¡Qué pacto el de aquel día!
Manuel Ruiz Romero
Centro de Estudios
Históricos de Andalucía
Tal día como
hoy hace veinticinco años, un amplio
conjunto de formaciones políticas
andaluzas suscriben en la ciudad de
Antequera el denominado Pacto
Autonómico, encaminado a establecer una
estrategia unitaria en favor de un
autogobierno dentro del marco
constitucional, e indisolublemente unido
a la restauración democrática. Inspirado
en una propuesta suscrita tres meses
antes en el llamado entonces País
Valenciano y aún con una denominación
idéntica, once fuerzas políticas
rubricaron solemnemente un compromiso
para alcanzar “dentro del plazo más
breve posible, la autonomía más eficaz”.
Cabe
recordar que por entonces, las
competencias del ente preautonómico
andaluz eran prácticamente simbólicas y
los recursos realmente pobres. La
primera Junta de Andalucía, como órgano
de gobierno propio con personalidad
jurídica propia, tal y como la definía
el propio Real Decreto de puesta en
marcha de la preautonomía, venía
recibiendo serías críticas a su falta de
incidencia sobre la cruda realidad, y en
ese contexto de condicionantes
estructurales es donde hay que enmarcar
la aparición del Pacto.
Fundamentalmente, el mismo concreta la
voluntad de consenso para el futuro de
unas fuerzas políticas que comparten el
instante constituyente, y que se niegan
a reducir este periodo vital y
transitorio a una simple
descentralización jurídica en espera a
que la Carta Magna dicte el camino a
seguir en la consolidación de las
libertades.
De la mano
del no pocas veces olvidado senador
Plácido Fernández Viagas como primer
presidente de la Junta, y a diferencia
del texto valenciano, el acuerdo andaluz
no hacía expresa su voluntad para lograr
la autonomía por el artículo 151 de la
Constitución, aunque los términos
genéricos que emplea podrían hacer
entender que se alude a la vía que marca
el procedimiento excepcional. La cita en
la histórica localidad malagueña
vinculaba el logro de la autonomía a una
Ley de Leyes que se votaría en
referéndum dos días más tarde, y desde
luego, constituye junto a la
constitución de la Asamblea de
Parlamentarios andaluces, el hito
político más importante de primer
gobierno del ente preautonómico andaluz.
Gracias a
esta estrategia unitaria acordada, las
Corporaciones locales de la mano de la
primera institución que apoya la vía del
artículo 151 –Puerto Real, 21 de abril
de 1979-, respaldan con unos
contundentes porcentajes dicha modalidad
autonómica. Sin embargo, al hilo de la
elaboración de la Ley de Referéndums y
de cara al 28 de febrero, el 21 de enero
de 1980, dicho acuerdo era ratificado de
cara a la consulta, y a tenor del cambio
de posición adoptado por UCD. Este
último hecho, marcaría definitivamente
su trascendencia política.
En un
contexto de estéril y permanente
enfrentamiento partidista que se
traslada al plano de las instituciones,
se nos antoja paradójico celebrar
aquella unanimidad táctica alrededor de
una autonomía –hay que recordar-,
indisolublemente unida al marco
constitucional. Es obvio que eran otros
tiempos. No obstante, se posibilitaban
espacios y tiempos para actitudes más
conciliatorias, eficaces y coordinadas:
eso es justo lo que quieren los
andaluces. Una vez más confío en la
Historia para valorar el presente y
mirar al futuro. Más parece que,...
cualquier semejanza con la realidad es
pura coincidencia.
De la conciencia silenciada
a la Andalucía necesaria
Manuel Ruiz Romero
Centro de
Estudios Históricos de Andalucía
Entiendo que
desde que el Presidente andaluz
anunciara que nuestro Estatuto de
Autonomía podría ser reformado durante
el Debate sobre el Estado de la
Comunidad del año 2001, hemos
perdido un tiempo precioso para proceder
a una pausada, consensuada y objetiva
evaluación de lo que han sido estos 25
años de Junta de Andalucía.
Desde que
ésta se constituyera en 1978 no cabe
duda que la realidad ha cambiado
sustancialmente, y en estos instantes,
parece -cuanto menos-, complicado que el
debate pueda desarrollarse de una forma
sensata y fuera de un marco demagógico.
Tanto por la realidad de nuestro Estado
que, por diferentes razones, va a sufrir
una sustancial modificación; y por el
hecho también, del intenso periodo
político que nos disponemos a vivir,
todo indica que nos encontramos lejos
del adecuado marco de estabilidad para
afrontar, con voluntad de consenso e
implicación social, un debate a todas
luces es necesario. El coste de la no
reforma comienza a ser para los
andaluces un sustancial lastre, y aunque
esta conclusión –entiendo- podría ser
también aplicable a la Carta Magna,
tampoco puedo excluir de la misma el
hecho de que el legítimo marco electoral
también pudiese ser un escenario
propicio donde las diferentes
formaciones políticas presenten a la
ciudadanía sus propuestas al respecto.
Dicho esto,
y con la necesaria brevedad que se
deduce de todo artículo de opinión,
procedo a comentar algunas cuestiones
relacionadas con la educación y la
cultura en el marco de ese debate. Lo
hago desde tres premisas que considero
básicas: La existencia de una cultura
andaluza diferenciada más allá del
preocupante reduccionismo
flamenquista que apunta la segunda
modernización; el importante valor
añadido que significa el que los
andaluces posean un serio grado de
autoconciencia sobre la misma, y el que
ambas realidades implican una sustancial
trascendencia política en aspectos tales
como cohesión social, conciencia
autonomista, identificación con las
instituciones de autogobierno,
protagonismo de la sociedad civil o
posición crítica ante no pocos aspectos
de la RTVA,... por citar algunos
ejemplos.
Así
considero irrenunciable la presencia en
el articulado de los extremos
contemplados en el vigente art. 12.3.2.
como percepción identitaria que implica
un carácter dinámico, permanente y
evolutivo para con nuestro pueblo. Sobre
este precepto, nos encontramos ante una
evidente pérdida de normatividad
en el desarrollo estatutario, y no tanto
ante una situación donde sean necesarias
nuevas competencias. Más bien
correspondería aplicar con profundidad
las ya asumidas como Comunidad Histórica
que somos fruto de nuestro particular
sexenio estatutario (1977-1982). Es
más, en los campos de la educación y la
cultura, considero que no es tan
necesario una nueva negociación de
transferencias con el poder Central,
sino un ejercicio sensato y riguroso de
las plenas competencias delegadas a
nuestra Comunidad.
La
trascendencia de la cultura y la
educación debe empapar la estructura
administrativa y de servicios de toda la
Administración autonómica, y ello
implica que debe corresponsabilizar
todas las actuaciones, servicios y
sectores de la administración. Desde
Canal Sur hasta la formación de los
guías turísticos, pasando por la
formación permanente del personal de la
Administración hasta de nuestros
jóvenes, y recalando en los iniciáticos
libros de textos o los temarios
universitarios. En toda esa riqueza
constato que existe un serio quebranto a
una de las razones fundamentales que
dieron sentido y origen a nuestro
autogobierno, con objeto de que no fuese
una mera descentralización
administrativa. En cierta medida, el
abstracto modelo de sociedad y de
cultura universal e intercultural que
nos envuelve nos acerca a un
fundamentalismo de mercado en donde
Andalucía es un escaparate más que nos
acerca a formas culturales
homogeneizantes, despersonalizadoras y
alienantemente ociosas.
