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MANIFIESTO DE LA NACIONALIDAD
CÓRDOBA, 1919
Texto acordado por el Directorio Andaluz de Córdoba
el día 1 de Enero de 1919
y refrendado por la Asamblea Autonomista
reunida en Córdoba el 23 de marzo del mismo año.
A los representantes en Cortes, Diputaciones provinciales, Ayuntamientos,
Universidades, Institutos y Escuelas, Centros Obreros, Museos, Cámaras y
Asociaciones Culturales, Agrícolas, Industriales y Comerciales y a todos los
habitantes del territorio andaluz:
Ciudadanos andaluces:
Nuestra voz quiere llenar de imperativos de vida clamorosa y palpitante el
silencio de muerte de vuestras conciencias calladas; quiere fundir los
espíritus de todos vosotros en un poderoso vibrar inspirado por nuestra
permanente afirmación.
Sentimos llegar la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente
el acabamiento de la vieja España, la cual va a desvanecerse como una sombra
antes de que concluya este instante solemne de la vida mundial: puente entre
la eternidad de un pasado de locura, manchado de sangre y vestido de
artificio, y la eternidad de un porvenir consciente de la finalidad creadora
de la vida universal, a cuyo cumplimiento se ordenarán, con intensos
fervores, las eficiencias puras de las energías humanas.
Ante el fatal advenimiento de esta hora decisiva, nosotros queremos
intensificar en este territorio yermo y silencioso, cementerio que pueblan
espíritus apagados, nuestra labor creadora de un pueblo vivo, bullicioso y
feliz, que irradie con su actividad potencialidades progresivas para las
nuevas eras.
Nosotros, conscientes de nuestra misión vital, invitamos fervorosamente a
todos los andaluces a que, recordando como un acicate su gloriosa historia,
no de guerras, sino de maravillosas civilizaciones pasadas, colaboren en la
batalla nuestra; a que sientan un anhelo intenso y poderoso de vida propia y
distinta, considerándose cada individuo factor activo de la Historia nueva;
a que fundan, sin temor al servicio, ese anhelo de eternidad que constituye
el fondo último de todos los seres, con el objetivo de una posteridad
triunfante, la cual únicamente podrá perpetuar la vida nuestra, depurada por
el dolor, dignificada por la libertad y santificada por la justicia.
Para esto requerimos a todos los habitantes de Andalucía, a fin que
proclamen y de que vehementemente defiendan los fundamentos siguientes:
Primero: Abolición de los Poderes Centralistas.
La necesidad de mantener y de fomentar a todo trance la general tensión
alcanzada por los espíritus de todos los españoles durante los sucesos de
junio y agosto de 1917 y durante los de marzo de 1918, así como la creada
posteriormente con motivo de los últimos acontecimientos políticos
nacionales, aspirando a una renovación integral de la vida española.
Desperecemos del todo nuestro sueño secular. Hemos entreabierto los ojos
unos instantes, entreviendo horizontes de dignificación. Hemos sentido
varias veces una salvadora expectación, antecedente de una revolución
purificadora. No volvamos a dormirnos en la abyección de nuestra existencia
pasada. Todos los pueblos del mundo han sentido desgarradas sus entrañas y
han producido dolorosamente una vida nueva.
Desgárrese también la vieja España. Seamos fuerzas impetuosas, elaboradoras,
en la interna agitación de una nueva vida hermana a la que va a triunfar en
el mundo.
Sean cuales fueren los procedimientos de que hubieren de valerse para
mantener su dominio los Poderes Centralistas depredadores, estos Poderes
deberán, con escarnio, ser abolidos.
Declaremos a los representantes del régimen actual y sus procedimientos,
incompatibles en absoluto, por su inconsciencia e inaguantable contumacia
con las aspiraciones generosas de renovación. Una barrera impenetrable de
intereses políticos o partidistas o plutocráticos, consustancial de la
conservación de dinastías arcaicas y de oligarquías inmundas, impide el
advenimiento de las nuevas condiciones, contradictorias de absurdos
privilegios.
