Bienvenidos en El Qandil de Andalucía
 

EL PARIPÉ DEL CONSTITUCIONAL
    
    Me encuentro totalmente sorprendido con la sentencia del Tribunal Constitucional anulando un artículo del Estatuto de Autonomía Andaluz. Me huele a "paripé" político para endulzar su otra sentencia sobre el Estatuto Catalán.  

    Me explico: Analicemos lo que se incluye en dicho artículo: Artículo 51. Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir.La Comunidad Autónoma de Andalucía ostenta competencias exclusivas sobre las aguas de la Cuenca del Guadalquivir que transcurren por su territorio y no afectan a otra Comunidad Autónoma, sin perjuicio de la planificación general del ciclo hidrológico, de las normas básicas sobre protección del medio ambiente, de las obras públicas hidráulicas de interés general y de lo previsto en el artículo 149.1.22.ª de la Constitución.
    Podemos ver que la competencia se refiere sólo a las aguas del Guadalquivir que transcurren por su territorio y no afectan a otra ComunidadAutónoma, y encima dice que esas competencias se asumen sin perjuicio de la planificación general... las normas básicas... de las obras públicas de interés general..... Y si todas esas excepciones no fueran suficientes se añade la coletilla y de lo previsto en el artículo 149.1.22.ª de la Constitución.Y este artículo dice que es competencia exclusiva del Estado la legislación, ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una Comunidad Autónoma.....
    Si no se hubiera cambiado el artículo que aprobó el Parlamento andaluz sobre el tema que decía: Artículo 50. Cuenca del Guadalquivir. (en el proyecto del Parlamento andaluza era el art. 50) La Comunidad Autónoma de Andalucía ostenta competencias exclusivas sobre la Cuenca del Guadalquivir, sin perjuicio de la planificación General del ciclo hidrológico, de las normas básicas sobre protección del medio ambiente, y de las obras públicas hidráulicas de interés general. 
    Aquí vemos que no aparece lo de transcurren por su territorio y no afectan a otra Comunidad Autónoma, ni tiene la coletilla de lo del artículo 149 de la Constitución, que sí quiso el PSOE que se metiera, pero al no poder hacerlo en el Parlamento andaluz, lo dejó para el español. Con este artículo si que podría meterse el Tribunal Constitucional pero no entiendo que lo haya hecho con el definitivo.
    Entonces yo me pregunto ¿Dónde está la competencia exclusiva de Andalucía? Pues en realidad lo que se ha hecho no es la transferencia de las competencias sobre el Guadalquivir (lo que implicaría poder legislar, ordenar, decidir... ) si no que lo que se ha transferido es la gestión (los funcionarios de la Cuenca) Entonces habría que pensar que lo que ha molestado al presidente extremeño es que la Junta consiga mandar sobre más funcionarios. Otra explicación es que el Constitucional haya hecho un poquito de teatro para justificarse ante la sociedad catalana, diciendo ¿veis como también anulamos artículos de otros Estatutos?
    Pero lo curioso es que a la postre, la solución que puede haber a este asunto ya lo contemplaron los ponentes del grupo socialista, IU y Andalucista, del Parlamento andaluz en su informe de ponencia (febrero de 2006)  al redactar el art. 48  que decía así: Le corresponde a la Comunidad Autónoma de Andalucía la competencia sobre la cuenca hidrográfica del Guadalquivir en los términos previstos en la disposición adiccional quinta Y la propuesta del grupo socialista para esta disposición decía así: Al amparo del artículo 150.2 de la Constitución, la Comunidad A. de A. asume, mediante transferencia o delegación, las facultades de ejecución de competencias del Estado en las siguientes materias: .... c) Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir.
    ¿Al final será ésta la solución para que la Junta pueda seguir mandando en los funcionarios de la cuenca, aunque siga sin tener competencias decisivas sobre ella?
 
 

 

 

La otra historia del 28-F

            A pesar de que los partidos andaluces habían firmado el pacto de Antequera en 1978 para conducir la Autonomía andaluza por la vía más rápida y de máximas competencias, parece que esos ánimos de premura autonomista de los partidos “nacionales” se fueron enfriando en sus cuarteles generales queriéndose reconducir el proceso autonómico al “espíritu” del Título VIII de la Constitución que contemplaba dos clases de autonomías: Una auténticamente política que preveía además de un Consejo de Gobierno, un Parlamento elegido por los electores de la Comunidad y un Tribunal de Justicia. En este tipo de Autonomía política entrarían las Comunidades llamadas “históricas” por haber refrendado su Estatuto en la II República. Y otro tipo de autonomía de carácter administrativo en el que solo se contempla una mera descentralización administrativa.

