LA IMAGEN  ¿NECESIDAD O FANTASÍA?

 

 

                                           Introducción

 

 

                                           Podrá parecer extraño leer, en un libro donde se nos muestra el proyecto que una organización política ha elaborado para la nación andaluza, un capítulo en el que se hable de la imagen que dicha organización debe mostrar ante la sociedad. Pero si analizamos la forma de actuar que, en esta sociedad de comienzos del siglo XXI, tiene, tanto los medios del sistema, como las organi-zaciones que de él dependen, debemos ver claro la necesidad de mostrar ante el pueblo andaluz una imagen limpia, digna, coherente y consecuente con nuestros ideales y con el proyecto que defendemos. 

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                                           Nadie negará hoy día las cualidades de la imagen. ¿Nadie? Digamos mejor: nadie debería negarlas. Todavía hay quienes piensan que “es una preocu-pación expresamente capitalista”. De la misma forma, el márketing, del que la imagen forma parte, aún es visto por algunos como “una forma de envolver a la gente; de persuadir, para incitarles a un consumo determinado”.

 

Sin embargo, la imagen no es más que la forma como nos ven los demás. O, dicho de otra manera, la forma en que nos mostramos, la forma en que hacemos que nos vean los demás. No podemos elegir si dar o no dar imagen; tan sólo podemos decidir qué imagen queremos dar. La cuestión es si cuidar o no esa impresión, esa imagen que ofrecemos al resto.

 

Es un error pensar que cuidar la imagen es “venderse”, en el sentido peyo-rativo del término; en el que significa renunciar a las propias convicciones.

 

Un falso sentimiento purista, podría llevar a conclusiones similares a la apuntada: “vender es sinónimo de mercantilismo”, “el márketing es la forma de engañar a la gente, para “colarle” determinados artículos”. Un sentimiento sólo válido para esconder la falta de alternativas, de compromiso real con las necesidades de nuestro pueblo. Vender, todo el mundo vende. Como la política, vender no es intrínsecamente malo, sea con dinero o al trueque. Puede haber políticos incorruptibles del mismo modo que hay venta honrada. El problema no está en el hecho, sino en la forma de realizarlo. El márketing es un medio de informar. Otra cosa será el uso que cada cual le dé, como a cualquier otra materia, como a cualquier otro medio con que se pueda contar. También la vivienda es un derecho, una necesidad, y hay muchos que la utilizan para empeorar las condiciones de los más necesitados.

 

Volviendo al principio, está claro que los demás nos juzgan en función de la imagen que se hagan de nosotros. O de la que nosotros les transmitamos. Pode-mos elegir la imagen, pero es imposible prescindir de ella. Hay que plantearse, por lo tanto, qué imagen queremos dar.

 

Para qué sirve la imagen

 

Elegir la imagen

 

En política, lo primero es tener las ideas claras. Vender -ofertar- un artículo no es lo mismo que vender -ofrecer- una idea. Ambas cosas deben ser lo contrario de “venderse”, en el sentido expuesto anteriormente. Pero los dos términos tienen en común lo más importante; porque se trata de convencer. Se trata de dar a conocer un producto, o un servicio. De resaltar las cualidades de lo nuestro.

 

Los políticos venden, es decir, gozan de las preferencias del votante, porque convencen. El que la mayoría de los partidos sacrifiquen el contenido y se centren sólo la en manera de convencer, no quiere decir que esa sea la única alternativa. Menos aún debe pensarse que la pérdida de ideología es conse-cuencia de la adopción de una estrategia. Por el contrario, es posible, y debe hacerse, que ambos factores sirvan unidos en una misma dirección, que formen parte de un tronco común. Así, la estrategia será la forma de conducir la ideo-logía. El “purismo” no debe forzar un lenguaje que la gente no entienda.

 

Este es nuestro caso. Tenemos que llegar a la gente, es necesario hacer llegar nuestro mensaje; hacer ver a todos la cualidad de lo que ofrecemos: nuestra defensa. La defensa de lo nuestro.

 

Es lo más parecido a hacer apostolado. Porque nosotros, como andalu-cistas, más que convencer incluso, debemos demostrar. Tenemos la necesidad de demostrar a nuestro pueblo que debe pensar en sí mismo, que necesita defenderse. Tenemos que llegar a los demás, para llevarles nuestro mensaje.

