Mi amada clase obrera
En
el hilo musical sonaba un tema de aquel
mítico disco de La Unión en homenaje a
Boris Vian, Mil
Siluetas: "La densa atmósfera cayó
en jirones con la
nueva luz del
amanecer. Ahuyentando el día el absurdo
terror".
Mientras
escuchaba la canción y miraba al fondo
el océano azul profundo dejando a mi
derecha, hacia las
viñas, Sanlúcar, donde Eduardo
Mendicutti escribiera El Palomo Cojo, y
a mi izquierda la base Naval de Rota,
lugar de partida de la muerte a tierras
lejanas y futuro enclave del escudo
antimisiles en honor y gloria de la
humanidad en esta tierra de
penitenciarías, sobre nuestras cabezas
un monstruo de varias toneladas planeaba
ocultándonos los secretos de su vientre.
Un
papel timbrado y un bolígrafo de diseño
me invitaban a intentar responder a
la pregunta que mi amigo Pepe y Fede me
habían dejado sobre la
mesa. Demasiada responsabilidad
para alguien que no es un teórico, sino
en todo caso solo un testigo de quinta
fila. Y desde esa posición reflexiono.
Mi
querida clase obrera, ¿dónde estás, que
mis amigos te llaman y tú no acudes?
¿Acaso no te gustan las voces de la
calle? ¿Es posible que alguien te tenga
cautiva? ¿No has sido tú parte, desde tu
nacimiento, de cada uno de los entierros
o partos convulsivos de este planeta?
¿No engrosaste tú las filas del fascismo
que vistió de luto a esta vieja Europa?
¿Y no fuiste tú quien lo paró con el
Ejercito Rojo en aquella patria querida
de Maiakovski, Gorki, Dostoievski,
Esenin...? ¿Y acaso no eres tú la que
prepara nuestro pan, construye nuestras
ciudades, ara los campos y pesca el pez
nuestro de cada día? Y sin embargo, yo
también me pregunto: "¿Dónde está la
vieja clase obrera que no se la ve en
las plazas?"
La
clase obrera aquí, en Europa
Occidental, fue abandonada a su
suerte el mismo día que se firmo la
Paz de Yalta y
en el mundo se empezaron a construir dos
bloques. Los partidos de la izquierda
que asumieron esa división se dotaron de
una estrategia, la vía pacificaal Socialismo
(un eufemismo más), y asignaron a los
trabajadores la insustituible tarea
histórica de pegar carteles y pagar
cuotas. Decían que otro camino no era
posible.
La
clase obrera ha sido atomizada como tal,
como clase. Han utilizado sus propias
energías para combatirla. Ha sido
machacada en un mortero de piedra,
sacando de ella tantos colores y matices
que la pintora Inmaculada Salinas podría
pintar un millón de laberintos de sus
ratas sin utilizar dos veces el mismo
color. Y sin embargo sigue siendo una
clase en sí, no tengan ustedes ninguna
duda. Ni la Historia ha muerto ni la
clase obrera ha desaparecido, como nos
querían hacer creer. Hoy, en su
diversidad, es más amplia que ayer.
Y
si alguien me preguntara el por qué los
vecinos de un barrio
obrero no
acude a parar el desahucio de un miembro
de su comunidad, cuando hace poco por
menos de eso llovían desde los balcones
macetas, lavadoras y frigoríficos, solo
se me ocurriría decirle que porque les
han vaciado de contenido, les han robado
sus señas de identidad, su naturaleza,
les han hecho cómplices a cambio del
consumo, dándoles la ilusión de llegar a
ser clase media. Y a la primera de
cambio, la élite los ha mandado a la
indigencia, un escalón por debajo del
que estaban mientras a la clase media la
están llevando a la acera de la calle
con el beneplácito de sus tutores que,
desde los pulpitos de los parlamentos,
justifican la rapiña que vivimos con
base en las necesidades de los Dioses
del Mercado, que no son otras más que
las de los consejos de administración de
las multinacionales y los grupos de
inversiones.
Mi
amada clase
obrera, las calles están llenas de
ciudadanos, pero tu lugar está vacío. Es
imposible avanzar sin ti hacia
posiciones profundamente democráticas.
Nadie puede salvarte de tus cadenas
salvo tú misma, pero eso es imposible si
no te dotas de un proyecto propio que
puedas compartir
con los demás. La tarea es difícil, y lo
único que te ofrecen estos ladrones de
guante blanco es que cambies de verdugo.
Mientras
escribo esta carta, en la planta de
abajo, en el restaurante, los obreros
alemanes en desuso toman vino tinto y
cerveza. Y a través del hilo musical
salen las notas de aquél mítico disco de
la Unión: "Últimos retoques en el
Metrosol. Últimas caladas agotando el
tiempo. Miradas vuelan en el corredor...
Todos los gatos son pardos en la
oscuridad. Mujeres bailan tangos, en las
calles".
La ruptura
Andaba
buscando una melodía que representara
una ruptura, la ruptura, cuando de la
radio salió la voz de Miguel de Molina:
"Ná te pido, ná te debo, me voy de tu
vera, olvídame ya, que he pagao con oro
tus carnes morenas...". La bien
pagá. Pareciera que aquel viejo
republicano exiliado en Argentina
quisiera prestarnos su melodía para esta
carta.
La
ruptura. He andado varios meses dándole
vueltas a la cuestión (pura torpeza de
este viejo militante que olvidó el
manual y anda intentando aprender;
desaprendiendo para aprender). Partía de
un error que me impedía construir el
discurso. Yo pensaba que teníamos que
romper con ellos. ¿Con quienes?, se
preguntarán ustedes. ¿Qué es lo que hay
que romper? Las preguntas, las malditas
preguntas. Yo tengo mis respuestas, pero
solo son eso, mis respuestas. Y en todo
caso quiero compartirlas con ustedes, si
les parece bien.
Ellos son
la contraparte, llamada hoy la élite
europea, y son los representantes de la
clase dominante. Los mismos que hace
sesenta y seis años llegaron a un
acuerdo con las organizaciones
políticas, sindicales y sociales
surgidas de la correlación de fuerzas de
la Segunda Guerra Mundial -ahí, casi
ná-. El acuerdo se basaba en un modelo
de producción fordista, en el reparto de
una parte de la riqueza generada, en un
modelo social de convivencia seudo
democrático y en una gestión
de los recursos y la economía a través
de organismos "democráticos". A cambio,
las partes se comprometían a la no
agresión, a la Paz Social. Mientras, se
exprimía al Tercer Mundo y a la
periferia dentro de Europa. "Tós
buenos", como diría mi compadre Tonichi.
Los amos nos hacían un lugar en su mesa,
y hay quienes mantienen que hasta en la
cama, eso sí, gracias a la existencia de
los países socialistas y mientras los
pobres siguieran siendo pobres.
En
el estado español se da un proceso
parecido después de la muerte del
dictador, que se concreta en los Pactos
de la Moncloa, y que jamás dará paso a
un estado del bienestar aunque sí a un
estado asistencial. Y es tan vergonzante
el acuerdo que treinta y cinco años
después los demócratas republicanos
asesinados por la dictadura siguen
enterrados por miles a lo largo de la
geografía española en fosas comunes,
como perros, mientras sus asesinos
reposan en el camposanto o caminan por
las calles de nuestras ciudades, y las
sentencias emitidas por los tribunales
golpistas contra personas como Miguel
Hernández, Julián
Grimau, Blas Infante y otros cientos de
miles de
demócratas, siguen vigentes después de
más de setenta años. ¿A quiénes tenemos
que darles las gracias por traernos esta
democracia que restituyó a la monarquía
española y que está favoreciendo el
retroceso en las conquistas sociales?.
Pues
eso, se rompen dos cosas, el Contrato y
el reconocimiento de la otra parte, que
son las viejas instituciones que aún se
atribuyen la representatividad de los
ciudadanos. Y rompen quienes pueden
romper y quieren romper, la élite
dominante, los amos, los de toda la
vida. La otra parte se resiste a aceptar
la ruptura y colabora en la rapiña de
los derechos de los ciudadanos
legislando a través de los parlamentos y
firmando acuerdos laborales que suponen
retrocesos brutales de los derechos de
los trabajadores.
Estas
viejas instituciones surgidas de un
momento histórico que ya no existe se
perciben por los ciudadanos como
instituciones no deseables: "No nos
representan". No son interlocutores
validos. Su fase, su trabajo ya terminó
y solo le quedan dos caminos, o la
catarsis o que la élite les utilice como
el antídoto de lo nuevo.
Las
agresiones constantes que estamos
sufriendo los ciudadanos y la
resistencia que está surgiendo al margen
de las viejas instituciones deben
generar sujetos
políticos que
coordinen un nuevo Proceso
Constituyente. No caben reformas, entre
otras cosas porque la contraparte no las
acepta. Y nosotros, los ciudadanos, poco
o nada tenemos ya que perder salvo que
nos quiten los grilletes invisibles que
nos unen a ellos y los conviertan en
reales.
