REVISTA DIGITAL EDITADA POR EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE ANDALUCÍA Y LA ASOCIACIÓN CULTURAL ALMENARA PARA EL PROGRESO Y EL DESARROLLO DE ANDALUCÍA
NO NOS REPRESENTAN

Parlamentos o Gobiernos son órganos de la sociedad y partes de ella, como el corazón es órgano y parte del mío. No son la sociedad misma. Sólo nos representan en la medida que la ciudadanía ha delegado en ellos una porción de su autonomía política (no toda) y cumplen con lo prometido (no indefinidamente). En consecuencia, la ciudadanía siempre puede intervenir en la democracia porque es suya. Y siempre puede revocar esta delegación cuando no se sienta representada. Corresponde este derecho tanto a quienes aceptaron el proceso y resultado electorales, como a los que no (muchos no votaron; otros los hicieron premeditadamente mal o en blanco; y otros muchos apoyaron opciones marginadas por la insolente Ley D´Hont). La ecuación es simple: todos somos sociedad pero no todos estamos representados.

El problema surge cuando somos demasiados los que sentimos que no nos representan. ¿Por qué? En primer lugar, porque nuestra delegación política no está siendo gestionada por nuestros representantes, sino por una oligarquía económica ajena a los recortes que nos imponen. Y en segundo lugar, porque son los propios políticos quienes han enfermado de autoinmunidad. Se producen estos males cuando los anticuerpos que debieran defendernos de las agresiones externas, por causas desconocidas, destruyen nuestras células como si los escoltas disparasen a sus protegidos. Parlamentos y Gobiernos han olvidado que atacándose entre ellos nos dañan a todos. Y lo mismo digo de quienes no ocupamos escaños. Todos somos sociedad y todos estamos obligados a entendernos. Basta ya de abrazarnos por la espalda o de acuchillarnos por las esquinas. Basta ya de proyectar en los demás las miserias propias. El enemigo eres tú cuando sólo ves a tu enemigo enfrente.

Hace unas semanas el PP presentó en el Parlamento andaluz unas medidas de regeneración democrática: limitación del mandato del presidente a ocho años; controles públicos para evitar el nepotismo; comisiones de investigación por mayoría simple; elecciones propias… Todas ellas coinciden con reivindicaciones ciudadanas. El PSOE votó en contra. IU se abstuvo. Como respuesta, el PSOE ofreció ampliar el número de diputados para dar más cabida a las minorías y fue entonces el PP quien votó en contra. ¿Y por qué no aceptar ambas propuestas en lugar de quedarnos sin ninguna? ¿No se dan cuenta que a los ciudadanos ya no nos importa quien lo diga sino lo que se dice?

Pocos días más tarde, se volvieron a reproducir las conductas en el debate del estado de la comunidad del que nadie sabe nada porque también está solapado al debate del estado del Estado. Todos ofertaron medidas en la misma dirección, pero no en los formatos adecuados para convertirse inmediatamente en normas. Una de ellos el escaño 110 con una reducción de firmas. ¿Para cuándo? ¿Reformarán la Ley D´Hont? ¿Elecciones propias? ¿Consultas populares? ¿Serán capaces de votar cada uno lo que aporte la trinchera contraria?

La mayoría de estos políticos terminan padeciendo el síndrome de Hubris. Tomado del héroe griego que se sintió infalible hasta la Némesis del fracaso, sus afectados convierten en enemigos personales a quienes se atreven a cuestionar sus decisiones o las de su marca política. Por ejemplo, IU es acusada por el PSOE de social-traición por permitir gobiernos del PP en Extremadura y pueblos andaluces. Sin embargo, no se ven a sí mismos como traidores cuando utilizan a PNV o CiU  en el Congreso. Yo milito en la trinchera de las víctimas de este síndrome autoinmune. Como FGL: “el verdadero dolor estaba en otras plazas/ plazas de cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas”.

