REVISTA DIGITAL EDITADA POR EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE ANDALUCÍA Y LA ASOCIACIÓN CULTURAL ALMENARA PARA EL PROGRESO Y EL DESARROLLO DE ANDALUCÍA

Mi amada clase obrera

 

         En el hilo musical sonaba un tema de aquel mítico disco de La Unión en homenaje a Boris Vian, Mil Siluetas: "La densa atmósfera cayó en jirones con la nueva luz del amanecer. Ahuyentando el día el absurdo terror".

         Mientras escuchaba la canción y miraba al fondo el océano azul profundo dejando a mi derecha, hacia las viñas, Sanlúcar, donde Eduardo Mendicutti escribiera El Palomo Cojo, y a mi izquierda la base Naval de Rota, lugar de partida de la muerte a tierras lejanas y futuro enclave del escudo antimisiles en honor y gloria de la humanidad en esta tierra de penitenciarías, sobre nuestras cabezas un monstruo de varias toneladas planeaba ocultándonos los secretos de su vientre.

         Un papel timbrado y un bolígrafo de diseño me invitaban a intentar responder  a la pregunta que mi amigo Pepe y Fede me habían dejado sobre la mesa. Demasiada responsabilidad para alguien que no es un teórico, sino en todo caso solo un testigo de quinta fila. Y desde esa posición reflexiono.

         Mi querida clase obrera, ¿dónde estás, que mis amigos te llaman y tú no acudes? ¿Acaso no te gustan las voces de la calle? ¿Es posible que alguien te tenga cautiva? ¿No has sido tú parte, desde tu nacimiento, de cada uno de los entierros o partos convulsivos de este planeta? ¿No engrosaste tú las filas del fascismo que vistió de luto a esta vieja Europa? ¿Y no fuiste tú quien lo paró con el Ejercito Rojo en aquella patria querida de Maiakovski, Gorki, Dostoievski, Esenin...? ¿Y acaso no eres tú la que prepara nuestro pan, construye nuestras ciudades, ara los campos y pesca el pez nuestro de cada día? Y sin embargo, yo también me pregunto: "¿Dónde está la vieja clase obrera que no se la ve en las plazas?"

         La clase obrera aquí, en Europa Occidental, fue abandonada a su suerte el mismo día que se firmo la Paz de Yalta y en el mundo se empezaron a construir dos bloques. Los partidos de la izquierda que asumieron esa división se dotaron de una estrategia, la vía pacificaal Socialismo (un eufemismo más), y asignaron a los trabajadores la insustituible tarea histórica de pegar carteles y pagar cuotas. Decían que otro camino no era posible.

         La clase obrera ha sido atomizada como tal, como clase. Han utilizado sus propias energías para combatirla. Ha sido machacada en un mortero de piedra, sacando de ella tantos colores y matices que la pintora Inmaculada Salinas podría pintar un millón de laberintos de sus ratas sin utilizar dos veces el mismo color. Y sin embargo sigue siendo una clase en sí, no tengan ustedes ninguna duda. Ni la Historia ha muerto ni la clase obrera ha desaparecido, como nos querían hacer creer. Hoy, en su diversidad, es más amplia que ayer.

         Y si alguien me preguntara el por qué los vecinos de un barrio obrero no acude a parar el desahucio de un miembro de su comunidad, cuando hace poco por menos de eso llovían desde los balcones macetas, lavadoras y frigoríficos, solo se me ocurriría decirle que porque les han vaciado de contenido, les han robado sus señas de identidad, su naturaleza, les han hecho cómplices a cambio del consumo, dándoles la ilusión de llegar a ser clase media. Y a la primera de cambio, la élite los ha mandado a la indigencia, un escalón por debajo del que estaban mientras a la clase media la están llevando a la acera de la calle con el beneplácito de sus tutores que, desde los pulpitos de los parlamentos, justifican la rapiña que vivimos con base en las necesidades de los Dioses del Mercado, que no son otras más que las de los consejos de administración de las multinacionales y los grupos de inversiones.

         Mi amada  clase obrera, las calles están llenas de ciudadanos, pero tu lugar está vacío. Es imposible avanzar sin ti hacia posiciones profundamente democráticas. Nadie puede salvarte de tus cadenas salvo tú misma, pero eso es imposible si no te dotas de un proyecto propio que puedas  compartir con los demás. La tarea es difícil, y lo único que te ofrecen estos ladrones de guante blanco es que cambies de verdugo.

         Mientras escribo esta carta, en la planta de abajo, en el restaurante, los obreros alemanes en desuso toman vino tinto y cerveza. Y a través del hilo musical salen las notas de aquél mítico disco de la Unión: "Últimos retoques en el Metrosol. Últimas caladas agotando el tiempo. Miradas vuelan en el corredor... Todos los gatos son pardos en la oscuridad. Mujeres bailan tangos, en las calles".

 

 

 

 

La ruptura

 

 

            Andaba buscando una melodía que representara una ruptura, la ruptura, cuando de la radio salió la voz de Miguel de Molina: "Ná te pido, ná te debo, me voy de tu vera, olvídame ya, que he pagao con oro tus carnes morenas...". La bien pagá. Pareciera que aquel viejo republicano exiliado en Argentina quisiera prestarnos su melodía para esta carta.

            La ruptura. He andado varios meses dándole vueltas a la cuestión (pura torpeza de este viejo militante que olvidó el manual y anda intentando aprender; desaprendiendo para aprender). Partía de un error que me impedía construir el discurso. Yo pensaba que teníamos que romper con ellos. ¿Con quienes?, se preguntarán ustedes. ¿Qué es lo que hay que romper? Las preguntas, las malditas preguntas. Yo tengo mis respuestas, pero solo son eso, mis respuestas. Y en todo caso quiero compartirlas con ustedes, si les parece bien.

           Ellos son la contraparte, llamada hoy la élite europea, y son los representantes de la clase dominante. Los mismos que hace sesenta y seis años llegaron a un acuerdo con las organizaciones políticas, sindicales y sociales surgidas de la correlación de fuerzas de la Segunda Guerra Mundial -ahí, casi ná-. El acuerdo se basaba en un modelo de producción fordista, en el reparto de una parte de la riqueza generada, en un modelo social de convivencia seudo democrático y en una  gestión de los recursos y la economía a través de organismos "democráticos". A cambio, las partes se comprometían a la no agresión, a la Paz Social. Mientras, se exprimía al Tercer Mundo y a la periferia dentro de Europa. "Tós buenos", como diría mi compadre Tonichi. Los amos nos hacían un lugar en su mesa, y hay quienes mantienen que hasta en la cama, eso sí, gracias a la existencia de los países socialistas y mientras los pobres siguieran siendo pobres.

            En el estado español se da un proceso parecido después de la muerte del dictador, que se concreta en los Pactos de la Moncloa, y que jamás dará paso a un estado del bienestar aunque sí a un estado asistencial. Y es tan vergonzante el acuerdo que treinta y cinco años después los demócratas republicanos asesinados por la dictadura siguen enterrados por miles a lo largo de la geografía española en fosas comunes, como perros, mientras sus asesinos reposan en el camposanto o caminan por las calles de nuestras ciudades, y las sentencias emitidas por los tribunales golpistas contra personas como Miguel Hernández,  Julián Grimau, Blas Infante y otros cientos de miles  de demócratas, siguen vigentes después de más de setenta años. ¿A quiénes tenemos que darles las gracias por traernos esta democracia que restituyó a la monarquía española y que está favoreciendo el retroceso en las conquistas sociales?.

            Pues eso, se rompen dos cosas, el Contrato y el reconocimiento de la otra parte, que son las viejas instituciones que aún se atribuyen la representatividad de los ciudadanos. Y rompen quienes pueden romper y quieren romper, la élite dominante, los amos, los de toda la vida. La otra parte se resiste a aceptar la ruptura y colabora en la rapiña de los derechos de los ciudadanos legislando a través de los parlamentos y firmando acuerdos laborales que suponen retrocesos brutales de los derechos de los trabajadores.

            Estas viejas instituciones surgidas de un momento histórico que ya no existe se perciben por los ciudadanos como instituciones no deseables: "No nos representan". No son interlocutores validos. Su fase, su trabajo ya terminó y solo le quedan dos caminos, o la catarsis o que la élite les utilice como el antídoto de lo nuevo.

            Las agresiones constantes que estamos sufriendo los ciudadanos y la resistencia que está surgiendo al margen de las viejas instituciones deben generar sujetos políticos que coordinen un nuevo Proceso Constituyente. No caben reformas, entre otras cosas porque la contraparte no las acepta. Y nosotros, los ciudadanos, poco o nada tenemos ya que perder salvo que nos quiten los grilletes invisibles que nos unen a ellos y los conviertan en reales.