                                                                             

Pero no podemos llegar a los demás, no podemos ganarnos a los demás, si no se dan una serie de factores que positiven nuestro planteamiento.

 

       Eso es la imagen. Hay que materializarlo.

 

Y para materializarlo, como se ha apuntado más atrás, lo primero que debe hacerse es elegir el tipo de imagen que queremos dar. Y eso debe realizarse con toda consecuencia; no se pueden esperar unos resultados, si la imagen que se ofrece postula otros distintos.

                                                     

En este momento, y aunque resulte tedioso, es preciso dejar bien clara una idea: dar una imagen concreta no quiere decir que se deba supeditar a una supuesta suavidad en los planteamientos; no es faltar al compromiso, sino todo lo contrario, porque ayuda a llevarlo adelante; no significa renunciar a los propios principios. Ni siquiera que la ideología deba supeditarse a la forma.

 

       Los factores que lo definen son los siguientes:

                                                                   1º         Elegir un posicionamiento

                                                                   2º         Designar el camino, la forma de mantenerlo

                                                                   3º         Decidir la forma de comunicarlo, de dar a conocer el camino que se ha elegido, y por qué.

 

Esto es la imagen. No solamente el hecho de comunicarlo en sí mismo. Si fuera así, estaría disociada de los dos puntos anteriores y es todo lo contrario: la imagen la estamos condicionando -o, si se prefiere, creando- desde el principio.

 

                                           Lo dicho supone, no nos importa recalcarlo, que existen varias formas de dar a conocer el posicionamiento. Por lo tanto, podemos elegir la imagen que queremos dar y la forma como queremos darla a conocer. Todo esto no tiene nada que ver con la veracidad o inexactitud del mensaje. Son posibilidades con que cuentan los hechos; nada más.

 

       La línea                    

 

La línea política es objeto de otro capítulo y, con ella, de otro debate. Será allí dónde se decida y no aquí. La primera parte, por lo tanto, el posicionamiento, es una decisión independiente y anterior a ésta. Si bien hay que ser conscientes de que, al decidirla, ya se está creando la imagen. En cuanto a la forma de mantener el camino elegido, o, dicho de otra manera, la manera de poner en práctica la línea política, sí que entra de lleno en el presente apartado.

 

En todo el mundo, en todos los aspectos y a todos los niveles, lo que se busca es influir. En lo comercial puede influir la calidad, o el precio; o la necesidad de consumir el correspondiente producto o servicio. En lo religioso influye la fe, la necesidad que tiene el consumidor de confiar en algo superior.

 

En política influye lo positivo. Influye quien construye. Al menos, eso debe parecer. Que los partidos políticos lleven una práctica dispar y muy distinta del presupuesto anterior, no cambia las cosas. La gente necesita, como en lo reli-gioso, que se le ofrezcan alternativas. Se buscan soluciones. O, por lo menos, se esperan. Y, aunque no vengan, se siguen esperando. Los electores depositan su confianza en quienes creen, en cada momento, que mejor pueden resolver sus necesidades.

 

Esta confianza permanente es lo que permite a la mayoría de políticos sin escrúpulos, ganarse a los electores con promesas, a veces imposibles, porque no piensan cumplirlas.

 

                                           Nuestra opción       

 

                                           No es este nuestro caso. Y no lo es, por muchas razones. En primer lugar, porque el sistema actual nos impide la posibilidad de obtener una amplia repre-sentación parlamentaria o municipal. Y si se pudiera llegar a obtener, a costa de emplear métodos similares a los normalmente utilizados por otros partidos, se traicionarían nuestros principios de tal manera que la organización se rompería y sólo podría continuar, como mucho, en manos de quienes demostraran los esca-sos escrúpulos necesarios para hacerlo. Sería, entonces, una más.

 

Pero eso sería tras un triunfo electoral forzado, del que nos encontramos tan alejados. Esta es la segunda razón; o la primera, como se quiera. El caso es, y esto debemos tenerlo muy claro, que es preciso trabajar en el convencimiento de que, con el actual sistema, nunca vamos a ganar. Nunca no significa “jamás en la vida”. Pero podemos ir seguros de que no lo conoceremos ninguno de los que comenzamos esta aventura. Sólo si somos conscientes de esa certeza, podremos empezar a trabajar. Y evitaremos posibles desencantos.