 

LAS AGUAS ESTANCADAS SE CORROMPEN
 

Los seres humanos necesitan estar y sentirse vivos. No es igual que te falte el aire en una situación de asfixia física, a sentir que te falta en una situación de asfixia psíquica. A Andalucía nos falta el aire. Estamos y nos sentimos asfixiados. Física y psíquicamente. Más de un millón de andaluces están en paro. Más de un millón malviven por debajo del umbral de la pobreza. Más de cuatro mil familias han perdido su casa. Más de mil empresas han quebrado. Más de ocho mil autónomos cerraron el año pasado sus negocios…Y, para colmo, el aire que respiramos está corrupto. Apesta.

Abrahm Maslow jerarquizó las necesidades humanas en una pirámide de cinco niveles. En el escalón más bajo situó la más elemental: todos necesitamos vivir. En menor medida y en cascada: sentirnos seguros, queridos por otros y queridos por uno mismo. Maslow denominó a estas cuatro primeras necesidades de déficit, porque todos sentimos su vacío. La quinta, no. La necesidad de ser. Allí donde habitan los valores superiores del ser humano. La libertad. La dignidad. La integridad. Desgraciadamente, pocos la echan en falta.

La banalización moral de la modernidad ha invertido esta pirámide de una manera miserable. Las necesidades de déficit se hipertrofiaron como desconchones a medida que crecían. Y la necesidad de ser se transformó en la necesidad de tener. Ahora falta el dinero. El sueldo no da para la gasolina, la hipoteca, la guardería, la ropa, la comida. La pirámide se desmorona como una central nuclear en Japón. Y es entonces cuando se plantea el dilema ético de ser sin tener nada o tener sin ser nadie. Andalucía siempre ha optado por la primera opción. Y lo volverá a hacer ahora. Estoy convencido.

La servidumbre del que poco tiene se convierte en libertad cuando ya no tiene nada. Hagamos uso de ella para abrir las ventanas de Andalucía. Arrojemos la maldita corrupción que nos asfixia. Que corra el aire. Basta ya de moralinas estereotipadas, de salvar a unos condenando a los otros. La misma descalificación moral y política merecen los políticos imputados no importa el color de la bandera que sostengan. Se llamen Camps, Gómez o Torrijos. Y no olvidemos a quienes orbitan a su alrededor. Desde Rafael Velasco a Manuel Chaves. Es el final de un modelo desnortado y pesebrista al que muchos han rendido pleitesía con su silencio. Y el final de la pinza hipócrita de IU y PSOE en Andalucía. Perderán las alcaldías de Sevilla y Córdoba. Eso supondrá una debacle en las autonómicas, que espero por fin se adelanten para evitar de nuevo el atraco electoral de su coincidencia con las generales. Diego Valderas tendrá que autoimponerse en la lista sevillana para salvar su posición y garantizar el parasitismo con el PSOE. ¿Qué hará entonces Sánchez Gordillo? ¿Se irá? ¿Adónde?

El agua se pudre cuando no corre y permanece estancada. Cría unos insectos llamados zapateros. Igual que la pirámide invertida, en España y Andalucía fueron los zapateros quienes la pudrieron. Ahora que se van, espero que el agua se purifique para que mis hijos puedan beberla

 

 POR QUÉ ANDALUCÍA

 

El siglo XXI será el de la lucha pacífica y universal por la tierra y la libertad. Estas cuatro reivindicaciones constituyen la esencia revolucionaria del himno de Andalucía. Todo el pensamiento alterglobalizador de vanguardia se sintetiza en la salve laica de Blas Infante. Ahora sólo nos queda abrir los ojos y darnos cuenta.

Tierra. El siglo XXI será verde como el tallo de los jazmines. Verde esperanza. Tierra como expresión integradora de la ecología y la memoria. Del espacio y del tiempo. De los recursos naturales y culturales. Del cuerpo del planeta y del alma de la Humanidad. Las víctimas de la primera globalización basada en el consumismo ecocida y culturicida.

