ANDALUCÍA EN EL CONTEXTO INTERNACIONAL

 

Toda comunidad tiene condicionadas sus relaciones a nivel internacional por su propia configuración histórica y geográfica. En este sentido, Andalucía no puede ser una excepción. Nuestra historia y cultura, así como nuestra ubicación estratégica, han señalado, por sí solas, la frecuencia e intensidad de relaciones con otros países. A este nivel, no cabe duda que nuestra principal área de relación se ciñe al Mediterráneo e Iberoamérica, sin que esta valoración sea excluyente.

 

En el caso andaluz, existe otra circunstancia determinante: se encuentra dentro de un Estado que, a su vez, está inmerso en un proceso de aparente confluencia política con otros veinticuatro, a partir de los cuales se pretende construir una entidad de nivel europeo. Esto significa que debe buscarse la forma de potenciar las relaciones de Andalucía con su entorno y con otros países, aunque no sean cercanos; y, al mismo tiempo, en un ejercicio de realismo, dilucidar en qué materias debe ponerse más énfasis, pues, aunque deban reclamarse, hay algunas cuya consecución es imposible, por la condición política que ya hemos referido.

 

La principal motivación para que se desarrollen las relaciones entre distintos países ha venido siendo el comercio. Sin embargo, ello ha dado lugar a otra confrontación, en este caso positiva, que ha sido el enriquecimiento cultural, motivado por el encuentro, difusión y aceptación de otras culturas por parte del pueblo andaluz.

 

Andalucía debe tener muy en cuenta sus derechos en materia económica y, en lo tocante a relaciones internacionales, debe hacerlos valer. Al mismo tiempo, en nombre de la originalidad que siempre la ha caracterizado, también debe tener en cuenta el encuentro entre culturas, el enriquecimiento que da el intercambio, para poner especial énfasis en esta faceta, tan fundamental en la vida humana y la única con capacidad para unir a las personas y a los pueblos.

 

Entrar en los intercambios culturales puede tener su dificultad, pero no es fácil que provoque enfrentamientos. Por el contrario, facilitará la labor y será fácil encontrar entidades nacionales dispuestas a corresponder. El plano económico, sin embargo, sí plantea un verdadero problema. La economía está en manos de grandes capitales, o de aglomeraciones de capital que para el caso es lo mismo. Esto es, en manos de las multinacionales, que detentan más poder que cualquiera de los gobiernos de los estados en que están enclavadas. Los órganos de decisión de las multinacionales, teóricamente, se deben a las leyes locales; pero es innegable el poder de decisión que tienen sobre la redacción y ejecución de esas mismas leyes. Se trata de un poder real, que, sin embargo, no ha pasado por las urnas. Un poder que condiciona la vida y el gobierno de todos los países y que se impone en la línea y decisiones de los grandes partidos políticos.

 

La mejor respuesta a esta situación -en la que Andalucía se ve inmersa por su pertenencia a un estado donde ese esquema se ensancha a consecuencia de la relación de dependencia externa- es reivindicar su derecho a la soberanía, para disponer de capacidad suficiente con la que legislar y estructurar los niveles en que, libremente, se decida establecer la relación con otras comunidades, tanto exteriores, como europeas o peninsulares.

 

Un pueblo que no se proponga tener relaciones autónomas y con criterios independientes con los pueblos de su entorno geográfico y cultural, está condenado a ser dominado y explotado. Andalucía, actualmente, es un pueblo sin criterio propio. Nunca en nuestra historia milenaria hemos padecido, y por tanto tiempo, un papel tan degradante. Se ha logrado, no sólo que Andalucía carezca de una presencia seria y efectiva fuera de sus fronteras, cambiándola por una etiqueta folclórica y engañosa, sino que sean los propios andaluces quienes no crean en la necesidad de una presencia real de Andalucía como pueblo en el exterior y la vean como una reclamación propia de radicales y exaltados nacionalistas.

 

Sin embargo, desde nuestro concepto de nacionalismo universal, creemos que podemos enriquecer, y a la vez enriquecernos, estableciendo contactos amistosos y estables con otros pueblos, como así ha sucedido tradicionalmente durante toda la historia de Andalucía.

 

El proyecto nacionalista que propugnamos se basa en el legado histórico y cultural recibido y tiene como antecedentes y principales referencias las civilizaciones que nos han precedido, sin renegar de ninguna de ellas. Tartessos, La Bética, al-Andalus y la Andalucía cristiana marcan la actual Andalucía. De acuerdo con esta herencia de tolerancia, respeto y solidaridad entre los pueblos, entendemos que, para la defensa de nuestros intereses como nación y en consonancia con el desarrollo de nuestra propia identidad, debemos establecer relaciones externas, sin condicionantes ni prejuicios de ningún tipo, con cuantas organizaciones, pueblos y gobiernos compartan estos criterios y nos resulte conveniente ese establecimiento.