Por todo, en
los ámbitos del mundo cultural o
educativo, Andalucía cuenta con un
significativo nivel de competencias que
deben ser desarrolladas en beneficio de
una visión más completa de nuestra
autonomía, de la misma forma que existe
un importante margen para la voluntad
política que podría aplicarse en
beneficio de esta Comunidad Autónoma,
sobre la bases de acuerdos semejantes
que ya existen, y sin necesidad de
reforma estatutaria: la gestión del
Archivo de Indias, Doñana, la
Alambra,...por citar sólo algunos
ejemplos.
Hoy, más que
nunca, y como ya intuyera Blas Infante,
la definición de Andalucía debe venir
marcada por la multiculturalidad, como
elemento conformante de una identidad
propia y definida. La cultura andaluza y
su socialización por medio de procesos
educativos es un valor de resistencia y
con ello, debe ser motor y guía de un
proyecto de nueva identidad cívica con
el que remover la asimilación
homogenizante que confunde y disuelve
nuestra genuina aportación a España y la
Humanidad.
¿ Qué celebramos con Trafalgar ?
Manuel Ruiz
Romero
Centro de Estudios
Históricos de Andalucía
Nadie
sensato puede sustraerse a la
posibilidad, aireada a los cuatros
vientos por nuestros presentantes, del
hecho que puede representa para
determinados municipios de la provincia
en orden económico el bicentenario de la
batalla de Trafalgar. De la misma forma
que los aniversarios nos hacen a las
personas reflexionar sobre nuestro
presente, pasado y futuro, la
posibilidad siempre enriquecedora de una
efemérides es un magnífico argumento
para incitar a la reflexión de los
pueblos. Quizás motivados también por la
mano de algún avispado escritor o desde
la mente de un astuto director de
marketing de su empresa editora, los
fastos de la conmemoración se ha puesto
en marcha de cara al inminente 21 de
octubre del año en curso, donde se
pretenden evocar los doscientos años de
un evento naval a caballo entre el ocaso
de un sol que representó siempre en su
cenit la supremacía de nuestro imperio,
y que daría paso después al del idioma
de Shakespeare, en ese continuo reparto
de poderes que representa la Historia.
Instituciones, políticos, alcaldes y,
sobre todo, dignos expertos en un pasado
del que no extraen conclusión alguna
para el futuro, se prestan a celebrar,
no uno sino tres congresos científicos,
una parada militar con sensible manto de
flores incluido en homenaje, un
hermanamiento entre puertos, novedosos
trabajos de recuperación arqueológica
submarina, piadosos actos
intereclesiásticos, el consiguiente
cuarto mitad de nominaciones para
plazas, calles, paseos y hasta algún que
otro colegio o centro socio cultural.
Incluso, contando con la obligada
escultura a los caídos de rigor como
adorno imprescindible a grandilocuentes
discursos.
El intento,
por lo pronto ya ha ocupado un espacio
destacado en Fitur, en lo que me
recuerda es ese particular y morboso
tour de turistas que ha dado
comienzo, aparentemente solidarios, y
con la sola intención cámaras al hombro
–se alega-, de colaborar con la
reconstrucción de la zona desbastada del
último desastre natural y recuperar así
un rentable contexto paradisíaco perdido
entre lodos. Lo curioso de todo es que,
un hecho como el que aludimos, el cual
hasta ahora no ha merecido la más mínima
de las atenciones más allá de los libros
de una historia que se enrroca por
continuar pivotando sobre batallas,
reyes y conquistas, resulta ahora un
imprescindible instrumento para dar a
conocer el entorno o potenciar su
posibilidad turística.
Todo eso
está muy bien. Que conste que no me
niego a nada. Ahora bien, no basta con
repetir mil veces que no se va a
festejar la batalla. No hay que perjurar
que sólo se conmemora aquel suceso. Por
ahora, sólo me conformo con un nuevo
objetivo entre los organizadores:
extraer conclusiones de los errores de
la historia para no volver a repetirlos.
Esa sería la generosidad y altura de
miras que debería primar sobre todas las
actividades: Aprendamos para el futuro
de una decadencia donde la protagonista
no es una España donde a partir del
hecho ya se ocultaba el sol, sino de una
Humanidad que dos siglos después
continua utilizando sofisticadas armas
para dirimir sus diferencias.
Es cierto
que este rincón de una Andalucía rica en
civilizaciones y pobre en imaginación,
tiene tesoros ocultos más importantes y
atrayentes a ojos de los posibles
visitantes. Pero no es menos cierto que
habremos desaprovechado una ocasión
importante si no observamos ante el
evento ese pequeño, pero trascendente
matiz cívico, sobre todo entre
escolares, y si en cambio, convertimos
por mor de rancios tópicos militarista
el acontecimiento en un nuevo Pearl
Harbort. Resulta sorprendente recordar
el hecho de que aún hoy, muchos
municipios entre fanfarrias
neofranquistas celebran la expulsión de
los andaluces musulmanes. Incluso, no
falta quienes sin darse cuenta que
estamos –aunque no lo parezca-, en plena
campaña electoral alrededor de la
Constitución Europea, aún celebran
anualmente la victoria en Bailen sobre
el ejército frances.
A uno le
cuesta trabajo imaginar a tanto barato
pacifista de pin celebrando batallas,
con tanta intensidad como haya podido
rechazar la guerra en Irak. Y dado que
las guerras son siempre perversas
rechacémoslas y eduquemos para buscar
alternativas. Da igual que se hagan con
arcabuz o cimitarra, ya sea de la mano
de la OTAN o a través de misiles
intercontinentales. Espero que nuestros
descendientes tengan la sensibilidad
suficiente como para darse cuenta de la
perplejidad que puede significar el que
se conmemorase el asedio norteamericano
a Faluya para incentivar el desarrollo
de Irak. Seamos capaces de impulsar
nuevos valores dado que las batallas
sólo sirven para recordarnos la tragedia
humana y una loca carrera que siempre
conducirá a un ciego y falso concepto de
desarrollo y civilización. Desde este
pequeño rincón reclamo la posibilidad de
otro mundo por encima de meros intereses
comerciales. Queda inaugurada la
polémica.
INFANTE PÉREZ, B., La verdad
sobre el complot de Tablada y el Estado
libre de Andalucía, (Publicaciones
de la Junta Liberalista de Andalucía),
Sevilla, Impr. Alvárez y Zambrano, 1931;
Reed. en Granada, Aljibe, 1979.
----------- oOo ----------
Sabido es que la experiencia y sabiduría
acumulada por la edad supone una mayor
plenitud para las personas, y en el caso
que nos ocupa, como última obra escrita
que la vida posibilitó a Blas Infante,
nos encontramos ante el que es con
seguridad el volumen que mejor concreta
sus inquietudes y su constante búsqueda
del Ideal Andaluz, elementos
ambos básicos en la personalidad de
nuestro protagonista.
En
cualquier caso, los contenidos del libro
que nos ocupa, se encuentran sujetos a
la propia dialéctica –aparentemente
contradictoria- sin la cual, no puede
calibrarse la intensidad de la doctrina
infantiana. Por ello, antes de
acercarnos a su contenido, encuentro
obligado el realizar algunas
consideraciones sobre su pensamiento con
objeto de precisar la profundidad y
calidad que suponen el conjunto
de reflexiones, hechos y pretensiones
que esconden sus frases.
A
sabiendas del intencionadamente
malentendido nacionalismo
internacionalista que invoca
Infante: es decir, humanista, cívico y
solidario; pese a todo, conviene
recordar que nuestro personaje, aunque
asume los hechos derivados del
pluralismo democrático de unas urnas,
desconfía de que, con sólo el
simple cambio de régimen se pueda
alcanzar la transformación esperada en
el corazón de los andaluces. Y esa
percepción, queda fuera de lo
convencional, al cristalizarse
justo en el instante donde todas las
fuerzas políticas tradicionales andan
expectantes tras la llegada de la
segunda experiencia republicana. Eso,
precisamente, otorga fuera de los
circuitos ordinarios una dimensión
revolucionaria y humanista a su
ideología.