Varias
puertas se abren ante nosotros, entre
ellas, cómo no, la de la barbarie. Pero
junto a ella se encuentra la de poder
construir un mundo nuevo, más justo, más
humano, con una relación de respeto con
la naturaleza que hoy no existe y que es
necesaria para nuestra propia
supervivencia como raza. En medio de ese
camino entre la Asamblea Constituyente y
ese Nuevo Mundo, un millón de horas de
trabajo de hombres y de mujeres, de
luchas contra los desahucios, contra la
exclusión social, por mantener nuestros
derechos sociales y laborales, un millón
de batallas en defensa de la naturaleza
y la paz mundial, y el aprendizaje de
unas nuevas relaciones de convivencia
basadas en la solidaridad y el respeto
mutuo. Ahí esta el tajo, y ahí nos
vemos, porque merece la pena vivir y
morir en el intento. Salud y buena
suerte.
¿Hacia dónde mira la izquierda?
Aquella
mañana el maestro preguntó: "¿quién hizo
el mundo?". A lo que mi amigo El Pesetas
respondió: "los albañiles, maestro".
Nadie de los presentes lo dudó ni un
momento. El mundo lo estaban haciendo
nuestros padres y hermanos mayores, de
oficio albañiles, encofradores,
carpinteros...
En
aquella escuela provisional que duró
nueve años, hecha de ladrillo de hueco
doble, sin cámara de aire y cubierta de
uralita (hoy ponen prefabricados a los
que llaman caracolas), el único que no
compartía la afirmación era el maestro.
Y estaba dispuesto a hacérnoslo
comprender al precio que fuera. Tan
grande fue la resistencia como la
represión que se transmitía a través de
una regla de madera (regalo de aquel
régimen, este es más sutil) y vaho
pegajoso a tabaco y aguardiente
desprendiéndose del aliento del
diplomado. Él tampoco quería estar allí.
Ese
fue el recuerdo que me vino a la cabeza
(sin ninguna ira ni rencor, porque a
pesar de todo yo tuve una infancia
feliz) cuando al final de los escalones
y de espaldas a la entrada de la
catedral vi a un señor de gesto sereno y
serio, con indumentaria de clase media,
que portaba un cartel con la leyenda:
"¿Hacia dónde mira la izquierda?". Buena
pregunta -me dije-, y a la memoria me
vino una pintada hecha en un barrio de
Buenos Aires, Villa Carlos Gardel, que
decía: "Cuando teníamos las respuestas
nos cambiaron las preguntas". Con
aquella incógnita a despejar aquel señor
hacía temblar mis cimientos ideológicos.
Y yo, para colmo, no sabía dónde había
dejado mi manual. Tal vez el hombre
orquesta que tocaba al final de la
avenida una vieja melodía de Jimmy
Hendrix, Machine
gun, lo sabría.
La
izquierda, la no neoliberal, la que no
está gobernando para los banqueros y la
élite global, cada vez que elige un
camino va de regreso al mismo lugar, su
castillo, en ruinas pero su castillo.
Lleno de estanterías, de manifiestos, de
proclamas, de viejas recetas y métodos,
de unidades y de rupturas, de puñales
nuevos. Donde romper con el pasado es
una traición y sin embargo su pasado,
nuestro pasado, no el de la resistencia,
sino el de la colaboración, nos arrastra
al abismo.
La
izquierda, mi vieja izquierda, aún no ha
llegado a comprender que no se trata de
una rencilla de "nosotros contra ellos".
Porque en ese nosotros contra ellos
queda excluida la sociedad.
No
podemos, viendo como estamos viendo que
el Imperio y su guardia pretoriana, la
UE, en una nueva cruzada de colonialismo
humanitario van dejando muerte,
destrucción y desigualdades sobre las
naciones y pueblos que apenas tienen
capacidad de resistencia, y que se nos
arrebatan las conquistas sociales de los
dos últimos siglos, tener como objetivo
estratégico unas elecciones que además
tienen las cartas marcadas. No podemos
seguir mirándonos hacia dentro.
Yo
reivindico que el mundo lo hicieron los
albañiles. Y que hay que desnudarse en
las plazas, en estas que nos traen ahora
o en las del futuro. Dejar que el agua
nos caiga en el rostro y que el viento
seque nuestra piel.
A
la izquierda no la salvará ni el 20N, ni
el 21N ni el Dios de los ateos que es el
único verdadero. A la Izquierda o la
salva su fusión con la sociedad o está
muerta.
Ratón griego, ratón español
¿Qué
sería de nosotros si nos mutilaran el
tiempo donde buscamos nuestros sueños y
nos robaran las calles para pasear?.
Entre estas calles del barrio de Santa Cruz,
donde te besaron por primera vez y
colocaron versos de poetas de la fosa
común del destierro, he visto al gato
perseguir al ratón griego y veo entre
las líneas de los periódicos cómo la
misma elite nos
susurra: "¡corre, corre, ratón español,
juguemos al juego!" Vuestras ministras,
la oposición, vuestro jefe de estado
están en mi camada . Corre, corre, ratón
español, escóndete en la calle Susona o
escápate por la calle Pimienta. Corre
ratón español, tus gatos comen de mi
plato. Voy a devorar tus pensiones, tu
sanidad, tus inversiones en educación.
Mira cómo mis gatitas salen a la
tribuna, mira cómo mis ministros
promueven leyes, mira cómo tu parlamento
aprueba medidas. Corre, ratón español,
que no oyes en este mundo de la
desinformación global cómo devoro
ratones griegos. ¿Recuerdas cómo los
atrapé? Les daba terreno mientras mis
gatos se resistían, ellos se confiaban,
mis gatos retrocedían... esta medida sí,
esta no. Los
ratones salían de
la ratonera y corrían y corrían y ¡zas!,
ratones a la cazuela.
Corre,
ratón español, da de comer a los
banqueros, aumenta el IVA, reduce gastos
sociales. Engorda, ratón español, yo te
compraré tu deuda y tus hijos seguirán
siendo mi sustento, y si uno de cada
cinco españoles está en la pobreza, no
importa, a esos también los devoraré.
Ratoncito
español, juguemos al juego mientras
termino con Grecia.
Carta abierta a los firmantes del texto
"Una ilusión compartida"
Termino de leer el manifiesto que han
firmado ustedes con el título "Una
ilusión compartida" y, antes que nada,
les quiero dar las gracias por su
compromiso intelectual y personal con la
causa de los desheredados y la vida del
planeta (contenido y continente).
Me
gustaría decirles también, por otra
parte, que su manifiesto me ha
ilusionado. Pero no es así. Es más, no
es así y además sería un ingrato con
ustedes (por todo lo que me han
enseñado) si no se lo dijera
abiertamente. Callarme sería compartir
el error, si es que lo es, y no serviría
para nada.
Ustedes
en su manifiesto nos vienen a hablar del
descrédito de la política, de la falta
de horizonte de la izquierda, de un
gobierno socialista incapaz de imaginar
otras recetas que no sean las de los
mercados financieros, de la regeneración
democrática, de la defensa de lo
público, de los malos resultados
electorales, de romper el bipartidismo,
de la rebeldía de las redes sociales, de
que hay que devolverle a la vida pública
la dignidad, de la unidad y el esfuerzo
de todos para reconstruir la
izquierda... He de decirles que coincido
con ustedes en el análisis de la
gravedad del momento histórico que
vivimos, del avance de las políticas
propuestas por los mercaderes
financieros, de la derrota electoral y
la falta de horizonte de las fuerzas
políticas de la izquierda del régimen, y
del avance de la izquierda social que
ustedes llaman redes sociales.
En
España, la llamada transición
democrática, que en la práctica
significó la continuidad del régimen
anterior, ha dado como resultado que
esas políticas reaccionarias hoy se
encuentren caminando de la mano de una
parte de la izquierda, la izquierda de
este nuevo régimen. Esa misma izquierda
que pactó la ley d'Hont, que ha ido
desmantelando a sangre y fuego la base
social democrática (mayoritariamente de
izquierdas) surgida de la lucha contra
la dictadura y que, no sin una gran
resistencia, se tuvo que tragar la
transición pactada por la izquierda del
régimen en su conjunto.
De
aquellas lluvias, estos lodos. Ese
proceso que nos ha traído hasta aquí,
también, como su manifiesto, tiene sus
artistas e intelectuales que han formado
y aún forman parte de este régimen
democrático que preside como Jefe del
Estado don Juan Carlos de Borbón, rey
del reino de España.
El
chiringuito se cae, por mucho empeño que
se ponga en apuntalar el tinglado. Se
viene abajo, y la gran perdedora va a
ser la izquierda del régimen en sus
diferentes modalidades. Ya no hacen
falta palmeros. La derecha, heredera del
régimen anterior, va de fiesta. Y la
izquierda, dueña de este régimen hasta
ayer, va de entierro. Con o sin plan B.
Era
de esperar que en una situación tan
grave como esta la izquierda
político-electoral echara mano de
ustedes. Un manifiesto más, el gran
manifiesto, el manifiesto. Un ladrillo
más en el muro que nos impide ver el
horizonte.
A
algunos de los firmantes los conozco
desde que eran estudiantes. Sé de su
sinceridad y no dudo de la del resto de
los adheridos. Pero en este momento de
la Historia la sinceridad y la buena fe
no son suficientes. Nuestra sociedad
necesita matronas, que no enterradores,
que no un coro de sirenas. Necesitamos
que ustedes, que celebran la rebeldía de
las redes sociales (la base social de
izquierdas organizada, en definitiva),
su energía renovada y llena de matices,
vengan a aportar algo nuevo como uno
más. Necesitamos que rompan con el
régimen, no que planteen la salvación de
este enfermo terminal. Ustedes tienen el
derecho y el deber de participar en su
demolición, tienen el derecho y el deber
de decir "¡hasta aquí hemos llegado!".