 

Hemos dicho trabajar. Pero... ¿Cómo puede subsistir un grupo político, en la seguridad de que nunca obtendrá una representación importante? ¿Para qué existe, entonces? Sólo se justifica para lo más importante que se puede existir: para convencer; para enseñar; para dar testimonio. Para conseguir que Andalucía vaya calando en los andaluces, no como una idea abstracta y sentimental, como hasta ahora, sino como la realidad cultural, lingüística, social, económica, histó-rica, que es. Para conseguir que los andaluces tomen conciencia y consciencia de su situación y de la necesidad -la obligación- de ir abandonando los últimos puestos, para recuperar el lugar que nos corresponde.

 

Si se hace un partido centrado en la idea de obtener buenos resultados electorales, con toda seguridad fracasaremos. Ganar unas elecciones, es más: ganar algo en unas elecciones, exige tiempo, mucho dinero y notoriedad. Si el trabajo se centra en aportar a los andaluces el nivel de formación y de información que les falta, su apoyo caerá como una fruta madura. La posibilidad, siempre lejana, de obtener esos buenos resultados electorales, nunca vendrá con una política centrada en su consecución; solamente podrán llegar cuando se haya elevado suficientemente el nivel de conciencia de los andaluces.

 

Ese es nuestro trabajo. Primero, tenemos que descubrir nuestra realidad, y luego, cuando lo tengamos claro, hacerla llegar a todos. Y debemos hacerlo sin pensar en elecciones, seriamente, como un servicio. Porque, si lo hacemos bien, estaremos prestándolo. Si lo hacemos bien, repetimos, lo demás vendrá por añadidura.

 

                                           El camino                

 

                                           Por eso es tan importante la forma que se elija para llegar -que ya se ha esbozado-. Y, muy especialmente, la forma en que lo comuniquemos a los demás. La imagen que queramos dar.

 

Nos conocerán por nuestros hechos. Y nos juzgarán por ellos, no se nos olvide. Pero aún debemos centrar un poco más. Un mucho más: Se nos va a conocer por la defensa que hagamos de Andalucía, sin duda. Pero más aún se nos conocerá por la forma como planteemos esa defensa. Y todavía más, por la forma como demos a conocer lo que estamos haciendo. Reiteramos: eso es la imagen.

 

En nuestro caso, sí que encaja plenamente lo que decíamos más atrás: influye quien construye. Este es el primer punto a tener en cuenta. Debemos ser constructivos. Y debe verse que lo somos.

 

Pero, no se nos olvide, la gente tiene miedo a los extremos. No a la valentía, no al hablar claro, incluso cuando la claridad, demasiado extrema, se convierte en desafío. Más que a las palabras, la gente teme a los planteamientos. Todo lo constructivos que se pueda ser, servirá de poco si se llega a desconfiar de nosotros, porque se nos considere “extremistas”. Y siempre habrá enemigos de lo andaluz y de todo cuanto defienda lo andaluz, que intentará colgarnos la etiqueta. Que nos la quieran colgar será inevitable; por eso debemos contrarrestar el sambenito antes de que se dé: siendo ponderados, analíticos, tolerantes, ofre-ciendo nuestra colaboración a todos, escuchando a todo el mundo -a todo el mundo-. Siendo pragmáticos; debemos buscar lo positivo, nunca perdernos en bizantinismos ni en posiciones cómodas.

 

                                           Estar                         

 

                                           Y, algo sumamente importante, estando en la calle. Cada día ocurren cosas en Andalucía, cosas trascendentes; y los andaluces deben ver que, en todas ellas, siempre, estamos dispuestos para salir en defensa de sus derechos. Hay que intervenir, denunciar, aclarar, cada vez que se presenta la ocasión. De forma colectiva, o institucional, o individual; creando opinión y haciendo que quede clara nuestra postura

 

Si no tenemos prisa por obtener unos determinados resultados electorales, podremos dedicarnos a ofrecer soluciones, alternativas, a trabajar en lo cultural. Y hasta es posible que se tarde menos en conseguir buenos resultados, que si el esfuerzo y los escasos medios económicos se consumen en campañas elec-torales.

 

No deberíamos caer en la trampa de creer que todo aquello que nos preo-cupe personalmente, debe ser reivindicado, sin más. Primero hay que analizarlo en el seno del grupo, llegar a un acuerdo interno, por el que sea la organización quien lo pueda asumir. A continuación debe decidirse, previo estudio, la forma de llevarlo a cabo y de comunicarlo.