            Varias puertas se abren ante nosotros, entre ellas, cómo no, la de la barbarie. Pero junto a ella se encuentra la de poder construir un mundo nuevo, más justo, más humano, con una relación de respeto con la naturaleza que hoy no existe y que es necesaria para nuestra propia supervivencia como raza. En medio de ese camino entre la Asamblea Constituyente y ese Nuevo Mundo, un millón de horas de trabajo de hombres y de mujeres, de luchas contra los desahucios, contra la exclusión social, por mantener nuestros derechos sociales y laborales, un millón de batallas en defensa de la naturaleza y la paz mundial, y el aprendizaje de unas nuevas relaciones de convivencia basadas en la solidaridad y el respeto mutuo. Ahí esta el tajo, y ahí nos vemos, porque merece la pena vivir y morir en el intento. Salud y buena suerte.

 

 

 

 

¿Hacia dónde mira la izquierda?

 

            Aquella mañana el maestro preguntó: "¿quién hizo el mundo?". A lo que mi amigo El Pesetas respondió: "los albañiles, maestro". Nadie de los presentes lo dudó ni un momento. El mundo lo estaban haciendo nuestros padres y hermanos mayores, de oficio albañiles, encofradores, carpinteros...

            En aquella escuela provisional que duró nueve años, hecha de ladrillo de hueco doble, sin cámara de aire y cubierta de uralita (hoy ponen prefabricados a los que llaman caracolas), el único que no compartía la afirmación era el maestro. Y estaba dispuesto a hacérnoslo comprender al precio que fuera. Tan grande fue la resistencia como la represión que se transmitía a través de una regla de madera (regalo de aquel régimen, este es más sutil) y vaho pegajoso a tabaco y aguardiente desprendiéndose del aliento del diplomado. Él tampoco quería estar allí.

            Ese fue el recuerdo que me vino a la cabeza (sin ninguna ira ni rencor, porque a pesar de todo yo tuve una infancia feliz) cuando al final de los escalones y de espaldas a la entrada de la catedral vi a un señor de gesto sereno y serio, con indumentaria de clase media, que portaba un cartel con la leyenda: "¿Hacia dónde mira la izquierda?". Buena pregunta -me dije-, y a la memoria me vino una pintada hecha en un barrio de Buenos Aires, Villa Carlos Gardel, que decía: "Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas". Con aquella incógnita a despejar aquel señor hacía temblar mis cimientos ideológicos. Y yo, para colmo, no sabía dónde había dejado mi manual. Tal vez el hombre orquesta que tocaba al final de la avenida una vieja melodía de Jimmy Hendrix, Machine gun, lo sabría.

            La izquierda, la no neoliberal, la que no está gobernando para los banqueros y la élite global, cada vez que elige un camino va de regreso al mismo lugar, su castillo, en ruinas pero su castillo. Lleno de estanterías, de manifiestos, de proclamas, de viejas recetas y métodos, de unidades y de rupturas, de puñales nuevos. Donde romper con el pasado es una traición y sin embargo su pasado, nuestro pasado, no el de la resistencia, sino el de la colaboración, nos arrastra al abismo.

            La izquierda, mi vieja izquierda, aún no ha llegado a comprender que no se trata de una rencilla de "nosotros contra ellos". Porque en ese nosotros contra ellos queda excluida la sociedad.

            No podemos, viendo como estamos viendo que el Imperio y su guardia pretoriana, la UE, en una nueva cruzada de colonialismo humanitario van dejando muerte, destrucción y desigualdades sobre las naciones y pueblos que apenas tienen capacidad de resistencia, y que se nos arrebatan las conquistas sociales de los dos últimos siglos, tener como objetivo estratégico unas elecciones que además tienen las cartas marcadas. No podemos seguir mirándonos hacia dentro.

            Yo reivindico que el mundo lo hicieron los albañiles. Y que hay que desnudarse en las plazas, en estas que nos traen ahora o en las del futuro. Dejar que el agua nos caiga en el rostro y que el viento seque nuestra piel.

            A la izquierda no la salvará ni el 20N, ni el 21N ni el Dios de los ateos que es el único verdadero. A la Izquierda o la salva su fusión con la sociedad o está muerta.

 

 

 

Ratón griego, ratón español

 

            ¿Qué sería de nosotros si nos mutilaran el tiempo donde buscamos nuestros sueños y nos robaran las calles para pasear?. Entre estas calles del barrio de Santa  Cruz, donde te besaron por primera vez y colocaron versos de poetas de la fosa común del destierro, he visto al gato perseguir al ratón griego y veo entre las líneas de los periódicos cómo la misma elite  nos susurra: "¡corre, corre, ratón español, juguemos al juego!" Vuestras ministras, la oposición, vuestro jefe de estado están en mi camada . Corre, corre, ratón español, escóndete en la calle Susona o escápate por la calle Pimienta. Corre ratón español, tus gatos comen de mi plato. Voy a devorar tus pensiones, tu sanidad, tus inversiones en educación. Mira cómo mis gatitas salen a la tribuna, mira cómo mis ministros promueven leyes, mira cómo tu parlamento aprueba medidas. Corre, ratón español, que no oyes en este mundo de la desinformación global cómo devoro ratones griegos. ¿Recuerdas cómo los atrapé? Les daba terreno mientras mis gatos se resistían, ellos se confiaban, mis gatos retrocedían... esta medida sí, esta no. Los ratones salían  de la ratonera y corrían y corrían y ¡zas!, ratones a la cazuela.

            Corre, ratón español, da de comer a los banqueros, aumenta el IVA, reduce gastos sociales. Engorda, ratón español, yo te compraré tu deuda y tus hijos seguirán siendo mi sustento, y si uno de cada cinco españoles está en la pobreza, no importa, a esos también los devoraré.

            Ratoncito español, juguemos al juego mientras termino con Grecia.   

 

 

 

 

Carta abierta a los firmantes del texto "Una ilusión compartida"

       

Termino de leer el manifiesto que han firmado ustedes con el título "Una ilusión compartida" y, antes que nada, les quiero dar las gracias por su compromiso intelectual y personal con la causa de los desheredados y la vida del planeta (contenido y continente).

            Me gustaría decirles también, por otra parte, que su manifiesto me ha ilusionado. Pero no es así. Es más, no es así y además sería un ingrato con ustedes (por todo lo que me han enseñado) si no se lo dijera abiertamente. Callarme sería compartir el error, si es que lo es, y no serviría para nada.

            Ustedes en su manifiesto nos vienen a hablar del descrédito de la política, de la falta de horizonte de la izquierda, de un gobierno socialista incapaz de imaginar otras recetas que no sean las de los mercados financieros, de la regeneración democrática, de la defensa de lo público, de los malos resultados electorales, de romper el bipartidismo, de la rebeldía de las redes sociales, de que hay que devolverle a la vida pública la dignidad, de la unidad y el esfuerzo de todos para reconstruir la izquierda... He de decirles que coincido con ustedes en el análisis de la gravedad del momento histórico que vivimos, del avance de las políticas propuestas por los mercaderes financieros, de la derrota electoral y la falta de horizonte de las fuerzas políticas de la izquierda del régimen, y del avance de la izquierda social que ustedes llaman redes sociales.

            En España, la llamada transición democrática, que en la práctica significó la continuidad del régimen anterior, ha dado como resultado que esas políticas reaccionarias hoy se encuentren caminando de la mano de una parte de la izquierda, la izquierda de este nuevo régimen. Esa misma izquierda que pactó la ley d'Hont, que ha ido desmantelando a sangre y fuego la base social democrática (mayoritariamente de izquierdas) surgida de la lucha contra la dictadura y que, no sin una gran resistencia, se tuvo que tragar la transición pactada por la izquierda del régimen en su conjunto.

            De aquellas lluvias, estos lodos. Ese proceso que nos ha traído hasta aquí, también, como su manifiesto, tiene sus artistas e intelectuales que han formado y aún forman parte de este régimen democrático que preside como Jefe del Estado don Juan Carlos de Borbón, rey del reino de España.

            El chiringuito se cae, por mucho empeño que se ponga en apuntalar el tinglado. Se viene abajo, y la gran perdedora va a ser la izquierda del régimen en sus diferentes modalidades. Ya no hacen falta palmeros. La derecha, heredera del régimen anterior, va de fiesta. Y la izquierda, dueña de este régimen hasta ayer, va de entierro. Con o sin plan B.

            Era de esperar que en una situación tan grave como esta la izquierda político-electoral echara mano de ustedes. Un manifiesto más, el gran manifiesto, el manifiesto. Un ladrillo más en el muro que nos impide ver el horizonte.