 

Estas relaciones, como ya hemos explicado, aunque han de basarse en las relaciones entre los seres humanos, deben tener un importantísimo componente económico. Pero no deben limitarse a la economía, también es conveniente tomar en seria consideración las de tipo cultural y otros factores de interés, como la intercomunicación interna.

 

 En lo cultural hay que huir de un criterio expresamente utilitarista, que crea productos para su consumo masivo o en busca de una rentabilidad ideológica. Por el contrario, debemos profundizar en nuestra historia y cultura, previo al establecimiento de relaciones con otros pueblos.

 

En cuanto al segundo elemento, la intercomunicación, está claro que Andalucía necesita, antes que nada, unas comunicaciones terrestres, aéreas e interpersonales que la vertebren. Establecer relaciones con el exterior, sobre todo cuando, como ocurre aquí, es primordial lo cultural, exige un conocimiento extenso y serio de sí mismos. Por eso, aunque no se refieran precisamente a relaciones internacionales, debe ponerse especial énfasis en la mejora de nuestras comunicaciones viales, ferroviarias y aéreas, que permitan, no sólo un mayor desarrollo de nuestras industrias sino que mejoren el conocimiento entre los andaluces. Así, las posteriores relaciones que podamos establecer, tendrán el respaldo de un producto que ofrecer y de la coherencia de nuestro acervo cultural.

 

Nuestra situación política

 

A pesar de gozar de una posición estratégica privilegiada y de poseer óptimas condiciones, Andalucía no se beneficia, debido a su papel marginal y secundario, del comercio y del intercambio material, cultural e intelectual entre continentes y culturas.

 

Esta marginalidad de nuestra nación se debe, históricamente, a razones políticas tras su conquista hace más de quinientos años y, aunque parezca incongruente e incomprensible, la situación continúa igual muchos siglos después.

 

Las relaciones históricas, culturales y humanas que Andalucía ha mantenido tradicionalmente con los pueblos de su entorno y con Latinoamérica se dejan de lado para introducir otras culturas y productos ajenos a nosotros. Por todo ello, es necesaria una presencia política de los intereses andaluces, tanto a nivel del estado como europeo e internacional.

 

La Unión Europea

 

Por razones geográficas y políticas, nuestro ámbito de relaciones está ubicado en Europa, en concreto en el seno de la Unión Europea. Pero desde un punto de vista real, Andalucía desempeña una función marginal y subsidiaria, tanto por la dejadez de los gobernantes del Estado español como por la incapacidad de los autonómicos. Todo ello ha provocado que nuestro país, Andalucía, caiga hasta unos niveles por debajo de la cota de la U.E. cercanos al cuarenta por ciento y nadie, políticamente, se ha preocupado hasta la fecha de defenderla.

 

Nuestra integración en el Estado español trae como consecuencia que las negociaciones a nivel europeo, efectuadas por políticos de partidos centralistas tengan como prioridad los intereses del Estado y los de aquellas comunidades con peso político en Las Cortes españolas, olvidándose siempre de los habitantes de Andalucía y de sus intereses.

 

Nuestra relación con los pueblos de la Unión Europea es prácticamente nula, limitándose al contacto entre estados, recibiendo productos comercializados fuera de Andalucía y recibiendo mano de obra no cualificada desde los países del este de Europa.

 

Por todo ello, debemos reclamar, y llegar a negociar:

-  La revisión del Tratado de la U.E. y de su Constitución.

- Una presencia activa de Andalucía en todos los foros de la Unión, en tanto se debatan cuestiones de interés para las regiones y naciones que la integran.

- Tener capacidad de decisión en tratados de materia agrícola, pesquera y económica en general. No aceptando ningún tratado que nos afecte y se haya pactado sin contar con nuestra participación.

- La regionalización de las instituciones de la Unión Europea.

- Apertura de una Oficina Comercial en Bruselas.

- La revitalización del Comité Económico y Social y del Comité para las Regiones, que debe cambiar su nombre por el de “Comité de las Regiones, Países y Lander”.

 

Contexto cultural

 

Históricamente, Andalucía ha estado unida al Mediterráneo. Es una realidad tangible y lógica. Porque se encuentra enmarcada en este mundo y porque su antigua civilización corresponde a este espacio concreto. Por eso se han desarrollado en ella las tres culturas occidentales, ampliadas en nuestro caso a cuatro: tartésica, latina, andalusí y cristiana.