 

Por ejemplo: la conmemoración del aniversario del asesinato de Blas Infante. Una forma de entenderlo es como hasta ahora han hecho algunas orga-nizaciones: acudir a la celebración oficial, y mostrar su desacuerdo, denunciando la utilización partidista y sesgada que hace el gobierno andaluz. Otra de las posibles formas de realizar la conmemoración, es apartarse de la celebración oficial, y realizar actos propios, independientes, en distintas localidades andalu-zas.

 

Con la primera opción se realiza una denuncia. Una denuncia que no afecta a las autoridades, porque no llega al pueblo. Nadie, o casi nadie, se entera. Y lo que trasciende es que “un grupo de exaltados ha intentado reventar la conmemoración del aniversario del fusilamiento del Padre de la Patria Andaluza”. Un efecto con resultado negativo que, en consecuencia, no sirve para concienciar al pueblo andaluz, sino para disminuir el prestigio de quien lo hace.

 

El segundo planteamiento resulta conciliador, en tanto no busca enfrenta-mientos. Y sí tiene connotaciones positivas. No es criticable en sí mismo. Y llega a muchas más personas.

 

Véanse -y valórense- las diferencias. El ejemplo puede aplicarse  a cualquier otro asunto.

 

Asimismo debe tenerse bien claro, que la creación de una conciencia en el pueblo andaluz, exige esfuerzo de nosotros. Nada vamos a conseguir desde la comodidad. Cuando los hechos se llevan a los foros adecuados -medios de comunicación, calle, Parlamento, Ayuntamientos, escuelas, asociaciones, etc. etc.- estaremos despertando conciencias. Cuando se comenta a nivel interno, aunque sea a través de algún foro restringido, como Internet, todo lo más podremos estar autojustificándonos, cosa imposible.

 

                                           Influenciar               

 

                                           Una labor que deberíamos plantearnos seriamente, es la de influenciar en los demás. Ya hemos hablado de la necesidad de calar en el público, en el pueblo. Pero hay algo más: trabajamos por la liberación de Andalucía y eso es lo que más nos debe importar. Ser consecuentes con este principio, presupone utilizar todos los medios para obtener la elevación de esa conciencia.

 

Por lo tanto, es imprescindible que busquemos la forma de influir, también, en otras organizaciones, asociaciones, grupos... Todos están formados por personas y todos tienen su mayor o menor capacidad de influencia. Avivar sus conciencias significa ganar personas y medios, porque serán organizaciones que estarán dando a conocer nuestros postulados, en la medida que seamos capaces de transmitirles la idea.

 

Además, el que otras organizaciones nos vean ecuánimes, ponderados, rigurosos, aumenta nuestro prestigio y el de los planteamientos que podamos hacer.

 

Construirse una imagen

 

       Elegir la imagen     

 

La imagen debe vender. (A estas alturas, debe suponerse que esta palabra no asustará a nadie). Podemos recapitular sobre lo escrito en las páginas precedentes, para estructurar la imagen que se propone.

 

       Veamos, primeramente, los principios en que se basa:

 

                                           a) La imagen es lo que los demás ven de nosotros. Es la forma de plantear un mensaje y es independiente del contenido, de lo que se haga. Queremos decir, una misma acción admite distintas formas de plantearlas, de desarrollarlas y de darlas a conocer.

 

Un ejemplo a considerar podría ser la ONCE. Su función, desde su nacimiento, es ser un medio de vida para los invidentes, y el cupón su puesta en práctica. Ahora bien, aquella imagen -que muchos no habrán conocido- excesivamente circunspecta, triste, de la organización, cambió a partir de 1980 a otra mucho más moderna, incluso divertida. Y es que una cosa seria no tiene por qué ser triste.

 

Otro ejemplo, de los muchos que podrían servirnos, puede ser la Iglesia, el organismo más experimentado en vender nada desde hace dos mil años. O, en el extremo opuesto a los anteriores, el PP, con su apariencia triste, casi patética, que provoca rechazo, no ya por lo que hace, análisis en el que no debemos entrar aquí, sino en especial por la forma como lo hace, pues dan la impresión de que se oponen al progreso. Da igual que sea cierta o no, no entramos en eso. Lo importante es lo que parece.