Rechacemos la representación de un Estado que nos deshonra, sosteniendo
regímenes arcaicos y feudales en todos los órdenes de la Administración: en
la Hacienda, en la Enseñanza, en la Justicia. Poderes que mantienen Códigos
sancionadores de bárbaras costumbres privadas, por los cuales la sociedad
salvaje de este territorio ejerce una tiranía espiritual mil veces peor que
la económica y que la política, sobre los hombres cultos que se preguntan si
este país es una patria o un establo.
Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y
pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre
todo, los sagrados fueros de la libertad; de ese Estado que nos descalifica
ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos
extranjeros. Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio o
al perecimiento; esto es, al vacío del olvido absoluto en donde el recuerdo
del mal se extingue, a esas castradas generaciones antecedentes, que nos
hubieron de legar la deshonra de este Estado, por no haber concebido ni
ejecutado en su inconsciencia, en su cobardía o en su maldad, el esfuerzo
generoso que exigía de ellas la esperanza de una posteridad feliz.
Reneguemos de los padres que despreciaron a los hijos, viviendo con la
España antigua la historia estéril para el progreso humano de un pueblo
inspirado por dogmas sombríos de muerte, que hiciera cruzada contra la
naturaleza y la vida, forjando para España y para los españoles de hoy la
prevención y el menosprecio universales.
Hay que romper la secular barrera y hay que romperla ahora o nunca. Ved que,
con ser ínfima la cultura y la capacitación del pueblo, es mucho menor la de
los hombres representantes de los regímenes que imperan. Rechazad la tiranía
del interior, la más degradante de las tiranías.
Segundo: Andalucía, libre.
En todas las regiones o nacionalidades peninsulares, se observa un
incontrolable movimiento de repulsión hacia el Estado centralista. Ya no le
vale resguardar sus miserables intereses con el santo escudo de la
solidaridad o unidad, que dicen nacional.
Aún las regiones que más aman la solidaridad, como sucede a Andalucía, van
dándose cuenta de que los verdaderos separatistas son ellos: los que
esparcen recelos con relación a pueblos vivos, como Cataluña o Vasconia, por
el delito horrendo de querer regir por sí sus peculiares intereses. ¿ Qué
diríais de un individuo o de una familia o de un pueblo cualquiera, que
afirmara su voluntad de vivir, de regir su patrimonio, de usar de su propia
lengua, de dictar reglas privadas para el gobierno de su propio hogar y que
afirmara al mismo tiempo su deseo de solidarizarse con los demás individuos,
familias, ciudades o pueblos, manteniendo la unidad o la sociedad para los
fines sociales, como la representación exterior, como los servicios y
negocios que no sólo a unos de ellos, sino que a todos por igual afectan?
¿Ibais a ser tan dementes que llamaseis al individuo o pueblo que así
obrara, egoísta, criminal o antisolidario? Pues esto hacen hoy los
centralistas con las regiones que quieren desarrollar su propia vida fuera
de la acción negadora de un Estado incapaz.
El Estado oligárquico las ataca, porque precisamente esas regiones quieren
proceder a la reforma de su organización para hacer compatible la libertad y
el derecho de todos y para estar representados todos dignamente.
Del mismo modo calumniaron y vejaron también, esos Poderes, a Portugal, y
Portugal huyó fuera del seno de la familia hispana. Esto hicieron con la
América del Sur y la América del Sur repugnó la solidaridad, sustrayéndose a
la tiranía de la metrópoli; esto hicieron con Cuba y Cuba buscó apoyo contra
España en la libre Norte América; esto quieren hacer ahora con las regiones
que llaman separatistas; enconando con respecto a ellas, odios y diferencias
afectivas, antecedentes del disgregamiento. A un individuo se le encierra en
una prisión y, como pueda, de ella se escapa; a una familia, como sucede en
nuestros municipios andaluces, se la persigue por el cacique, se le niegan
los medios de vivir con justicia y dignidad y se alejará, como tantas se
alejan, maldiciendo del municipio, de la manada de hombres cobardes que
tales crímenes conscientes. Con este procedimiento se desintegrarán todas
las nacionalidades vivas de Hispania. No podrán contener sus ansias de
libertad la acción opresora de los poderes centrales, porque éstos ninguna
esencia representan y los nacionalistas de todas las regiones van movidos
por una fervorosa esencia de liberación, siendo impotentes las armas y los
ejércitos todos ante la fuerza avasalladora, incontrastable, que expansiona
los ideales de liberación oprimidos.