No es una cuestión electoral, no es solo
la forma, sino también el fondo lo que
nos hace romper. Ustedes tienen el
derecho de reivindicarse herederos de
las mejores tradiciones de los
intelectuales de izquierdas y plasmarlo
en su obra, en el debate y en la
organización de las revueltas sociales
actuales. Nosotros, de pedirles que nos
acompañen en el nacimiento y la
construcción de un mundo nuevo.
Chistes a 50 céntimos
Hay un indigente en mi
ciudad que, debajo del Arco de la
Macarena, vende chistes a 50 céntimos.
Es un gran emprendedor.
Tiene chistes de todos los
colores, pero está especializado en
humor negro. Es debido a un shok
emocional que sufrió cuando le quitaron
el trabajo, el coche, la mujer, los
niños, el perro, lo echaron del club
social (sin estar borracho) y lo
abandonaron los amigos y amigas.
Si quieres un chiste, te
acercas a él, le das 50 céntimos y te
cuenta una historia. Él dice que la
mayoría de los políticos cuentan cuentos
y cobran más. Y que por eso, en señal de
protesta por la competencia desleal que
suponen, se puso frente al Parlamento.
También dice que la banca y el
legislativo han puesto el listón tan
alto que es mejor pasarlo por abajo.
"Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela
pasa", canta Liliana Felipe de fondo
mientras él cuenta sus chistes. Para él
los banqueros son buena gente que viven
de puta madre por el bien de la
humanidad. “Son unos filántropos
-explica- que nos recomiendan invertir
nuestra pasta en sus bancos mientras
ellos la suya la guardan en Suiza o en
las Islas Fiyi”.
Es un Séneca. Su teoría es
que la élite europea nos quiere igualar
a todos los ciudadanos (por abajo, claro
está), por eso cada vez hay más
indigentes. Van a ser la clase social
mayoritaria del futuro. El Sujeto
Revolucionario. "Indigentes Europeos,
Uníos".
El euro, sin ir más lejos,
según él, es un Mágnum 44 (El mismo de
Harry el Sucio) en manos de Alemania y
el FMI, apuntando a Grecia, Irlanda,
Portugal, España... “Dadme vuestro
Estado y a cambio os presto dinero”.
Dice que la palabra rescate, en boca de
nuestros salvadores, es similar a
ofrecerle a cada uno de los millones de
europeos que se están ahogando (por
salvarlos a ellos) un saco de cemento de
cincuenta kilos para que se agarren a el
y floten.
Y mientras, de fondo,
Liliana continúa: "Tienes que decidir
quien prefieres que te mate: la pobreza,
la miseria, el Tratado de Libre Comercio
o el Programa contra el Hambre". Tienes
que decidir.
Pues va a ser que no.
Humo en el cuadrilátero
Nos
tenían en el cuadrilátero de un local
donde el humo nos impedía ver al
adversario, al enemigo. Aunque a veces
la luz también produce ceguera.
Estábamos
arrinconados, con la guardia bajada,
hundida. Recibiendo golpes con un guante
de seda que daba paso a otro de
mercurio, en una sucesión de directos,
de crochet, de ganchos, de swing, que
nos hacían besar una y otra vez la lona.
Noqueados,
desde nuestra propia torre de marfil
sentimos un rayo de luz. Alguien entre
el público, un amigo, un topo, abrió una
grieta en el muro. El aire fresco entró
en nuestros pulmones, rompimos los
límites del ring y salimos a la calle.
Este
combate desigual y amañado, con unos
árbitros vendidos, se convierte en un
juicio a las élites, a su avaricia, y a
nuestra complacencia.
Un
decálogo de golpes entra en nuestras
manos desnudas, manchadas, y el
adversario, el enemigo, empieza a oír
cómo llamamos a su puerta.
Este
combate será, porque ya lo es, largo y
cruel. No tendrá fronteras de
estados-nación, ni razas, ni religión
aunque se empeñen en convertirlos en
actores de primer orden. Nos harán dudar
y dudaremos de nosotros mismos, nada
nuevo. Tendremos miedo porque nosotros
sí somos humanos. Nos perderemos en el
camino y volveremos a las plazas, a
seguir fajándonos asalto tras asalto.
Cada uno de nosotros, de nosotras, será
una micra de fibra en cada uno de los
guantes. Y si nos ganan el combate
habremos aprendido para el próximo. Ese
será nuestro legado. Nosotros, poco o
nada tenemos que perder y sí un mundo
nuevo que construir. Ellos, todos sus
privilegios.
Nos
vemos el 19 de junio en las calles.
Espías en la Retaguardia III
Me
preguntan ustedes sobre la veracidad de
hechos y personajes de Espías en la
Retaguardia I y II. He de decirles que
para mí la verdad es un valor
inviolable, pero en todo caso la visión
de la realidad es diferente siendo los
hechos los mismos. Por ejemplo, un
estadounidense dirá que a Irak han ido a
llevar la paz y la democracia, mientras
que un iraquí hablará de genocidio y
robo organizado contra su pueblo.
Cuestión
de matices, mantendría Don Juan de
Mairena en una de sus clases de
retórica.
De
matices habló también aquella mañana
Eric en el Barrio de Santa Cruz.
El
espía indigente nos explicaba cómo los
antisistema habían tomado el poder a
través del control de la banca, de los
parlamentos y de los grandes medios de
comunicación. Eso les permitía imponer
sus reglas de juego. Y mientras una
parte de la izquierda se empeñaba en
salvar a los regímenes en
descomposición, los antisistema iban
devorando los recursos de los
ciudadanos. "La mierda es la misma, lo
que cambia son las moscas". Así de duro
era Eric. Él nos decía que la izquierda
no había entendido nada. Que no solo de
entre sus filas podrían surgir elementos
que dinamitaran el Estado, sino que era
la elite dominante la que habría
programado la demolición del viejo
aparato-nación. El objetivo era
liberalizar las relaciones entre
ciudadanos y elites antisistema: "aquí
mandamos nosotros, no hay
intermediarios".
Ha
pasado desde aquella charla mes y medio.
Eric desapareció y Priscilla volvió a
Londres. El torero y yo seguimos
recorriendo las calles de esta vieja
Híspalis y mi Betis sube a primera.
Habrá más circo pero menos pan.
De
nuevo un fantasma recorre Europa.
Es el de las penumbras, aunque no hay
oscuridad sin luz y los ciudadanos van
despertando.
La
Historia continúa. Nos vemos en La
Plaza.
Espías en la Retaguardia II
Estimado
Director, queridos lectores. He de
pedirles disculpas por alterar el relato
de "Espías en la Retaguardia". A veces
los hechos nos desbordan y yo quiero
compartirlos con ustedes.
Sonaba
Alfredo Zitarrosa (Mire
amigo...) ,cuando llamaron a la
puerta. Era Fede. Me traía de su huerto
pimientos, tomates, pepinos, ajos...
Poco después llegaron El torero, mi
compañero de trabajo, y Priscilla
Thurlby, socióloga londinense que nos
había dejado un antropólogo a recaudo.
Fede
nos sorprendió -"os voy a hacer un
gazpacho"- y se puso manos a la obra.
Mientras Alfredo Zitarrosa continuaba (Yo
se quien soy...), "compadre" -me
decía mi amigo- "la historia de los
pobres se ha construido a base de
gazpacho". Y ahí terminó el disco de
Zitarrosa con Crece
desde los pies.
En
la sobremesa hicimos partícipe a Fede de
nuestro encuentro con Eric, el espía en
la retaguardia, recordando que él
construía su relato colocando piezas de
un puzzle inacabable y convirtiéndonos
en los testigos de su información.
El
espía nos advertía de una gran movida en
todo el Estado. El inicio de unas
revueltas, de método y originalidad no
conocidos, lo que produciría grandes
especulaciones entre propios y extraños.
El día 15 de mayo la TV daba la noticia.
En cincuenta ciudades españolas se
habían producido manifestaciones con
decenas de miles de asistentes. Al día
siguiente la policía disolvía las
acampadas que los participantes estaban
realizando. El mensaje era claro: "esto
no es Egipto, aquí no habrá ninguna
Plaza Tharir, ya tenemos democracia".
Así pensaba el poder. Eric nos previno.
Mientras ellos están mirando a La Ribera
Sur del mediterráneo, comprobando cómo
avanza su contrarrevolución, aquí se
apila leña en las plazas. Ese es el
riesgo de prender fuego tan cerca de
casa cuando se tiene a millones de
personas sin futuro a las puertas de la
indigencia.
Aquella
tarde, en la biblioteca, entre Sartre y
Carpentier, coloqué la receta del
gazpacho que me dejó mi amigo Fede.
Espías en la retaguardia I
Señor
Director, queridos Lectores. Soy
consciente de que este texto puede
parecer surrealista, no tengo duda. Pero
la línea entre lo real y lo aparente es
tan efímera que solo una perspectiva
global e histórica inclina la balanza a
un lado o al otro. Juzguen ustedes, yo
ya saqué mis conclusiones.
Todo
ocurrió una semana antes del accidente.
Regresaba de ver una exposición de la
artista sevillana Inmaculada Salinas en
la que daba algunas claves sobre la
relación del poder con el arte y lo
femenino en un mundo globalizado.
