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HERMENEGILDO. LA REBELIÓN DE SEVILLA
La monarquía visigoda no era hereditaria, sino electiva. Cuando moría un rey, los nobles se reunían y elegían a su sucesor. Este sistema tenía dos consecuencias: la primera, que muchos reyes fueron asesinados cuando un aspirante encontraba suficientes apoyos. La otra, que la elección, a veces, se complicaba y provocaba enfrentamientos entre los distintos c1anes. Algunos reyes, para asegurarse la elección de uno de sus hijos, lo asociaba al trono. Le daba un cargo similar al de un príncipe-gobernador, lo consideraba su segundo, para que fuera conociendo los entresijos del poder y para que estuviera activo a su muerte. De esta manera, algunos llegaron a heredar a sus padres, aunque, formalmente, la ley continuara siendo electiva. Este fue el sistema elegido por Leovigildo, quien asoció al trono a su hijo Hermenegildo. El rey, en su interés por afianzar sus conquistas y consolidarlas, lo envió a Híspalis (Sevilla), como virrey de la Bética. En este momento, los visigodos distaban mucho de dominar la península. El noroeste estaba en manos de los suevos, cristianos. Y gran parte del sur, prácticamente la totalidad de las actuales provincias de Andalucía, Badajoz y Murcia, escapaban a su control. El reino godo aún no había podido ocupadas. Leovigildo creyó que podría establecer así un espacio seguro, desde donde dominar una zona que se le resistía y no se dejaba conquistar. Hermenegildo se había casado con Ingunda, una princesa franca y, por tanto, cristiana, e hizo amistad con los hermanos Leandro e Isidoro, ambos arzobispos metropolitanos de la archidiócesis hispalense y parientes de su madre, Teodosia, también hispano-romana y cristiana. Hermenegildo abandonó el arrianismo, la religión de los godos, y se hizo cristiano. El hecho tiene un alcance bastante más amplio del que, normalmente, se le ha dado. Hay que tener en cuenta que, como hijo mayor, era heredero de la corona, razón por la cual no tenía ninguna necesidad de rebelarse contra su padre. Si se hubiera rebelado para ser rey, lo hubiera sido de una zona mucho más pequeña que la que habría heredado más adelante. Más pequeña y completamente insegura, debido a que los hispanoromanos de la Bética, no habían aceptado la dominación visigoda. Sevilla, en aquel momento, ya era la segunda ciudad más grande de Europa, después de Roma, y su estructura social, económica y política era plenamente latina; una ciudad que sufría la ocupación del ejército visigodo y que, como el resto de la Bética, no la aceptaba. Hermenegildo, en Sevilla, encontró tres realidades: la cultura andaluza, que se oponía a la dominación visigoda; la personalidad y cultura de Isidoro, aproximadamente de su misma edad, de quien se hace amigo; y su propia esposa, también cristiana. El príncipe, al conocer la cultura de la Bética, muy superior a la que profesaban los de su etnia, se solidarizó con ellos. Su padre le había enviado para que doblegara a los tartesos, y él se convirtió en uno más. Aquella no fue la única, pero sí la rebelión más importante que hubo en Andalucía, contra la dominación visigoda. Leovigildo se consideró traicionado y movió a su potente ejército para castigar a su hijo y volver a conquistar Sevilla y su zona de influencia. Hermenegildo, entonces, pidió ayuda a los suevos y a los bizantinos instalados en la zona sur y este de Andalucía. Los primeros acudieron tarde; tuvieron que vencer sus diferencias internas y luego se movieron con mucha lentitud desde sus bases, en el norte y el noroeste de la península. Los bizantinos, en cambio, no llegaron a cumplir su compromiso y Sevilla se quedó sin su ayuda. Leovigildo atacó y venció a las escasas fuerzas con que contaba su hijo. Sevilla resistió un asedio de más de dos años, pero al final tuvo que capitular. Hermenegildo se refugió en Córdoba, pero, ante el incumplimiento bizantino, fue apresado y confinado en una cárcel de Barcelona, donde murió asesinado. Algunos historiadores, muy cautos, rechazan que su propio padre ordenara su muerte, de la que acusan a "alguno" de sus colaboradores, cosa de la que no existe la menor constancia. No resulta probable que alguien se tomara la libertad de matar al hijo del rey, sin que luego fuera castigado por éste. Máxime, si se tiene en cuenta lo autoritario y soberbio que era Leovigildo. La rebelión de Sevilla contra la dominación visigoda, es una muestra más de cómo Andalucía es capaz de conquistar a quienes llegan con buenas intenciones, con deseos de saber, y de como esta tierra se ha enfrentado incesantemente, una y otra vez, a quienes han intentado dominada. Para Leovigildo, en cambio, aquello se convirtió en una magnífica ocasión, porque consiguió derrotar a los andaluces, con lo que alejaba la posibilidad de que se mantuvieran independientes. Y porque, a continuación, se volvió contra los suevos, a los que cogió desprevenidos y mal organizados. Fueron derrotados también, y su reino integrado en el visigodo. A la muerte de Leovigildo, heredó el trono Recaredo, el hermano menor de Hermenegildo. Recaredo abandonó la religión arriana, que los godos practicaban desde cuatrocientos años antes, se hizo cristiano, obligó a la nobleza visigoda a convertirse con él y declaró a la cristiana religión oficial. No es de extrañar que le influyera la dramática muerte de su hermano, y el hecho de que su madre hubiera sido cristiana. Pero, esencialmente, era un gesto con el que intentaba acercarse a la población hispano-romana, después de más de doscientos años de enfrentamiento. Sin embargo, como había ocurrido cuando su padre derogó las leyes que impedían los matrimonios mixtos, los visigodos aceptaron esta nueva ley, pero no la cumplieron; sólo al cabo de varias decenas de años, empezaron a sentirse cristianos, sin embargo, tampoco eso consiguió igualar a las dos comunidades: autóctonos e invasores, vencidos y vencedores, hispano-romanos y visigodos. Continuó la disociación; siguió habiendo dos clases, dos castas. Las uniones mixtas fueron casi inexistentes, hasta el final de la dominación goda. |