Andalucía quedará sola. Las demás nacionalidades van afirmándose y Andalucía
se verá también en la necesidad de vivir por sí; es decir, de procurar su
propia vida y progreso, si no quiere ser vilipendiada más que lo fuera hasta
ahora.
Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a
todos sus hijos a luchar juntos por su común redención. Lo es también porque
la Naturaleza y la historia hicieron de ella una distinción en el territorio
hispánico. Lo es también porque, lo mismo en España que en el extranjero, se
la señala como un territorio y un pueblo diferente. La degeneración de
Andalucía será la de todos vosotros. Un pueblo abyecto y cobarde es un mero
compuesto de individuos indignos y cobardes también.
Nosotros, por esto, estamos fundidos con aquella expresión de la Asamblea
Regionalista de Ronda que proclamó a Andalucía como una realidad nacional,
como una patria (patria es un grupo humano que siente las mismas necesidades
y ha de trabajar por satisfacerlas en común), como una patria viva en
nuestras conciencias.
Por eso también, queremos hacer efectiva la prescripción del artículo
primero de la Constitución Andaluza, votada por la Asamblea Federalista de
Antequera de 1883, que aspiró a constituir en Andalucía “una Democracia
Soberana y Autónoma”, la cual subvenga exclusivamente a las necesidades
desatendidas de este territorio y al progreso particular de sus habitantes.
Por eso nos hemos determinado a dirigir a los Poderes Centrales la siguiente
petición:
Los que suscriben, interpretando las aspiraciones de los andaluces
conscientes, los cuales no se encuentran representados por las Diputaciones
y los Ayuntamientos andaluces, Municipios caciquistas, granjas de los
oligarcas de Madrid, al Presidente del Consejo de Ministros, con todo
respeto, piden:
1º.- Que al reformar la Constitución española en sentido autonómico, no se
prive de este Derecho a la Región Andaluza, a la cual deberá otorgársele una
soberanía igual en la intensidad a la solicitada por la Mancomunidad
catalana, en su mensaje último al Gobierno.
2º.- La facultad de constituirse en Democracia autónoma, ordenadamente,
organizando sus Poderes legislativos, Ejecutivo y Judicial, siguiendo para
ello la orientación sugerida por la constitución para Andalucía tomada en
consideración por la Asamblea Federalista de Antequera de 1883 y por la
Asamblea regionalista de Ronda de enero de 1918, en la forma que acuerde una
Asamblea, convocada al efecto, de los Municipios andaluces, integrada por
representantes elegidos por sufragio directo.
No se rechace por extemporánea esta petición, arguyendo que no está
Andalucía capacitada para usar su libertad.
Este es el argumento que se usaba para defender la permanencia de la
esclavitud individual, alegando que los esclavos no estaban capacitados para
ser hombres libres.
No habiendo sido jamás Andalucía entregada a si misma desde la conquista y
dominación cristiana que vino a absorber nuestros jugos vitales y a
esterilizar nuestro genio creador, no puede decirse que sea Andalucía
incapaz de regirse bajo las nuevas condiciones. Cuantas veces fue libre,
creó nuestra Región las únicas maravillosas civilizaciones que existieron en
España. En su último período de libertad, el andaluz salvó de la barbarie
europea la cultura occidental e inspiró a Europa la civilización con que
cuenta hoy en el mundo.
