EL HIMNO DE
ESPAÑA TIENE LETRA
DESDE HACE MÁS DE MIL AÑOS
De un tiempo a
esta parte nuestros políticos -y
no sólo nuestros políticos- se
muestran muy preocupados porque
el himno de España carece de
letra. Según nos aseguran, los
esforzados deportistas que nos
representan en las distintas
competiciones (-a por ellos oé-
por poner un ejemplo), se
sienten frustrados cuando en sus
tardes de gloria no pueden
cantar el himno. Algo que
debería investigarse no fuera a
ser este el motivo por el que
siempre caen en cuartos. Ya
saben, comienzan el partido
disgustados y eso imposibilita
que salga la furia española.
Otros, sin
embargo, se ven poco reflejados
en una bandera escogida al azar
por cierto rey, que prefirió el
gallardete que lucían sus barcos
de guerra en detrimento de los
mercantes (anda que si llega a
elegir la de estos últimos y los
catalanes se quedan sin
insignia). Tampoco les llega muy
adentro un himno que, según nos
cuentan, es una marcha prusiana
regalada por no se quien al rey
y que se usó para levantar la
moral de los soldados
granaderos. Y para colmo, carece
de letra.
Así
están las cosas. Ni los que la
adoran, ni los que la rechazan,
se han preocupado de
buscarle letra y nos hemos
colado en el siglo XXI
conformándonos con un
chunta chunta
cachondete, si queremos mover
los labios cuando suena el
himno.
Y
ahora viene lo
peor. Resulta que aquellos
especimenes raros a los que les
da por investigar la historia de
Andalucía, han descubierto que
el himno de España tiene letra.
Y una letra que se remonta a
muchos siglos atrás.
Retrocedamos a esa época y lo
cuento.
Allá por el año
1085 nace en Zaragoza
Abu Bakr Muhammad Ibn Yahya Ibn
al-Saig Ibn Bayya
más conocido por Ibn
Bayya, o mucho más
por su nombre latino: Avempace.
Destacó como filósofo,
comenzando la recuperación de la
doctrina aristotélica, labor
continuada posteriormente por
Averroes. Escribió, asi mismo,
tratados de botánica, medicina,
física y astronomía. También fue
reconocido en vida como un gran
músico. Su influencia es
perceptible en muchos filósofos
posteriores, tanto musulmanes
como cristianos. Los manuscritos
de sus obras se conservan en
algunas de las mejores
bibliotecas del mundo.
Precisamente
sus dotes para el canto y la
música (el prestigioso arabista
García Gómez lo cree el inventor
del zéjel) le valieron el
reconocimiento de los poderosos,
llegando a desempeñar el cargo
de visir de Zaragoza. Cuando en
1118 los cristianos ocupan la
ciudad, se ve obligado a
exiliarse en Játiva, marchando
posteriormente a
Almeria y Granada.
Ciudades donde comienza la labor
por la que lo citamos en este
artículo: su trabajo como
recopilador de música andalusí.
Entre las
diversas composiciones
que guardó para la posteridad
destaca una
nuba que aún hoy se interpreta popularmente en el norte de
África como seña de hospitalidad
al viajero. (Recordemos que el
romano Plinio destacó
precisamente la hospitalidad
como la cualidad identitaria de
los habitantes de Andalucía).
Esta nuba tiene una hermosa
letra de amor que os incluyo a
continuación y una "jarcha" o
estribillo que dice:
"Contemplar tu belleza vivifica
mi corazón", frase
que encontramos dos siglos
después en una de las cantigas
escritas por Alfonso X "El
Sabio". (No sólo plagiamos en la
actualidad). Y ahora viene lo
más asombroso: su música es
exactamente igual a la del himno
de España.
En
consecuencia, el himno
español no proviene de una
marcha militar extranjera del
siglo XVIII, sino de un poema de
amor andalusí (andalusí, ni
árabe, ni moro, como podría
deducir algún bienpensante) que
han cantado por
igual musulmanes, judíos,
cristianos, paganos y
ateos desde el siglo XI. Y, como
todo lo que hace referencia a
Andalucía, no nos habla de
guerras, ni de rencores, ni de
enfrentamientos, sino que se
trata de una espléndida
composición musical donde se
exalta el amor y la belleza.
Por si alguien
lo quiere cantar, ahí va la
letra.
Que
la disfrutéis.
Acaso la
perfección de la belleza
no te dejó ver
el cansancio de mi mente.
Aquel que te
envió me respondió
con la
somnolencia de mis párpados.
seguí con las
hermosas y vivo esclavo de mis
deseos.
¡Si pudiera ver
con mis propios ojos a mi
Señor!,
¡ay! Si pudiera
verlo.
Contemplar tu
belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tú
que das la vida al desfallecido,
tu amor me
agotó.
Tu belleza
hermosa, por su hermosura es
bella,
guía y
seductora, locura para el que
agoniza de amor.
Aquello que era
guía se convirtió en un sueño,
y antes de caer
en el amor, él me dominó,
me venció y gozó
con su dominio,
penetrando en mi
cuerpo.
Quise ser sumiso
y no atendió mi deseo.
Si me hubiera
escuchado, o hubiera estado
cerca de mí,
con su ayuda me
habría rescatado.
Contemplar tú
belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tu
que das vida al desfallecido,
tú amor me
agotó.