Por otra parte, y dentro de los
obligados comentarios sobre las
aparentes contradicciones, cabría
también aludir a la especial relación de
Infante con las convocatorias
electorales que él puede vivir. En la
siempre crítica identificación que su
teoría y praxis mantienen con la vida
política -la convencional, profesional y
efímera (mercantilista y sólo de imagen
como diríamos hoy)-, el notario de Coria
accede sin embargo, a concurrir una vez
más a un proceso de ese tipo, y al
margen de hacerlo con una gente y de una
forma muy peculiar, tal y como más
adelante analizaremos, queda claro que
en su concepción de la vida pública, el
hecho antes que contradictorio por
cuanto siempre criticado en mucho de sus
extremos, debemos de interpretarlo como
un método más para la difusión y la
confrontación de sus ideas con otras.
No
hay que perder de vista que a este
republicano convencido no le bastaba con
un cambio de sistema político. Es de
prever que sus conocimientos en el campo
jurídico le hicieran dudar de un régimen
que, como a él gustaba decir,
conservaba, y por tanto perpetuaba, las
estructuras y sistemas heredados del
caciquismo. Paralelamente, conviene no
olvidar que el reconocimiento a su labor
pro autonomista llegaría tarde: Justo el
5 de julio de 1936 cuando durante la
segunda Asamblea Regional andaluza
celebrada en la Diputación de Sevilla,
se le nombra Presidente de honor del
futuro órgano autonomista (Junta
Regional); y ello, indudablemente habría
podido significar una tentación para
otra persona ajena a sus cualidades
morales, a la hora de inscribirse en un
partido tradicional y participar de la
política al uso. No obstante,
nada de ello ocurre, y a diferencia de
otros padres de la patria,
Infante no recurre al españolismo último
que define la vida y el pensamiento de
Sabino; ni a diferencia de Companys, no
le hace reconvertir al territorio
primero en baluarte y más tarde
pesadilla de la República.
En
la obra que comentamos vamos a encontrar
algunas cuestiones que considero de
vital interés, como he advertido ya,
para cotejar la madurez y la propia
evolución del pensamiento infantiano. En
primer lugar, y de hecho justifica la
propia obra, el autor describe el
origen, desarrollo y objetivos de la
candidatura Republicana
Revolucionaria Federalista Andaluza.
A través de las páginas el también
candidato aporta su punto de vista sobre
el pretendido “complot de Tablada”
(en alusión a la base militar aérea de
Sevilla), como supuesto conspirativo con
el que el Gobierno Provisional de la
República, desacredita primero e
invalida más tarde, una lista
caracterizada por su espíritu político
atípico y revolucionario, donde se dan
cita personajes muy dispares.
En
este marco es donde podemos conocer las
inquietudes de Infante para con el nuevo
régimen, sus aspiraciones al presentarse
de nuevo a una convocatoria electoral,
sus relación personal e ideológica con
cada uno de los componentes de la
candidatura(,) y en definitiva:
el objetivo al que el hombre de Casares
pretendía acercar a Andalucía. Y entre
todo ello destacan dos cuestiones que, a
mi entender, resultan despejadas en el
volumen.
En
primer lugar, el concepto que el notario
tiene de la autonomía política como
herramienta para transformar Andalucía y
los territorios que conforman una España
cooperativa. Ello mientras nos cuenta
cuales son los primeros pasos que –una
vez más-, él junto a sus círculos
realizan para movilizar a las
instituciones. Como ya se hiciera el 29
de noviembre de 1918, será el 7 de mayo
de 1931 cuando la Agrupación
Republicana Federal Andaluza vuelva
a dirigirse por escrito a las
instituciones hispalenses para
demandarle actuaciones concretas en pro
de un proceso, que por vez primera en la
historia encajaría ese mismo año dentro
del ordenamiento constitucional. El
devenir del intento ya se encuentra
suficientemente investigado en su
conjunto, y desde luego, ya hoy día,
nadie documentado puede negar que fue el
golpe militar quien cercenó de raíz y
violentamente tal posibilidad. De la
misma forma, es justo también decir que
el impulso autonómico supera la propia
labor teórica y las limitaciones del
ideal infantiano, para pasar a
convertirse -insistimos con todas
sus contradicciones y dificultades-, en
un proceso institucional liderado desde
la Diputación de Sevilla por
Hermenegildo Casas.
En
segundo lugar, el texto constata la
estrecha relación personal e ideológica
de Blas Infante y Pedro Vallina. No cabe
duda que las páginas recogen una
profunda y emocionada admiración del
nacionalista hacia el anarquista, y que
resuman, igualmente, una sana envidia
personal hacia la relación de pareja que
el médico cenetista mantiene con su
esposa Josefina, como persona que le
acompaña -con ejemplaridad franciscana
dice-, en sus ideas(,) exilios y
persecuciones. Entre el asombro y la
comparación con su propia realidad
matrimonial, se declara así Infante
testigo de las docenas de hogares
que les han destruido. La amistad entre
ambos venía de lejos y no cabe duda que
el nuevo acercamiento de Infante a los
procesos electoreros –como él los
despreciaba-, tendría que venir
paradójicamente de un anarquista
heterodoxo que, justo por esta
concurrencia, rompe con la línea
ortodoxa y oficial de su sindicato. La
mutua confianza personal en suma es lo
que les atrae al intento, y ello nos
lleva necesariamente también a vincular
el pensamiento y la decepción de Infante
hacia los hechos relatados a una
cercanía con la tesis anarquistas, desde
donde se justifica su distancia con la
política habitual formalizada
ahora por una izquierda tradicional,
centralista, obrera y republicana.
Pero regresemos al eje temático
alrededor del cual gira la obra y las
divagaciones de Infante en el sentido
apuntado. Al hilo de las elecciones
constituyentes de junio de 1931 sobre
una lista común y una determinada
provincia coincidirían unas biografías
que antes y después del hito al que nos
referimos, dibujarán unas trayectorias
muy dispares : Ramón Franco, Rexach,
Balbontín, Infante, Vallina, o Carrión.
A estos tres últimos especialmente les
unía su profunda preocupación por la
realidad del campo andaluz, y de hecho,
anteriormente, habían coincidido
participando en una Comisión Técnica al
objeto de elaborar el borrador de una
Ley de Reforma Agraria.
Hasta ahí todo resulta normal. Una
vez comienza la campaña electoral, y
pese a los impedimentos gubernamentales
el entusiasmo -según Infante- era
manifiesto; pero la incertidumbre de los
resultados aumentaba, y ello preocupaba
a las candidaturas convencionales de la
izquierda, en la medida que gran parte
del esfuerzo estaba destinado a poner
los porcentajes de abstención al
respaldo de la novedosa lista
revolucionaria, la cual tendía a
canalizar descontentos.