No se conteste que para conceder la autonomía a este Región, necesitaría
tener primero conciencia de su personalidad. La personalidad de Andalucía,
no obstante la negación que de ella hiciera la bárbara dominación, se
destaca hoy más poderosamente que la de ninguna otra nacionalidad hispánica.
Para tener conciencia o visión clara de su personalidad sólo necesita de
soledad para sentirla, de facultades para liberarlas. Andalucía no es un
pueblo de locos y de imbéciles incapacitados. Su incapacidad no es más que
el yugo caciquil al que la oligarquía de Madrid la somete, impidiéndole
pensar en una capacidad que no habría de poder ejercer bajo el yugo del
cacique que Madrid le impone.
La tiranía económica y política que se hubo de desarrollar desde la
conquista de este pueblo, no puede parangonarse con la que pasó sobre pueblo
alguno del mundo. Los andaluces oprimidos perdieron la esperanza de su
libertad y aún se olvidaron de ella. Pero esto no quiere decir que, si llega
el caso de ejercerla, no puedan demostrar los que después de tiranizados,
vilipendiados fueron, que, si hubo un pueblo creador en España, este pueblo
fue el de Andalucía, como lo patentiza su historia, enterrada por los
dominadores y desenterrada hoy por muchos de sus hijos entusiastas, los
cuales se sienten inspirados por la grandeza de la región.
3º.- La facultad de dicha Asamblea constituyente para poder conceder a los
Municipios andaluces la autonomía más amplia.
No creemos a los Poderes Centrales hoy constituidos, capacitados para variar
el régimen de organización general, por lo cual, en forma alternativa, para
el caso de que así se entienda por el Gobierno, pedimos que éste, dándose
cuenta de su situación y del peligro que para la futura federación hispánica
supondría la concesión de autonomías singulares o la actitud de ciertas
nacionalidades, quienes justamente habrán de tomar por sí la libertad que se
les niega, aconseje al Poder Regulador la convocatoria de Cortes
Constitucionales, en las cuales, representadas todas las regiones, puedan
pactar la federación española.
Córdoba a 1 de enero de 1919.
Todos los andaluces deben adherirse a esta petición, bien dirigiéndose a los
Poderes Centrales directamente, bien remitiéndonos su adhesión.
Cuando os inciten a luchar contra las regiones hermanas, luchad por la
libertad de Andalucía.
Queremos libertad, porque los Poderes Centrales jamás resolverán nuestros
urgentes problemas. Planteados y resueltos los tenemos en nuestra
Constitución de 1883.
Queremos resolver el problema del hambre en Andalucía, convirtiendo al
jornalero en labrador y concluyendo con el latifundio y la barbarie de los
terrenos por cultivar. Para esto, conforme a lo votado por la Asamblea
Regionalista de Ronda, aspiramos a absorber en beneficio de la comunidad
municipal el valor social del suelo, negando la propiedad privada de dicho
valor; constituyendo con él la Hacienda natural del Procomún, asegurando la
permanencia en la posesión privada de cultivos, edificaciones y mejoras de
los terrenos y librando de toda contribución o gravamen dichos cultivos,
edificaciones o mejoras, así como toda manifestación del trabajo individual
sobre las tierras.
Queremos que cada Municipio tenga la obligación de mantener un
establecimiento de intermediación comercial de los artículos de consumo, el
cual, sin perjuicio de las iniciativas privadas, vendrá a socializar así
esta manifestación de la actividad, establecimientos que se constituirán
como cooperativas municipales de consumo.
Queremos que los Municipios exploten por sí empresas de todo orden, agrícola
e industriales, sosteniendo granjas y montando fábricas y talleres, dejando
libre la iniciativa individual para el que quiera emplearla en estos fines.