 

                                           b) Un partido serio, incorruptible, no precisa decir las cosas de una forma solemne, seca. Como en todo, puede hacerlo en tonos agrios o dulces, fuertes o débiles, claros o ininteligibles; etc. La diferencia estriba en que, si se usa un lenguaje extremo, o extremista, la gente no lo entenderá; o, en todo caso, es muy fácil que lo rechace. Al mismo tiempo, los medios de comunicación y otros grupos, en especial la oficialidad, lo combatirán fácilmente. El mensaje, en consecuencia, llegará deformado y no podrá ser debidamente valorado.

 

       c) Se requiere establecer una escala de valores. Decidir qué materias van a tratarse primero; darle un orden y una cadencia. Aquellas para las que no haya fuerzas, o que sean menos trascendentes, o menos urgentes, más polémicas o de más difícil explicación, pueden quedar en segundo plano, o esperar a una nueva oportunidad.

 

d) En el párrafo anterior no se dice que tengamos que ser mojigatos, ni que  se deba andar con miedo a llamar a las cosas por su nombre. Todo lo contrario, porque esto sí que es percibido con facilidad y valorado negativamente. Hay que ser enérgicos y, sobre todo, claros y concisos. Por eso mismo deben calibrarse bien las cosas y las formas de contarlas, o de denunciarlas. Deben tenerse en cuenta las expresiones, las formas de expresión que van a ser mejor valoradas y, en consecuencia, van a ser más útiles, más rentables.

 

                                           e) Mantener un partido político tiene unos costos muy altos en todos los sentidos: económico, político, social y de desarrollo de trabajo. Las maquinarias de los partidos, normalmente, se ven abocadas a elaborar una dinámica que permita mantener unas infraestructuras  superdimensionadas, creadas en función de la magnitud ajustada al poder. Es entonces cuando la praxis se distancia del discurso, en los casos en que el discurso continúa asimilado a la ideología teórica inicial. Es decir, el partido ha cambiado para mantenerse. Se ha vendido para poder vender. Es la gran contradicción de la democracia.

 

Lo que deja claro este breve e incompleto análisis, es que el partido nece-sita ganarse a la gente. Parece, por lo que se ha escrito en el párrafo anterior, que todos, o casi todos, han optado por el camino más cómodo y menos auténtico. Posiblemente no sea más que la consecuencia de una maquinaria creada sin la suficiente maduración, hecha con la mente puesta, tan sólo, en la subordinación electoralista. Sea como sea, es necesario buscar un camino que no nos lleve a una situación similar. Que permita poner en práctica un programa de interés para Andalucía, sin los condicionantes del juego partidista. Volviendo al principio, esto exige ganarse a la gente. Y ello, a su vez, requiere notoriedad.

 

                                           Notoriedad              

 

                                           Hemos visto que es el principal factor para ganarse al electorado. Y pudiera parecer que únicamente se consigue a base de costosas campañas electorales. Pero, como venimos recalcando desde el principio, también la noto-riedad se puede adquirir de muy distintas maneras. Y también puede tener muy diversas escalas, formas y categorías.

 

Volvemos, por tanto, a reiterar que a la gente se le gana por el compor-tamiento. Por lo que vean, o sea, por la forma como crean que nos comportamos. Los hechos no son calificados según sucedan, sino según parezcan, o se hagan parecer. No hay que tener miedo a la palabra: según sean vendidos. Por ejemplo:

 

El PSOE perdió la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid por un pacto del PP con unos tránsfugas. Exactamente de la misma forma, el PA perdió la alcaldía de Écija por un pacto del PSOE con un tránsfuga, éste doble y además con acciones de dudosa legalidad, que fueron denunciadas en su momento.

 

Pues bien: pasado el tiempo, lo de Madrid ha sido una faena antide-mocrática; en cambio, lo de Écija es “una consecuencia de la matemática democrática, que sólo puede ser discutida por quienes no asumen la democracia”. No es tan sólo la justificación de un partido. Pregúntese en la calle, véanse los medios de comunicación y se podrá comprobar la general aceptación de tan disparatado aserto.

 

Podrá pensarse que aquí nunca se caerá en esos estados, pues este partido es “químicamente puro”. No corresponde ahora hacer declaraciones de principios ni, menos aún, adivinación. Estamos analizando las características de la imagen y las dificultades que entraña una buena comunicación.

 

La pureza en política                

 

Pensemos antes de sentenciar: ¿qué es la pureza?