Las acusaciones vertidas -y nunca
probadas-, para desacreditar la
candidatura (el romance truculento
le llama Infante) acabarán finalmente
por hacer desistir a los protagonistas,
bajo acusaciones de sedición militar
a una treintena de mandos de la citada
base aérea (unos trescientos dice la
prensa aludiendo a declaraciones del
propio Ministro Maura). Lo cierto es que(,)
ese pretendido ejército de jornaleros
con el que se pretendería ocupar Sevilla
y proclamar entre veleidades islamitas
el Estado Libre de Andalucía, no
fue, -y a la bibliografía que
adjuntamos nos remitimos-, sino una
invención orquestada para disuadir las
expectativas de votos hacia dicha
candidatura. Pese a que el tema ha sido
literalmente despreciado por la
historiografía realizada por el
pretendido progresismo sevillano,
alguien tan objetivo como Tuñón de Lara
en el libro que citamos, nos advierte
sobre las curiosas cifras y
porcentajes que la contienda comporta
para la coalición oficial
republicano-socialista. Unos
sorprendentes resultados que vienen a
coincidir con elevados porcentajes que
casi rozan el cien por cien
–sintomáticamente-, con aquellas
poblaciones con una mayor implantación
cenetistas, y, por tanto, presuntamente
con los mayores índices de abstenciones
o favorables a la atípica lista.
Pero el libro también desciende en los
detalles. Será el 24 de junio, cuando
durante un mitin en Lora del Río, el
escenario repentinamente cae provocando
la lesión de Franco. Infante, allí
presente, ofrece sus explicaciones,
siempre en su libro, insinuando un
quebranto intencionado del eje para
hacer caer a cuatro personas del plano.
Aún así, reconoce que existían
“travesaños podridos”. De esta
forma, Franco es trasladado en un
principio a la enfermería de la Base
Área con “fractura completa del
tercio inferior de la pierna derecha,
pronóstico grave”, y siempre según
las consignas oficiales, se logra
impedir los hechos.
Nuestras investigaciones en archivos
militares han puesto de manifiesto que
el complot realmente se encuentra
lleno de injurias, y que la aislada
causa militar instruida convierte los
indicios en acusaciones fundadas.
Sospechosamente también, el exitoso jefe
militar que pacifica la situación
es Sanjurjo, quien en “prevención de
incidentes” ocupa la ciudad dentro
de una estrategia que repetiría el 10 de
agosto de 1932. Por ello, nos atrevemos
a vislumbrar la conjunción de varios
intereses de distinta índole y
profundidad en la contradictoria trama:
una político-electoral encaminada a
eliminar competidores por la izquierda a
la conjunción que finalmente saldría
ganadora, y otra más reaccionaria y
abiertamente contraria al republicanismo
desde el golpismo, con la que se
comenzaría a calibrar la capacidad de
respuesta del ejército contra el
régimen.
Es
necesario también comentar que, pese a
los débiles argumentos que aportan los
documentos inéditos encontrados para
justificar la pretendida rebelión
militar y campesina denominada por el
propio Infante en su libro como “paparruchada”,
las autobiografías de Vallina,
Balbontín, e incluso el propio
testimonio de la viuda de Ramón Franco,
apuntan la existencia de algún tipo de
actividad más allá de la puramente
electoral. No obstante, no sólo no
concretan la cuestión, sino que las
expresiones utilizadas pueden ser
atribuidas a las propias pretensiones
revolucionarias de la candidatura, a sus
intenciones programáticas, más que a
intereses secesionistas por los que
también se acusa a la propia Generalitat
de estar tras de ellos.
De
este modo, y a diferencia de otras
publicaciones, Infante presumiblemente,
escribe su libro intentando seguir el
hilo conductor de los acontecimientos y
de su propio recuerdo; con todo, el
coraje y su perplejidad ante lo sucedido
le hace constantemente referirse a la
bondad de sus pretensiones entre
acusaciones directas a la imbecilidad
popular y(, )a la
persistencia de un sistema caciquil
ahora orquestado por quienes se decían
querían traer una nueva España.
En
definitiva, nos encontramos ante un
libro de obligada lectura para la
comprender la profundidad de la vida,
obra y pensamiento de Blas Infante. El
diario El Liberal calificó los hechos de
“ficticio complot”, la respuesta
de Infante fue coherente con su
trayectoria y consecuente con su método:
escribir un libro, impulsar sus
actividades en pro de la autonomía, y
para el desarrollo de las mismas,
legalizar la Junta Liberalista de
Andalucía como vehículo “político”
con el que pretende recuperar la
dinámica generada por los Centros
Andaluces. Las causas revolucionarias en
la República se tornan a ojos de Infante(,)
como inviables para ser canalizadas por
unos partidos institucionalmente
profesionalizados en los lastres de un
sistema corrupto heredado. De ahí
surgirá su idea de una Tercera República
con la que España y Andalucía podrían
avanzar hacia la modernidad y el
federalismo.
Manuel Ruiz Romero
Doctor en Historia Contemporánea
mansusi@terra.es
Bibliografía complementaria y
específica:
-
BALBONTIN, J.A., La España de
mi experiencia, Méxio,1952, p.
234-235.
- CHERNICHERO DÍAZ, C.A., “La
Candidatura Republicana revolucionaria
federalista andaluza a las Cortes
Constituyentes de 1931. La visión de un
diario conservador de provincias”, en
IX Congreso sobre el Andalucismo
Histórico, Sevilla, Fundación Blas
Infante, 2001, pp. 173-186.
-
DIAZ, C. (Vda. de Ramón Franco),
Mi vida con Ramón Franco contada a
José Antonio Silva, Barcelona,
Planeta, 1981.
- GUTIÉRREZ MOLINA, J.L., "Blas
Infante y el anarquismo andaluz.
Intervención y consecuencias de los
sucesos de mayo de 1932 en Sevilla", en
Actas del VIII Congreso sobre el
Andalucismo Histórico, Sevilla,
Fundación Blas Infante, 1999, pp.
373-389.
- RUIZ ROMERO, M.,
“Aportaciones para el esclarecimiento
del supuesto Complot de Tablada”, en
Actas del IX Congreso sobre el
Andalucismo Histórico, Sevilla,
Fundación Blas Infante, 2001,
pp.213-238.
--
“Pedro Vallina, una biografía
comprometida”, en Actas del IX
Congreso sobre el Andalucismo Histórico,
Sevilla, Fundación Blas Infante, 2001,
pp. 195-212.
- TUÑON DE LARA, M., Luchas
obreras y campesinas en la Andalucía del
siglo XX. Jaén (1917-1920). Sevilla
(1930-1932), Madrid, siglo XXI,
1978, pp. 168-190.
- VALLINA MARTÍNEZ, PEDRO, Mis
Memorias, (dos tomos),
México-Caracas, Ed. Tierra y Libertad,
1967; reeditadas en Sevilla, Centro
Andaluz del Libro & Libre Pensamiento,
2000.
Publicado en El País edición
Andalucía el 30 de noviembre de 2007.
Los horizontes
perdidos
de nuestra Transición.
Manuel Ruiz Romero
Doctor en Historia,
investigador y especialista en la
Transición.
Lenta, pero
inexorablemente, aflora un debate
historiográfico, y político sobra la
forma en que se realizó la Transición de
la Dictadura a la democracia en España y
cómo ésta afectó al sistema de
libertades públicas
que le siguió.
En los
últimos años, asistimos a un calculado
intento por convertir dicha restauración
en una historia rosa donde todo
dependería, tanto de la voluntad
personal del sucesor de Franco como de
algunos de sus máximos colaboradores.
Esta historia “light” viene a
banalizar la aportación -anónima en
muchos casos- de cuantos sufrieron
torturas, cárcel, expulsiones, trabajos
forzados, exilio... y que, entre miedo,
sudor, sangre y lágrimas, se jugaron el
tipo cuando no era políticamente
correcto presumir de ello. Hoy sí que
sobran los antifranquistas de pin.
De esta
forma, el culto a determinadas
personalidades contrasta con el silencio
y la falta de reconocimiento hacia el
esfuerzo de miles de personas, que
tuvieron un gran protagonismo en la
resistencia organizada al Franquismo. El
espíritu de reconciliación y concordia
tiene un pecado original: no puede
enterrar dicha aportación. Ni permitir
que se ridiculice, añado.