            A algunos de los firmantes los conozco desde que eran estudiantes. Sé de su sinceridad y no dudo de la del resto de los adheridos. Pero en este momento de la Historia la sinceridad y la buena fe no son suficientes. Nuestra sociedad necesita matronas, que no enterradores, que no un coro de sirenas. Necesitamos que ustedes, que celebran la rebeldía de las redes sociales (la base social de izquierdas organizada, en definitiva), su energía renovada y llena de matices, vengan a aportar algo nuevo como uno más. Necesitamos que rompan con el régimen, no que planteen la salvación de este enfermo terminal. Ustedes tienen el derecho y el deber de participar en su demolición, tienen el derecho y el deber de decir "¡hasta aquí hemos llegado!". No es una cuestión electoral, no es solo la forma, sino también el fondo lo que nos hace romper. Ustedes tienen el derecho de reivindicarse herederos de las mejores tradiciones de los intelectuales de izquierdas y plasmarlo en su obra, en el debate y en la organización de las revueltas sociales actuales. Nosotros, de pedirles que nos acompañen en el nacimiento y la construcción de un mundo nuevo.

 

 

 

Chistes a 50 céntimos

 

            Hay un indigente en mi ciudad que, debajo del Arco de la Macarena, vende chistes a 50 céntimos. Es un gran emprendedor.

            Tiene chistes de todos los colores, pero está especializado en humor negro. Es debido a un shok emocional que sufrió cuando le quitaron el trabajo, el coche, la mujer, los niños, el perro, lo echaron del club social (sin estar borracho) y lo abandonaron los amigos y amigas.

            Si quieres un chiste, te acercas a él, le das 50 céntimos y te cuenta una historia. Él dice que la mayoría de los políticos cuentan cuentos y cobran más. Y que por eso, en señal de protesta por la competencia desleal que suponen, se puso frente al Parlamento. También dice que la banca y el legislativo han puesto el listón tan alto que es mejor pasarlo por abajo. "Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa", canta Liliana Felipe de fondo mientras él cuenta sus chistes. Para él los banqueros son buena gente que viven de puta madre por el bien de la humanidad. “Son unos filántropos -explica- que nos recomiendan invertir nuestra pasta en sus bancos mientras ellos la suya la guardan en Suiza o en las Islas Fiyi”.

            Es un Séneca. Su teoría es que la élite europea nos quiere igualar a todos los ciudadanos (por abajo, claro está), por eso cada vez hay más indigentes. Van a ser la clase social mayoritaria del futuro.  El Sujeto Revolucionario. "Indigentes Europeos, Uníos".

            El euro, sin ir más lejos, según él, es un Mágnum 44 (El mismo de Harry el Sucio) en manos de Alemania y el FMI, apuntando a Grecia, Irlanda, Portugal, España... “Dadme vuestro Estado y a cambio os presto dinero”. Dice que la palabra rescate, en boca de nuestros salvadores, es similar a ofrecerle a cada uno de los millones de europeos que se están ahogando (por salvarlos a ellos) un saco de cemento de cincuenta kilos para que se agarren a el y floten.

            Y mientras, de fondo, Liliana continúa: "Tienes que decidir quien prefieres que te mate: la pobreza, la miseria, el Tratado de Libre Comercio o el Programa contra el Hambre". Tienes que decidir.

            Pues va a ser que no.

 

 

 

Humo en el cuadrilátero

 

            Nos tenían en el cuadrilátero de un local donde el humo nos impedía ver al adversario, al enemigo. Aunque a veces la luz también produce ceguera.

            Estábamos arrinconados, con la guardia bajada, hundida. Recibiendo golpes con un guante de seda que daba paso a otro de mercurio, en una sucesión de directos, de crochet, de ganchos, de swing, que nos hacían besar una y otra vez la lona.

            Noqueados, desde nuestra propia torre de marfil sentimos un rayo de luz. Alguien entre el público, un amigo, un topo, abrió una grieta en el muro. El aire fresco entró en nuestros pulmones, rompimos los límites del ring y salimos a la calle.

            Este combate desigual y amañado, con unos árbitros vendidos, se convierte en un juicio a las élites, a su avaricia, y a nuestra complacencia.

            Un decálogo de golpes entra en nuestras manos desnudas, manchadas, y el adversario, el enemigo, empieza a oír cómo llamamos a su puerta.

            Este combate será, porque ya lo es, largo y cruel. No tendrá fronteras de estados-nación, ni razas, ni religión aunque se empeñen en convertirlos en actores de primer orden. Nos harán dudar y dudaremos de nosotros mismos, nada nuevo. Tendremos miedo porque nosotros sí somos humanos. Nos perderemos en el camino y volveremos a las plazas, a seguir fajándonos asalto tras asalto. Cada uno de nosotros, de nosotras, será una micra de fibra en cada uno de los guantes. Y si nos ganan el combate habremos aprendido para el próximo. Ese será nuestro legado. Nosotros, poco o nada tenemos que perder y sí un mundo nuevo que construir. Ellos, todos sus privilegios.

            Nos vemos el 19 de junio en las calles.

       

 

 

Espías en la Retaguardia III

 

            Me preguntan ustedes sobre la veracidad de hechos y personajes de Espías en la Retaguardia I y II. He de decirles que para mí la verdad es un valor inviolable, pero en todo caso la visión de la realidad es diferente siendo los hechos los mismos. Por ejemplo, un estadounidense dirá que a Irak han ido a llevar la paz y la democracia, mientras que un iraquí hablará de genocidio y robo organizado contra su pueblo.

            Cuestión de matices, mantendría Don Juan de Mairena en una de sus clases de retórica.

            De matices habló también aquella mañana Eric en el Barrio de Santa Cruz.

            El espía indigente nos explicaba cómo los antisistema habían tomado el poder a través del control de la banca, de los parlamentos y de los grandes medios de comunicación. Eso les permitía imponer sus reglas de juego. Y mientras una parte de la izquierda se empeñaba en salvar a los regímenes en descomposición, los antisistema iban devorando los recursos de los ciudadanos. "La mierda es la misma, lo que cambia son las moscas". Así de duro era Eric. Él nos decía que la izquierda no había entendido nada. Que no solo de entre sus filas podrían surgir elementos que dinamitaran el Estado, sino que era la elite dominante la que habría programado la demolición del viejo aparato-nación. El objetivo era liberalizar las relaciones entre ciudadanos y elites antisistema: "aquí mandamos nosotros, no hay intermediarios".

            Ha pasado desde aquella charla mes y medio. Eric desapareció y Priscilla volvió a Londres. El torero y yo seguimos recorriendo las calles de esta vieja Híspalis y mi Betis sube a primera. Habrá más circo pero menos pan.

            De nuevo un fantasma recorre  Europa. Es el de las penumbras, aunque no hay oscuridad sin luz y los ciudadanos van despertando.

            La Historia continúa. Nos vemos en La Plaza.

 

 

 

Espías en la Retaguardia II

 

            Estimado Director, queridos lectores. He de pedirles disculpas por alterar el relato de "Espías en la Retaguardia". A veces los hechos nos desbordan y yo quiero compartirlos con ustedes.

            Sonaba Alfredo Zitarrosa (Mire amigo...) ,cuando llamaron a la puerta. Era Fede. Me traía de su huerto pimientos, tomates, pepinos, ajos... Poco después llegaron El torero, mi compañero de trabajo, y Priscilla Thurlby, socióloga londinense que nos había dejado un antropólogo a recaudo.

            Fede nos sorprendió -"os voy a hacer un gazpacho"- y se puso manos a la obra. Mientras Alfredo Zitarrosa continuaba (Yo se quien soy...), "compadre" -me decía mi amigo- "la historia de los pobres se ha construido a base de gazpacho". Y ahí terminó el disco de Zitarrosa con Crece desde los pies.  

            En la sobremesa hicimos partícipe a Fede de nuestro encuentro con Eric, el espía en la retaguardia, recordando que él construía su relato colocando piezas de un puzzle inacabable y convirtiéndonos en los testigos de su información.

            El espía nos advertía de una gran movida en todo el Estado. El inicio de unas revueltas, de método y originalidad no conocidos, lo que produciría grandes especulaciones entre propios y extraños. El día 15 de mayo la TV daba la noticia. En cincuenta ciudades españolas se habían producido manifestaciones con decenas de miles de asistentes. Al día siguiente la policía disolvía las acampadas que los participantes estaban realizando. El mensaje era claro: "esto no es Egipto, aquí no habrá ninguna Plaza Tharir, ya tenemos democracia". Así pensaba el poder. Eric nos previno. Mientras ellos están mirando a La Ribera Sur del mediterráneo, comprobando cómo avanza su contrarrevolución, aquí se apila leña en las plazas. Ese es el riesgo de prender fuego tan cerca de casa cuando se tiene a millones de personas sin futuro a las puertas de la indigencia.

            Aquella tarde, en la biblioteca, entre Sartre y Carpentier, coloqué la receta del gazpacho que me dejó mi amigo Fede.

 

 

 

Espías en la retaguardia I

 

            Señor Director, queridos Lectores. Soy consciente de que este texto puede parecer surrealista, no tengo duda. Pero la línea entre lo real y lo aparente es tan efímera que solo una perspectiva global e histórica inclina la balanza a un lado o al otro. Juzguen ustedes, yo ya saqué mis conclusiones.