Me
esperaban en la Plaza de los Refinadores
la socióloga londinense Priscilla
Thurlby y El torero, mi compañero de
trabajo.
Mis
amigos estaban a la sombra de una
palmera y al olor de los jazmines.
Escuchaban a Eric, el indigente más
antiguo de la urbe. El abogado belga, de
apenas un metro sesenta de altura, de
ojos de azul profundo mediterráneo y
pelo rubio tostado al sol de Sevilla,
que llegó a la ciudad en la expo del 92
y ya nunca regresó a Flandes, explicaba
a los oyentes, como si de un catedrático
de derecho civil de la Hispalense se
tratara, el papel de los espías.
Hay
dos tipos de agentes secretos -nos
decía-, los que están en zona de
conflicto y los espías en la
retaguardia. Los primeros se camuflan en
las ONG, de periodistas o de hombres de
negocios. Los segundos, los componemos
los llamados indigentes, somos una
tupida red de agentes que estamos a pie
de calle, olemos el polvo del
contraespionaje y preparamos las
acciones para el frente. En España,
tenemos tres grandes redes de
operaciones, en Barcelona, en Sevilla y
en Madrid. En esta ciudad estamos
sufriendo un duro ataque. Posiblemente
fruto de un agente doble. El
ayuntamiento pretende sacarnos de las
calles y llevarnos a las
afueras a campos de concentración.
Los
tres seguíamos las explicaciones de
Eric, al que nunca vi borracho y siempre
me pareció una persona educada, culta y
limpia a pesar de vivir en la calle.
Estamos
en medio
de la Tercera Guerra Mundial. La
democracia es hoy la palabra sagrada y
los apóstoles y sus discípulos viven en
los países desarrollados. Ya no hay
espacio para la resolución pacifica de
los conflictos y volvemos a la ley del
Talión. El objetivo es salvar a la
humanidad aunque se corra el riesgo en
el empeño de su propia destrucción.
Así
nos decía Eric, como prefacio de toda
una cascada de acontecimientos y claves
a contar.
El poder de La Plaza
Mi
abuela trabajó cuarenta y cinco años en
una plaza. Vendía frutas y verduras.
Siglos atrás, no tantos, en ese espacio
a cielo abierto se vendían esclavos.
La
plaza es un lugar de encuentros, de
lealtades y rupturas, de mercaderes, de
niños y niñas que juegan, de mujeres y
hombres que hacen y deshacen el mundo.
La
plaza es un lugar para tirar y derrotar
tiranos. Para morir un día sentado en un
banquito acariciado por unos tenues
rayos de sol.
La
plaza es un lugar para soñar y dejar que
las ilusiones sobrepasen su perímetro.
Hay
plazas con poder, plazas efímeras,
plazas que se enfrentan a los
mercaderes.
Hay
redes de plazas y calles que controlan
su destino.
Hay
plazas de parlamentos, de universidades,
de fábricas, de pueblos y de ciudades.
Hay
plazas de desheredados y de pudientes.
Las
plazas pueden ser gestionadas por entes
públicos, privados o autogestionadas por
los ciudadanos.
Cuando
las plazas son conscientes de su valor,
cuando la gente que ocupamos la plaza
decidimos que no hay marcha atrás, el
lugar nos ofrece un viaje individual y
común. Nos da tres calles a elegir y nos
susurra al oído: "Ya sois mayores,
elegid. Si lo deseáis podéis volver a
vuestro lugar de partida. O ir a
exigirle a los usureros y a sus lacayos
pagados con el fruto de la rapiña que os
devuelvan lo robado. O construir un
mundo nuevo. Esta vieja plaza ya no
puede daros más".
Es
un momento cruel, pero inaplazable. La
plaza ya dio a luz
su rebelión. Ahora les toca a los hijos
de la luz elegir su camino.
El Negro del Gran Wyoming
Créanme,
señoras y señores, si les digo que lo
que les cuento aquí, en mi carta, es tan
cierto como que termino de leer el
segundo tomo de "Empresas y
tribulaciones de Maqroll el Gaviero" de
Álvaro Mutis, mientras caían los últimos
versos cantados por Chabuca Granda de la
melodía "El fusil del poeta es una
rosa", y me coscaba de que al fondo del
jardín ingles, en el muro, alguien ha
hecho una pintada en rojo apagado y en
caligrafía ácrata que dice "El Manso es
El Manso".
Hacía
un buen rato que la Iglesia de Santa
Inés, la de la dama del tizón, había
dado las campanadas de la hora del
ángelus. Mi compañero el torero y yo
comentábamos con Estrella, mientras
tomábamos un refresquito de limón, las
medidas de seguridad e higiene en la
retirada del amianto. En la barra de
aquel bar cercano al Palacio de las
Dueñas, donde naciera nuestro Don
Antonio Machado, el madrileño, un
parroquiano que se jactaba de decir que
escribía guiones para el Gran Wyoming en
negro, empezaba a degustar la primera de
la media docena de croquetas que le
habían puesto. Dos lágrimas se le
escapaban por las mejillas, señal de que
no estaban frías. En eso estaba cuando
en un abrir y cerrar de ojos dos
secretas se le acercaron por detrás y a
la velocidad del rayo lo esposaron. Mi
amigo el torero y yo nos quedamos
estupefactos, ¡era imposible! Cuando el
madrileño vio por el rabillo del ojo a
la secreta, le empujó a la croqueta
casera que tenía en los labios con el
dedo corazón y, conforme le bajaban las
manos para esposarlo a la espalda, se
metía en los bolsillos de la chaqueta
las cinco restantes no sin antes echarse
un traguito de la caña.
Era
evidente, no nos quedó ninguna duda. El
madrileño era el negro del Gran Wyoming
y el manso es el manso.
Beber de los Manantiales
Una
minoría de seres humanos acompañados de
su avaricia se empeñan en hacérselo
pasar mal al conjunto de las personas de
este astro. Ellos necesitan sentir el
poder de la destrucción, acaparar más y
más riqueza porque en ello encuentran el placer.
Pero nunca hallarán ahí la felicidad.
Cada
ser humano es único en sí mismo, no hay
otro que sea como él, ni piense igual,
ni sienta de la misma manera. Cuando un
ser humano desaparece algo insustituible
se destruye.
A
los pies de mi balcón se extiende un
jardín inglés salpicado de bancos de
madera. En ellos se sientan las madres,
mientras los padres erguidos otean como
sus vástagos aprenden a jugar y, en un
coro de armonía, hijos y progenitores
adquieren hábitos sociales.
Mis
amigos, Diego, Eusebio, Prieto, Inma,
Francisco, Andrés, Bea... trabajan en lo
mismo, pero en diferentes empresas. Les
gustan las letras, la imagen la
comunicación, el contacto con la calle.
Ellos informan a los ciudadanos y a
veces hasta los desinforman. No es su
objetivo, es el resultado del exceso de
información.
Recuerdo
que, subiendo las escaleras, hay una
leyenda: "La verdad os hará libres". Yo
le añadí: "si se pelea por ella".
Durante
dos décadas me he comunicado con cientos
o tal vez miles de personas a través de
Cartas al Director y a los Amigos y
Amigas. Es un método que tiene más de
tres mil años. Mi objetivo fundamental
ha sido decir que por encima de una
persona no hay ninguna otra, que todos
los seres humanos somos iguales en
derechos y en deberes, que se puede
vivir en armonía con la naturaleza y que
ser feliz en este planeta, a pesar de
los infelices que se empeñan en lo
contrario, es posible.
En
estos momentos de confusión, es
conveniente beber de los manantiales
para recordar qué es lo fundamental y
dónde están los enemigos de la
humanidad. Ahí nos iremos encontrando y
hallaremos las respuestas.
Que
regresen nuestros soldados
En
estos tiempos que corren, donde el humo
de la pólvora deja ciegos a los pueblos,
es difícil ser poeta, difícil no irse
detrás de la enseña al ritmo del tambor,
difícil no ser uno de los que echa la
cuerda sobre la rama del olivo al que no
le quedan hojas que la tórtola arranque
en señal de paz.
Cuando
decidieron salvar a los ciudadanos de
aquel país, la nación hermana llevaba un
millón de muertos a manos de los
salvadores.
Cuando
entregaron el manual de la buena
invasión, ya se habían repartido el
botín de guerra, el oro negro.
Cuando
los votantes se pusieron en contra de la
paz, los misiles no caían sobre sus
casas.
Cuando
los mercenarios eran contratados por los
aliados, los llamaban soldados de
fortuna. Cuando los contrataba el
adversario, los llamaban asesinos a
sueldo.
Cuando
el presidente y sus ministras informaban
de la evolución de la campaña, las
madres lloraban a los hijos y los hijos
a las madres en la morgue de la
realidad.
Cuando
todo era destrucción, las bombas de los
oleoductos seguían funcionado.
Cuando
los hooligan de
la parca mandaban a sus superbombarderos
sobre ciudades llenas de vida, en los
estadios de fútbol se celebraban los
goles de las estrellas.
Cuando
tres parlamentarios en medio de cientos
votaban en contra de la guerra, no
hacían el ridículo, horadaban el muro
para que un rayo de luz y paz entrara en
el hemiciclo.
Cuando
el periodista le preguntó al general
sobre la posibilidad del coronel
(enemigo) de alcanzar territorio
nacional, el uniformado respondió:
"imposible, las armas se las hemos
vendido nosotros".
