ANÁLISIS EFECTUADO POR EL CONSEJO NACIONAL DE ASAMBLEA NACIONAL DE ANDALUCÍA REUNIDO EN LA CIUDAD DE MARCHENA EL 15 DE MARZO DE 2008


 

El andalucismo político se encuentra en estos momentos sumido en la crisis más profunda desde su recuperación una vez finalizada la dictadura fascista. Esta situación, que se mantenía larvada desde hace ya varios años, se ha agudizado a causa de los resultados obtenidos en las elecciones celebradas el pasado 9 de marzo.


 

Podemos dejarnos llevar por el abatimiento y convertir la crisis en catástrofe sin solución o podemos trabajar teniendo muy en cuenta todo lo sucedido y convertir la crisis en catarsis.


 

Primera conclusión: El andalucismo político está en crisis profunda, el andalucismo cultural y social, no. Continúa donde siempre, aguantando las embestidas del sistema y sus pocos miembros perseveran con el mismo ánimo y espíritu. El Ideal Andaluz, por el que tanto luchó la Junta Liberalista de Blas Infante, sigue vigente.


 

Segunda conclusión: Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar la desaparición del andalucismo político. Y ello pasa por trabajar por la unidad de todas las organizaciones andalucistas.


 


 

ANÁLISIS ELECCIONES CELEBRADAS EL 9 DE MARZO


 

Desde hace muchos años el andalucismo ha sido criticado por tener siempre los mismos dirigentes, carecer de ideología y estar en una constante pelea. A estas elecciones se presenta una nueva generación, recalcan su ideología andalucista y se efectúa la unidad de todo el andalucismo. El electorado premia este esfuerzo votando en menor proporción que en cualquier otra elección. ¿Cómo se puede explicar?


 

Para intentar comprender y valorar todo lo sucedido, nuestro análisis debe ser sereno, estudiando todos los parámetros y sin engañarnos a nosotros mismos, ya que los errores que cometamos ahora nos pasarán factura dentro de cuatro años… cuando de nuevo no haya solución.


 

Las causas de cualquier fracaso son siempre varias y variadas, nunca se puede buscar un único culpable ni un único motivo ha originado el problema. Teniendo claro esto, podemos resumir las causas en cuatro (con más o menos intensidad cada una), aunque, según creemos, la última es la que provoca la eutanasia a un enfermo crónico desde hace muchos años.


 

1º.- El andalucismo político está malsano y debilitado desde hace treinta años, lo que le origina problemas graves con cualquier contratiempo. No es algo de ahora, todos los anteriores dirigentes tienen su alícuota parte de responsabilidad. ¿Cuánta culpa de lo sucedido se puede achacar a tantos años haciendo una exclusiva acción política mientras se menospreciaba la cultura, historia e identidad del pueblo andaluz? ¿Cuánta culpa tiene el haber copiado la forma de hacer política de los partidos centralistas, olvidándose del nacio-nalismo andaluz, paradójicamente lo que nos daba ventaja sobre los demás, y que no se ha sabido aprovechar? ¿Cuánta culpa tienen los ocho años partici-pando en el gobierno de Andalucía con beneficio público para quienes formaban parte del gobierno, pero sin rédito alguno para el pueblo andaluz?


 

2º.- Las elecciones en Andalucía están deformadas. No se vota “a favor de”, sino “en contra de”. Voto al PSOE para que la derecha no llegue al poder. El voto no es por amor al PSOE sino por odio a la derecha. Cuando en otras comunidades existe la divergencia Comunidad Autónoma - Estado, aquí el PSOE ha logrado mantener una falsa dicotomía izquierda-derecha. Para colmo, no se discuten los propios problemas de la nación, sino los del Estado. Aquí está la clave que el andalucismo político no ha visto cuando se presentó la campaña “Andaluces por unas elecciones propias” poco antes de comenzar la campaña electoral, sin que nos volcáramos en ella.


 

3º.- Coalición Andalucista ha sufrido durante la campaña electoral dos tipos de boicots: El del régimen con sus medios afines y el de -mucho más grave- algunos de sus dirigentes y cargos públicos. Mucha parte de los malos resultados obtenidos se debe, sobre todo en las provincias de Cádiz y Granada, a esta campaña de desprestigio. Y ahora los mauleros, con el mayor descaro, exigen cabezas. Sorprendentemente, la dirección nacional del Partido Andalucista, les deja hacer, antes y ahora.