            Todo ocurrió una semana antes del accidente. Regresaba de ver una exposición de la artista sevillana Inmaculada Salinas en la que daba algunas claves sobre la relación del poder con el arte y lo femenino en un mundo globalizado.

            Me esperaban en la Plaza de los Refinadores la socióloga londinense Priscilla Thurlby y El torero, mi compañero de trabajo.

            Mis amigos estaban a la sombra de una palmera y al olor de los jazmines. Escuchaban a Eric, el indigente más antiguo de la urbe. El abogado belga, de apenas un metro sesenta de altura, de ojos de azul profundo mediterráneo y pelo rubio tostado al sol de Sevilla, que llegó a la ciudad en la expo del 92 y ya nunca regresó a Flandes, explicaba a los oyentes, como si de un catedrático de derecho civil de la Hispalense se tratara, el papel de los espías. 

            Hay dos tipos de agentes secretos -nos decía-, los que están en zona de conflicto y los espías en la retaguardia. Los primeros se camuflan en las ONG, de periodistas o de hombres de negocios. Los segundos, los componemos los llamados indigentes, somos una tupida red de agentes que estamos a pie de calle, olemos el polvo del contraespionaje y preparamos las acciones para el frente. En España, tenemos tres grandes redes de operaciones, en Barcelona, en Sevilla y en Madrid. En esta ciudad estamos sufriendo un duro ataque. Posiblemente fruto de un agente doble. El ayuntamiento pretende sacarnos de las calles y llevarnos a  las afueras a campos de concentración.

            Los tres seguíamos las explicaciones de Eric, al que nunca vi borracho y siempre me pareció una persona educada, culta y limpia a pesar de vivir en la calle.

            Estamos en  medio de la Tercera Guerra Mundial. La democracia es hoy la palabra sagrada y los apóstoles y sus discípulos viven en los países desarrollados. Ya no hay espacio para la resolución pacifica de los conflictos y volvemos a la ley del Talión. El objetivo es salvar a  la humanidad aunque se corra el riesgo en el empeño de su propia destrucción.

            Así nos decía Eric, como prefacio de toda una cascada de acontecimientos y claves a contar.

 

 

 

El poder de La Plaza

 

           Mi abuela trabajó cuarenta y cinco años en una plaza. Vendía frutas y verduras. Siglos atrás, no tantos, en ese espacio a cielo abierto se vendían esclavos.

            La plaza es un lugar de encuentros, de lealtades y rupturas, de mercaderes, de niños y niñas que juegan, de mujeres y hombres que hacen y deshacen el mundo.

            La plaza es un lugar para tirar y derrotar tiranos. Para morir un día sentado en un banquito acariciado por unos tenues rayos de sol.

            La plaza es un lugar para soñar y dejar que las ilusiones sobrepasen su perímetro.

            Hay plazas con poder, plazas efímeras, plazas que se enfrentan a los mercaderes.

            Hay redes de plazas y calles que controlan su destino.

            Hay plazas de parlamentos, de universidades, de fábricas, de pueblos y de ciudades.

            Hay plazas de desheredados y de pudientes.

            Las plazas pueden ser gestionadas por entes públicos, privados o autogestionadas por los ciudadanos.

            Cuando las plazas son conscientes de su valor, cuando la gente que ocupamos la plaza decidimos que no hay marcha atrás, el lugar nos ofrece un viaje individual y común. Nos da tres calles a elegir y nos susurra al oído: "Ya sois mayores, elegid. Si lo deseáis podéis volver a vuestro lugar de partida. O ir a exigirle a los usureros y a sus lacayos pagados con el fruto de la rapiña que os devuelvan lo robado. O construir un mundo nuevo. Esta vieja plaza ya no puede daros más".

            Es un momento cruel, pero inaplazable. La plaza ya dio a  luz su rebelión. Ahora les toca a los hijos de la luz elegir su camino.

                                   

 

 

 

El Negro del Gran Wyoming

 

            Créanme, señoras y señores, si les digo que lo que les cuento aquí, en mi carta, es tan cierto como que termino de leer el segundo tomo de "Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero" de Álvaro Mutis, mientras caían los últimos versos cantados por Chabuca Granda de la melodía "El fusil del poeta es una rosa", y me coscaba de que al fondo del jardín ingles, en el muro, alguien ha hecho una pintada en rojo apagado y en caligrafía ácrata que dice "El Manso es El Manso".

            Hacía un buen rato que la Iglesia de Santa Inés, la de la dama del tizón, había dado las campanadas de la hora del ángelus. Mi compañero el torero y yo comentábamos con Estrella, mientras tomábamos un refresquito de limón, las medidas de seguridad e higiene en la retirada del amianto. En la barra de aquel bar cercano al Palacio de las Dueñas, donde naciera nuestro Don Antonio Machado, el madrileño, un parroquiano que se jactaba de decir que escribía guiones para el Gran Wyoming en negro, empezaba a degustar la primera de la media docena de croquetas que le habían puesto. Dos lágrimas se le escapaban por las mejillas, señal de que no estaban frías. En eso estaba cuando en un abrir y cerrar de ojos dos secretas se le acercaron por detrás y a la velocidad del rayo lo esposaron. Mi amigo el torero y yo nos quedamos estupefactos, ¡era imposible! Cuando el madrileño vio por el rabillo del ojo a la secreta, le empujó a la croqueta casera que tenía en los labios con el dedo corazón y, conforme le bajaban las manos para esposarlo a la espalda, se metía en los bolsillos de la chaqueta las cinco restantes no sin antes echarse un traguito de la caña.

            Era evidente, no nos quedó ninguna duda. El madrileño era el negro del Gran Wyoming y el manso es el manso.

 

 

 

Beber de los Manantiales

 

            Una minoría de seres humanos acompañados de su avaricia se empeñan en hacérselo pasar mal al conjunto de las personas de este astro. Ellos necesitan sentir el poder de la destrucción, acaparar más y más riqueza porque en ello encuentran el  placer. Pero nunca hallarán ahí la felicidad.

            Cada ser humano es único en sí mismo, no hay otro que sea como él, ni piense igual, ni sienta de la misma manera. Cuando un ser humano desaparece algo insustituible se destruye.

            A los pies de mi balcón se extiende un jardín inglés salpicado de bancos de madera. En ellos se sientan las madres, mientras los padres erguidos otean como sus vástagos aprenden a jugar y, en un coro de armonía, hijos y progenitores adquieren hábitos sociales.

            Mis amigos, Diego, Eusebio, Prieto, Inma, Francisco, Andrés, Bea... trabajan en lo mismo, pero en diferentes empresas. Les gustan las letras, la imagen la comunicación, el contacto con la calle. Ellos informan a los ciudadanos y a veces hasta los desinforman. No es su objetivo, es el resultado del exceso de información.

            Recuerdo que, subiendo las escaleras, hay una leyenda: "La verdad os hará libres". Yo le añadí: "si se pelea por ella".

            Durante dos décadas me he comunicado con cientos o tal vez miles de personas a través de Cartas al Director y a los Amigos y Amigas. Es un método que tiene más de tres mil años. Mi objetivo fundamental ha sido decir que por encima de una persona no hay ninguna otra, que todos los seres humanos somos iguales en derechos y en deberes, que se puede vivir en armonía con la naturaleza y que ser feliz en este planeta, a pesar de los infelices que se empeñan en lo contrario, es posible.

            En estos momentos de confusión, es conveniente beber de los manantiales para recordar qué es lo fundamental y dónde están los enemigos de la humanidad. Ahí nos iremos encontrando y hallaremos las respuestas.

          

 

 

 Que regresen nuestros soldados

 

            En estos tiempos que corren, donde el humo de la pólvora deja ciegos a los pueblos, es difícil ser poeta, difícil no irse detrás de la enseña al ritmo del tambor, difícil no ser uno de los que echa la cuerda sobre la rama del olivo al que no le quedan hojas que la tórtola arranque en señal de paz.

            Cuando decidieron salvar a los ciudadanos de aquel país, la nación hermana llevaba un millón de muertos a manos de los salvadores.

            Cuando entregaron el manual de la buena invasión, ya se habían repartido el botín de guerra, el oro negro.

            Cuando los votantes se pusieron en contra de la paz, los misiles no caían sobre sus casas.

            Cuando los mercenarios eran contratados por los aliados, los llamaban soldados de fortuna. Cuando los contrataba el adversario, los llamaban asesinos a sueldo.

            Cuando el presidente y sus ministras informaban de la evolución de la campaña, las madres lloraban a los hijos y los hijos a las madres en la morgue de la realidad.

            Cuando todo era destrucción, las bombas de los oleoductos seguían funcionado.

            Cuando los hooligan de la parca mandaban a sus superbombarderos sobre ciudades llenas de vida, en los estadios de fútbol se celebraban los goles de las estrellas.

            Cuando tres parlamentarios en medio de cientos votaban en contra de la guerra, no hacían el ridículo, horadaban el muro para que un rayo de luz y paz entrara en el hemiciclo.