 

Este espacio cultural ha quedado ampliado, a partir de la Edad Moderna, a Europa e Iberoamérica, lo que hace posible más amplios rumbos y mayores posibilidades de entendimiento. Aunque no se trata de una adscripción restrictiva, pues nuestras relaciones pueden y deben establecerse con todos los pueblos; pero es evidente que existen unos lazos con los ya mencionados, que siempre han sido beneficiosos para todos y que es natural conservar. Por dicho motivo, debe recuperarse el puesto de intermediario en las relaciones Europa-Iberoamérica, por medio de una política cultural y económica que incida en todo lo que nos une y en los intereses que compartimos.

 

Teniendo claro que la cultura es vínculo de unión entre los pueblos y permite dirimir diferencias sin enfrentamientos, proponemos el conocimiento de nuestra historia y cultura como paso previo a las relaciones con otras naciones. Las múltiples materias culturales comunes y los lazos mantenidos a lo largo de la historia con cuantos pueblos nos hemos relacionado, nos permiten disponer de una posición privilegiada en el continuo intercambio material, humano e intelectual. Lo que nos obliga a abandonar nuestra posición pasiva y acomplejada y a tomar protagonismo, participando activamente en los intercambios humanos y en el desarrollo cultural, social y político de nuestro entorno.       

 

Espacio histórico

 

Nuestras relaciones con los demás pueblos de la Península Ibérica deben intensificarse, en un sentido de solidaridad y mutua cooperación. En especial, es muy importante una estrecha relación con las tres comunidades más cercanas geográfica e históricamente: Extremadura, Murcia y El Algarbe.

 

Por el mismo motivo se hace necesaria la presencia de Andalucía en todas las reuniones, decisiones y acuerdos que se puedan tomar sobre el territorio de Gibraltar, participando con voz y voto. Y un acercamiento hacia los habitantes de dicho territorio, con los que compartimos algo más que el espacio geográfico.

 

Teniendo en cuenta la especial relación ya expuesta, es preciso buscar el máximo acercamiento a los países del Mediterráneo, Iberoamérica, Portugal y Sahara Occidental.

 

Economía

 

En política económica, Andalucía debe reclamar su derecho a intervenir en todas las cuestiones que le afecten. Prioritariamente en los tratados y en las PAC de la Unión Europea.

 

Las relaciones de Andalucía deben tender a mantener y potenciar su industria, agricultura, ganadería y servicios. Generalmente, los acuerdos internacionales se establecen en función del interés de las grandes empresas españolas y, últimamente, de las europeas. Andalucía debe tener el mismo peso para defender sus intereses, lo que hará posible la mejora de su infraestructura industrial. Por el mismo motivo, debe existir una representación andaluza, en plano de igualdad con la que pueda llevar España y otros países negociadores, en cualquier tratado de pesca que se pueda establecer y que nos afecte.

 

Andalucía, desde tiempos inmemoriales, ha sabido desarrollar una excelente y ejemplar agricultura. La política diseñada, tanto la española como la europea, pretende hacer de nuestro territorio un erial abandonado, salpicado de campos de golf. Para conseguir evitar esta dependencia económica y este ataque a nuestro medio ambiente, es necesario apoyar a nuestros agricultores, facilitándoles su labor y dotándoles de la infraestructura comercial que les permita la óptima venta de sus productos agrarios fuera de nuestro territorio.

 

Una política prioritaria en un gobierno andaluz que trabaje por su tierra deberá basarse en la búsqueda de cargas de trabajo en el mercado internacional para que nuestras industrias de astilleros, construcciones especiales, automoción e investigación, con historia, prestigio y experiencia, puedan continuar su labor y desarrollarse sin que cada cierto periodo de tiempo se vean abocadas a luchar para evitar su desaparición.

 

La política financiera a seguir debe buscar eficiencia a la financiación interior, por lo que debería favorecerse la instalación de entidades bancarias, siempre que establezcan aquí sus sedes, así como la internacionalización de nuestra oferta financiera. 

 

Para poder ofrecer nuestros avances en el exterior, se deben establecer relaciones que permitan incentivar la investigación en Andalucía y hacer posible la vuelta de científicos y personalidades emigrados a otros lugares, aprovechando sus enseñanzas.

 

Conclusión

 

De nuestro trabajo podemos determinar que Andalucía se encuentra en una posición geográfica, histórica y humana privilegiada, perteneciendo, a la vez, a dos zonas: por una parte, a Europa, y, por otra, al Mediterráneo. Si a una estamos unidos en el presente, a la otra nos une el pasado. En una no encontramos acomodo, en la otra hayamos efecto y estima.

 

Hasta ahora, poco hemos obtenido de nuestra pertenencia a Europa. Parece obligado volver algo los ojos hacia esos otros vecinos a los que nos une algo más que la historia.

 

Ahí está el gran reto: saber encontrar nuestro sitio en el contexto internacional sin autoexcluirnos.