A diferencia
de lo sucedido en Alemania o Italia,
aquí el régimen autoritario no fue
derrotado. Más bien, fue adecuándose a
una nueva realidad resultado de una
presión nacional e internacional.
Los pactos con EEUU en 1953 o la Ley de
Prensa de 1966, son buenos ejemplos.
Fue, sencillamente, la adaptación de
unas élites a sabiendas de que había que
maquillar el futuro del Estado. La
reforma era preferible a la ruptura.
Ello explica que la Transición fuera más
favorable a las derechas, y que la
izquierda por el contrario, débil por la
represión, en algunos instantes claves,
optara por aceptar el sistema,
las formas y los representantes que se
le imponía. De haber existido entre esta
dualidad un mayor equilibrio mediático,
social e institucional; de haberse
depurado ejército, funcionarios, jueces
y cuerpos de seguridad; si se hubieran
exigido responsabilidades,... muy
probablemente la realidad hubiera sido
distinta.
A punto de
aprobarse el Proyecto de Ley que otorga
derechos y ofrece medidas a quienes
padecieron persecución o violencia a
causa de los hechos derivados del golpe
fascista de 1936, cabe aplaudir sus
intenciones sin que la voluntad de
reencuentro deba significar anestesia
colectiva. Sin embargo, se hace
necesario
denunciar que Manuel José García
Caparrós, asesinado en las calles de
Málaga el 4 de diciembre de 1977, quede
fuera de
esta Ley, cuando la misma pone como
fecha límite para ser beneficiario el 6
de octubre de ese mismo año (¿).
Desconocemos porqué esta última fecha no
se ha fijado en el hito que marca la
aprobación de la Carta Magna.
Así las
cosas, cabe pensar que la citada Ley es
un punto de partida y no de llegada en
el fomento de la memoria democrática
desde las políticas públicas, y que por
rechazar todos los organismos y leyes
represivas de la Dictadura, no debe
marginar la suma de esfuerzos
individuales y colectivos que significa.
Afortunadamente, se ha superado el
concepto de bando que, aún
siendo pretendidamente igualitario, en
realidad, resulta peyorativo por cuanto
equiparaba las legítimas instituciones
de la República con las derivadas del
levantamiento militar como causa primera
que provoca la guerra fraticida. La
supuesta equidistancia entre
estos hechos que, en realidad,
justifica la ausencia de condena a este
origen de la contienda, no puede
comparar vencedores ni vencidos, ya que
sólo los primeros rompieron las reglas
democráticas e hicieron de la violencia
arma política de Estado.
Con la Ley
de Amnistía de octubre de 1977, una de
las primeras medidas políticas del
primer gobierno democrático con el
respaldo de los grupos parlamentarios,
se consiguió básicamente dos cosas. En
primer lugar, vaciar las prisiones de
los presos de la oposición, incluso, de
algunos que habían cometido delitos de
sangre. En segundo lugar, se aprobó con
gran opacidad, una especie de punto
final para los responsables políticos
del régimen anterior. Dos artículos en
concreto, impidieron perseguir a los
torturadores y a aquellos que hubiesen
cometido abuso de poder durante la
Dictadura.
En cualquier
caso, resulta alarmante escuchar a
determinados creadores de opinión
pública afirmar que gracias al régimen
franquista o bien se trajo el desarrollo
a España, o peor todavía, fue posible un
tránsito pacífico a la democracia que
vivimos. La memoria histórica es un
patrimonio colectivo que atestigua la
lucha por las libertades democráticas y
los derechos sociales, y al velar por
ella, hay que hacerlo con minuciosidad y
rigor. Lo contrario es un flaco favor al
futuro que merecemos.
Publicado con el título
“Fernández Viagas, el primer presidente”
en los diarios del Grupo Joly el 27 de
mayo de 2008, pág. 6
30 años de Junta de Andalucía:
Homenaje a Plácido Fernández Viagas.
Dr. Manuel Ruiz Romero
Profesor
e investigador en Historia Contemporánea
Centro de
Estudios Históricos de Andalucía
Tal día como
hoy, pero hace 30 años, se constituía en
Cádiz la Junta de Andalucía. Aquel 27 de
mayo, un conocido juez, progresista y
respetado entre los sectores de la
oposición al franquismo, era elegido
primer Presidente de una entidad que
nacía con “personalidad jurídica
propia” aún cuando la incidencia
política de la misma no vendría sino
hasta 1982 con la aprobación del primer
Estatuto de Autonomía de nuestra
historia. Culminábamos con éxito, por
fin, aquel proceso al autogobierno que
ya cercenó el golpe militar de 1936.
Nacido en
Tánger en 1924, de padres con origen
andaluz, Fernández Viagas realiza sus
estudios primarios en esa ciudad y cursa
Derecho en la Facultad hispalense. Con
21 años accede a la judicatura siendo
nombrado en 1946 juez municipal con
primer destino en Jerez de la Frontera,
y más tarde, Magistrado en diversas
Audiencias canarias y andaluzas hasta
recalar en Sevilla en 1970.
Autodefinido
como jurista socialista en
reiteradas ocasiones denunciará la
supuesta neutralidad del Derecho y la
reacción que suelen ocultar las llamadas
al apoliticismo de la Judicatura. Las
invocaciones a la independencia
judicial, según él, no serían sino
coartadas para eludir la responsabilidad
política y el control democrático que el
poder judicial debe tener. Fue promotor
de Justicia Democrática entidad
progresista de juristas, a la que
representó en clandestinidad dentro de
la plataforma de oposición:
Coordinadora Democrática de Andalucía,
habiendo participado en el nacimiento de
la Junta Democrática en julio de
1974. En 1976 se le condenaría por
participar en una manifestación no
autorizada y se le suspende de empleo
por tres meses.
Con la
llegada de las primeras elecciones
democráticas en 1977 es elegido Senador
por la provincia de Sevilla dentro de
las filas del PSOE, cargo donde
resultará ser el representante andaluz
que más votos recibe en dicha Cámara,
responsabilidad política desde la que
sería nombrado primer Presidente de la
Junta. Hombre trabajador, inspirador de
respeto y consenso, al frente del primer
Gobierno de la Junta en su etapa
preautonómica promueve el llamado
Pacto Autonómico, suscrito el 4 de
diciembre de 1978 entre once partidos
políticos andaluces en la ciudad que le
dará nombre – Antequera-, con objeto de
alcanzar un Estatuto lo más rápido y lo
más eficaz a partir de una estrategia
conjunta y unánime entre los firmantes.
Un acuerdo que, a diferencia de otro
anterior valenciano, no concretó aún el
artículo constitucional por el que
deseaba lograr el autogobierno, pero que
alcanzaría su máxima importancia
política cuando en enero de 1980 UCD
pretendió reconducir el proceso andaluz
por la vía del artículo 143 de la
Constitución.
Tras las
elecciones de 1979 y una vez constituido
el segundo gobierno de la Junta,
Fernández Viagas centrará su labor
política en el Senado, donde había
adquirido notoriedad a través de
intervenciones y aportaciones entre las
que destacan la reforma del Código Penal
y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal,
la abolición de la pena de muerte, la
Ley sobre secretos oficiales, la Ley de
Enjuiciamiento Criminal en materia de
detención de jóvenes menores de
dieciocho años, así como la
Interpelación relativa a ejercicio por
parte de los Alcaldes de competencias de
orden público y seguridad ciudadana.
Deja la política activa el 14 de abril
de 1980, siendo elegido el
23 de septiembre de
1980 por el
Senado, miembro del Pleno del Consejo
General del Poder Judicial. Más tarde,
ocuparía puesto como magistrado en el
Tribunal Constitucional.
