los Estados han mirado su ombligo y, sí claro, se han globalizado las economías, el comercio, los viajes turísticos y las multinacionales han creado canales de oferta y demanda, pero si observamos, ha sido a costa de la supervivencia de muchos Pueblos y de su desarrollo, ¿cómo?: extirpándoles sus riquezas, actuando como depredadores con sus diamantes, gas, petróleo, caucho, café, coltan, depósitos financieros y ahorros, bancos de pesca como en Somalia, Andalucía, etc. y, por supuesto, con la connivencia de los gobiernos corruptos de turno que los compran o colocan según sus ansias depredadoras como en Irak. Y, ¿porqué nombraba al ombligo, al egoísmo, al egocentrismo occidental?, porque si deseamos de verdad ser internacionales; hay que luchar por la Humanidad entera y no sólo por la parte que les toca, ya que la auténtica coordinación conducirá a un equilibrio en el que habrá que ajustar y solucionar los problemas graves como el hambre, la sed de agua y el desarrollo de muchas naciones. Sin esto, seguiremos dando ‘palos de ciego’ y la crisis se mantendrá en el tiempo.

Y para encarrilar y ‘coger por los cuernos’ esa situación es necesario rectificar y superar la crisis moral y ética que aflige a la sociedad mediante la solidaridad, responsabilidad, nobleza, honestidad, el humanismo y los principios éticos que lideren las acciones económicas encaminadas a la solución de las carencias básicas y materiales de miles de millones de seres humanos. Mientras los ciudadanos veamos como algo propio de la actuación política: el que se triplique la deuda estatal, se favorezcan a conocidos y amigos, se elaboren  tasas específicas a determinadas empresas, exista el transfuguismo como tal cosa de un partido a otro, los gastos innecesarios, la creación de grupos armados, se favorezcan a bandas neonazis y paramilitares, no existan auténticas inspecciones no sólo de Hacienda, sino en las empresas de los explotadores que hay en las ciudades y en el campo, etc, no cambiará nada si no nos ponemos a una como en Fuenteobejuna.

Para finalizar, añadiré que, en la mayoría de las ocasiones, detrás de algunas acciones o de algo sucio, tráfico de armas, de drogas, de inmigrantes, de esclavos se encuentra un individuo sin escrúpulos sentado en un sillón de una oficina en una gran ciudad, y eso estimado lector/a, lo ha generado el capitalismo. Reflexionemos y actuemos en consecuencia. Y como dice el economista y escritor, José Luis Sampedro: “El dinero que el Gobierno ha inyectado en el sistema está en los bancos; yo preferiría que el dinero público lo manejase el público”.