La otra
historia del 28-F
A pesar
de que los partidos andaluces habían firmado el pacto de
Antequera en 1978 para conducir la Autonomía andaluza
por la vía más rápida y de máximas competencias, parece
que esos ánimos de premura autonomista de los partidos
“nacionales” se fueron enfriando en sus cuarteles
generales queriéndose reconducir el proceso autonómico
al “espíritu” del Título VIII de la Constitución que
contemplaba dos clases de autonomías: Una auténticamente
política que preveía además de un Consejo de Gobierno,
un Parlamento elegido por los electores de la Comunidad
y un Tribunal de Justicia. En este tipo de Autonomía
política entrarían las Comunidades llamadas “históricas”
por haber refrendado su Estatuto en la II República. Y
otro tipo de autonomía de carácter administrativo en el
que solo se contempla una mera descentralización
administrativa.
Pero en la Constitución se dejaba la
puerta entreabierta a que otras Comunidades pudieran
acceder a este tipo de Autonomía superando una serie de
requisitos legales entre los que estaba la celebración
de un referéndum que debía ratificar la iniciativa
autonómica, según el artículo 151.1 de la Constitución
mediante “el voto afirmativo de la mayoría
absoluta de los electores de cada provincia en los
términos que establezca una ley orgánica.”. Pero
como esta puerta les parecía a los partidos “nacionales”
que estaba demasiado entreabierta y alguien podía
colarse por ella, estos partidos (PSOE, UCD, PCE)
idearon una ley de modalidades de Referéndum (aprobada
dos meses antes de la consulta) en la que se exigía para
la ratificación de la iniciativa autonómica la
aprobación de la mayoría del Censo de cada
provincia. Una decisión de dudosa constitucionalidad y
sin precedentes en los países democráticos. Es por esta
ley por lo que en Andalucía votaron en contra de la
iniciativa autonómica, no sólo los que estaban a favor
del No y de la Abstención, sino también los pasotas,
enfermos, ausentes y difuntos que estando en el Censo no
pudieron acercarse a votar a las urnas.
Cuando los partidos aprueban la Ley de
Referéndum saben que están votando una ley para que no
saliera adelante la iniciativa. Nadie en las cúpulas de
esos partidos imaginaba que pudiera salir adelante un
Referéndum con esas leoninas condiciones.
Pero a pesar de esas increíbles reglas
de juego que se habían aprobado, algo debe alarmar a los
“defensores de los intereses de Estado” que un mes y
medio antes del Referéndum el partido del Gobierno
decide hacer pública su decisión (supuestamente tomada
con antelación) de abstenerse (lo que en realidad
supone oponerse) en el Referéndum andaluz a pesar de que
habían propiciado con su voto afirmativo la adhesión del
97% de los Ayuntamientos a la iniciativa autonómica
andaluza por el 151.
Otra sorpresa es la casi nula
participación de las maquinarias electorales de los
grandes partidos “nacionales” de la izquierda (sólo
participan a última hora y quizás alentados por las
perspectivas de acaparar la foto ganadora). Gran parte
del aparato del PSOE en Andalucía, en manos del sector
del secretario general del partido en Andalucía, José de
la Borbolla, contrario a Rafael Escudero, deja
prácticamente solo a éste y a su pequeño grupo de
incondicionales en la campaña por el SÍ.
¿Era ese el pacto de los grandes
partidos para que el tema autonómico se recondujera al
espíritu constitucional, que la UCD se abstendría y los
otros partidos prácticamente no se implicarían en la
campaña y que con la “ayuda” de la Ley de modalidades de
Referéndum harían zozobrar la iniciativa?
Posiblemente fuera así, pero no contaron
con la cabezonería de Escudero, acorralado por su
partido y al que sólo un triunfo en el Referéndum le
redimiría, acompañado por un grupo de “creyentes” en la
idea de Andalucía, tanto de su partido como de otros
partidos e independientes como Paco Casero que se
patearon Andalucía de cabo a rabo. Tampoco contaban con
el empuje del pueblo andaluz ilusionado con una
Autonomía que les sacaría del subdesarrollo y que les
equipararía a las Comunidades más punteras.
El mar de Alborán
Estaba con un amigo
malagueño viendo las noticias de la televisión y en los
titulares del informativo daban la noticia de que se
había producido un terremoto de no mucha intensidad con
epicentro en el mar de Alborán. Mi amigo malagueño no
comentó nada en ese momento. Al desarrollar la noticia
la periodista especificó un poco mas y dijo que el
epicentro estaba en el mar de Alborán, pero enfrente de
la costa malagueña, entonces mi amigo se sorprendió a
enterarse de que el terremoto se había producido en la
zona de Málaga, y es que él, en un primer momento no
había asociado el mar de Alborán con Málaga. Es más, ni
siquiera había asociado el mar de Alborán con Andalucía.
Puede ser disculpable el
desconocimiento que tenía mi amigo, porque él vive desde
pequeño en Cataluña y en la escuela nadie le había
hablado de la existencia de un mar de Alborán en la
costa malagueña y andaluza. Pero resulta que ese
desconocimiento podemos extenderlo a la generalidad de
los escolares en Andalucía, a los de ahora y a los de
antes, porque nunca no han enseñado en geografía la
existencia de ese Mar. Eso sí, nos hemos empapado en
clase de cómo se llamaban los mares y océanos que
circundan la península ibérica: el mar cantábrico al
norte, el océano Atlántico, al oeste, y el mar
mediterráneo al sur y al este. Incluso nos obligaron a
aprendernos de memoria los diferentes mares del
mediterráneo: el Adriático, Tirreno, Egeo... pero el de
Alborán no aparecía ni aparece por ninguna parte.