            Cuando el periodista le preguntó al general sobre la posibilidad del coronel (enemigo) de alcanzar territorio nacional, el uniformado respondió: "imposible, las armas se las hemos vendido nosotros".

            Cuando los señores de la guerra, los nuestros, los de Occidente, le prendieron fuego al Mediterráneo, no calcularon hasta dónde llegarían  las llamas. ¿O sí?

            Y yo, que sólo soy un hombre que pasea junto al Gran Río, que quiere estar en paz con Dios (aunque sea el de los ateos) y con los hombres, exijo a mi gobierno el regreso de nuestras tropas.

            Marcos González Sedano

 

 

El Juego del Mercado

            

            Hay un parquecito aquí donde vivo al que dan sombra dos olivos centenarios. Acarician sus ramas ocho estatuas de bronce de niños y niñas que juegan a la pelota, a piola, a la rueda y al pilla. Pareciera que el escultor nos invitara a la infancia, a juegos desaparecidos si no han sido mercantilizados.

            Las elites globales y locales también juegan su juego, el del Mercado. El Planeta es el lugar donde se desarrolla la partida y nosotros, los seres humanos, los animales y el medioambiente los objetos del juego. Quien más objetos acapare será el triunfador. Se pueden destruir objetos en guerras, por enfermedades, por hambre, por infelicidad, por frustraciones colectivas o individuales. Se pueden destruir continentes como África, siempre que no se destruyan sus materias primas. Se pueden envenenar acuíferos como el de la mina de las Cruces en Sevilla, que daría agua a sus habitantes en tiempos de sequía o el propio río Guadalquivir.

            Para jugar a este juego es importante no tener escrúpulos, ni corazón, ni sentimientos nobles. Se permite poner y quitar dictador según vaya la partida, hoy amigo mañana enemigo. Se pueden comprar parlamentos, presidentes y expresidentes (si se dejan) e imponer la energía nuclear mientras estalla Chernóbil o Japón.

            Las reglas del Mercado son claras, todo vale y vale todo mientras el juego no se pare.

            Como habrán podido notar ustedes, en este juego pierden muchos y a un precio muy alto, y ganan muy pocos. ¿Y si rompemos la baraja?

       

 

 

Mientras arde la Ribera Sur

 

        Mientras termino el sofrito del empedraillo de habichuelas y Joan Manuel me deleita con aquellos versos de Cantares de nuestro querido Don Antonio Machado, el que no regresó del exilio: "Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los  hombres mi canción..."

            Mientras los gobernantes gobiernan contra los ciudadanos.

            Mientras más de un millón de hombres y mujeres andaluces deambulan con las manos ociosas por una tierra rica, el gobierno andaluz ve como algunos del partido se benefician de forma irregular ERE tras ERE de prejubilaciones y el gobierno central eleva la edad de jubilación a los 67 años.

            Mientras se nos dice que la economía se está recuperando pero que no se creará empleo en un país con cerca de cinco millones de parados, donde los accionistas de las grandes empresas y la banca se repartirán decenas de miles de millones de euros de beneficios y congelan o bajan los salarios a los a trabajadores.

            Mientras se retoma la energía atómica, aumentan los precios de los productos de primera necesidad, el número de desahuciados y los impuestos.

            Mientras el cinismo de los gobernantes y la oposición se ve en sus caras y se prepara a la población del Norte y del Sur para invadir Libia y el armamento ya está preparado.

            Conforme Joan Manuel Serrat va terminando la melodía: "Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar..." Y una calma chicha recorre esta piel de toro, el viejo obrero de la construcción y mi otro yo discuten. Este mundo del revés, donde unos pocos viven muy bien a costa de que muchos vivan mal tiene que tener su fin.

            Y mientras arde la Ribera Sur del Mediterráneo y sus llaman calientan nuestros rostros, el que suscribe, que es un hombre que pasea junto al Gran Río, espera que la contienda sea breve y que los pueblos encuentren su camino.

 

 

La noche de los cristales rotos. Ensayo general

            

            Aquella noche del tres de diciembre, la voz de Marlene Dietrich y su melodía Lili Marleen acompañaban a las imágenes de los aeropuertos. Las voces de los periodistas, de los ministros, de los ciudadanos iban y venían en una borrachera colectiva de secuencias televisivas. "¡Son una casta, unos chantajistas, mafiosos, secuestradores, privilegiados...!", "¡que saquen a las tropas, que los despidan a todos!". Y de fondo Lili Marleen.

            Siempre me preocupó la subida de Hitler al poder y cómo le secundaron las masas. Las mismas que llevaron a sus vecinos a los campos de exterminio. Pero, ¿quiénes son hoy y aquí los judíos? ¿Acaso los trabajadores de cuello blanco? ¿Los funcionarios? ¿Los pensionistas? ¿Los conductores de autobuses urbanos? ¿Los profesores de universidad? ¿Los médicos? ¿La policía? ¿Los que aún tienen un trabajo estable con derechos? ¿Los trabajadores con capacidad de movilizar y de ganarle el pulso al estado de los mercaderes? ¿Es ese el teatro de operaciones?. Y de fondo Lili Marleen.

            Estoy viendo cómo se fabrican el miedo, la envidia, la inseguridad, y se ofrece al mismo tiempo la mano dura. "Me cueste lo que me cueste". "Y eso se va a mantener por encima de todo". "Al gobierno no le temblará la mano". Son sus gritos de guerra. Generar miedo para dirigir a las masas, un truco muy viejo. ¿Pero hacia dónde?¿Cuál es la hoja de ruta?¿El Informe Everis? ¿Salvar a los cientos de miles de familias que han sido desahuciadas o lo van a ser? ¿Garantizar un salario social a los parados de larga duración para que al menos coman garbanzos? ¿Con quién la mano dura, con los mercaderes que nos han llevado a la ruina, con los vende patrias que ofrecen el suelo de España al Imperio para que amplíe sus bases militares? Y de fondo Lili Marleen. 

            Así tuvo que llegar la noche de los cristales rotos, en un ensayo general. Cuando el miedo venció a la cultura y a la honradez, y asesinó a la dignidad. Entonces hubo trabajo para todos. En las fábricas de armamento, de ropa militar, de chivatos ejerciendo en las esquinas contra los cabecillas de las huelgas. En ese momento estaba todo preparado, ya no faltarían ni cerveza, ni pan, ni entierros. Ya no habría privilegiados. Lo anunciaron en el Gran Parlamento de la Unión: jornadas laborales de 65 horas semanales, eliminación de la cobertura pública sanitaria y educativa, salarios de miseria... Iguales todos. Iguales por abajo. Y al otro lado sólo las élites, los mercaderes y los postizos asociados. De fondo, Lili Marleen.

            
 

Fabricantes de pesadillas

 

            "Nos ven reír, nos ven luchar, nos ven amar, nos ven jugar, nos ven detrás de su armadura militar. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo".

            Así sonaba la resistencia en Argentina, en la voz de Liliana Felipe.

            Al fondo del autobús, como desde el fondo de la plaza, la perspectiva es la del pintor que ve cómo los planos se superponen y van cayendo sobre el lienzo.

            Las caras son tristes, los labios lacios, las conversaciones oscuras, cenicientas, superfluas, opacas. Han destruido su fábrica de sueños y viven pesadillas. Aquellas mujeres que bajaban del autobús años atrás sonriendo hoy dibujan inquietud en sus rostros. Es algo que ignoran y que las va horadando por dentro. Su futuro y el de los demás es incierto. El túnel en el que hemos entrado es negro como la felicidad que produce un anuncio de coches, de vacaciones, como la mueca de fidelidad a un mundo que agoniza.

            Tenemos miedo porque nos lo han transmitido gramo a gramo a cada una de nuestras venas.

            Tenemos miedo porque sin él ellos no existirían, porque su proyecto sin el miedo no es nada. Como nada es una gran superficie comercial a las tres de la madrugada, salvo productos caducos.

            Tenemos miedo porque el edificio que construyeron para nosotros se nos cae encima. Y no tenemos los planos para construir uno propio y por eso su mundo, el de la destrucción, lo hacemos nuestro. Es la gran prueba de nuestro miedo.

            Tenemos miedo porque cuando el miedo es colectivo, cuando es pandemia y forma parte de la sociedad, se retroalimenta. Son más difíciles las respuestas y cada uno de nosotros se convierte en una isla. Y es ahí donde ellos nos quieren.

            Para vencer al miedo hay que saber que se tiene y que es posible sentirse parte de un millón de desahuciados y no tener techo y que mis propias manos forman parte de esos diez millones de manos ociosas.

            Porque para ganarle al miedo esta partida las islas deben ser archipiélagos y los archipiélagos continentes, y el saberlo nos convierte a cada uno de nosotros en una fortaleza.

            No habrá miedo cuando sepan que no les tenemos miedo.