Muchos hemos tomado conciencia de la destrucción física del espacio mientras celebramos su destrucción virtual. Y enviamos desde el móvil a un amigo americano la foto de una manifestación en Madrid contra la deforestación del Amazonas, mientras nos comemos una tortilla de patatas chilenas, huevos marroquíes y cebollas chinas, comprada en una cadena sin competencia local porque no asume los costes medioambientales y avasalla con los laborales. La misma depredación padece el tiempo contenido en la memoria colectiva de los pueblos. Sólo existe el ahora, sin ayer ni mañana. El proceso homogeneizador instaurado para favorecer la expansión consumista es maquiavélicamente sutil y consentido por las masas. Sirva como metáfora cualquier sesión plenaria de la ONU donde casi todos visten con americana y corbata. La aldea global es una ficción política sobre un sustrato cada vez más homogéneo, diseñado para eliminar los espacios intermedios entre el yo y la Humanidad fundados en la memoria colectiva. Los centros de poder están deslocalizados en una economía global. Por eso debemos pensar y actuar “glocalmente”. Relocalizar la economía y la política.

Libertad. El siglo XXI será blanco como la flor de los jazmines. Blanca paz. Libertad como expresión integradora de democracia e identidad. Las revoluciones pacíficas del África mediterránea son un ejemplo para Occidente de universalización desde lo diverso. De reivindicación de los derechos humanos que nos igualan, sin renunciar a las culturas que nos diferencian. El ser humano es un punto atravesado por miles de rectas identitarias (de género, religiosas, étnicas…). Pero sólo una lo vincula al espacio y al tiempo: la memoria colectiva. El individuo debe elegir su identidad libremente. Y no hay libertad de elección cuando se amputa el nosotros de la memoria colectiva. O cuando queda sepultada bajo el bombardeo incesante de otros contextos geopolíticos. Así, por ejemplo, quien crítica el “nacionalismo” (como ideología diversalista e incluyente) no se da cuenta que lo hace desde el nacionalismo (estatal), discriminador y excluyente, al que no cuestiona porque ni siquiera ve. La misma indolencia con la que Occidente desprecia a quien defiende los derechos de las minorías, el pluralismo político o la democracia directa.

No puedo decir más en tan poco espacio y tiempo. Para más información, escuchen el Himno de Andalucía.

 

  Seguro a todo riesgo

    La política es una profesión de alto riesgo. Eso dijo José Antonio Griñán, Presidente de la Junta de Andalucía, aunque no candidato electo a tal fin. Y mintió dos veces. En el deber ser y en el ser. Porque la política no debiera ser una profesión. Y cuando lo es, no de alto riesgo. Sin embargo, a fuerza de repetir una mentira se termina creyendo por quien la dice y por quien la escucha. Hemos degradado tanto el verdadero sentido de la democracia, hemos delegado tanto nuestra soberanía ciudadana en los políticos asalariados, y nos han decepcionado tanto, que ahora despreciamos la protesta activa por tardía e inútil. Pero nos equivocamos. La política nos pertenece. Y no todos los políticos son iguales. 

    Empecemos la rebelión intelectual por tomar conciencia del seguro a todo riesgo que hemos consentido a los políticos profesionales. Se han acostumbrado a manosear nuestra democracia sin coste personal ni electoral. Y esto debe acabarse. No debemos consentir que un representante del pueblo acuse a otros de tomar drogas. No debemos consentir que un no representante del pueblo gestione un grupo municipal a su antojo con la excusa de pertenecer a unas mismas siglas. No debemos consentir a los políticos que consintieron construcciones ilegales y se retratan con el promotor. No debemos consentir que abandonen el cargo por el que lo votaron. Se llame Manuel Chaves o Rosa Aguilar. Porque quien hoy desempeña esa cartera no fue elegido por el pueblo para llevarla. No debemos consentir que un Presidente gobierne con el programa opuesto al que vendió para alcanzar el poder. No debemos consentir que se utilice inconstitucionalmente algo tan serio como el estado de alarma para presionar a un lobby laboral. No debemos consentir que los partidos mantengan bloqueado a su antojo el tribunal que vela por nuestras garantías constitucionales… No debemos consentir que lo legal sea ilegítimo.