Cuando
los señores de la guerra, los nuestros,
los de Occidente, le prendieron fuego al
Mediterráneo, no calcularon hasta dónde
llegarían las
llamas. ¿O sí?
Y
yo, que sólo soy un hombre que pasea
junto al Gran Río, que quiere estar en
paz con Dios (aunque sea el de los
ateos) y con los hombres, exijo a mi
gobierno el regreso de nuestras tropas.
Marcos
González Sedano
El Juego del Mercado
Hay un parquecito aquí donde vivo
al que dan sombra dos olivos
centenarios. Acarician sus ramas ocho
estatuas de bronce de niños y niñas que
juegan a la pelota, a piola, a la rueda
y al pilla. Pareciera que el escultor
nos invitara a la infancia, a juegos
desaparecidos si no han sido
mercantilizados.
Las
elites globales y locales también juegan
su juego, el del Mercado. El Planeta es
el lugar donde se desarrolla la partida
y nosotros, los seres humanos, los
animales y el medioambiente los objetos
del juego. Quien más objetos acapare
será el triunfador. Se pueden destruir
objetos en guerras, por enfermedades,
por hambre, por infelicidad, por
frustraciones colectivas o individuales.
Se pueden destruir continentes como
África, siempre que no se destruyan sus
materias primas. Se pueden envenenar
acuíferos como el de la mina de las
Cruces en Sevilla, que daría agua a sus
habitantes en tiempos de sequía o el
propio río Guadalquivir.
Para
jugar a este juego es importante no
tener escrúpulos, ni corazón, ni
sentimientos nobles. Se permite poner y
quitar dictador según vaya la partida,
hoy amigo mañana enemigo. Se pueden
comprar parlamentos, presidentes y
expresidentes (si se dejan) e imponer la
energía nuclear mientras estalla
Chernóbil o Japón.
Las
reglas del Mercado son claras, todo vale
y vale todo mientras el juego no se
pare.
Como
habrán podido notar ustedes, en este
juego pierden muchos y a un precio muy
alto, y ganan muy pocos. ¿Y si rompemos
la baraja?
Mientras arde la Ribera Sur
Mientras termino el sofrito del
empedraillo de habichuelas y Joan Manuel
me deleita con aquellos versos de
Cantares de nuestro
querido Don Antonio Machado, el
que no regresó del exilio: "Nunca
perseguí la gloria, ni dejar en la
memoria de los hombres
mi canción..."
Mientras
los gobernantes gobiernan contra los
ciudadanos.
Mientras
más de un millón de hombres y mujeres
andaluces deambulan con las manos
ociosas por una tierra rica, el gobierno
andaluz ve como algunos del partido se
benefician de forma irregular ERE tras
ERE de prejubilaciones y el gobierno
central eleva la edad de jubilación a
los 67 años.
Mientras
se nos dice que la economía se está
recuperando pero que no se creará empleo
en un país con cerca de cinco millones
de parados, donde los accionistas de las
grandes empresas y la banca se
repartirán decenas de miles de millones
de euros de beneficios y congelan o
bajan los salarios a los a trabajadores.
Mientras
se retoma la energía atómica, aumentan
los precios de los productos de
primera necesidad, el número de
desahuciados y los impuestos.
Mientras
el cinismo de los gobernantes y la
oposición se ve en sus caras y se
prepara a la población del Norte y del
Sur para invadir Libia y el armamento ya
está preparado.
Conforme
Joan Manuel Serrat va terminando la
melodía: "Cuando el jilguero no puede
cantar, cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar..." Y una
calma chicha recorre esta piel de toro,
el viejo obrero de la construcción y mi
otro yo discuten. Este mundo del revés,
donde unos pocos viven muy bien a costa
de que muchos vivan mal tiene que tener
su fin.
Y
mientras arde la Ribera Sur del
Mediterráneo y sus llaman calientan
nuestros rostros, el que suscribe, que
es un hombre que pasea junto al Gran
Río, espera que la contienda sea breve y
que los pueblos encuentren su camino.
La noche de los cristales rotos. Ensayo
general
Aquella noche del tres de
diciembre, la voz de Marlene Dietrich y
su melodía Lili Marleen acompañaban a
las imágenes de los aeropuertos. Las
voces de los periodistas, de los
ministros, de los ciudadanos iban y
venían en una borrachera colectiva de
secuencias televisivas. "¡Son una casta,
unos chantajistas, mafiosos,
secuestradores, privilegiados...!",
"¡que saquen a las tropas, que los
despidan a todos!". Y de fondo Lili
Marleen.
Siempre
me preocupó la subida de Hitler al poder
y cómo le secundaron las masas. Las
mismas que llevaron a sus vecinos a los
campos de exterminio. Pero, ¿quiénes son
hoy y aquí los judíos? ¿Acaso los
trabajadores de cuello blanco? ¿Los
funcionarios? ¿Los pensionistas? ¿Los
conductores de autobuses urbanos? ¿Los
profesores de universidad? ¿Los médicos?
¿La policía? ¿Los que aún tienen un
trabajo estable con derechos? ¿Los
trabajadores con capacidad de movilizar
y de ganarle el pulso al estado de los
mercaderes? ¿Es ese el teatro de
operaciones?. Y de fondo Lili Marleen.
Estoy
viendo cómo se fabrican el miedo, la
envidia, la inseguridad, y se ofrece al
mismo tiempo la mano dura. "Me cueste lo
que me cueste". "Y eso se va a mantener
por encima de todo". "Al gobierno no le
temblará la mano". Son sus gritos de
guerra. Generar miedo para dirigir a las
masas, un truco muy viejo. ¿Pero hacia
dónde?¿Cuál es la hoja de ruta?¿El
Informe Everis? ¿Salvar a los cientos de
miles de familias que han sido
desahuciadas o lo van a ser? ¿Garantizar
un salario social a los parados de larga
duración para que al menos coman
garbanzos? ¿Con quién la mano dura, con
los mercaderes que nos han llevado a la
ruina, con los vende patrias que ofrecen
el suelo de España al Imperio para que
amplíe sus bases militares? Y de fondo
Lili Marleen.
Así
tuvo que llegar la noche de los
cristales rotos, en un ensayo general.
Cuando el miedo venció a la cultura y a
la honradez, y asesinó a la dignidad.
Entonces hubo trabajo para todos. En las
fábricas de armamento, de ropa militar,
de chivatos ejerciendo en las esquinas
contra los cabecillas de las huelgas. En
ese momento estaba todo preparado, ya no
faltarían ni cerveza, ni pan, ni
entierros. Ya no habría privilegiados.
Lo anunciaron en el Gran Parlamento de
la Unión: jornadas laborales de 65 horas
semanales, eliminación de la cobertura
pública sanitaria y educativa, salarios
de miseria... Iguales todos. Iguales por
abajo. Y al otro lado sólo las élites,
los mercaderes y los postizos asociados.
De fondo, Lili Marleen.
Fabricantes de pesadillas
"Nos
ven reír, nos ven luchar, nos ven amar,
nos ven jugar, nos ven detrás de su
armadura militar. Nos tienen miedo
porque no tenemos miedo".
Así
sonaba la resistencia en Argentina, en
la voz de Liliana Felipe.
Al
fondo del autobús, como desde el fondo
de la plaza, la perspectiva es la del
pintor que ve cómo los planos se
superponen y van cayendo sobre el
lienzo.
Las
caras son tristes, los labios lacios,
las conversaciones oscuras, cenicientas,
superfluas, opacas. Han destruido su
fábrica de sueños y viven pesadillas.
Aquellas mujeres
que bajaban del autobús años atrás
sonriendo hoy dibujan inquietud en sus
rostros. Es algo que ignoran y que las
va horadando por dentro. Su futuro y el
de los demás es incierto. El túnel en el
que hemos entrado es negro como la
felicidad que produce un anuncio de
coches, de vacaciones, como la mueca de
fidelidad a un mundo que agoniza.
Tenemos
miedo porque nos lo han transmitido
gramo a gramo a cada una de nuestras
venas.
Tenemos
miedo porque sin él ellos no existirían,
porque su proyecto sin el miedo no es
nada. Como nada es una gran superficie
comercial a las tres de la madrugada,
salvo productos caducos.
Tenemos
miedo porque el edificio que
construyeron para nosotros se nos cae
encima. Y no tenemos los planos para
construir uno propio y por eso su mundo,
el de la destrucción, lo hacemos
nuestro. Es la gran prueba de nuestro
miedo.
Tenemos
miedo porque cuando el miedo es
colectivo, cuando es pandemia y forma
parte de la sociedad, se retroalimenta.
Son más difíciles las respuestas y cada
uno de nosotros se convierte en una
isla. Y es ahí donde ellos nos quieren.
Para
vencer al miedo hay que saber que se
tiene y que es posible sentirse parte de
un millón de desahuciados y no tener
techo y que mis propias manos forman
parte de esos diez millones de manos
ociosas.
Porque
para ganarle al miedo esta partida las
islas deben ser archipiélagos y los
archipiélagos continentes, y el saberlo
nos convierte a cada uno de nosotros en
una fortaleza.
No
habrá miedo cuando sepan que no les
tenemos miedo.
