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Reflexiones sobre el
andalucismo político y el andalucismo cultural
al hilo de los resultados electorales del 27 de mayo
Según las encuestas sociológicas que se vienen haciendo por distintos
organismos y medios de comunicación desde la transición para acá,
aproximadamente hay un 20% de andaluces (porcentaje que varía poco de unas
encuestas a otras) que se declara más andaluz que español, o simplemente
andaluz. Si interpretamos bien el dato, podemos entender que existe al
menos ese 20% de ciudadanos andaluces que se podrían considerar como
andalucistas, al menos también, cultural y socialmente.
El por qué esa clara conciencia de identidad cultural no se refleja en las
urnas dando un apoyo político, cuando menos en esa misma proporción, a los
partidos autocalificados como nacionalistas andaluces es algo que nos
intriga. Posiblemente se deba a que estos partidos no se preocupan de
remarcar en sus actuaciones y en sus discursos los temas identitarios. Y
quizás no lo hagan por el miedo a ser calificados de folclóricos, catetos,
insolidarios o, lo peor, nacionalistas.
Hay una realidad constatable, la militancia de los partidos autocalificados
de andalucistas, ya no es lo que era. En los últimos años han ido entrando
en ellos, auspiciados por las direcciones, una serie de señores, muchas
veces rebotados de otros partidos, que lo único que buscan es un puesto en
las listas para entrar en política. La mayoría de las veces, estas personas
no tienen ninguna formación andalucista, y lo que es peor, sin empeño
ninguno en tenerla. (Todavía resuena en mis oídos las declaraciones de un
dirigente andalucista que se vanagloriaba de no haber leído nunca a Blas
Infante). Hemos de constatar también que generalmente, el poco poder
político que han llegado a tener estos partidos, casi nunca se ha puesto al
servicio de una concienciación andaluza (a pesar de que es un mandato a
las administraciones públicas emanado del Estatuto de Andalucía y a pesar de
lo que dicen sus propios estatutos).
Dentro de los muchos problemas y equivocaciones que durante los últimos
treinta años ha tenido el andalucismo, podemos considerar éste el principal
con diferencia: la inoperancia de los partidos políticos andalucistas.
Aunque si somos optimistas, podemos constatar que todavía hay mucho
andalucismo, a pesar de ellos.
Otro de nuestros grandes hándicaps es el nacionalismo español. A este
respecto hemos de remarcar la dificultad para el andaluz medio de discernir
entre lo “español” y lo andaluz, por la utilización que hace el nacionalismo
español del estereotipo andaluz. (Un catalán, un gallego, un canario, un
vasco… distingue claramente entre sus marcadores identitarios y los del
“nacionalismo español”).
La estrategia del nacionalismo español en Andalucía está enfocada a
desmantelar todo lo relacionado con la identidad de Andalucía. La
apropiación (solo aparente) de algunos elementos visuales de lo andaluz por
parte de los partidos españoles, unido a la ambigüedad en la reivindicación
identitaria de los partidos andalucistas ha hecho que un andaluz medio no
llegue a distinguir con claridad entre el mensaje de los partidos
“españolistas” y los “andalucistas”.
También la oposición hostíl de la gran mayoría de intelectuales andaluces
y del poder económico que controla los medios de comunicación en
Andalucía a todo lo que huela a identidad andaluza, impide a los andaluces
reconocerse como tales.
Y por último: la clara estrategia desde la Junta de Andalucía frenando la
conciencia andaluza. Estrategia que podemos resumir en:
- La loapización del Estatuto andaluz
- El incumplimiento de todos los artículos del Estatuto que se refieren a la
identidad y estructuración de la identidad andaluza. (comarcalización, habla
andaluza, policía autonómica…).
- La consigna de llamar al gobierno del Estado, “gobierno de la nación” y a
Andalucía siempre región.
- La coincidencia de las elecciones andaluzas con otras.
-etc…
Pero, repetimos, debemos seguir siendo optimistas. Si a pesar de todos estos
elementos en contra, existe andalucismo y andalucistas, aunque las más de
las veces nos dediquemos a pelearnos entre nosotros en vez de que hacer
cosas en común. ¿Os imagináis si los partidos andalucistas trabajaran de
verdad por la concienciación del pueblo, si tuvieramos algún poder político
para obligar a las instituciones a cumplir el Estatuto, y si existiera un
mínimo poder económico que se vinculara con el Ideal Andaluz?
¿Imposible? Recordemos a José Aumente: ¿Acaso no existe en nuestra
comunidad una minoría lo suficientemente lúcida, lo imprescindiblemente
seria, lo necesariamente honrada, como para liderar un proyecto colectivo? ¿
Cómo es posible que no se despierte una vergüenza movilizadora y una fuerza
de indignación suficiente para poner en marcha a nuestro pueblo?
Análisis realizado por Paco Albadulí,
Consejo Nacional de Asamblea Nacional de Andalucía
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