El hombre del tiempo muchas
veces menciona el mar de Alborán. “Hay marejadilla en el
mar de Alborán”, “fuertes rachas de viento en el mar de
Alborán”, etc. nos dicen a menudo los meteorólogos.
Incluso ahora los sismólogos nos dicen que también hay a
veces epicentros de terremotos en el mar de Alborán.
Pero en los libros de geografía de los escolares sigue
sin aparecer el dichoso mar. Parece que ese mar está
lejos, muy lejos de nuestras costas y no nos incumbe
para nada.
Puede parecer una anécdota
que a nadie le importe el nombre del mar en que veranea
o se baña, pero es sintomática de ese “despegue” de gran
parte de la sociedad andaluza por lo nuestro.
El Español de Sevilla, Club de Fútbol
Hay un equipo de fútbol de la capital
Hispalense que debería cambiar de nombre y ponerle el de
Español de Sevilla, en vez de Sevilla, a secas. Y es que
el alarde de españolidad que hace este equipo en sus
comparecencias europeas bien le merece este cambio. Ni
siquiera el españolísimo Real Madrid que lleva una
banderita pequeña en su uniforme, ni siquiera un equipo
que lleva el nombre de Español: el Espanyol de Barcelona
(así, con el nombre catalanizado) hacen tanto alarde de
españolidad como hace el Sevilla al embutir a sus
jugadores en la bandera rojigualda.
Decía el Sr. Del Nido, en la
presentación de la polémica equipación para las citas
europeas, que los que protestaban por ello eran cuatro
radicales. Sin embargo creo que el único radical
nacionalista es él que no duda en alardear de bandera
mas llamativa que ningún otro club.
Y es que en esto de ser más “papista que
el Papa”, algunos andaluces –de todas la épocas- han
hecho grandes alardes de notoriedad. Casos ya había en
la Bética romana, donde algunos béticos eran más romanos
que los de Roma. Con los visigodos, los había que se
tenían por la más pura esencia del visigotismo. En al-Andalus
vemos a andalusíes –incluso alguno como Ibn Ham
demostrado hijo de converso onubense- que buscaban
linajes árabes –de las mismísimas tribus de la península
arábiga- a la mayoría de los potentados de al-Andalus.
Los mismos que después de la Conquista no dudaron en
comprar los más grandes títulos de Hidalguía Castellana.
Debemos considerar, pues, que la
iniciativa de Del Nido está enmarcada en la
idiosincrasia de una parte de los andaluces –normalmente
pertenecientes al sector mas acomodado- de renegar de lo
que uno es y querer aparentar mas implicación que nadie
con el nuevo orden imperante.
Con su
sombrero cordobés, pantalón oscuro y chaqueta clara,
pajarita y zapatos de charol, este trianero guasón y
sátiro se atrevía a escamochar la sociedad sevillana y
andaluza de su tiempo. Desde las páginas del Noticiero
sevillano, primero, y desde el Sol madrileño y otros
medios de la capital, después, Andrés Martínez de León,
que es el creador del personaje de Oselito satirizaba la
cotidianidad social de los años veinte a través de sus
viñetas graficas humorísticas. Todas estas tiras
gráficas las recogió y publicó su autor en 1926 en el
libro Historietas sevillanas en las que los personajes
netamente andaluces emplean un castellano andaluzado.
Durante los
años treinta de la pasada centuria, Oselito fue
creciendo en popularidad hasta tal punto que aparecía su
figura en abanicos, relojes y otros objetos de consumo
como si fuese una estrella del Disney actual.
Oselito era
un gran aficionao a los toros. El fue el encargado de
narrar –con su guasa trianera- los diferentes avatares
del toreo de su tiempo queriendo poner “orden” en el
papel de los toreros, subalternos, ganaderos y
empresarios en la “fiesta del sol” como denominaba él a
las corridas de toros. Esta labor “reglamentadora” se
plasmó en el libro “los amigos del toro o la parte
sana de la afición”.
Durante la
Republica se hizo cada vez más inciso en la crítica
social sin perder su gran popularidad que le sirvió para
que la gente hiciera grandes colas para verle colgado de
las paredes del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Su
popularidad le llevó a ser el encargado por un diario
para asistir como cronista a las conmemoraciones del
XVIII aniversario de la revolución soviética. Oselito
narra de una forma humorística la realidad que él ve en
la Unión Soviética del 1935, sus logros y sus miserias.
Estas crónicas, sin embargo no se llegan a publicar en
el diario, sino que aparecen en forma de libro con el
título Oselito en Rusia. Durante la guerra civil
del 36 Oselito tomó partido por la República haciéndose
“intelectual antifascista”. En el frente sur de Jaén se
hizo miliciano y desde los diferentes periódicos del
frente seguía incidiendo con su mordaz crítica social.
Fue detenido y condenado a muerte pero quizás por su
gran popularidad consiguió que se le conmutara la pena.
Consiguió salir en 1945 por una amnistía para los que no
tenían delito de sangre.
Oselito
tardó tiempo en reaparecer pero como buen bético que era
no pudo faltar a la conmemoración del cincuenta
aniversario de su Betis. Allí estaba Oselito como
espectador excepcional ironizando sobre los grandes
hitos de su equipo en la primera fila de las páginas del
libro Real Betis
Balompié. Bodas de Oro 1907-1958.
Andrés Martínez de
León trianero nacido en Coria del Rio, el creador de
Oselito, fue amigo de Blas
Infante y le hizo la
ilustración de la cubierta del libro La Verdad sobre
el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía
y, según confesó él
mismo, fue el que diseñó el escudo de Andalucía para D.
Blas.