 

Desprovista de sus valores religiosos y sentimentales, es, ni más ni menos, creer en uno mismo. Estar seguro de los propios ideales.

 

Pero, cuidado. Estar seguro de los propios ideales no prejuzga la forma de defenderlos. Ser puro no es ser radical, no es ser intransigente, como no lo es Andalucía. Significa no hacer concesiones en lo fundamental, para lo cual hay que procurar no confundir lo fundamental con lo accesorio.

 

Discernir. Diferenciar. A veces se encierra uno en lo accesorio, como si fuera fundamental. Fundamental es aquello que resulta imprescindible para la liberación de nuestro pueblo. Para la liberación social, cultural y económica. Todo lo que pueda llegar a continuación, como consecuencia de esto, no es fundamental.

 

                                           La praxis

 

                                           Estamos reclamando ser prácticos. Hacer sesudos análisis, serias declara-ciones de intenciones, generalizar, no está de más. Pero no sirve de nada si no va acompañado de la acción. Hemos de evitar que se convierta en refugio para quienes no son capaces de comprometerse con la acción. Eso, por sí sólo, no llega a la gente. Ni nos sirve para cambiar las estructuras.

 

Hemos de participar, continuamente, en lo cotidiano. Para cambiar las es-tructuras necesitamos confeccionar las ideas (valga la expresión). Es decir, contar con los estudios pertinentes. Pero eso hay que ponerlo en práctica. Y ponerlo en práctica significa estar, participar, intervenir. Debemos programarnos, mentali-zarnos, y comprometernos, a:

 

       - intervenir y

- difundir las causas y formas de nuestra intervención

 

                                           En qué intervenir    

                                          

                                           Los planteamientos globales, teóricos, son nuestros principios. Son la base de nuestra acción. Por todo ello, es necesario que nos planteemos:

 

                                                                   1º) En qué debemos intervenir. Cual va a ser nuestra acción

 

                                                                   2º) Cómo vamos a expresarlo. La forma en que lo expresemos, lo comuni-quemos, va a definir nuestra imagen. Por eso hay que pensarlo bien.

 

Por nuestra parte, y sin ánimo de ser exhaustivos, pensamos que se debe intervenir en todo cuanto sea de interés para Andalucía, tanto a niveles sociales, culturales, artísticos, económicos, defensa del Patrimonio, etc. En ocasiones debe hacerse una denuncia, por ejemplo: La muerte de un agricultor en extrañas circunstancias, la utilización que se hace de los andaluces en las series de tele-visión o la falta de una política andaluza en los libros de texto.

 

Otras veces nuestras intervenciones serán informativas. Nuestro pueblo debe conocer tanto sobre sí mismo, y hay tantos ejemplos que nos pueden servir... Es importante que fuera de la península se conozca la realidad de lo andaluz, para que sólo defiendan el mito de la “unidad nacional” quienes estén comprometidos con los intereses centralistas del Estado español. Es necesario que las demás comunidades conozcan nuestra realidad. Si luego nos quieren seguir considerando “los camareros” que sea sin ningún cabo al que agarrarse.

 

Todo esto, y mucho más, forma parte de la política participativa, formativa e informativa que deberíamos llevar a cabo. Y que no se completa con unas cómo-das discusiones cruzadas a través de Internet o de cualquier otro medio interno. Nuestro compromiso debe llegar mucho más allá.

 

Hace falta formación. Nuestro pueblo necesita hoy, como hace setenta años, un nivel de formación general y específica en lo andaluz, que le permita cubrir todas sus necesidades. Y todo lo que se haga debe estar orientado en esta dirección. Nuestro objetivo debe ser que la gente conozca muy bien sus derechos, que sepa discernir, diferenciar. Que valore, en vez de quedarse en lo anecdótico. Que conozca a cada uno y no se deje llevar por las palabras más o menos grandilocuentes de políticos a quienes Andalucía les importa menos que poco, ni por el eco que hacen de sus palabras los medios de comunicación.

 

Hay que informar. Hay que formar.

 

Pero, primero, hay que informarse y formarse. Es una obligación que asu-mimos, conscientemente o no, desde el momento en que decidimos trabajar en una organización como ésta. No podemos llevar a los demás una imagen distorsionada de la realidad. Por eso, primero debemos discutir, acordar, recabar información; ser críticos, cada uno con sí mismo, antes que con los demás. Ser conscientes de que debemos cuestionarlo todo, antes de emitir un juicio.