Fue nombrado
en sesión plenaria del 30 de noviembre
de 1984 hijo adoptivo de la provincia
por la Diputación de Sevilla, recibiendo
también la Gran Cruz de la Orden del
Mérito Civil a título póstumo. La
efemérides nos sitúa ante los orígenes
de nuestra actual imagen como pueblo.
Nunca Andalucía ha avanzado más en toda
su historia que en estos últimos 30
años: pese a todas las críticas que se
quieran hemos alcanzado la categoría de
Comunidad Autónoma dentro de una
democracia que se asienta. La labor
política de Plácido, ya estudiada y
publicada, en paralelo a esos primeros
pasos de nuestra institución de
autogobierno no deben ser olvidados.
Frente a olvidos imperdonables, el
desvío intencionado de miradas y la
fugacidad audiovisual, la historia nos
aporta suficiente datos para calibrar
con sentido crítico donde estuvimos,
estamos o debiéramos de estar. Ese es el
valor cívico de una ciencia a la que
este investigador sirve un día de
celebración para todos los andaluces.
Blas Infante que estás en los
cielos.
Dr. Manuel Ruiz
Romero
Centro de Estudios
Históricos de Andalucía.
En política,
como en la música, los silencios también
cuentan. La frase, vinculada a Rojas
Marcos durante el tiempo que estuvo
retirado de la política después de la
conquista de la autonomía hasta su
aparición como alcaldable de Sevilla en
1987, representa un aforismo del buen
hacer entre representantes públicos y
ciudadanía. Por extensión, las ausencias
también hablan. A veces a gritos. Y si
no, que se lo digan al Jefe del Estado
cuando nació la segunda hija del
Príncipe.
Es
respetable en su intento de centrar el
objeto de la cita, que un nuevo año la
Fundación Blas Infante celebre el
homenaje al creador del nacionalismo
andaluz convocando el 10 de agosto, una
vez más, “a todos los andaluces”.
Conveniente, porque hay que concretar
alrededor de la figura que nos convoca.
Nunca fue un acto ni privado, ni
reservado: ni deberá nunca serlo. Por
ello, sería deseable que el Presidente
de la Junta, estuviese a pie de
monumento como un andaluz más y fuera de
protocolo. Javier Arenas, todo sea dicho
en su honor, nunca falta.
Está muy
bien lo de celebrarlo, en el interior
del Parlamento como institución más
soberana del autogobierno aunque aquí
todo se confunda con la administración.
Sin embargo, el político debe estar
entre el pueblo, y si esté le abuchea
eso va en el cargo por su condición de
hombre y sueldo público. No debe
asustarle. Y cuidado, porque si
continuamos por esa lógica perversa de
la espantá ante el riesgo al
desapruebo, sustituiremos los actos
públicos por los espacios cerrados, las
convocatorias por convites, la libre
asistencia por los incondicionales
palmeros del poder, la función de
control desde la oposición por una
mayoría electoral –dicen malévolamente-
garante de estabilidad. Hasta las ruedas
de prensa se convertirían así en mera
lecturas de comunicados sin pregunta
alguna por parte de unos sumisos
periodistas. Y desde luego. así, todos
convendremos, que la democracia no
avanza. Puro estilo Berlusconi.
Pero voy más
allá. Desde que Escuredo se
comprometiera en 1979 a promover una
celebración institucional todos los
años, posiblemente estemos escenificando
una peligrosa ruptura de incalculables
consecuencias y de la que sólo sale
perjudicado quien menos puede quejarse:
Don Blas. Cuando sobran monumentos a
Infante y le falta difusión a su vida y
obra, ahora sólo se le recuerda por el
número fotos que algunos se hacen a su
costa. Esta distancia social, aún con la
intención de centrar el homenaje, puede
acarrear situaciones esperpénticas en un
futuro no muy lejano que no benefician a
nadie. Mucho me gustaría equivocarme.
Por cierto, tampoco vendría mal que se
dejara ver algún día una representación
–directa y no delegada-, del ejecutivo
central. Nunca estuvo presente y sería
todo un gesto. Vendría bien la
asistencia de la Vicepresidenta
Fernández de la Vega para anunciar, por
ejemplo, como hizo en homenaje a
Companys, la anulación por ilegal del
juicio que condenó a muerte al Padre
de la Patria Andaluza cuatro años
después de ser fusilado. O la del propio
ZP que quizás esté un año más por
Doñana: Sería todo un lujo contar con
Usted señor Presidente.
Lo cierto es
que este nuevo ritual luctuoso del
notario de Casares, volverá a estar
rodeado de reiterada polémica. El tótem
se nos vuelve mito y su realidad ya no
se sabe si es historia o fantasía. A
falta de que cada andaluz descubramos el
Blas Infante que llevamos dentro, más
parece que todo el espectro político
quiere hacerse una foto de estudio con
él. Así, poco lograremos bajar a Infante
de la nube y hacerlo el animal político
que fue al margen de estructuras
convencionales a las que renunció. Y es
más, este año tenemos morbo añadido. Nos
queda por ver quien se pondrá el pin más
grande del notario justo cuando el
nacionalismo andaluz es especie
protegida y, sin embargo, todos los
partidos se arrogan su herencia entre
extrañas metáforas: “de transformación”,
“constitucionalidad” o “de izquierdas”.
Digo yo –un
poco en broma pero en serio-, que sería
un foro apropiado para invocar el
espíritu de Infante entre los cielos,
conjurarse contra vampiros centralistas,
dibujar encantamientos de horizontes
lejanos, fabricar nuevos hechizos desde
su lectura reposada, convocar a los
andaluces de conciencia y, beber, en el
mismo vaso, pócimas que transformen el
futuro en algo más sensato, razonable y
posible. Capaces –sobre todo- de
hechizar a una ciudadanía indolente, a
un electorado inconmovible y a una
militancia nacionalista extenuada. ¡Qué
mejor escenario para homenajearle¡
Santificado
sea tu nombre, amigo Blas, porque desde
los altares, cuando abundan
sacerdotisas, tus estampitas y tus
santones: de tu obra y vida cada vez se
sabe menos. Y no hay más ciego que el
que no quiere ver y aprender de su
propia historia.
Manuel Ruiz
Romero.
Investigador
del Centro de Estudios Históricos de
Andalucía
Todos los nombres:
la verdad como memoria histórica.
Manuel Ruiz Romero
Doctor en Historia
Contemporánea.
Centro de Estudios
Históricos de Andalucía.
Recala en
Jerez las jornadas “Todos los nombres”
que Cajasol y CGT-Andalucía llevan años
promoviendo por toda nuestra Comunidad.
Se trata de una experiencia pionera,
imitada y aplaudida en otros territorios
del Estado por la que se confecciona una
gran base de datos pública sobre quienes
sufrieron la represión del franquismo.
En este caso, se anuncia la presentación
de unos 3.000 registros vinculados a
Jerez. La oportunidad que tiene nuestra
ciudad es obvia para reencontrarse con
su pasado y despejar la oscuridad sobre
un tramo de historia que necesita ser
abordado con seriedad. Todo lo que no
sea una percepción objetiva, rigurosa y
documentada de los hechos referentes a
la insurrección anticonstitucional y
sobre la resistencia de una izquierda
movilizada para una guerra civil, será
un nuevo acercamiento retórico, fácil,
publicitario y partidista a la cuestión.
Las victimas de uno u otro signo exigen
justicia, reparación, dignidad y perdón.
Nunca el olvido o el pasar página, por
si mismos, serían capaces cicatrizar
tanta herida que aún se invoca
perversamente hasta para inclinar
emocionalmente el sentido de un voto.