Por la municipalización del valor social del suelo y el establecimiento
forzoso de cooperativas municipales de comercio y por la explotación de
empresas y entidades agrícolas municipales vendríase a operar la
socialización de todas las actividades, sin perjuicio de la iniciativa
particular, que podría seguir desarrollando sus potencialidades. Imposible
sería a un particular competir con una empresa municipal, por lo cual se
operaría la socialización y quedaría al mismo tiempo libre la actividad
particular y, por tanto, con incentivo para explorar los campos nuevos. Esta
solución armoniza todas las creencias y es la verdadera orientación que es
necesario seguir para resolver los que se consideraban insolubles problemas
sociales, los cuales vendrían a quedar reducidos a problemas de
administración.
Queremos excitar el nacimiento de la conciencia colectiva municipal y
concluir con el ominoso caciquismo:
1º.- Por la libertad económica, que vendrá como consecuencia de la
aplicación de las anteriores prescripciones.
2º.- Por el establecimiento del sistema de democracias puras suizo,
consagrando el derecho de petición y las iniciativas de los vecinos: por la
obligación general para todo Ayuntamiento andaluz de discutir los asuntos
importantes del Municipio en lugares como la plaza publica, con turnos de
intervención y discusión para el pueblo.
3º.- Por la autonomía de cada pueblo o municipio, incluso para dictar, con
sólo las anteriores limitaciones y el respeto a los derechos individuales,
sus respectivas constituciones políticas y sus leyes electorales.
Queremos crear en cada cabeza de partido andaluz, escuelas prácticas de
Artes, de Agricultura y de Ingeniería, en armonía con las necesidades de la
Región.
Queremos dotar de absoluta autonomía a los Centros de Enseñanza; instrucción
gratuita en todos sus grados y la enseñanza obligatoria impuesta son severas
sanciones.
Queremos que el Estado Regional mantenga un ejército de maestros y
profesores, con pensiones periódicas en el extranjero, los cuales sirvan las
escuelas y Centros docentes de la Región, aportando a ellos los alientos
civilizadores de Europa.
Queremos que el Estado Regional mantenga un ejército de médicos e
higienistas, que cuiden de la salud de los necesitados y velen por la
salubridad de los municipios y de la Región.
Queremos la reforma de los Códigos arcaicos españoles, amoldándolos al
carácter andaluz y a la expansión de los espíritus libres.
Queremos dignificar a la mujer esclavizada por un bárbaro Derecho que tuvo
en Roma su inspiración y que repugna al genio humano y generoso de
Andalucía, la cual, cuando fue libre, aún bajo el régimen musulmán, dotó a
sus mujeres de consideraciones, libertad y respetos similares a los que hoy
gozan en los países más progresivos del mundo.
Queremos reconocer conforme los artículos 14 y 15 de dicha Constitución, la
independencia civil y social de la mujer. Toda subordinación que para ella
establezcan las leyes quedará derogada desde la mayoría de edad.
Queremos la justicia gratuita y la derogación de las leyes procesales
civiles actuales y su sustitución por el arbitraje obligatorio y el
establecimiento de un cuerpo de Magistrados asesores, encargados de los
Registros civiles de personas o cosas.
Queremos el establecimiento de los Poderes Legislativos, Ejecutivo y
Judicial, conforme a lo prescrito en dicha Constitución, a saber:
- Cámara legislativa compuesta de diputados de población y profesionales o
de clase.
- Ministros designados por el Parlamento.
- Poder Judicial independiente, a cargo de un Tribunal Supremo.
Andaluces: Para esto queremos nuestra libertad; para hacer de Andalucía un
pueblo como siempre fue; el más civilizado y feliz de Europa, el cuerpo de
ejército más esforzado de los creadores de la civilización o de la vida.
Tercero: La Federación Hispánica.
Con ello ganará Andalucía e Hispania.
Amamos la hermandad con todas las nacionalidades peninsulares, incluso
Portugal, que sólo formarán con las demás una potente supernación, cuando
todas ellas sean libres dentro de la unidad; como lo son los Estados
alemanes, dentro de la Federación alemana; como lo son los Estados
americanos dentro de la Federación de los Estados Unidos de la América del
Norte; o los Cantonales suizos dentro de la libre Federación helvética.