A la calle, que ya es hora
En
estas tardes de otoño, donde el Aljarafe
guarda el viento de la ciudad, es fácil
dejarse envolver por los versos de
Gabriel Celaya en la voz de Paco Ibáñez:
"Porque vivimos a golpes, porque apenas
si nos dejan decir que somos quién
somos, nuestros cantares no pueden ser
sin pecado un adorno. Estamos tocando el
fondo..."
Mientras
la democracia agoniza y las cruzadas
contra los ciudadanos continúan, el
Sistema se reinventa y se renueva a sí
mismo traspasando rentas y derechos de
los ciudadanos a las élites. Batalla
tras batalla, apenas sin resistencia en
este país del Manco de Lepanto, los
pobres lo son cada vez más y los ricos
cada vez son menos, pero más ricos.
La
democracia ha muerto, y la amortaja la
izquierda ganadora en la transición, la
misma que dejó en los acuerdos con los
chicos del régimen anterior a decenas de
miles de demócratas republicanos
enterrados en las cunetas de esta Piel
de Toro. Poco o nada se podía esperar de
esta izquierda "democrática", salvo que
una vez más se pusiera al servicio de
los amos en estos tiempos de crisis para
los más desfavorecidos. Las empresas
pata negra, las de los amigos, siguen en
beneficios y al igual que los bancos
reparten dividendos a
costa de una deuda pública creada por su
culpa. El Estado garantiza la
reproducción del Sistema.
La
izquierda ha muerto, murió el mismo día
que enterraron los principios y las
formas. Cientos de miles de personas
están siendo desahuciadas de sus casas
mientras los
comedores de caridad tienen un nuevo
cliente, la clase media. Paro más
hipotecas de mil euros al mes, igual a
indigencia. Los afectados en este
fenómeno de masas se criminalizan a sí
mismos y, más que en la rebelión, andan
pidiéndole perdón a sus verdugos. Ha
muerto la izquierda y con ella la
democracia. La han sustituido por una
papeleta cada cuatro años.
Ayer,
mi amigo Dani y yo anduvimos repartiendo
papeles en los pueblos de la vega de
Sevilla. No eran para pedir votos ni
para crear un partido. Decían algo así:
"Paremos los desahucios. La crisis que
la paguen los que la han creado.
Nosotros nos solidarizamos contigo". "Maldigo
la poesía de quien no toma partido hasta
mancharse...". A la calle, que ya es
hora, y que
cada cual elija su lugar en la
barricada. Porque por nuestros actos nos
conocerán y no por las etiquetas.
Degollando corderos
Eran
las seis de la mañana y la tensión de la
jornada de huelga no me dejaba
descansar, así que decidí suicidarme un
poco. Dice mi pintora favorita que es
una opción revolucionaria posmoderna. Yo
opté por un Habana Club con dos terrones
de hielo y por escuchar a mi querido
Eusebio que pinchaba una canción de Rosa
María Cascolín i Figueras de Vila Franca
del Penedés, más conocida por Gloria
Lasso. "Nunca sabré cómo tu alma ha
encendido mi noche, nunca sabré el
milagro de amor que ha nacido por ti,
nunca sabré por qué siento tu pulso en
mis venas...". Y ahí, mientras sonaban
los cubitos de hielo en el vaso, me vino
a la mente nuestro querido presidente
del gobierno. Estaba vestido de
carnicero turco, degollando corderos y
corderas que una cohorte de ministras
servia en bandejas de plata mientras
escanciaban vino tinto en cristal de
bohemia a reyes, banqueros, pijijipis y
especuladores. En los aledaños de las
mesas unos cuantos andrajosos recogían
las migajas frente a una inmensa
multitud que miraba tras los cristales.
Inma,
la periodista, me sorprendió con mi
cámara en la puerta
del Corte Ingles. Yo llevaba toda la
mañana visitando piquetes informativos
con la ilusión de inmortalizar a los
aguerridos obreros destrozando "pieras".
Pero nada, la madrugada y la mañana
fueron muy dulces, descafeinadas,
chocolate con agua. Los piquetes ya no
son lo que eran y hacían más ruido los
policías que les acompañaban que las
temidas hordas de Astilleros. Muchas
horas de tertulias radiofónicas de
señoras y señores que no tienen nada
mejor que hacer que advertirnos de la
violencia de los anarquistas y
comunistas de las centrales sindicales,
y después nada. Podemos
estar tranquilos. En los próximos días
no habrá revolución bolchevique en este
país. Ahora, estimados conciudadanos y
conciudadanas, pueden tener ustedes una
cosa segura, cuando los panaderos no
hacen pan, no hay pan en las
estanterías, y cuando los cocineros del
italiano de al lado de casa van a la
huelga, toca pizza congelada.
Y
ahí seguían Gloria Lasso y mi amigo
Eusebio, natural del Puerto de Santa
María, mientras yo reflexionaba en torno
a la necesidad de que los sindicatos no
bajen la guardia, de que busquen
alianzas estables con la sociedad civil
que impidan que el sonrisas siga
degollando corderos. Y entonces recordé
eso de que el buen pastor da la vida por
sus ovejas. Será otro...
Camisas pardas, chaquetas desteñidas
Si
yo tuviese que escribir un drama
empezaría diciendo: cuando los camisas
pardas ya estaban en los parlamentos,
cuando los camisas pardas ya
cogobernaban, en nuestro país los
chaquetas desteñidas les allanaban el
camino. Y mientras, los neocamisas
azules daban brillo a sus futuras
carteras ministeriales de piel negra.
Cuando
había cinco millones de parados, cuando
el "basuco" entraba a camiones en los
barrios obreros, a precio económico, muy
baratito; cuando cientos de miles de
personas eran desahuciadas de sus casas;
cuando se empezaba a hablar del copago
de la sanidad, de la Ley de Calidad de
la Enseñanza, de la cogestión de las
infraestructuras..., sus amigos, los más
allegados, ya habían metido en los
registros mercantiles los nombres de las
empresas que terminarían la rapiña de lo
poco de Estado Asistencial que quedaba.
La
respuesta no llegaba de ninguna parte,
la clase media, con un sistema prensil
muy desarrollado, andaba con la nariz
tapada mientras a cada uno de sus
miembros lo mandaban de reponedor a una
gran superficie comercial.
Cuando
los demócratas, la sociedad civil
organizada y los partidos de la
izquierda auténtica, auténticamente
auténtica, se sentaban a hablar de la
unidad de acción, les relucían las
navajas detrás de las espaldas.
Mientras,
la maquinaria de la propaganda de guerra
llevaba años engrasándose y los
militares adquiriendo experiencia en
Yugoslavia, Irak, Afganistán, Bosnia...
Para eso sí que había pasta.
Al
no responder el conjunto de la sociedad
ante tanto sufrimiento, se creaban las
condiciones para que los hombres de
traje negro, de guerreras plateadas y
chaquetas de Hugo Boss, llegaran al
poder.
Tal
vez porque soy un poco iluso, utópico,
romántico y sigo creyendo
en la humanidad, voy a cambiar el drama
por la comedia que diría: la gente,
cansada de tanto ratero de guante
blanco, se dejó de tonterías, se
pusieron de acuerdo en diez cosas, se
fueron pá la
calle y corrieron a gorrazos a los
mangantes y a sus adláteres hasta el
sumidero de la Historia. Fin.
Gracias,
compañero Labordeta, por haber encendido
una luz en el camino y por habernos
hecho el viaje más grato. Que la tierra
te sea leve.
La elite y sus socios SA
La
elite de este país, a pesar de todo,
cuando se levanta por la mañana va al
retrete.
Apenas
unas decenas de miles de personas
imponen las normas que el resto, hasta
cuarenta y ocho millones, debemos
acatar. Parece demencial pero es cierto.
Nuestros
parlamentos están legislando para que
ese puñado de humanos tenga cada vez más
poder. No les importa que millones de
hombres y mujeres estén sufriendo por su
avaricia, que millones de niños y niñas
tengan su futuro cercenado. Les mueve la
codicia. Y lo mismo mantienen su imperio
sobre el desempleo de masas (cinco
millones de personas en paro) que
fagocitando empresas (han desaparecido
un millón en los dos últimos años), o
mediante el robo de guante blanco a
través de la banca y los lobby de
la construcción provocando cientos de
miles de desahucios en un país con tres
millones de viviendas vacías.
A
esta elite, que va más allá de Emilio
Botín y Francisco Rodríguez, se les
quiere seguir entregando el resto del
patrimonio público que le faltó por
entregar a Don Felipe González. Los
recursos financieros de aquellas
empresas públicas que eran rentables y
servían para mantener un equilibrio más
justo entre los ciudadanos y los
mercados les están sirviendo a los
poderosos para subordinar la población a
sus designios. Estamos viviendo la
segunda parte de los años ochenta y
noventa. Hoy nos vuelven a expropiar
derechos y empresas para pasarlos al
mercado: pensiones, sanidad, enseñanza,
carreteras, redes de
telecomunicaciones... El objetivo es
acumular y acumular hasta reventar,
porque reventarán. La cuestión está en
cuántos cadáveres dejarán a su paso.
La
batalla a librar hoy es la de los
ciudadanos por la democracia real en
contraposición a la dictadura de las
elites en un estado con barniz de
democracia representativa. No puede
haber democracia sin justicia social,
sin reparto de la riqueza.
A
pesar de que hoy la contienda es la de
David contra Goliat, la sociedad debe
encontrar sus cauces, tejer redes de
solidaridad, de resistencia democrática,
y esperar que en el camino vayan
surgiendo nuevos interlocutores que
sustituyan a una casta política caduca
que trabaja para un puñado de poderosos,
la elite y sus socios SA.