Se impone la
luz pues para aclarar unos hechos. Va
siendo hora: en jerez y en otros puntos
de una Andalucía donde los primeros
meses del golpe fueron vitales y
rodeados de una cruel intensidad. Es
necesario entenderlo así más allá de los
conocidos Blas Infante o García Lorca
con los que muchos, entonces más niños,
descubrimos durante los últimos años de
la Dictadura, la ilegalidad de un golpe
militar junto su crueldad represora así
como su calculado y transmitido mensaje
de redención propio de toda dictadura.
Sólo una
profunda reflexión colectiva ante los
hechos –sobre sus antecedentes,
circunstancias y consecuencias- nos
abrirá las puertas a una catarsis
sociológica capaz de superar en muchos
pueblos y ciudades el miedo y dolor que
esconden –todavía hoy- aquellos tres
años de conflicto fratricida donde
España se convirtió en el prólogo
interesado del segundo gran conflicto
bélico mundial.
Entre la
educación en valores y una práctica
formación para la ciudadanía, este tipo
de actividades didácticas, representan
una oportunidad para evaluar nuestro
pasado y sacar conclusiones de futuro.
La paz y el diálogo entre pueblos e
individuos, respeto al pluralismo y a la
promoción de los valores democráticos y
cívicos deben ser globalizadas.
Y con la
Jornadas también, el homenaje a todos
los que se vienen dejando la piel y los
ojos en la búsqueda de datos; a quienes
por encima de monumentos ajenos a la
ciudadanía y dificultades en el acceso a
los fondos: se manchan las manos del
polvo de archivos y manuscritos. En este
mundillo de la historia sólo las horas
de solitaria investigación ofrecen una
solera contrastable a los resultados. El
resto es pura demagogia u oportunismo
político que sólo impulsa injustificados
recelos, ajenos, en muchos casos, a la
necesidad de verdad e información que
esconden aún hechos y nombres concretos
para muchas personas ávidas de
reencontrase con un pasado que también
es el nuestro.
Lástima
también –hay que recordarlo aquí- que
cuando nos reencontramos con la
historia, en gran parte de los casos
sean sólo para conmemorar batallas
(Trafalgar, Bailen,…) o expulsiones
intransigentes de otras culturas o
religiones (tomas castellanas de
ciudades andalusíes). Y lo hagamos justo
potenciando aquellos valores
militaristas y violentos, de
intolerancia en suma, que los
propiciaron irracionalmente en su día.
Jerez está
de enhorabuena. Entre tanto cultureta
ávido de palabras sin compromisos e
intelectuales adscritos a la nómina del
poder ve la luz una iniciativa que se
suma a otras investigaciones existentes
y publicadas. Que se une al esfuerzo de
algunas otras asociaciones que también
merecen la gratitud de la ciudadanía a
su esfuerzo. Se hace necesaria una base
de datos pública, lo más completa
posible y fiable. El resto es la sonrisa
bufona, la foto mercantil y engañosa, el
argumento crispado que poco nos vale
para afrontar con objetividad, paciencia
y justicia los hechos derivados del
golpe militar del 18 de julio.
Articulo publicado en La
Higuerita de Isla Cristina
El año
de nuestro vecino Blas Infante Pérez.
Manuel
Ruiz Romero
Doctor en
Historia Contemporánea.
Centro de
Estudios Históricos de Andalucía.
ceha@ceha.es
Las
efemérides deben ser siempre para los
pueblos motivos de reflexión ante el
futuro. Como también sucede en las
personas, nos invitan a apreciar las
diferencias, a comprometernos ante los
retos y a redoblar nuestras
convicciones. En esta ocasión,
recordamos el 125 aniversario del
nacimiento en la malagueña localidad de
Casares, de un hombre que fue asesinado
–además de otras consideraciones -, por
ejercer su condición de andaluz y
defender la identidad de nuestro pueblo.
Se le condenó a muerte cuatro años
después de fusilado, e incluso, con una
dura multa se pretendió enterrarle ante
una Historia de la que siempre serán
protagonistas los pueblos con dignidad.
74 años
después de aquel 11 de agosto y del
asesinato de un hombre sencillo, su
mensaje sigue más vivo que nunca. Tras
el paréntesis obligado del Franquismo,
la ruta de Infante renueva su
intensidad: su casa natal en Casares, su
colegio Escolapio en Archidona, los
Institutos de Cabra y Málaga, la
Facultad de Derecho de la Universidad
granadina, su casa de Isla Cristina (en
calle Diego Perez Pascual), de
Cantillana, de Sevilla y la única que
tuvo en propiedad en Coria del Río, su
Colegio de Notarios, despachos de
abogados, sedes, lugares y domicilios
del movimiento andalucista,… son museos
hoy vivos que nos invitan a acercarnos a
su vida obra y pensamiento.
Blas Infante
fue un hombre comprometido que arriesgó
su posición y sus recursos económicos a
favor de un Ideal. Notario desde los 22
años empeñó toda su vida en la noble
causa de procurar la dignidad de los
andaluces antes unas circunstancias que
no le favorecían para su progreso. El
caciquismo, la partitocracia, la
dependencia económica, la sumisión y el
desprecio cultural, la falta de
conciencia crítica, el individualismo
insolidario, las burlas a nuestra forma
de ser y hablar…fueron –entre otras-,
actitudes que combatió a lo largo de su
corta vida, vislumbrando como progreso
la necesidad de que, en primer lugar, la
respuesta llegaran de la mano de los
andaluces y andaluzas: libres,
organizados, unidos, críticos y
soberanos.
La
herramienta capaz de transformar los
corazones y la realidad de los
andaluces, en aquel tiempo, no era otra
que la autonomía. Un autogobierno pleno,
como el conquistado durante la
Transición por la vía del artículo 151
de la Constitución y ya solicitado por
vez primera desde 1918, articulado
alrededor de los tres poderes clásicos
que hoy tenemos: ejecutivo (Gobierno
andaluz), legislativo (Parlamento) y
judicial (Tribunal Superior de
Justicia). Pero, en cualquier caso,
siempre con el concurso de un pueblo que
no se deje dominar y reclame su
protagonismo y respeto ante un Estado,
una Unión Europea o ante la propia
Humanidad, como recoge nuestro Himno.
Sólo cambiará la situación de Andalucía
si su gente de verdad se convence. Por
encima de instituciones, crisis
económicas o mayorías absolutas,
necesitaremos siempre de la dignidad y
el orgullo que nos hacen más libres y
protagonistas ante el futuro.
Como
consecuencia de aquel empuje de
principios del siglo XX y, pese a la
represión habida, Andalucía retomó su
particular proceso a la democracia
argumentando su carácter como
nacionalidad histórica en un
autogobierno que despuntaba con el
nacimiento, en marzo de 1978, de un ente
con personalidad propia llamado Junta de
Andalucía. Desde entonces, una corriente
historiográfica ha profundizado estos
hechos durante los últimos 35 años: el
Andalucismo Histórico.
La
democracia nos ha permitido conquistar
aquello que la Historia nos negó en
1936. Entre el desprecio y la sorpresa,
aprendimos con Infante a ejercer de
andaluces en una Andalucía que fue
negada durante años. Con su legado,
hicimos pública con orgullo nuestra
condición de andaluces un 4 de diciembre
de 1977 sin el que es imposible entender
el 28 de febrero de 1980.
Nuestro
Estatuto de Autonomía le reconoce como “ilustre
precursor de la autonomía”. A la vez
que un reconocimiento expreso desde el
Parlamento andaluz le titulaba como
Padre de la Patria Andaluza en abril
de 1983 y además del Congreso de los
Diputados en 2003. Recientemente, la
Cámara andaluza le ha nombrado “Presidente
de honor de nuestra autonomía”,
demandado al Gobierno Central la
revisión y anulación de su sentencia de
muerte con objeto de reconocer y
restituir “su dignidad y honor”.