 Pero en la Constitución se dejaba la puerta entreabierta a que otras Comunidades pudieran acceder a este tipo de Autonomía superando una serie de requisitos legales entre los que estaba la celebración de un referéndum que debía ratificar la iniciativa autonómica, según el artículo 151.1 de la Constitución mediante “el voto afirmativo de la mayoría absoluta de los electores de cada provincia en los términos que establezca una ley orgánica.”. Pero como esta puerta les parecía a los partidos “nacionales” que estaba demasiado entreabierta y alguien podía colarse por ella, estos partidos (PSOE, UCD, PCE) idearon una ley de modalidades de Referéndum (aprobada dos meses antes de la consulta) en la que se exigía para la ratificación de la iniciativa autonómica la aprobación de la mayoría del Censo de cada provincia. Una decisión de dudosa constitucionalidad y sin precedentes en los países democráticos. Es por esta ley por lo que en Andalucía votaron en contra de la iniciativa autonómica, no sólo los que estaban a favor del No y de la Abstención, sino también los pasotas, enfermos, ausentes y difuntos que estando en el Censo no pudieron acercarse a votar a las urnas.

Cuando los partidos aprueban la Ley de Referéndum saben que están votando una ley para que no saliera adelante la iniciativa. Nadie en las cúpulas de esos partidos imaginaba que pudiera salir adelante un Referéndum con esas leoninas condiciones.

Pero a pesar de esas increíbles reglas de juego que se habían aprobado, algo debe alarmar a los “defensores de los intereses de Estado” que un mes y medio antes del Referéndum el partido del Gobierno decide hacer pública su decisión (supuestamente tomada con antelación) de abstenerse  (lo que en realidad supone oponerse) en el Referéndum andaluz a pesar de que habían propiciado con su voto afirmativo la adhesión del 97% de los Ayuntamientos a la iniciativa autonómica andaluza por el 151.

Otra sorpresa es la casi nula participación de las maquinarias electorales de los grandes partidos “nacionales” de la izquierda (sólo participan a última hora y quizás alentados por las perspectivas de acaparar la foto ganadora). Gran parte del aparato del PSOE en Andalucía, en manos del sector del secretario general del partido en Andalucía, José de la Borbolla, contrario a Rafael Escudero, deja prácticamente solo a éste y a su pequeño grupo de incondicionales en la campaña por el SÍ.

¿Era ese el pacto de los grandes partidos para que el tema autonómico se recondujera al espíritu constitucional, que la UCD se abstendría y los otros partidos prácticamente no se implicarían en la campaña y que con la “ayuda” de la Ley de modalidades de Referéndum harían zozobrar la iniciativa?

Posiblemente fuera así, pero no contaron con la cabezonería de Escudero, acorralado por su partido y al que sólo un triunfo en el Referéndum le redimiría, acompañado por un grupo de “creyentes” en la idea de Andalucía, tanto de su partido como de otros partidos e independientes como Paco Casero que se patearon Andalucía de cabo a rabo. Tampoco contaban con el empuje del pueblo andaluz ilusionado con una Autonomía que les sacaría del subdesarrollo y que les equipararía a las Comunidades más punteras.

 

El mar de Alborán

            Estaba con un amigo malagueño viendo las noticias de la televisión y en los titulares del informativo daban la noticia de que se había producido un terremoto de no mucha intensidad con epicentro en el mar de Alborán. Mi amigo malagueño no comentó nada en ese momento. Al desarrollar la noticia la periodista especificó un poco mas y dijo que el epicentro estaba en el mar de Alborán, pero enfrente de la costa malagueña, entonces mi amigo se sorprendió a enterarse de que el terremoto se había producido en la zona de Málaga, y es que él, en un primer momento no había asociado el mar de Alborán con Málaga. Es más, ni siquiera había asociado el mar de Alborán con Andalucía.

            Puede ser disculpable el desconocimiento que tenía mi amigo, porque él vive desde pequeño en Cataluña y en la escuela nadie le había hablado de la existencia de un mar de Alborán en la costa malagueña y andaluza. Pero resulta que ese desconocimiento podemos extenderlo a la generalidad de los escolares en Andalucía, a los de ahora y a los de antes, porque nunca no han enseñado en geografía la existencia de ese Mar. Eso sí, nos hemos empapado en clase de cómo se llamaban los mares y océanos que circundan la península ibérica: el mar cantábrico al norte, el océano Atlántico, al oeste, y el mar mediterráneo al sur y al este. Incluso nos obligaron a aprendernos de memoria los diferentes mares del mediterráneo: el Adriático, Tirreno, Egeo... pero el de Alborán no aparecía ni aparece por ninguna parte.

            El hombre del tiempo muchas veces menciona el mar de Alborán. “Hay marejadilla en el mar de Alborán”, “fuertes rachas de viento en el mar de Alborán”, etc. nos dicen a menudo los meteorólogos. Incluso ahora los sismólogos nos dicen que también hay a veces epicentros de terremotos en el mar de Alborán. Pero en los libros de geografía de los escolares sigue sin aparecer el dichoso mar. Parece que ese mar está lejos, muy lejos de nuestras costas y no nos incumbe para nada.