Marcos González Sedano
Cátedra "Pepiño"
Todas las historias tienen
villanos, verdugos y héroes. Los dos
primeros suelen salir en los medios de
comunicación, a menudo como salvadores
de patrias, garantes de la tradición, el
progreso, la modernidad, y sobre todo
como hombres y mujeres de estado cuando
se trata de crucificar a los ciudadanos.
Pero la realidad es distinta, la mayoría
de las veces son mercenarios al servicio
de los poderosos. Los héroes son seres
anónimos que raras veces salen en los
medios y en el callejero no aparecen sus
nombres.
Pepiño
se colocó el puño americano. El acero
brillaba en la penumbra. El Sonrisas le
contemplaba desde la oscuridad del
rincón. "Tranquilo, Pepiño", le decía.
Detrás
del cristal opaco, en la habitación
contigua, la mafia del circulante
llegada de todo el mundo rico babeaba
sobre el cristal, viendo cómo Pepiño se
ajustaba el metal entre los dedos.
Pepiño quería homologar su guante
americano al guante griego y había
puesto a su equipo de mánager,
entrenadores, fisios y
publicistas a trabajar sobre el tema. El
objetivo, cómo golpear sin matar y sin
que se rebelaran los vecinos. Hasta
ahora todo iba bien. Pepiño experimentó
contra los controladores, gancho a la
barbilla y puñetazo al hígado. El
Sonrisas asintió: "¡Bien, Pepiño,
bien!". Después les toco al resto de
braceros y telecobraceros: "¡derecha,
izquierda y a los riñones!".
Pepiño
suele relajarse en su rincón de la Ría
de Arousa, donde comparte el Albariño
con amigos de Jaén y Madrid. Tipos duros
que premian a los que callan y
recompensan a los colaboradores. Tipos
que se meten en aguas teñidas y salen
sin mancharse, gente de bien.
Pepiño
empieza a hacer escuela. La mafia del
circulante le pide más y él pega más,
eso si, siempre a los mismos y con
dulzura. Ahora prepara nuevas
"mordidas" para sus amigos los de la
pasta: sanidad, carreteras, enseñanza...
"¡Bien, Pepiño!", se dice a sí mismo
mirándose al espejo.
El
padrino de la otra banda lo pone como
ejemplo: "¡que carallo, hay que aprender
de Pepiño!".
Pepiño
es un hombre disciplinado, de la casa.
Un fiel del Sonrisas. Sus días de gloria
pasarán, pero él vive el momento
pensando en la eternidad, soñando con
dar clases magistrales en universidades
y centros de poder ideológico. Quiere
tener su propia cátedra, la de poli malo
en el último atraco.
La Huelga general y el bloque
social democrático
A
los sindicatos ya no les queda más que un
camino: o la calle o la calle. Ya hace
tiempo que se terminó la correlación de
fuerzas que les permitió mantener elstatu
quo que
han mantenido hasta hoy. Sus avalistas en el
parlamento han pasado a ser, a tenor de los
hechos, los representantes directos (con
matices o sin matices) de los "mercados", de
los Alierta, Botín,
Polanco, González, etc. El pacto surgido de
la mal llamada transición democrática, la
paz social, se ha ido por el sumidero de la
Historia.
Yo,
que estaba de acuerdo con las movilizaciones
del pasado día 8, no tengo más remedio que
reconocer que estaban mal planteadas y
pésimamente organizadas. La hipoteca con el
aliado PSOE arrastró a los sindicatos a esa
situación. Fue un grave error estratégico no
ver que se movilizaba contra las medidas y
no contra el partido que las imponía,
independientemente de su corresponsabilidad.
La
huelga general que se está planteando ahora
no puede ser ni la de la venganza ni la de
querer volver al lugar que se ocupaba. Ese
ya no existe.
Si
CCOO y UGT quieren sobrevivir a la
catástrofe a la que están abocados tienen
que dar un cambio radical a su forma de
hacer y de actuar. Caminar hacia posiciones
más de clase, cuestionar sin titubeos el
modelo antidemocrático al que nos llevan los
mercados y formar parte activa de un nuevo
bloque social democrático frente a la
dictadura de los mercaderes. UGT y CCOO son
útiles en la medida en que cumplan su fin,
que no puede ser otro que la defensa de los
intereses de los trabajadores y su
compromiso con la justicia social, la
igualdad y la defensa de los derechos
humanos. Los ciudadanos necesitamos de ese
tipo de sindicalismo para avanzar hacia una
verdadera democracia social. Hoy más que
nunca las cuestiones son ideológicas y es
desde ese marco estratégico desde el que se
puede y se debe convocar la Huelga General
sin miedo al fracaso. Porque estaríamos
volviendo a nacer.
El mensajero ejecutor
Zapatero
se ha desplazado de la derecha de la
izquierda a la izquierda de la derecha,
dejando a la derecha más cerca de la
"izquierda". El presidente se ha convertido
en el mensajero ejecutor de las políticas
neoliberales y con ese giro de cintura
facilitará la llegada de la derecha al
poder.
En
el acto de traición, el mensajero se
suicida. Ha ido devorando a sus hijos como
lo hiciera Saturno. La presión de los
mercados lo llevó al festín. Cuando termine
el aquelarre, el Bambi de acero será
maldecido en primer lugar por su propia
manada y después por sus víctimas, la
inmensa mayoría de los ciudadanos de este
país.
Al
ilusionista de León se le va a poder conocer
también como el enterrador de la
socialdemocracia española. Cuando finalice
el trabajo que está realizando, a su partido
solo le va a quedar la marca electoral. ¿Qué
están haciendo los hijos de Keynes frente al
neoliberalismo de los Zapatero y los
talladores de ámbar? ¿Cómo se van a
reestructurar después de esta debacle
ideológica?
Los
próximos tres años van a ser de vértigo, y
no sólo por las medidas que los gobiernos,
ya sean del PSOE o del PP, van a tomar
contra los ciudadanos, sino además por las
respuestas que se van a dar a esas medidas y
la reestructuración de las llamadas
izquierda y derecha españolas dentro de un
proceso de recomposición de la política
europea. La transición ha muerto.
Cinco
millones de parados, decenas de miles de
desahucios silenciosos, dinero en abundancia
para la banca a costa de una deuda pública
inaceptable, miles de pequeñas y medianas
empresas cerradas y la falta de propuestas
para salir de la crisis que no sean la del
sacrificio de los ciudadanos para que los
que mandan sigan manteniendo al alza su
cuenta de resultados. Eso es lo que hay
encima de la mesa.
Si
partiendo de esa situación los ciudadanos
empiezan a plantear medidas antineoliberales
de carácter radical pero justas y
democráticas, estarían legitimados. Que los
dioses de los ateos y de los creyentes
repartan suerte.
Asalto a la confitería
El objetivo no es salir de la crisis, sino
implantar un nuevo modelo de relaciones
entre capital y trabajo, entre los muy ricos
y el 90% de la
sociedad española y europea.
Las
medidas planteadas por el gobierno solo son
la punta del iceberg de una tanda de veinte
impuestas por la banca y los grupos de
inversión locales y globales. El objetivo
real es la desmantelación del estado del
bienestar. La correlación de fuerzas surgida
después de la II Guerra Mundial ya no
existe. Sanidad, enseñanza, correo,
carreteras, puertos, aeropuertos, ejército,
pensiones... Un gran pastel en un escaparate
donde la banca y sus colegas no podían
entrar y que ahora empiezan a degustar.
No
había que ser un lince para saber que el
ladrillo nos traía hasta aquí. Por lo tanto
cabría preguntarse si esta "crisis" no ha
sido inducida como coartada para engullir la
tarta de lo público.
Las
medidas tomadas ni son necesarias ni
solucionan el déficit público, al que por
otra parte ha contribuido la cesión de
recursos financieros de todos los ciudadanos
a la banca, la misma que sigue operando
desde paraísos fiscales.
Los
trabajadores públicos son las víctimas.
Sobran. No es una cuestión del 5% ni del 20%
de pérdida salarial. Simplemente son una
piedra en el camino de los banqueros y
grupos de inversión en su asalto a la
pastelería.
Desde
los mass
media hemos
sufrido una campaña psicológica dirigida por
una parte a criminalizar a sindicatos,
empleados de la administración y todo lo que
oliera a resistencia, y por otra parte para
que la población en general quedara
desactivada de respuestas. Es curioso que
tanto Felipe González como Joaquín Almunia
hayan sido dos buenos voceros de esta
campaña que no ha sido solo de la derecha
sino también de una parte de la teórica
izquierda.
La
presión sufrida por parte de otros países,
incluido Estados Unidos, para que se tomaran
estas innecesarias medidas, se llama
agresión a la soberanía nacional de otro
estado.
A
los ciudadanos solo nos queda un camino:
decir no, ser como una piña, ir a la unidad
de acción sindical contra las medidas,
cuestionar el modelo en que nos quieren
embarcar, denunciar a los que toman las
medidas y a los que las inducen. Son,
queramos o no queramos, tiempos de guerra
contra la injusticia.
Comed hasta reventar, malditos
La
Europa de los pueblos vive un momento grave,
difícil, peligroso.