    La culpa es nuestra. Penalizamos con dureza los errores políticos de los partidos que carecen de cuotas de poder-mercado. Y, sin embargo, olvidamos y perdonamos con una desidia cobarde a los que ultrajaron la verdad o la justicia como valores democráticos elementales sólo porque pertenecen a los partidos-masa. Ahora Felipe González o José María Aznar ejercen de gurús estadistas para apoyar a los candidatos de sus marcas blancas. Limpios. Y son los mismos que gobernaron durante los GAL, Malesa, Filesa, OTAN NO, Irak, Perejiles y tantas y tantas mentiras. El único riesgo que asume un político profesional proviene del voto de obediencia debida a su partido. Quien lo incumple, pierde la posibilidad de medrar en la estructura. Se llame Cascos o Antoni Asunción. Pero si lo acatan ciegamente obtendrán con el tiempo un hermoso sillón y una pensión vitalicia. Haber convertido a la política en una profesión garantizada con un seguro a todo riesgo, provocó la instalación del esperpento en Italia. Que nos contamine o no, sólo depende de nosotros.

 

El insurrecto

La balada

            Hasta hoy ejercía como presidente incuestionable de la Sociedad. Hace veinte años que lo eligieron sus accionistas. En verdad, fue él quien previamente los eligió. El proceso se repetía cada cuatro años para cambiar todo sin cambiar nada. Y siempre volvía a resultar elegido porque siempre era él quien elegía a sus electores. Y siempre por unanimidad. Democráticamente, por supuesto. Pero por unanimidad. Que en eso consiste la moderna democracia invertida o dictadura de partido. Todos piensan y actúan al unísono del director de orquesta porque quien desafine deja de pertenecer al coro. Todos cantan la misma balada porque todos balan de la misma manera.

Lo peor no es que lo que haga el rebaño que gobierna sino el que consiente esta monotonía por aburrimiento y sordera inducida. Nos pasa igual que a la gente que a fuerza de vivir junto a los aeropuertos o estaciones de ferrocarril, deja de escuchar el ruido de los aviones y los trenes. Y a la misma ausencia de estímulo obedece que hayamos incorporado el zumbido de los noticieros a los ruidos de la boca mientras masticamos. O que niños de dos años sepan distinguir a Rajoy de Bob Esponja. O que se emita fútbol en directo todos los días de la semana. O que todas las cadenas difundan las mismas imágenes tautológicas que enferman de indolencia a quien las mira sin ver.

Sin embargo, hay decisiones que por esperpénticas insultan a quien las ignora. Como el nombramiento este fin de semana del nuevo presidente de la Sociedad después de elegir a sus nuevos accionistas. Todos dependen de él y él depende de ellos. El mismo parasitismo de antes. Pero las maneras y justificación esgrimida para el cambio formal de presidente, que ya se había producido de hecho por el abandono del anterior, son sencillamente patéticas. En la balada más ovejuna que jamás haya escuchado, los grandes y pequeños accionistas aprobaron por unanimidad la gestión del presidente saliente. Y como público de plató que aplaude por igual a quien grita blanco y al que grita negro, argumentaron después la necesaria y urgente elección de nuevo presidente y de generar nuevas ideas y de acometer nuevos proyectos para salir de la nefasta situación económica causada por el anterior. La misma que habían ratificado por unanimidad. Irresponsablemente.

Mi abuelo definía la política de partidos como un redil de cerdos en el que mientras comen unos chillan los otros. Por eso resulta estratégicamente esencial para la estabilidad de un partido que todos sus militantes con capacidad de elección tengan comida para que no chille ninguno. O que se les prometa que la tendrán. O que tengan la certeza de que harán matanza con el cerdo que chille. Afortunadamente, en Andalucía no ocurren estas cosas. Nuestro anterior Presidente dejó la Junta para ser Ministro. Dejó lo menos para ser más. Él no tuvo la culpa de no ver la crisis y se fue con quien tampoco la vio. Los suyos no le culpan y aplauden su ceguera a la vez que eligen a un nuevo Presidente que les haga ver la luz. Y al final, como fin de fiesta, cantaron puño en alto la misma balada de siempre.   

 

TODO JUNTA

CENSURA DE INVISIBILIDAD

OBEDIENCIA DEBIDA

GRASA POR CORAZÓN

LA FE DEL PERDEDOR

ASCUAS Y CENIZA

El año de la indolencia

Por los suelos

Empobrecidos

Depredación  

Apología de la libertad

Un perro en la carretera  

Ladrón de bicicletas

Elecciones a ministro

No se equivocó la paloma