 

4º.- Una precampaña y campaña electoral nefasta. De la que, en palabras del secretario general del PA Julián Álvarez, se sale peor que se entró. Personas presentes en toda la campaña, la resumen así: “Mala previsión financiera, deficiente organización, mucha improvisación, problemas internos durante la campaña, candidatos mal asesorados y desatención a los medios de comunicación”. Cuando, ahora más que nunca, se hacía necesario realizar una campaña seria, quien la dirige la hace presidencialista y la vuelca en el humor y en el desenfado. Como ejemplo, el candidato aparece en los spots de la provincia de Cádiz diciendo “picha”.


 

Estamos convencidos de que una campaña electoral nunca debe ser resultado de una “genial” idea aislada, ni hacerse en función de las preferencias de nadie. Ni siquiera debemos continuar creyendo que dura quince días. Una campaña electoral dura cuatro años, porque es y debe ser el elemento final de una estrategia. Aquí no ha habido estrategia en la que basar la campaña, ni siquiera ha habido estrategia en la campaña. Sólo ha habido mucho personalismo y más improvisación, no únicamente en lo funcional -que también, y mucha- sino en lo argumental. La campaña ha sido un hecho aislado, ocasional, que no respondía a ninguna línea política trazada previa-mente, en la que poder basar un mínimo hecho ideológico.


 

Finalmente, el presentar un nombre y unas siglas nuevas dos meses antes y minimizarlo durante toda la campaña, destacando en la papeleta electoral las siglas PSA, y, para colmo, no realizar el mailing, ha sido clave en todo lo sucedido. No vimos la necesidad de hacer ver al electorado dónde estaba el voto andalucista.

 


 

ANÁLISIS DEL FUTURO


 

Constatando la necesidad y vigencia del andalucismo político, se hace obligada su reconstrucción, pero nunca como en otras ocasiones, donde las prisas, los consejos interesados y los intereses personales, edificaron sobre indefiniciones ruinosas, ahora debe ser con unos cimientos firmes y fuertes. Lo hemos perdido todo, de acuerdo, hasta el miedo.


 

Apostamos, decidida y claramente, por la unidad del andalucismo en función de nuestra identidad como andaluces, como pueblo y por la defensa de nuestros derechos y patrimonio.


 

En primer lugar, tanto el Partido Andalucista como el Partido Socialista de Andalucía deben solucionar sus problemas internos a la mayor brevedad posible. Y las pequeñas formaciones nos debemos dar cuenta del lugar en el que nos encontramos y de cual es nuestra contribución al proyecto. Si tenemos claro cual es la posición y la responsabilidad de cada uno, todo será más fácil.

 

En segundo lugar, analizar la composición de las formaciones que nos coaligamos. En este aspecto, hemos detectado hasta siete grupos diferentes en función de su ideología:


 

  • Moderados en nacionalismo y moderados en izquierda.

  • Avanzados en nacionalismo y avanzados en izquierda.

  • Muy moderados en nacionalismo y muy radicales en izquierda.

  • Nacionalistas, de izquierdas y republicanos.

  • Ni nacionalistas ni de izquierdas.

  • Ecologistas.

  • Sin ideología. Les da lo mismo andalucismo que budismo con tal de ocupar un puesto dirigente.


 

¿Cómo podemos unir todas estas posiciones, a veces encontradas, en una única formación política? ¿Cómo podemos hacerlo con la celeridad suficiente antes de que aparezcan los salvapatrias y se apoderen del andalucismo?


 

Aún más. Existen diferentes proyectos personales: para algunos el partido es un camino para su satisfacción y avance personal, para otros, es un camino para el desarrollo y progreso de Andalucía. Asimismo, no podemos obviar que hay grupos de difícil integración por sus posturas, su radicalidad en las formas y su negativa a dejar la “imagen de marca”. También estamos quienes vemos en la identidad y la cultura la clave para la cohesión del nuevo proyecto y quienes directamente opinan que son “pamplinas”. Finalmente, y muchas veces se convierten en gravísimos problemas sin solución, están los enfrentamientos personales enquistados desde hace muchos años, sobre todo entre las dos principales formaciones. Obviando este último punto, los dos partidos mayoritarios podrían errar pensando en que ya no necesitan de los minoritarios, cuando son estos últimos, precisamente, los que dan credibilidad y consistencia al proyecto.