 

 

A la calle, que ya es hora

 

            En estas tardes de otoño, donde el Aljarafe guarda el viento de la ciudad, es fácil dejarse envolver por los versos de Gabriel Celaya en la voz de Paco Ibáñez: "Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quién somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo..."

            Mientras la democracia agoniza y las cruzadas contra los ciudadanos continúan, el Sistema se reinventa y se renueva a sí mismo traspasando rentas y derechos de los ciudadanos a las élites. Batalla tras batalla, apenas sin resistencia en este país del Manco de Lepanto, los pobres lo son cada vez más y los ricos cada vez son menos, pero más ricos.

            La democracia ha muerto, y la amortaja la izquierda ganadora en la transición, la misma que dejó en los acuerdos con los chicos del régimen anterior a decenas de miles de demócratas republicanos enterrados en las cunetas de esta Piel de Toro. Poco o nada se podía esperar de esta izquierda "democrática", salvo que una vez más se pusiera al servicio de los amos en estos tiempos de crisis para los más desfavorecidos. Las empresas pata negra, las de los amigos, siguen en beneficios y al igual que los bancos reparten dividendos  a costa de una deuda pública creada por su culpa. El Estado garantiza la reproducción del Sistema.

            La izquierda ha muerto, murió el mismo día que enterraron los principios y las formas. Cientos de miles de personas están siendo desahuciadas de sus casas mientras  los comedores de caridad tienen un nuevo cliente, la clase media. Paro más hipotecas de mil euros al mes, igual a indigencia. Los afectados en este fenómeno de masas se criminalizan a sí mismos y, más que en la rebelión, andan pidiéndole perdón a sus verdugos. Ha muerto la izquierda y con ella la democracia. La han sustituido por una papeleta cada cuatro años.

            Ayer, mi amigo Dani y yo anduvimos repartiendo papeles en los pueblos de la vega de Sevilla. No eran para pedir votos ni para crear un partido. Decían algo así: "Paremos los desahucios. La crisis que la paguen los que la han creado. Nosotros nos solidarizamos contigo". "Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse...". A la calle, que ya es hora, y  que cada cual elija su lugar en la barricada. Porque por nuestros actos nos conocerán y no por las etiquetas.
 

 

 

Degollando corderos

 

            Eran las seis de la mañana y la tensión de la jornada de huelga no me dejaba descansar, así que decidí suicidarme un poco. Dice mi pintora favorita que es una opción revolucionaria posmoderna. Yo opté por un Habana Club con dos terrones de hielo y por escuchar a mi querido Eusebio que pinchaba una canción de  Rosa María Cascolín i Figueras de Vila Franca del Penedés, más conocida por Gloria Lasso. "Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche, nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti, nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas...". Y ahí, mientras sonaban los cubitos de hielo en el vaso, me vino a la mente nuestro querido presidente del gobierno. Estaba vestido de carnicero turco, degollando corderos y corderas que una cohorte de ministras servia en bandejas de plata mientras escanciaban vino tinto en cristal de bohemia a reyes, banqueros, pijijipis y especuladores. En los aledaños de las mesas unos cuantos andrajosos recogían las migajas frente a una inmensa multitud que miraba tras los cristales.

             Inma, la periodista, me sorprendió con mi cámara en la  puerta del Corte Ingles. Yo llevaba toda la mañana visitando piquetes informativos con la ilusión de inmortalizar a los aguerridos obreros destrozando "pieras". Pero nada, la madrugada y la mañana fueron muy dulces, descafeinadas, chocolate con agua. Los piquetes ya no son lo que eran y hacían más ruido los policías que les acompañaban que las temidas hordas de Astilleros. Muchas horas de tertulias radiofónicas de señoras y señores que no tienen nada mejor que hacer que advertirnos de la violencia de los anarquistas y comunistas de las centrales sindicales, y después nada.  Podemos estar tranquilos. En los próximos días no habrá revolución bolchevique en este país. Ahora, estimados conciudadanos y conciudadanas, pueden tener ustedes una cosa segura, cuando los panaderos no hacen pan, no hay pan en las estanterías, y cuando los cocineros del italiano de al lado de casa van a la huelga, toca pizza congelada.

            Y ahí seguían Gloria Lasso y mi amigo Eusebio, natural del Puerto de Santa María, mientras yo reflexionaba en torno a la necesidad de que los sindicatos no bajen la guardia, de que busquen alianzas estables con la sociedad civil que impidan que el sonrisas siga degollando corderos. Y entonces recordé eso de que el buen pastor da la vida por sus ovejas. Será otro...


 

 

 

Camisas pardas, chaquetas desteñidas

 

            Si yo tuviese que escribir un drama empezaría diciendo: cuando los camisas pardas ya estaban en los parlamentos, cuando los camisas pardas ya cogobernaban, en nuestro país los chaquetas desteñidas les allanaban el camino. Y mientras, los neocamisas azules daban brillo a sus futuras carteras ministeriales de piel negra. 

            Cuando había cinco millones de parados, cuando el "basuco" entraba a camiones en los barrios obreros, a precio económico, muy baratito; cuando cientos de miles de personas eran desahuciadas de sus casas; cuando se empezaba a hablar del copago de la sanidad, de la Ley de Calidad de la Enseñanza, de la cogestión de las infraestructuras..., sus amigos, los más allegados, ya habían metido en los registros mercantiles los nombres de las empresas que terminarían la rapiña de lo poco de Estado Asistencial que quedaba.

            La respuesta no llegaba de ninguna parte, la clase media, con un sistema prensil muy desarrollado, andaba con la nariz tapada mientras a cada uno de sus miembros lo mandaban de reponedor a una gran superficie comercial.

            Cuando los demócratas, la sociedad civil organizada y los partidos de la izquierda auténtica, auténticamente auténtica, se sentaban a hablar de la unidad de acción, les relucían las navajas detrás de las espaldas.

            Mientras, la maquinaria de la propaganda de guerra llevaba años engrasándose y los militares adquiriendo experiencia en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Bosnia... Para eso sí que había pasta.

            Al no responder el conjunto de la sociedad ante tanto sufrimiento, se creaban las condiciones para que los hombres de traje negro, de guerreras plateadas y chaquetas de Hugo Boss, llegaran al poder.

            Tal vez porque soy un poco iluso, utópico, romántico y sigo  creyendo en la humanidad, voy a cambiar el drama por la comedia que diría: la gente, cansada de tanto ratero de guante blanco, se dejó de tonterías, se pusieron de acuerdo en diez cosas, se fueron  la calle y corrieron a gorrazos a los mangantes y a sus adláteres hasta el sumidero de la Historia. Fin.

            Gracias, compañero Labordeta, por haber encendido una luz en el camino y por habernos hecho el viaje más grato. Que la tierra te sea leve.

                                                                                                             

 

 

La elite y sus socios SA

 

            La elite de este país, a pesar de todo, cuando se levanta por la mañana va al retrete.

            Apenas unas decenas de miles de personas imponen las normas que el resto, hasta cuarenta y ocho millones, debemos acatar. Parece demencial pero es cierto.

            Nuestros parlamentos están legislando para que ese puñado de humanos tenga cada vez más poder. No les importa que millones de hombres y mujeres estén sufriendo por su avaricia, que millones de niños y niñas tengan su futuro cercenado. Les mueve la codicia. Y lo mismo mantienen su imperio sobre el desempleo de masas (cinco millones de personas en paro) que fagocitando empresas (han desaparecido un millón en los dos últimos años), o mediante el robo de guante blanco a través de la banca y los lobby de la construcción provocando cientos de miles de desahucios en un país con tres millones de viviendas vacías. 

            A esta elite, que va más allá de Emilio Botín y Francisco Rodríguez, se les quiere seguir entregando el resto del patrimonio público que le faltó por entregar a Don Felipe González. Los recursos financieros de aquellas empresas públicas que eran rentables y servían para mantener un equilibrio más justo entre los ciudadanos y los mercados les están sirviendo a los poderosos para subordinar la población a sus designios. Estamos viviendo la segunda parte de los años ochenta y noventa. Hoy nos vuelven a expropiar derechos y empresas para pasarlos al mercado: pensiones, sanidad, enseñanza, carreteras, redes de telecomunicaciones... El objetivo es acumular y acumular hasta reventar, porque reventarán. La cuestión está en cuántos cadáveres dejarán a su paso.

            La batalla a librar hoy es la de los ciudadanos por la democracia real en contraposición a la dictadura de las elites en un estado con barniz de democracia representativa. No puede haber democracia sin justicia social, sin reparto de la riqueza.

            A pesar de que hoy la contienda es la de David contra Goliat, la sociedad debe encontrar sus cauces, tejer redes de solidaridad, de resistencia democrática, y esperar que en el camino vayan surgiendo nuevos interlocutores que sustituyan a una casta política caduca que trabaja para un puñado de poderosos, la elite y sus socios SA.