Libertad y Federación, para el fin progresivo de todos los pueblos del
mundo. La consagración de este principio ha sido el alumbramiento gigantesco
de la guerra mundial.
Ved que no puede existir unidad o solidaridad sin amor, ni amor sin respeto
mutuo o libertad. Ved que la España uniformista nació muerta porque se fundó
sobre la negación de los jugos vitales privativos de las nacionalidades
hispanas, que constituyeron el alma potente de la España federada.
Desde entonces, desde hace cuatro siglos, la nacionalidad española fue una
sombra de nacionalidad, flotando sobre un territorio inerte, inicuamente
explotado por dinastías extranjeras, con la rapaz colaboración de caciques y
de oligarcas.
Andaluces de todos los campos y partidos: Venid a esta labor, los hombres de
ideas más opuestas, unidos por el ideal de una Andalucía grande y redimida.
Invocamos a todas las clases, principalmente a las obreras, que tienen la
fuerza reformadora del Poder a la orden de su voluntad; a todas, menos a una
pseudo intelectualidad andaluza y española, de espíritu castrado y de alma
cobarde, que abdicó el rango de clase dirigente y sólo sirve para entorpecer
la ideación generosa y la valiente acción.
Y decimos a las clases acomodadas: Ved que en el orden político y social
ofrecemos ordenadamente los avances de una fatal evolución. Ved que el
hambre del pueblo ruge; que su organización está ya operada en casi todos
los pueblos andaluces; que todos los obreros se encuentran ya asociados por
la intensificación en estos últimos tiempos del hambre y de las nuevas auras
de liberación. Si no os apresuráis a hacer justicia, llegará el día luctuoso
en que se liberarán rencores en ineluctables venganzas.
Y decimos a los obreros: El último Congreso Socialista ha votado la defensa
de las autonomías regionales y locales y del principio federativo.
La democracia trabajadora de Oriente, organiza la República federal rusa,
constituida sobre la base de la libre federación de las regiones o
nacionalidades, organizadas en soviets regionales y locales.
Sindicalistas: Venid a defender con la liberación de la Tierra el medio
único que tenéis de ensayar su explotación por los sindicatos obreros y con
los establecimientos de intermediación mercantil municipal, el medio único
que también existe de explotar esta manifestación de la actividad humana en
beneficio de todos, por lo que vendría a ser un Sindicato municipal.
Vengan todos los obreros, sobre todo los campesinos, a defender la
aplicación del sagrado principio de tierra y libertad.
Nuestra voz convoca principalmente a los rudos pastores de las serranías
para que vengan a formar el ejército liberador de Andalucía, con los
famélicos gañanes de las campiñas acotadas.
Campesinos andaluces: Sois los conductores de la Andalucía pura que en las
ciudades vino a mezclar su sangre con la de extraña gente. Vuestra historia
es la historia de Andalucía. Vuestros padres, hicieron de esta triste patria
nuestra un vergel delicioso, en donde los más deleitosos frutos estaban de
balde; en donde todo el mundo sabía leer y escribir, presidido este vergel
por la gloriosa ciudad desde donde os dirigimos nuestra voz: por Córdoba, la
ciudad que condensó el espíritu andaluz, acumulándolo en ochenta
Universidades y Bibliotecas ingentes, como no existen en la España de hoy;
prodigándolo generosamente a Europa, cuya civilización vino a iniciar. De
aquí salió el espíritu que fundó las primeras Universidades europeas. Aquí
la civilización tuvo un asilo inexpugnable, acosado por la barbarie
medieval.
Y vino esta barbarie a dominar por fin a Andalucía. Y, entonces, los
dominadores se repartieron en grandes porciones el suelo de la patria y
expulsaron a nuestros padres, generosos y creadores, a las playas inhóspitas
del África hosca y redujeron a los que quedaron a abdicar su genio rebelde y
creador, encerrándolos como esclavos en esas ergástulas que llaman gañanías,
en donde pena aún su martirio la Andalucía jornalera, la verdadera y triste
Andalucía.