 

Después de diversas intervenciones y de estudiarlo profundamente, hemos llegado a la conclusión de que, actualmente, la unidad en torno a un único partido político presentaría tres graves problemas: En primer lugar, las diferentes posiciones ideológicas y los problemas personales harían muy difícil tanto la elaboración de un proyecto unitario como la convivencia en el día a día. En segundo lugar, la posible desaparición de la actual dirección del PA y su sustitución por quienes se encuentran al acecho, significaría la vuelta a las actitudes que han provocado la situación en que nos encontramos y la proscripción de todos los que apostamos por el proyecto unitario. En tercer lugar, en caso de prosperar el proyecto, manteniéndose los actuales dirigentes, no solucionaríamos nada, ya que los perdedores del congreso provocarían uno o varios cismas y volveríamos a ver diferentes partidos -cada uno más andalucista que el anterior- cuya único objetivo sería la derrota del partido hermano y dispuesto a cualquier componenda con tal de hacer daño al andalucismo. Después de todo este trabajo, en cualquiera de los dos casos volveríamos a estar, no como antes, sino mucho peor.


 

Mientras, el PSOE vigila y no es ajeno a nuestros problemas. La desapa-rición del andalucismo y el robo de sus siglas, les hace soñar con mil años de poder.


 


 

ANÁLISIS DE POSIBLES SOLUCIONES


 

Llevamos muchos años de atraso en la organización de un movimiento andaluz. Esto, que es malo, podemos volverlo a nuestro favor. Los demás pueblos llevan varios años organizados. Tanto catalanes (CIU) como gallegos (BNG) han optado por la federación, y, en el caso vasco, por la coalición en momentos precisos (PNV y EA) o la federación (HB ó NA-BAI). Y a todos les ha dado resultado. Tenemos aquí una amplia diversidad de soluciones. Se han unido con más o menos intensidad, pero a ninguno se le ha ocurrido fusionarse en una única formación monolítica. ¿Podemos aprender nosotros en la expe-riencia de otros?


 

¿Podemos aprender, también, de los errores de IU? Se hace una fede-ración para evitar la desaparición del PC. Nace, con una ilusión tremenda, como organización social y política, agrupando, además de diferentes partidos, a gente diversa e independiente, pero, poco a poco, va desapareciendo el componente social, los partidos abandonan, el PC paga y manda, se deshace de los independientes y se echa en manos del PSOE. ¿Lo haríamos nosotros igual?


 

En nuestro caso, el respeto sería la clave para que la solución diera resultado. Respeto de unas organizaciones a otras y respeto a las personas en igualdad de condiciones. Nadie deberá creerse en posesión de la verdad, despreciando la opinión de otros, por muy pequeños que estos sean. ¿Sabremos hacerlo?

 

La actitud mostrada por todos durante los meses en que ha estado vigente la Coalición Andalucista nos puede servir de guía. Respeto. Y cada uno en el lugar que le corresponde o que voluntariamente ha decidido ocupar.


 

Nuestra propuesta: Desde Asamblea Nacional de Andalucía creemos que la unidad en una federación de partidos, en la que, repetimos, cada cual tenga muy claro el lugar que debe ocupar, es la solución más acertada y positiva.


 

Una declaración de principios y unos estatutos que, mostrando la solidez de los ideales que nos unen y basados en la reconstrucción de nuestra economía y en el conocimiento de nuestra identidad y cultura, sean lo suficientemente amplios y abiertos para que todos puedan estar de acuerdo con ellos.


 

Asimismo, debería estudiarse la posibilidad de que a la federación pudieran pertenecer personas a título personal, sin necesidad de estar afiliadas a ninguna de las organizaciones. A medida que estas aumenten, el proyecto se consolidará y triunfará. Si sucede como en IU, que poco a poco los van echando, habremos fracasado.


 

Posteriormente, el tiempo nos dirá si debemos ir hacia la fusión en una única organización política. Mientras tanto, desde la federación se trabajaría en crear el fondo necesario para hacer posible esa unión. Hacer una base nacionalista, fundada en la identidad y la cultura andaluza, en un “querer hacia el Pueblo”, recordando las palabras de Blas Infante: “ser antes educadores que políticos”.


 

El punto clave de esta idea sería la consolidación de un proyecto por Andalucía. Y ese proyecto deberá basarse en el andalucismo. No llegamos a cuestionarnos la posibilidad de obtener mejores réditos electorales si obviamos nuestra ideología andalucista, porque, en ese caso, ¿para qué queremos tener representación y poder?


 

Desde Asamblea Nacional de Andalucía nos ofrecemos a todas las organizaciones políticas andaluzas para, si lo ven factible, explicarles y ampliarles el proyecto, tanto en sus ideales como en su desarrollo práctico.