 

 

 

Marcos González Sedano

 

 

Cátedra "Pepiño"

            

             Todas las historias tienen villanos, verdugos y héroes. Los dos primeros suelen salir en los medios de comunicación, a menudo como salvadores de patrias, garantes de la tradición, el progreso, la modernidad, y sobre todo como hombres y mujeres de estado cuando se trata de crucificar a los ciudadanos. Pero la realidad es distinta, la mayoría de las veces son mercenarios al servicio de los poderosos. Los héroes son seres anónimos que raras veces salen en los medios y en el callejero no aparecen sus nombres.

            Pepiño se colocó el puño americano. El acero brillaba en la penumbra. El Sonrisas le contemplaba desde la oscuridad del rincón. "Tranquilo, Pepiño", le decía.

            Detrás del cristal opaco, en la habitación contigua, la mafia del circulante llegada de todo el mundo rico babeaba sobre el cristal, viendo cómo Pepiño se ajustaba el metal entre los dedos. Pepiño quería homologar su guante americano al guante griego y había puesto a su equipo de mánager, entrenadores, fisios y publicistas a trabajar sobre el tema. El objetivo, cómo golpear sin matar y sin que se rebelaran los vecinos. Hasta ahora todo iba bien. Pepiño experimentó contra los controladores, gancho a la barbilla y puñetazo al hígado. El Sonrisas asintió: "¡Bien, Pepiño, bien!". Después les toco al resto de braceros y telecobraceros: "¡derecha, izquierda y a los riñones!".

            Pepiño suele relajarse en su rincón de la Ría de Arousa, donde comparte el Albariño con amigos de Jaén y Madrid. Tipos duros que premian a los que callan y recompensan a los colaboradores. Tipos que se meten en aguas teñidas y salen sin mancharse, gente de bien.

            Pepiño empieza a hacer escuela. La mafia del circulante le pide más y él pega más, eso si, siempre a los mismos y con dulzura. Ahora prepara  nuevas "mordidas" para sus amigos los de la pasta: sanidad, carreteras, enseñanza... "¡Bien, Pepiño!", se dice a sí mismo mirándose al espejo.

            El padrino de la otra banda lo pone como ejemplo: "¡que carallo, hay que aprender de Pepiño!".

            Pepiño es un hombre disciplinado, de la casa. Un fiel del Sonrisas. Sus días de gloria pasarán, pero él vive el momento pensando en la eternidad, soñando con dar clases magistrales en universidades y centros de poder ideológico. Quiere tener su propia cátedra, la de poli malo en el último atraco.

 

 

 

La Huelga general y el bloque social democrático

 

            A los sindicatos ya no les queda más que un camino: o la calle o la calle. Ya hace tiempo que se terminó la correlación de fuerzas que les permitió mantener elstatu quo que han mantenido hasta hoy. Sus avalistas en el parlamento han pasado a ser, a tenor de los hechos, los representantes directos (con matices o sin matices) de los "mercados", de los Alierta,  Botín, Polanco, González, etc. El pacto surgido de la mal llamada transición democrática, la paz social, se ha ido por el sumidero de la Historia.

            Yo, que estaba de acuerdo con las movilizaciones del pasado día 8, no tengo más remedio que reconocer que estaban mal planteadas y pésimamente organizadas. La hipoteca con el aliado PSOE arrastró a los sindicatos a esa situación. Fue un grave error estratégico no ver que se movilizaba contra las medidas y no contra el partido que las imponía, independientemente de su corresponsabilidad.

            La huelga general que se está planteando ahora no puede ser ni la de la venganza ni la de querer volver al lugar que se ocupaba. Ese ya no existe.

            Si CCOO y UGT quieren sobrevivir a la catástrofe a la que están abocados tienen que dar un cambio radical a su forma de hacer y de actuar. Caminar hacia posiciones más de clase, cuestionar sin titubeos el modelo antidemocrático al que nos llevan los mercados y formar parte activa de un nuevo bloque social democrático frente a la dictadura de los mercaderes. UGT y CCOO son útiles en la medida en que cumplan su fin, que no puede ser otro que la defensa de los intereses de los trabajadores y su compromiso con la justicia social, la igualdad y la defensa de los derechos humanos. Los ciudadanos necesitamos de ese tipo de sindicalismo para avanzar hacia una verdadera democracia social. Hoy más que nunca las cuestiones son ideológicas y es desde ese marco estratégico desde el que se puede y se debe convocar la Huelga General sin miedo al fracaso. Porque estaríamos volviendo a nacer. 

 

 

El mensajero ejecutor

     

       Zapatero se ha desplazado de la derecha de la izquierda a la izquierda de la derecha, dejando a la derecha más cerca de la "izquierda". El presidente se ha convertido en el mensajero ejecutor de las políticas neoliberales y con ese giro de cintura facilitará la llegada de la derecha al poder.

            En el acto de traición, el mensajero se suicida. Ha ido devorando a sus hijos como lo hiciera Saturno. La presión de los mercados lo llevó al festín. Cuando termine el aquelarre, el Bambi de acero será maldecido en primer lugar por su propia manada y después por sus víctimas, la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país.

            Al ilusionista de León se le va a poder conocer también como el enterrador de la socialdemocracia española. Cuando finalice el trabajo que está realizando, a su partido solo le va a quedar la marca electoral. ¿Qué están haciendo los hijos de Keynes frente al neoliberalismo de los Zapatero y los talladores de ámbar? ¿Cómo se van a reestructurar después de esta debacle ideológica?

            Los próximos tres años van a ser de vértigo, y no sólo por las medidas que los gobiernos, ya sean del PSOE o del PP, van a tomar contra los ciudadanos, sino además por las respuestas que se van a dar a esas medidas y la reestructuración de las llamadas izquierda y derecha españolas dentro de un proceso de recomposición de la política europea. La transición ha muerto.

            Cinco millones de parados, decenas de miles de desahucios silenciosos, dinero en abundancia para la banca a costa de una deuda pública inaceptable, miles de pequeñas y medianas empresas cerradas y la falta de propuestas para salir de la crisis que no sean la del sacrificio de los ciudadanos para que los que mandan sigan manteniendo al alza su cuenta de resultados. Eso es lo que hay encima de la mesa.

            Si partiendo de esa situación los ciudadanos empiezan a plantear medidas antineoliberales de carácter radical pero justas y democráticas, estarían legitimados. Que los dioses de los ateos y de los creyentes repartan suerte.

 

Asalto a la confitería            

El objetivo no es salir de la crisis, sino implantar un nuevo modelo de relaciones entre capital y trabajo, entre los muy ricos y el 90% de la sociedad española y europea.

 

            Las medidas planteadas por el gobierno solo son la punta del iceberg de una tanda de veinte impuestas por la banca y los grupos de inversión locales y globales. El objetivo real es la desmantelación del estado del bienestar. La correlación de fuerzas surgida después de la II Guerra Mundial ya no existe. Sanidad, enseñanza, correo, carreteras, puertos, aeropuertos, ejército, pensiones... Un gran pastel en un escaparate donde la banca y sus colegas no podían entrar y que ahora empiezan a degustar.

            No había que ser un lince para saber que el ladrillo nos traía hasta aquí. Por lo tanto cabría preguntarse si esta "crisis" no ha sido inducida como coartada para engullir la tarta de lo público.

            Las medidas tomadas ni son necesarias ni solucionan el déficit público, al que por otra parte ha contribuido la cesión de recursos financieros de todos los ciudadanos a la banca, la misma que sigue operando desde paraísos fiscales.

            Los trabajadores públicos son las víctimas. Sobran. No es una cuestión del 5% ni del 20% de pérdida salarial. Simplemente son una piedra en el camino de los banqueros y grupos de inversión en su asalto a la pastelería.

            Desde los mass media hemos sufrido una campaña psicológica dirigida por una parte a criminalizar a sindicatos, empleados de la administración y todo lo que oliera a resistencia, y por otra parte para que la población en general quedara desactivada de respuestas. Es curioso que tanto Felipe González como Joaquín Almunia hayan sido dos buenos voceros de esta campaña que no ha sido solo de la derecha sino también de una parte de la teórica izquierda.

            La presión sufrida por parte de otros países, incluido Estados Unidos, para que se tomaran estas innecesarias medidas, se llama agresión a la soberanía nacional de otro estado.

            A los ciudadanos solo nos queda un camino: decir no, ser como una piña, ir a la unidad de acción sindical contra las medidas, cuestionar el modelo en que nos quieren embarcar, denunciar a los que toman las medidas y a los que las inducen. Son, queramos o no queramos, tiempos de guerra contra la injusticia.

 

 

Comed hasta reventar, malditos

 

            La Europa de los pueblos vive un momento grave, difícil, peligroso.

            Estamos viendo cómo los grupos de inversión, la banca, los usureros legalmente constituidos, presionan a los estados a través de sus gobiernos para que pasen al mercado una buena parte de las rentas que los ciudadanos reciben directa e indirectamente.