Los caciques territoriales y políticos, por medio de la desamortización, por
medio de contribuciones, vinieron a completar la obra de arruinar al pequeño
labrador que cultivaba intensamente sus tierras, creándose así, junto a los
estados de los nobles, los modernos latifundios.
Mienten quienes digan que Andalucía ríe. La risa de Andalucía es la mueca
del genio enloquecido por el martirio, debilitado por el hambre; de un genio
que tuvo y tiene por fondo un optimismo creador; una santa alegría de vivir,
caricaturizado hoy por una larga tragedia de miseria y sufrimiento.
Es cien veces más horrible que el llanto, la risa trágica de la degradación.
Andalucía no ríe, llora. Llora al ver a sus hijos, tambaleándose de hambre y
de dolor, emprender el camino amargo que a la emigración conduce, buscando
tierras que ella no puede darles, porque entre unos cuantos señores la
esclavizaron; llora cuando percibe a sus niños jornaleros que atisban con
ansia un pedazo de pan, consumida la niñez en las rudas faenas del campo;
llora cuando contempla a sus mujeres jornaleras, implorar en los hogares
desolados, guaridas de la miseria y de la muerte, en los tristes días de
invierno, y a sus evocaciones no se responde con el alimento que la
prostitución les dona por la mano de señoritos casineros, dueños de la
tierra y herederos de los nobles haraganes; llora cuando las ve deformándose
los cuerpos juveniles en bestiales faenas campesinas, impropias aún de
hombres fuertes; llora cuando cuenta el noventa por ciento de su población
esclavizada por el bárbaro latifundio; cuando en ese noventa por ciento de
jornaleros, ella misma se contempla, humillada y hambrienta, en la sucia
gañanía.
Dicen que los cantares andaluces son evocaciones a la muerte: ¿qué otro
refugio que la deshonra y la muerte dejaron a esta diosa excelsa humillada,
que se llama Andalucía?
Andalucía no ríe: llora. Los españoles no lo ven; los extranjeros sí.
Campesinos andaluces: El escándalo de vuestra existencia miserable ha pasado
la frontera y, pregonado por escritores extranjeros, es la vergüenza trágica
de España y de Andalucía. ¡Arriba los corazones! ¡No emigréis, combatid! La
tierra de Andalucía es vuestra. ¡Recobrad la tierra que vino arrebataros la
dura dominación! ¡Perezca la gañanía y tenga Andalucía un hogar riente y
feliz en la granja limpia de los estudiosos campesinos! Sois vosotros los
que habéis de redimiros. Vuestra redención es la de la patria nuestra.
Organizaos al requerimiento de nuestra voz. No os constituyáis en banda
desorganizada, sino en ejército regular.
Andaluces todos: La hora ha llegado de reanudar vuestra interrumpida
historia. Andalucía es Bética que produjo para la humanidad los mejores
hombres de ciencia y los emperadores más humanos y filósofos; es al-Andalus
que salvó la civilización del mundo, creada por la primitiva Andalucía. Sed
dignos de la grandeza pasada.
Organizaos, y como los andaluces de 1835, por la Junta Regional de Andujar,
imponed la reforma de los Poderes Centrales españoles; tomaos vuestra propia
libertad; acordar las medidas de vuestra propia redención y sed el pueblo
más eficiente en los Estados Unidos de España. Sea vuestro grito de combate
y de victoria: ¡Por Andalucía, por España y la Humanidad!
Córdoba, 1 de enero de 1919
Blas Infante.- Por el Centro Regionalista Andaluz de Jaén: Inocencio Fe,
Emilio Álvarez, Juan García Jiménez, Manuel Rosi (Secretario). Por el Centro
Regionalista Andaluz de Córdoba.- Dionisio Pastor, Eloy Vaquero, Francisco
Azorín, Francisco Córdoba.
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