Desde estas
líneas aplaudimos la dignificación que
el Ayuntamiento de Isla Cristina ha
realizado con la vivienda donde Blas
Infante pasó los años de la Dictadura de
Primo de Rivera (1923-1931), pero
echamos en falta una mayor
identificación del municipio con el
ilustre paisano que fue. Casares,
Cantillana, Coria, Ronda,…son ejemplos a
imitar y para lo que desde aquí, esta
entidad histórica –CEHA-, se pone a
disposición de Isla con más vocación
andaluza que nunca.
Microbiografía de un intento
El investigador Manuel Ruiz Romero
'sube' a la página web 'www.todoslosnombres.org'
la apasionante vida de Antonio Oliver
Villanueva, el último alcalde que tuvo
la ciudad de Jerez en la II República

Miguel cayó perdidamente enamorado de
María Consolación. Se sentía que en
Jerez lo tenía todo, trabajo, amor y una
supuesta próspera carrera política por
llegar. El que fuera el último alcalde
de la ciudad durante la II República,
llega a esta tierra en 1922 tras superar
la convocatoria para ser oficial en la
Oficina de Telégrafos, en la calle Duque
de Almodóvar. Antonio Miguel Oliver
Villanueva nació en Palma de Mallorca el
6 de noviembre de 1901. Humano,
dialogante y conciliador, se afilió en
1935 a Izquierda Republicana (IR),
formación que se fundó el 3 de abril de
1934 en Madrid. Su primer acto público
fue en el Teatro Eslava el 12 de enero
de 1936, con tal afluencia de público
que "viose
totalmente ocupado, incluso los pasillos
de butacas y gradas".
Con la victoria del Frente Popular el 13
de marzo del 36, tendría lugar una nueva
designación de concejales en la que la
izquierda alcanza la mayoría, y de la
que resulta su nombramiento como
alcalde. Tras poco tiempo en Jerez,
había alcanzado la presidencia de la
primera institución local.
Este cambio en la corporación abría una
nueva etapa política encaminada a
reanudar el proyecto reformista
paralizado a finales de 1933. Se
recuperaban así mucha de las iniciativas
impulsadas por el Ayuntamiento durante
el primer bienio: sustitución de la
enseñanza impartida por órdenes
religiosas, infravivienda, tímida
reanudación de la reforma agraria
(ocupación de fincas y explotación de
Montes de Propios)…, entre otras. La
Semana Santa volvió a suspenderse ante
la renovación de anteriores acciones
municipales.
La vida de Oliver ha sido campo de
estudio para el doctor e investigador
jerezano Manuel Ruiz Romero, colaborador
de la web 'www.todoslosnombres.org', un
proyecto que reúne desde hace años
información sobre desaparecidos y
represaliados andaluces. A partir de un
trabajo doctoral para Ciencias Políticas
y Sociología sobre las élites
municipales de Jerez durante la II
República, Ruiz entendió que el último
alcalde republicano "debía figurar en
dicha web con una micro biografía por
obvias razones y méritos propios".
Manuel Ruiz ha desgranado la vida de
Antonio Miguel poco a poco,
"fundamentalmente, desde el Archivo
Municipal a cuyo personal agradezco su
labor desde estas líneas; a través de
Actas Capitulares, bandos, prensa y
bibliografía ya editada. Eso sí, antes
de publicar he querido informar a sus
descendientes, que han tenido a bien
puntualizar algunos pormenores de su
muerte. Ha sido mi modesta contribución
a la recuperación de una Memoria
Histórica en Jerez, como ciudad en la
que por cierto, vienen trabajando con
mucha seriedad y rigor algunos
historiadores y asociaciones". Una
"modesta" aportación que permite seguir
avanzando en la Historia, a través de
trágicas vidas como las de Miguel.
Así, en la etapa de Oliver, además de
intentar reformas en la búsqueda de
soluciones a los problemas generales de
la ciudad: el paro, la falta de
escuelas, los impuestos vitivinícolas,
la infravivienda, etcétera, se
reabrieron también numerosos conflictos
sociales silenciados ante la represión
ejercida por el anterior gobierno de
signo conservador. Oliver empleó sus
esfuerzos en lograr la readmisión de
trabajadores despedidos después de
octubre de 1934 y en recuperar para los
sindicatos obreros buena parte de ese
espacio socio-sindical perdido. Sin
embargo, los graves y provocativos
desórdenes públicos habidos tras la
ilegalización de Falange, se completaron
con unas huelgas que no cejaron durante
los breves cinco meses que Miguel estuvo
al frente de la institución local.
Jerez rozó el caos en mayo de 1936 y ese
panorama hizo ganar apoyos a las fuerzas
reaccionarias. La estrecha vinculación
de José Antonio Primo de Rivera con la
ciudad, le hizo ganar muchos adeptos.
Además, "los ayuntamientos tuvieron
escasa capacidad de maniobra. No sólo no
tenían recursos, sino que dependientes
políticamente de los gobiernos civiles
(la Administración central) y encima
enfrentado a una prensa hostil y a un
espacio ciudadano radicalizado de una u
otra parte y falto de sentimiento
ciudadano y democrático. Pese a que no
fueron políticos profesionalizados lo
hicieron lo mejor que pudieron, pero
está claro que la República cayó entre
otras cosas por la falta de un espacio
político local fuerte", subraya el
investigador.
¿Cree que todavía hay tabú a la hora de
hablar de este pasado de los españoles?
El historiador asegura que la Memoria
Histórica "no puede depender de los
jueces y menos de un solo juez. Debería
haber sido una actitud de la propia
democracia para con su pasado y los
derechos humanos. En cierto sentido
pues, la izquierda, o buena parte de
ella fue cómplice cuando en 1977 firmó
la Ley de Amnistía que dio carpetazo
rápido a muchos atropellos. En cualquier
caso y, en paralelo a la necesidad que
aun tenemos de esclarecer ciertos
hechos, es cierto que Andalucía fue un
campo de represión brutal durante la
Guerra y eso aún está dentro de la
psicología colectiva. El problema es
cuando la democracia no viene a
cuestionar cosas esenciales a su
dimensión cívica con el socorrido
argumento de que son tradición. Es
decir, porque se vienen repitiendo
durante muchos años en una España tan
católica, militarista y monárquica como
en la que estamos".
La ciudad que paradójicamente se lo
había dado todo a Miguel, también se lo
arrebató de un tiro en la cabeza. La
madrugada del 24 de agosto tropas
militares golpistas condujeron a Miguel
hasta la tapia del cementerio local
donde fue asesinado siendo abandonado su
cadáver, una vez rematado. Algunas
versiones apuntan a que fue fusilado;
otras, a que recibió directamente un
tiro de gracia en su cabeza. Testimonia
su familia, que el cuerpo fue hallado
por el Guardia del cementerio, que avisó
al suegro del asesinado. Fue enterrado
en la tumba de unos amigos, donde aún
reposa. En el instante de su muerte, sus
dos hijas, María y Carmen, contaban con
una edad de año y medio y un mes de
vida, respectivamente.
La actual Corporación jerezana homenajeó
en el año 2009 a todos los alcaldes
republicanos y mandó realizar retratos
de cada uno de ellos a pintores locales.
No obstante, esta Corporación local
sigue teniendo a Francisco Franco y al
golpista, comandante del 18 de julio
Salvador de Arizón entre los Hijos
Predilectos de esta ciudad.