 

Hacerlo así, requiere desprenderse de personalismos, de ideas precon-cebidas, de análisis sin base científica. No se está señalando aquí a nadie. Pero seamos conscientes de que todo esto ocurre.

 

Luego, cuando hayamos sido capaces de tener las ideas claras, muy claras, estaremos en condiciones de transmitirlas a los demás. Sólo entonces.

 

Es necesario, imprescindible, buscar la forma de crear opinión. Eso sólo es posible si se participa en todos los foros posibles. (Y no hablamos de “foros de Internet”, que no son despreciables, pero tampoco son los que pueden ayudarnos, pues, aparte el reducido número de sus participantes, éstos, normalmente, tienen ya las ideas preconcebidas, por lo que, o no es necesario hacérselas llegar, o es imposible hacerles cambiar). Por el contrario, la intervención masiva a través de los medios de comunicación tradicionales, tiene un efecto doble: en primer lugar, llega a la gente; y llega con la fuerza de la letra impresa. En segundo lugar crea ambiente en los propios responsables del medio. En la medida en que ellos dan publicidad a lo que creen que es mayoritariamente participado, o que tiene la importancia de la notoriedad, la existencia de una corriente de opinión fuerte condiciona y puede adaptar su criterio.

 

Por eso, hay que dirigirse a los medios de comunicación. Debe quedar claro, en primer lugar, que no nos quedamos indiferentes ante las injusticias, tergiversaciones, abusos, arbitrariedades, malversaciones, etc. En segundo lugar, tenemos necesidad, más aún, tenemos la obligación de avisar. De impedir, en la medida de lo posible, un silencio cómplice, que deje en el ambiente una sola política, una sola opinión.

 

La gente debe saber que hay otros caminos, aunque en principio no los tome, aunque no les haga caso. Si no los conoce, ni siquiera podrá nunca intentar seguirlos. Si se los descubrimos, será cuestión de tiempo. Y de esfuerzo, claro está.

 

No importa que se publique un mínimo porcentaje de lo escrito; no debe irse con el prurito de ver nuestro nombre impreso, sino con la idea de que, si la comunicación es masiva, antes o después -más bien antes- la forma de plantear el problema, la denuncia, la reclamación, la opinión vertida, empezarán a tener efecto y, en consecuencia, empezará a ganar adeptos.

 

En resumen

 

       Debemos hacer una recapitulación de todo lo escrito hasta aquí, para contar con un resumen ordenado:

 

                   1.- Cambiar las estructuras orgánicas de Andalucía, para sacarla de la postración y el subdesarrollo en que la tienen sumida desde hace siglos, es algo que debe hacerse desde el poder. Pero ninguno de los partidos que, en este momento, tienen posibilidad de detentarlo, están interesados en conseguir su liberación. En cambio, los que estamos interesados en obtenerla no tenemos capacidad política para hacerlo. Ni tenemos poder para hacerlo, ni podemos prever que sea posible alcanzarlo en mucho, mucho tiempo.

 

                   2.- Al no existir una fuerza capaz de llegar a ejercer esos cambios desde arriba, se hace imprescindible que sean promovidos desde abajo. Es decir, que sean reclamados, clamorosamente, por el pueblo andaluz. Eso exige que los andaluces alcancen un nivel de conciencia capaz de colocarles por delante de sus dirigentes y de obligarles a rectificar, o bien que ese nivel de conciencia les lleve a dar la espalda a esos dirigentes y a elegir otros que sean capaces de compro-meterse con su liberación futura.

 

                   3.- El trabajo que debe desempeñar y promover Asamblea Nacional de Andalucía -y que debe intentar imbuir en otras organizaciones políticas, sindicales y sociales-, estriba, fundamentalmente, en hacer que los andaluces vayan adqui-riendo ese nivel de conciencia en el menor plazo de tiempo posible.

 

                   Aunque contamos en contra con muchos factores, entre otros:

 

- El interés de los grupos políticos dominantes, por mantener el estado actual.

- La inercia de los medios de comunicación y del propio pueblo, imbuido de distintas acciones, artificialmente convertidas en necesidades, como el fútbol, la televisión y otros aspectos del confort moderno.

- La falta de una formación e información adecuadas, y de los medios necesarios para propagarla.