Estamos
viendo cómo los grupos de inversión, la
banca, los usureros legalmente constituidos,
presionan a los estados a través de sus
gobiernos para que pasen al mercado una
buena parte de las rentas que los ciudadanos
reciben directa e indirectamente.
Quieren
privatizarlo todo, todo lo que aún no han
podido. Retirar las ayudas sociales, las
ayudas a los campesinos, terminar de
liberalizar el comercio, convertir el
territorio en un bien de cambio (alguien le
planteó a los griegos que vendieran el
Partenón para pagar la deuda), devolvernos a
la energía nuclear, terminar de matar
nuestra salud a través de los transgénicos,
ponernos un canon en sanidad a los usuarios,
disminuir las prestaciones al desempleo en
un país con cinco millones de parados y ni
una sola medida para crear empleo...
Empobrecer a la población para engordar
ellos hasta reventar. No exagero, sólo
hay que mirar a Grecia.
Hace
un par de semanas, en una de mis cartas
titulada "Solidaridad con el pueblo griego"
(está en la red), hacía un llamamiento a un
encuentro unitario para decirles a nuestros
hermanos helenos que no estaban solos. La
barriga nos impidió vernos los zapatos y no
se hizo.
Ahora
vienen a por nosotros. Que nadie se llame a
engaño, no son ni los empleados públicos ni
los pensionistas, somos los cuarenta y cinco
millones de españoles los que estamos en la
diana (tal vez se salven las quinientas
"familias" que controlan este país). Somos
el siguiente trozo de tarta que los usureros
se quieren comer y daremos un salto de
gigante si esto lo tenemos claro y
universalizamos las respuestas. Hay que
desvelar lo que está ocurriendo y lo que nos
tienen preparado. Los que ocultan la verdad
se convierten en cómplices, los ciudadanos
tenemos derecho a saberla y a madurar con
ella.
No
debemos aceptar los chantajes de los grupos
de presión. Los cementerios y las cunetas
están llenos de personas que dijeron "No".
Gracias a ellos la humanidad y la democracia
avanzaron. No lo dudéis, nosotros sin ellos
podemos vivir, ellos sin
nosotros no.
La
sociedad civil, los intelectuales, las
personas más conscientes, deben promover la
creación de un movimiento social amplio de
rechazo a los planes de ajuste de los
mercaderes. Yo, por mi parte, he quedado con
otras personas de bien para intentarlo. nos
vemos el día 12 de junio en Mollina, Málaga.
Están ustedes invitados.http://encuentroandaluz.wordpress.com/
Solidaridad con el pueblo griego
Los
que estuvimos en contra de la Unión Europea
del capital hoy deberíamos estar tristes.
Llevábamos razón. Nosotros no cuestionábamos
el encuentro en un proyecto común y plural
de los diferentes pueblos europeos sino el
fin con el que se hacía, que era y es el de
un mayor enriquecimiento de las elites
locales y globales a costa de aumentar la
explotación de las personas y del medio aquí
y en el tercer mundo.
Los
pueblos de la Unión arden. Basta mirar a
Gracia para ver el humo. Los ciudadanos
griegos llevan hoy en sus manos la antorcha
del "No pasarán" y el resto de los
habitantes de la UE deberíamos preparar la
dinamita para hacer saltar por los aires los
tratados firmados hasta hoy, especialmente
España, Irlanda y Portugal. Porque después
vendrán a por nosotros.
Grecia
arde y yo en estos momentos también soy
griego. Me encuentro en la misma barricada
que los intelectuales y trabajadores
helenos. Sus trincheras son las mías. Las de
las calles y las de los textos con olor a
tinta y sabor a e-mail.
Los
sindicatos de esta vieja piel de toro, de
esta milenaria Europa, deben estar con sus
hermanos griegos.
El
ensayo se está llevando a cabo en la tierra
de Sócrates y Platón. Hoy Atenas es Madrid,
Sevilla, Granada, Valencia, Bilbao, Dublín,
Cork, Oporto, Lisboa... Todos debemos estar
en guerra contra la avaricia de los
especuladores y sus vasallos.
Esta
elite surgida de la globalización nos quiere
devolver al siglo XVIII y lo va a conseguir.
Nos están llevando a todos a las viejas
reivindicaciones: "Libertad, igualdad,
fraternidad, humanidad. ¡No pasarán!"
Esto
no es una carta al director. Es una
declaración de guerra a los que destruyen la
vida y los sueños de la inmensa mayoría de
los seres humanos para que unos pocos mueran
en la alberca de la abundancia.
¡Solidaridad
con el pueblo griego! ¡No pasarán!
Ratón griego, ratón español
¿Qué
sería de nosotros si nos mutilaran el tiempo donde buscamos
nuestros sueños y nos robaran las calles para pasear? Entre
estas calles del barrio de Santa Cruz,
donde te besaron por primera vez y colocaron versos de poetas de
la fosa común del destierro, he visto al gato perseguir al ratón
griego y veo entre las líneas de los periódicos cómo la misma
elite nos
susurra: "¡corre, corre, ratón español, juguemos al juego!"
Vuestras ministras, la oposición, vuestro jefe de estado están
en mi camada . Corre, corre, ratón español, escóndete en la
calle Susona o escápate por la calle Pimienta. Corr,e ratón
español, tus gatos comen de mi plato. Voy a devorar tus
pensiones, tu sanidad, tus inversiones en educación. Mira cómo
mis gatitas salen a la tribuna, mira cómo mis ministros
promueven leyes, mira cómo tu parlamento aprueba medidas. Corre,
ratón español, que no oyes en este mundo de la desinformación
global cómo devoro ratones griegos. ¿Recuerdas cómo los atrapé?
Les daba terreno mientras mis gatos se resistían, ellos se
confiaban, mis gatos retrocedían... esta medida sí, esta no. Los
ratones salían de
la ratonera y corrían y corrían y ¡zas!, ratones a la cazuela.
Corre,
ratón español, da de comer a los banqueros, aumenta el IVA,
reduce gastos sociales. Engorda, ratón español, yo te compraré
tu deuda y tus hijos seguirán siendo mi sustento, y si uno de
cada cinco españoles está en la pobreza, no importa, a esos
también los devoraré.
Ratoncito
español, juguemos al juego mientras termino con Grecia.
CARTA AL DIRECTOR Y A LOS CIUDADANOS
Marco González Sedano
-
Nosotros los
ciudadanos
(III)
Es mentira y además no es
necesario que los seres humanos hayan nacido
para sufrir. En la psicología de masas es
imprescindible, para dominar, hacer creer a
tus adversarios o a la sociedad a la que
pretendes cautivar que en ella misma está la
causa de sus males. Si tienes los medios
apropiados es solo cuestión de tiempo, sobre
todo en una sociedad en la que ha
desaparecido el contrapoder, es decir, la
sociedad civil organizada, hoy en la nómina
de la elite.
Es difícil romper el círculo
donde nos encontramos, pero no imposible. Es
imprescindible dibujar un nuevo marco de
relaciones. Definir los elementos mínimos
para la firma de un nuevo contrato social es
hoy el objetivo, y que el conjunto de
ciudadanos los acepten como suyos. A partir
de ahí todo es cuestión de cambiar la
correlación de fuerzas global y local, hoy
muy desfavorable a los ciudadanos de a pie.
¡A la calle que ya es hora...!
Los ciudadanos no podemos permitir que los
que han generado la crisis salgan
fortalecidos de ella. Hay que hacer cambios
estructurales, pero no en la línea que se
nos está planteando. De esta, su crisis, hay
que salir con mayor cohesión social, hay que
ir a una nueva formulación de la democracia,
recuperar la soberanía de los ciudadanos,
definir un nuevo modelo de desarrollo, de
producción y de consumo, garantizar una vida
digna y plena a todas las personas, el
derecho a la libertad individual y colectiva
sin estados parapoliciales, el acceso a una
cultura real y a todos los medios de
comunicación y su control por parte de la
ciudadanía, impidiendo que jueguen el papel
de control de masas por parte de la elite,
recuperar el principio de trabajar para
vivir y no a la inversa (jubilación a los
sesenta y treinta horas de trabajo
semanales), poner el avance tecnológico al
servicio de los seres humanos en su conjunto
y no de un puñado de privilegiados. Además
es un deber de las sociedades avanzadas
impedir que mueran millones de personas de
hambre o enfermedades ya erradicadas en los
países enriquecidos. Hay que acabar con las
guerras y desmantelar la industria militar.
No hay enemigos, son un invento de la elite
global. Hay que garantizar la cultura de los
pueblos y romper la tendencia al pensamiento
único. Todas las comunidades tienen derecho
a su soberanía alimentaria y a la salud. La
vida no puede estar patentada por un puñado
de multinacionales. Hay que re-ecologizar
el planeta.
Ahí deben radicar las bases del
nuevo contrato social global. Ayer era ya
tarde. Hoy todavía es posible. La utopía es
la que hace avanzar a la humanidad.
Humanicemos a los humanos.
NOSOTROS LOS
CIUDADANOS (II)
CONSTRUCCIÓN: OBREROS
EL ENROQUE
EL TIEMPO
El Compromiso.
La utopía ha regresado, viva la
utopía
Carta a
Juliette y a vosotros
TIEMPOS
LOS
MUERTOS SUICIDAS
Esperando
septiembre (IV
de IV)
Esperando
septiembre (II de IV)
Esperando a septiembre (I de IV)
|
 |