            Quieren privatizarlo todo, todo lo que aún no han podido. Retirar las ayudas sociales, las ayudas a los campesinos, terminar de liberalizar el comercio, convertir el territorio en un bien de cambio (alguien le planteó a los griegos que vendieran el Partenón para pagar la deuda), devolvernos a la energía nuclear, terminar de matar nuestra salud a través de los transgénicos, ponernos un canon en sanidad a los usuarios, disminuir las prestaciones al desempleo en un país con cinco millones de parados y ni una sola medida para crear empleo... Empobrecer a la población para engordar ellos hasta reventar. No exagero,  sólo hay que mirar a Grecia.

            Hace un par de semanas, en una de mis cartas titulada "Solidaridad con el pueblo griego" (está en la red), hacía un llamamiento a un encuentro unitario para decirles a nuestros hermanos helenos que no estaban solos. La barriga nos impidió vernos los zapatos y no se hizo.

            Ahora vienen a por nosotros. Que nadie se llame a engaño, no son ni los empleados públicos ni los pensionistas, somos los cuarenta y cinco millones de españoles los que estamos en la diana (tal vez se salven las quinientas "familias" que controlan este país). Somos el siguiente trozo de tarta que los usureros se quieren comer y daremos un salto de gigante si esto lo tenemos claro y universalizamos las respuestas. Hay que desvelar lo que está ocurriendo y lo que nos tienen preparado. Los que ocultan la verdad se convierten en cómplices, los ciudadanos tenemos derecho a saberla y a madurar con ella.

            No debemos aceptar los chantajes de los grupos de presión. Los cementerios y las cunetas están llenos de personas que dijeron "No". Gracias a ellos la humanidad y la democracia avanzaron. No lo dudéis, nosotros sin ellos podemos vivir,  ellos  sin nosotros no.

            La sociedad civil, los intelectuales, las personas más conscientes, deben promover la creación de un movimiento social amplio de rechazo a los planes de ajuste de los mercaderes. Yo, por mi parte, he quedado con otras personas de bien para intentarlo. nos vemos el día 12 de junio en Mollina, Málaga. Están ustedes invitados.http://encuentroandaluz.wordpress.com/

       
 


 

 

 

 

Solidaridad con el pueblo griego

 

            Los que estuvimos en contra de la Unión Europea del capital hoy deberíamos estar tristes. Llevábamos razón. Nosotros no cuestionábamos el encuentro en un proyecto común y plural de los diferentes pueblos europeos sino el fin con el que se hacía, que era y es el de un mayor enriquecimiento de las elites locales y globales a costa de aumentar la explotación de las personas y del medio aquí y en el tercer mundo.

            Los pueblos de la Unión arden. Basta mirar a Gracia para ver el humo. Los ciudadanos griegos llevan hoy en sus manos la antorcha del "No pasarán" y el resto de los habitantes de la UE deberíamos preparar la dinamita para hacer saltar por los aires los tratados firmados hasta hoy, especialmente España, Irlanda y Portugal. Porque después vendrán a por nosotros.

            Grecia arde y yo en estos momentos también soy griego. Me encuentro en la misma barricada que los intelectuales y trabajadores helenos. Sus trincheras son las mías. Las de las calles y las de los textos con olor a tinta y sabor a e-mail.

            Los sindicatos de esta vieja piel de toro, de esta milenaria Europa, deben estar con sus hermanos griegos.

            El ensayo se está llevando a cabo en la tierra de Sócrates y Platón. Hoy Atenas es Madrid, Sevilla, Granada, Valencia, Bilbao, Dublín, Cork, Oporto, Lisboa... Todos debemos estar en guerra contra la avaricia de los especuladores y sus vasallos.

            Esta elite surgida de la globalización nos quiere devolver al siglo XVIII y lo va a conseguir. Nos están llevando a todos a las viejas reivindicaciones: "Libertad, igualdad, fraternidad, humanidad. ¡No pasarán!"

            Esto no es una carta al director. Es una declaración de guerra a los que destruyen la vida y los sueños de la inmensa mayoría de los seres humanos para que unos pocos mueran en la alberca de la abundancia.

            ¡Solidaridad con el pueblo griego! ¡No pasarán!

 

 

Ratón griego, ratón español

 

 

            ¿Qué sería de nosotros si nos mutilaran el tiempo donde buscamos nuestros sueños y nos robaran las calles para pasear? Entre estas calles del barrio de Santa  Cruz, donde te besaron por primera vez y colocaron versos de poetas de la fosa común del destierro, he visto al gato perseguir al ratón griego y veo entre las líneas de los periódicos cómo la misma elite  nos susurra: "¡corre, corre, ratón español, juguemos al juego!" Vuestras ministras, la oposición, vuestro jefe de estado están en mi camada . Corre, corre, ratón español, escóndete en la calle Susona o escápate por la calle Pimienta. Corr,e ratón español, tus gatos comen de mi plato. Voy a devorar tus pensiones, tu sanidad, tus inversiones en educación. Mira cómo mis gatitas salen a la tribuna, mira cómo mis ministros promueven leyes, mira cómo tu parlamento aprueba medidas. Corre, ratón español, que no oyes en este mundo de la desinformación global cómo devoro ratones griegos. ¿Recuerdas cómo los atrapé? Les daba terreno mientras mis gatos se resistían, ellos se confiaban, mis gatos retrocedían... esta medida sí, esta no. Los ratones salían  de la ratonera y corrían y corrían y ¡zas!, ratones a la cazuela.

 

            Corre, ratón español, da de comer a los banqueros, aumenta el IVA, reduce gastos sociales. Engorda, ratón español, yo te compraré tu deuda y tus hijos seguirán siendo mi sustento, y si uno de cada cinco españoles está en la pobreza, no importa, a esos también los devoraré.

 

            Ratoncito español, juguemos al juego mientras termino con Grecia.    
 

 

 

 

CARTA AL DIRECTOR Y A LOS CIUDADANOS

Marco González Sedano

 

Nosotros los ciudadanos
(III)

            Es mentira y además no es necesario que los seres humanos hayan nacido para sufrir. En la psicología de masas es imprescindible, para dominar, hacer creer a tus adversarios o a la sociedad a la que pretendes cautivar que en ella misma está la causa de sus males. Si tienes los medios apropiados es solo cuestión de tiempo, sobre todo en una sociedad en la que ha desaparecido el contrapoder, es decir, la sociedad civil organizada, hoy en la nómina de la elite.

            Es difícil romper el círculo donde nos encontramos, pero no imposible. Es imprescindible dibujar un nuevo marco de relaciones. Definir los elementos mínimos para la firma de un nuevo contrato social es hoy el objetivo, y que el conjunto de ciudadanos los acepten como suyos. A partir de ahí todo es cuestión de cambiar la correlación de fuerzas global y local, hoy muy desfavorable a los ciudadanos de a pie.

            ¡A la calle que ya es hora...! Los ciudadanos no podemos permitir que los que han generado la crisis salgan fortalecidos de ella. Hay que hacer cambios estructurales, pero no en la línea que se nos está planteando. De esta, su crisis, hay que salir con mayor cohesión social, hay que ir a una nueva formulación de la democracia, recuperar la soberanía de los ciudadanos, definir un nuevo modelo de desarrollo, de producción y de consumo, garantizar una vida digna y plena a todas las personas, el derecho a la libertad individual y colectiva sin estados parapoliciales, el acceso a una cultura real y a todos los medios de comunicación y su control por parte de la ciudadanía, impidiendo que jueguen el papel de control de masas por parte de la elite, recuperar el principio de trabajar para vivir y no a la inversa (jubilación a los sesenta y treinta horas de trabajo semanales), poner el avance tecnológico al servicio de los seres humanos en su conjunto y no de un puñado de privilegiados. Además es un deber de las sociedades avanzadas impedir que mueran millones de personas de hambre o enfermedades ya erradicadas en los países enriquecidos. Hay que acabar con las guerras y desmantelar la industria militar. No hay enemigos, son un invento de la elite global. Hay que garantizar la cultura de los pueblos y romper la tendencia al pensamiento único. Todas las comunidades tienen derecho a su soberanía alimentaria y a la salud. La vida no puede estar patentada por un puñado de multinacionales. Hay que re-ecologizar el planeta.

            Ahí deben radicar las bases del nuevo contrato social global. Ayer era ya tarde. Hoy todavía es posible. La utopía es la que hace avanzar a la humanidad. Humanicemos a los humanos.

 

 

 

NOSOTROS LOS CIUDADANOS (II)

 

CONSTRUCCIÓN: OBREROS

 

EL ENROQUE

 

EL TIEMPO

 

El Compromiso. La utopía ha regresado, viva la utopía

Carta a Juliette y a vosotros

TIEMPOS

LOS MUERTOS SUICIDAS

Esperando septiembre (IV de IV)

Esperando septiembre (II de IV)

Esperando a septiembre (I de IV)