            Puede parecer una anécdota que a nadie le importe el nombre del mar en que veranea o se baña, pero es sintomática de ese “despegue” de gran parte de la sociedad andaluza por lo nuestro.

 

El Español de Sevilla, Club de Fútbol

Hay un equipo de fútbol de la capital Hispalense que debería cambiar de nombre y ponerle el de Español de Sevilla, en vez de Sevilla, a secas. Y es que el alarde de españolidad que hace este equipo en sus comparecencias europeas bien le merece este cambio. Ni siquiera el españolísimo Real Madrid que lleva una banderita pequeña en su uniforme, ni siquiera un equipo que lleva el nombre de Español: el Espanyol de Barcelona (así, con el nombre catalanizado) hacen tanto alarde de españolidad como hace el Sevilla al embutir a sus jugadores en la bandera rojigualda.

Decía el Sr. Del Nido, en la presentación de la polémica equipación para las citas europeas, que los que protestaban por ello eran cuatro radicales. Sin embargo creo que el único radical nacionalista es él que no duda en alardear de bandera mas llamativa que ningún otro club.

Y es que en esto de ser más “papista que el Papa”, algunos andaluces –de todas la épocas- han hecho grandes alardes de notoriedad. Casos ya había en la Bética romana, donde algunos béticos eran más romanos que los de Roma. Con los visigodos, los había que se tenían por la más pura esencia del visigotismo. En al-Andalus vemos a andalusíes –incluso alguno como Ibn Ham demostrado hijo de converso onubense- que buscaban linajes árabes –de las mismísimas tribus de la península arábiga- a la mayoría de los potentados de al-Andalus. Los mismos que después de la Conquista no dudaron en comprar los más grandes títulos de Hidalguía Castellana.

Debemos considerar, pues, que la iniciativa de Del Nido está enmarcada en la idiosincrasia de una parte de los andaluces –normalmente pertenecientes al sector mas acomodado- de renegar de lo que uno es y querer aparentar mas implicación que nadie con el nuevo orden imperante.

 

Con su sombrero cordobés, pantalón oscuro y chaqueta clara, pajarita y zapatos de charol, este trianero guasón y sátiro se atrevía a escamochar la sociedad sevillana y andaluza de su tiempo. Desde las páginas del Noticiero sevillano, primero, y desde el Sol madrileño y otros medios de la capital, después, Andrés Martínez de León, que es el creador del personaje de Oselito satirizaba la cotidianidad social de los años veinte a través de sus viñetas graficas humorísticas. Todas estas tiras gráficas las recogió y publicó su autor en 1926 en el libro Historietas sevillanas en las que los personajes netamente andaluces emplean un castellano andaluzado.

Durante los años treinta de la pasada centuria, Oselito fue creciendo en popularidad hasta tal punto que aparecía su figura en abanicos, relojes y otros objetos de consumo como si fuese una estrella del Disney actual.

Oselito era un gran aficionao a los toros. El fue el encargado de narrar –con su guasa trianera- los diferentes avatares del toreo de su tiempo queriendo poner “orden” en el papel de los toreros, subalternos, ganaderos y empresarios en la “fiesta del sol” como denominaba él a las corridas de toros. Esta labor “reglamentadora” se plasmó en el libro “los amigos del toro o la parte sana de la afición”.

Durante la Republica se hizo cada vez más inciso en la crítica social sin perder su gran popularidad que le sirvió para que la gente hiciera grandes colas para verle colgado de las paredes del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Su popularidad le llevó a ser el encargado por un diario para asistir como cronista a las conmemoraciones del XVIII aniversario de la revolución soviética. Oselito narra de una forma humorística la realidad que él ve en la Unión Soviética del 1935, sus logros y sus miserias. Estas crónicas, sin embargo no se llegan a publicar en el diario, sino que aparecen en forma de libro con el título Oselito en Rusia. Durante la guerra civil del 36 Oselito tomó partido por la República haciéndose “intelectual antifascista”. En el frente sur de Jaén se hizo miliciano y desde los diferentes periódicos del frente seguía incidiendo con su mordaz crítica social. Fue detenido y condenado a muerte pero quizás por su gran popularidad consiguió que se le conmutara la pena. Consiguió salir en 1945 por una amnistía para los que no tenían delito de sangre.

Oselito tardó tiempo en reaparecer pero como buen bético que era no pudo faltar a la conmemoración del cincuenta aniversario de su Betis. Allí estaba Oselito como espectador excepcional ironizando sobre los grandes hitos de su equipo en la primera fila de las páginas del libro Real Betis Balompié. Bodas de Oro 1907-1958.

Andrés Martínez de León trianero nacido en Coria del Rio, el creador de Oselito, fue amigo de Blas Infante y le hizo la ilustración de la cubierta del libro La Verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía y, según confesó él mismo, fue el que diseñó el escudo de Andalucía para D. Blas.