 

4.- Precisamente, porque la falta de estas cuestiones, es la que condiciona las carencias del pueblo andaluz, debemos tender a cubrirlas. Para ello:

 

                   Es necesario influir en los andaluces, en la medida de lo posible, haciendo un esfuerzo para aumentar al máximo esa medida. Como los medios de que disponemos son limitados, para conseguir multiplicar nuestro esfuerzo y obtener unos resultados más efectivos en menos tiempo, es preciso plantearse, también, la necesidad de influir en otros grupos y partidos, de manera que así se amplíe y se multiplique nuestro mensaje.

 

       Ambas cosas requieren:

 

                               a) Un programa serio, bien estructurado y madurado; unas ideas muy claras; un saber a dónde queremos llegar, que nos permita ofrecer las soluciones adecuadas en cada momento y ocasión.

 

                               b) La flexibilidad necesaria, para acudir con la mayor diligencia posible a todos los foros y ocasiones, en defensa de nuestros presupuestos sociales y políticos.

 

                               c) La defensa de nuestros postulados, puede hacerse por nuestros propios medios -lógicamente-, pero también debe utilizarse la posibilidad de difundirlo a través de otros grupos, a los que se pueda llevar alguna mínima influencia. Como es lógico, esta posibilidad no es desdeñable, por el contrario, ayuda a multiplicar nuestro mensaje y nuestros recursos.

 

d) Utilizar todos los medios, significa no hacer discriminaciones en función de la naturaleza política que pudiera tener cualquier otro grupo, con el que se puedan establecer conversaciones. En vez de disgregar, y de negarnos a conversar con los demás, debemos plantearnos cuanto puede ganar nuestro proyecto, al ejercer esa influencia en los demás, sean quienes sean. Cuanto más apartado de nuestras ideas pueda estar el interlocutor, circunstancialmente, mayor será el mérito y más importante será la ganancia obtenida.

 

                               e) Centrarnos en la posibilidad de obtener resultados satisfactorios para nuestro proyecto, antes que en la de limitarnos a teorizantes declaraciones globales, que pueden ser necesarias, pero no son eficaces si no se acompañan de una operativa simultánea y práctica.

 

                               f) Participar, intervenir en todos los foros, sucesos u ocasiones que se presenten, para dar a conocer nuestros postulados, defender los derechos de los andaluces, a todos los niveles, denunciar los abusos y la arbitrariedad, allí dónde se den. Todo ello, con ponderación, pero al mismo tiempo con toda la energía y el rigor que el caso requiera. Para ir ganando aunque sean pequeños trozos de los derechos de nuestro pueblo, y para que se conozcan esos postulados nuestros.

 

                   5.- La actividad pública, y la publicidad de nuestras actividades -no es una redundancia, son dos cosas- además de ser necesarias ambas, son la mejor tarjeta de presentación que podemos esgrimir. Es decir, son la materialización de nuestra imagen. Debemos hacer que sean claras, concisas y, sobre todo, siempre eficaces y esforzadas en la defensa de los derechos de Andalucía.

 

Por lo tanto, es doblemente importante todo lo que se ha dicho más atrás: primero, decidir la línea, luego ponerla en práctica, en la forma que se ha descrito aquí y, por último, darla a conocer, para que tenga efectividad y para que se valore nuestro trabajo. El anonimato no es modestia; es una tontería. Al menos en casos como éste.

 

                   6.- Hay que olvidar tópicos como que la imagen o el márketing son medios de manipulación y, por ello, sólo aplicables a la economía o a los partidos mayoritarios únicamente preocupados por los resultados electorales. Por el contrario, son medios, armas, que cualquiera puede utilizar; y que se puede hacer de forma honrada o interesada, según quien lo utilice.

 

                   7.- En definitiva, más praxis que teoría, más actividad que hipótesis, porque lo primero siempre es buscar la eficacia y lo segundo, las más de las veces, no pasa de mirarse el ombligo.

 

 

       Conclusión            

 

Nuestro trabajo es un trabajo de información, de formación, debemos despertar las conciencias para hacer que la recuperación integral de lo andaluz sea un clamor.

 

Y tenemos que hacerlo muy lejos de los enormes medios económicos que manejan las formaciones políticas que se reparten el poder.

 

Por eso, si tener una buena imagen siempre es conveniente, para nosotros es mucho más que necesario: es imprescindible.

 

 

 

 

 

 

ben aindi habibi

 

                                           si te bais mesture

 

                                          traira samaya